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Sudáfrica

Sudáfrica se acostumbra a vivir con la represión y un gobierno racista, pero esta vez de negros a blancos

Durante una protesta en el Hospital Regional Welkom en reclamo por las condiciones laborales, la policía sudafricana mató a 2 enfermeros. Además, el alto índice de criminalidad confirma la enorme violencia que se vive en el país, en especial contra los blancos.

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Sudáfrica sigue sumida en incesante violencia, que crece año a año. Desde 2011 la tasa de homicidios no ha parado de ascender. Esto viene
a causa de la normalización del crimen en la sociedad, la corrupción de
un sistema penal ineficiente y la enorme marginalización y violencia contra los
afrikaners, un grupo étnico blanco asentado en el noroeste del país.

El día 31 de Marzo por la tarde se estaba llevando a cabo una manifestación
en el Hospital Regional Welkom, donde los
trabajadores estaban negociando un acuerdo donde el hospital se ocuparía de su
transporte durante la pandemia.
La policía no dudó en reprimir esta protesta y
terminó causando la muerte de dos enfermeros.
Según reportó Thandi Mbambo, portavoz
de la policía en la región, se intentó dispersar con granadas de aturdimiento y
balas de goma.

Por otra parte, el gobierno está siendo cómplice de un nuevo apartheid, esta vez de la población negra hacia los blancos. 

Los afrikaners, también
conocidos como los bóer, 
son un grupo étnicamente blanco de granjeros de descendencia holandesa que se asentaron
en los territorios al noroeste de Sudáfrica y sur de Namibia durante los siglos XVIII y XIX, y permanecieron en ellos hasta el día de hoy.


Familia Bóer con un carro en una granja en Sudáfrica, circa 1900

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El bóer para el sudafricano revolucionario negro es el símbolo máximo del racismo. Es por
esto que desde la caída del apartheid, centenares han sido asesinados en sus
granjas y robados de sus tierras, con el aval del goberno de tinte marxista que dejó Mandela.
 

Los incesantes asesinatos, asaltos y saqueos dan como resultado por lo menos 4000
granjeros muertos desde los años 90s
, aunque este número ha disminuido desde 2018 ya que los bóer han tomado medidas de defensa personal, como la adquisición de armas, a pesar de que esto fue decretado ilegal por el gobierno de Mandela.

El Parlamento aprobó en 2018 una moción para evaluar una reforma
constitucional, aún no concretada, que permita expropiar tierras sin necesidad
de indemnizar a sus dueños.
 También están trabajando en una ley para acelerar la transferencia de tierras a manos de
sudafricanos negros. Estas medidas son claramente una muestra de racismo hacia los blancos y autoritarismo por parte del partido oficialista ANC, de tendencia socialista y marxista.

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Además de este caos social y las
disputas étnicas, Sudáfrica también está siendo terriblemente afectada por el
coronavirus.
La tardía toma de medidas ha hecho que en muy poco tiempo el número
de infectados por el Covid-19 supere los 1300 casos, teniendo casi 60 millones de habitantes.

El sistema de salud de Sudáfrica está al borde del colapso, aunque por ahora tuvo solo 5 muertes. De todos modos, el número
de víctimas fatales se cree que crecerá muchísimo en los próximos días.


Por Nicolás Promanzio para La Derecha Diario.



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Sudáfrica

Jacob Zuma queda libre por “motivos de salud”, luego de que sus seguidores estallaran en protesta

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El ex presidente socialista de Sudáfrica fue puesto en libertad condicional por “motivos de salud”. Está preso por desacato a la justicia en una causa por corrupción en la que se negó a testificar y a presentarse ante las autoridades.

Jacob Zuma, ex-presidente de Sudáfrica, quedó libre de prisión tras obtener la libertad condicional provisoria por “motivos de salud”. Zuma, que está hospitalizado desde el 6 de agosto por un procedimiento quirúrgico, aunque no había mostrado públicamente malos indicios en cuanto a su salud antes de la condena.

Así, como anunció el Departamento de Servicios Penitenciarios de Sudáfrica, Zuma cumplirá el resto de su condena en el hospital y luego en su casa (con atención médica personal), en vez de en prisión.

Lo más insólito es que ni siquiera las autoridades carcelarias pudieron anunciar o explicar puntualmente qué enfermedad padece el ex-mandatario. Tampoco su portavoz, Singabakho Nxumalo, dio detalles médicos.

Sin embargo, si hay un indicio de lo que le puede haber pasado, ya que hace un tiempo el equipo médico personal de Zuma había enviado una carta a la Fiscalía afirmando que en 2020 el líder político había sufrido una lesión traumática, cuyas secuelas se estarían tratando recién ahora.

Jacob Zuma se reunió durante su gobierno en varias ocasiones con el dictador chino Xi Jinping, con quién reforzó lazos el país del sur africano.

La condena que le sopesa le fue otorgada por su desacato a la Justicia en una causa por corrupción, a la que no asistió ni siquiera cuando se lo llamó a testificar. A pesar de esto, Zuma asegura que todas las acusaciones contra él son una persecución política.

El juicio por corrupción en su contra se aplazó para esta semana, precisamente el jueves 9 y viernes 10 de septiembre. De todas formas, podría ser postergado nuevamente por las mismas cuestiones médicas de Zuma.

Zuma, quién gobernó Sudáfrica de 2009 a 2018 con el socialista Congreso Nacional Africano de Mandela, fue prácticamente forzado a dimitir por su propio partido hace 3 años en medio de estos múltiples escándalos de corrupción.

Se lo acusa de haber gestionado contrataciones con sobreprecios, haber llegado a acuerdos ilegales entre empresas privadas y estatales, haber dado y recibido coimas, narcotráfico y lavado de dinero.

Apenas dos días después de ser encarcelado por el desacato, Sudáfrica sufrió varias semanas de violentas protestas, con vandalismo, disturbios, ataques a propietarios, y actos de terrorismo del nacionalismo negro, pidiendo por la liberación del ex mandatario.

A pesar de que casi se desata una guerra civil y hubo decenas de muertos, heridos y locales saqueados, la Policía y el Ejército lograron detener la amenaza, y el actual presidente Cyril Ramaphosa prometió que haría cumplir la justicia contra el criminal.

Zuma junto a la canciller alemana Angela Merkel.

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Sudáfrica

Sudáfrica al borde de la guerra civil: Ejército sale a las calles para “combatir la insurrección”

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El presidente sudafricano desplegó al Ejército para repeler y combatir los saqueos y las violentas manifestaciones que estallaron tras el arresto del ex mandatario Jacob Zuma. La pelea entre la izquierda sudafricana se agranda y las posibilidades de una revuelta civil masiva son cada vez más factibles.

Sudáfrica se encuentra en una de sus mayores crisis en décadas, y en algunos puntos del país, al borde de la guerra civil. Cientos de miles de simpatizantes del ex presidente Jacob Zuma tomaron las calles de las principales ciudades del país en protesta por su arresto por corrupción.

Luego de varios días de destrozos, con muchos sudafricanos teniendo que defenderse por su propia cuenta ante la inacción del Estado, finalmente este viernes el Ministerio de Defensa desplegó más de 27 mil soldados en las principales ciudades del país para combatir a los insurgentes, pero la orden de despliegue indica que tienen poderes amplios y pueden actuar contra la población civil hasta el 12 de octubre, debido a que el actual presidente y sucesor de Zuma, Cyril Ramaphosa, de que una facción del propio partido del mandatario le está intentando hacer un golpe de Estado a través de estas protestas.

El Congreso Nacional Africano (ANC), partido de Nelson Mandela que gobierna el país ininterrumpidamente desde 1994, se encuentra dividido entre los que defienden al anterior mandatario Jacob Zuma, de corte comunista y con medidas más radicales y anti-Occidente, y el propio Ramaphosa, que promueve un socialismo más moderado.

Está bastante claro que todos estos incidentes de disturbios y saqueos fueron instigados, hubo personas que lo planificaron y coordinaron“, dijo Ramaphosa. “Vamos tras ellos, hemos identificado un buen número de ellos y no permitiremos que la anarquía y el caos se desarrollen en nuestro país“.

Por lo menos 212 personas han muerto, pero la cifra sigue ascendiendo, por causas como estampidas en los saqueos, represión policial o civiles que se defienden con armas de fuego.

Lo cierto es que si bien hay un grupo importante que busca derribar al gobierno, mientras trata de reinstaurar la facción de Zuma en el gobierno, muchas personas se unen a la protesta en reclamo por la enorme pobreza que se radica en el país tras tantos años de socialismo.

Con ya más de una semana de protestas, disturbios, enfrentamientos, saqueos y destrucción, Sudáfrica tiene hoy en día el mayor despliegue de las Fuerzas Armadas en la calle desde 1994, con incluso todos los reservistas siendo llamados a defender el orden nacional.

Esto está causando un caos que también afecta fuertemente a la economía. Por esto, SAPREF, la mayor refinería de petróleo de Sudáfrica, anunció de inmediato un cese a sus operaciones, agravando así la crisis. Esto no solo se debe a la incertidumbre si no a las posibilidades de saqueos y la dificultad de la logística.

Comunicado del Departamento de Defensa del Ejército de Sudáfrica llamando a los reservistas al ejército.

Según el diario británico Financial Times, que reveló esto en un polémico informe, los servicios de inteligencia locales están incluso investigando la posibilidad de que sus propios agentes, afines al ex presidente Zuma, hayan orquestado los disturbios de KwaZulu-Natal, que a su vez dispararon estas acciones en otras ciudades.

Por su parte, la embajada estadounidense en Sudáfrica ya emitió una alerta de seguridad máxima para sus ciudadanos e instando al gobierno a tomar acciones urgentes.

Este viernes 16 de julio, el propio Cyril Ramaphosa fue quien tuvo que salir a hablar, y justificó sus teorías sobre el origen de las protestas y el supuesto golpe de Estado afirmando que las manifestaciones son “provocadas y planificadas” para crear una “insurrección popular que pretende dañar la economía y debilitar el estado democrático”.

Apenas un día después, el sábado 17 de julio se dio una noticia que inició las alarmas en todo el gobierno sudafricano y la política regional, cuando se reportó la impactante noticia del robo de 1,5 millones de cartuchos de munición del Ejército por los manifestantes. Todavía no se sabe quien lo llevó a cabo ni con que fin, aunque parece evidente que se busca iniciar acciones armadas. Hasta ahora, hay unos 212 muertos reportados y más de 2.200 detenidos.

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Sudáfrica

Crisis en Sudáfrica: grupos de extrema izquierda quieren guerra civil por el arresto del ex presidente Zuma

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El ex mandatario socialista se entregó por su propia cuenta, pero dijo a sus seguidores que luchen por él en las calles y grupos guerrilleros iniciaron saqueos, incendios y ataques a civiles.

El ex presidente sudafricano, miembro del partido socialista Congreso Nacional Africano (ANC), quien gobernó la nación entre 2009 y 2018, Jacob Zuma, ha sido condenado a 15 meses de cárcel efectiva por múltiples casos de corrupción, sobornos y beneficios a empresarios, a los cuáles les permitía decidir qué ministros entraban y salían de su gabinete.

Zuma, de 79 años y cerca del ocaso de su carrera, se negó a declarar ante la justicia por los casos que lo involucraban y denunció persecución política.

Acto seguido sus partidarios comenzaron fuertes revueltas a lo largo del país, que resultaron en más de 30 muertos, 200 detenidos y civiles sudafricanos haciendo uso de sus armas de fuego para defenderse de los vándalos de extrema izquierda, que utilizaron la oportunidad para hacer saqueos, incendios, y aterrorizar las zonas residenciales donde suelen haber más simpatizantes de los sectores conservadores, históricos detractores de Zuma.

Con el arresto de Zuma, quien presidió el país por 9 años, continúa la racha de ex presidentes ingresados a prisión desde el fin del Apartheid en 1992. Desde Mandela, todos los mandatarios sudafricanos han terminado presos por corrupción tras dejar el poder.

Zuma asegura que Cyril Ramaphosa, quien supo ser su vicepresidente y quien lo sucedió en el cargo en 2018 cuando renunció por las denuncias de corrupción en su contra, está “tratando de destruir su legado“.

A pesar de la gran popularidad que mantiene el ANC, el partido perdió por primera vez en la historia su mayoría absoluta en las elecciones del 2019 cayendo por debajo del 60% del voto popular obtenido. Este duro revés se debió exclusivamente a la masiva corrupción que pesa sobre el socialismo sudafricano desde el gobierno de Zuma, y desde entonces Ramaphosa ha estado tratando de distanciarse lo más posible.

Archivo:Jacob Zuma with Obamas.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre
Jacob Zuma durante su presidencial junto al por ese entonces presidente de Estados Unidos Barack Obama.

Sin embargo, hay una buena parte de la izquierda sudafricana que mantiene en pie su intachable apoyo a Zuma. Entre ellos los veteranos del grupo armado anti-apartheid, conocido como Lanza de la Nación, quienes llamaron a la revuelta popular y armada contra el gobierno de Ramaphosa.

Zuma, quien tuvo su formación política en el Partido Comunista de Sudáfrica, comandando su grupo guerrillero en la década del ’60 y ’70, pidió a sus seguidores que no abandonen la lucha en las calles.

El ex mandatario, quien practica la poligamia, se casó 6 veces, fue acusado de abuso sexual y se estima tiene una descendencia de 20 hijos, declaró su gratitud para con los miembros de la guerrilla, tras unos controversiales dichos de uno de sus hijos que afirmó que habría derramamiento de sangre para proteger a su padre de ir a la cárcel.

Horas más tarde, en un mensaje público, Zuma declaró que no se entregará voluntariamente a las autoridades, algo que fue ridiculizado irónicamente al entregarse apenas poco tiempo después cuando la policía se dirigía a arrestarlo por la fuerza a su domicilio.

De todas formas, a pesar de que se entregó voluntariamente, los disturbios y las protestas siguieron, con una fuerte intensidad en Durban, KwaZulu-Natal y Johannesburgo.

Estas manifestaciones fueron reprimidas por las fuerzas de la ley y el orden, pero se repitieron este lunes durante toda la jornada, incluyendo esta vez saqueos y una mayor violencia, provocando que el gobierno sudafricano despliegue al Ejército en dos provincias, incluyendo Johannesburgo, para impedir el desarrollo de las movilizaciones.

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