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África

Mali celebró elecciones legislativas a pesar del coronavirus

El 30 de abril Mali fue a las urnas por la segunda vuelta de las elecciones legislativas, donde solo el 35% del padrón ejerció el voto y el oficialismo obtuvo 51 de los 147 escaños. Esto sucedió mientras el líder de la oposición sigue secuestrado por una organización terrorista.

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El pasado 30 de abril Mali celebró la segunda vuelta de las elecciones legislativa donde se ponían en juego 125 escaños de los 147 de la asamblea. La primera vuelta había generado una gran polémica ya que solo el 35% de la población participó y solo 22 escaños habían sido validados por el Tribunal Constitucional.

Las elecciones tuvieron de por sí muchos problemas logísticos y administrativos. Se observaron tardanzas en los miembros de las mesas, ausencia de productos esterilizantes y deficiencias en el material electoral.

Las elecciones tuvieron una participación del 35,5% en el país y menor al 20% en la capital. El oficialismo socialista del presidente Ibrahim Boubacar Keïta obtuvo 51 escaños de los 147 que tiene la Asamblea Nacional. Segundo está el Partido Africano para la Solidaridad y la Justicia (ADEMA-PASJ) de centro-izquierda, con 24 escaños. El resto de la asamblea quedó muy diversificada con más de 20 bloques distintos.

El principal opositor, Soumaila Cissé, del ADEMA-PASJ, fue secuestrado días antes de la primera vuelta el 29 de marzo. Cissé obtuvo su escaño en la primer vuelta, pero aunque sus acompañantes fueron gradualmente liberados él sigue desaparecido. Se sospecha que una organización terrorista yihadista no identificada lo tiene secuestrado.


Soumaïla
Cissé, candidato de la oposición, en Niafunké el 12 de agosto de 2018

A su vez, este lunes 4 de mayo murió el segundo soldado francés en 4 días en manos de grupos armados yihadistas en Mali. Estas últimas semanas el ejército francés intensificó las operaciones en la región fronteriza entre Mali y Níger donde operan terroristas yihadistas.


Por Nicolás Promanzio para La Derecha Diario.

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Guinea

Los militares golpistas de Guinea giran el país a la derecha y se alían al ex primer ministro liberal Diallo

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Cellou Dalein Diallo, el ex mandatario y principal líder opositor al depuesto gobierno socialista, se juntó con los militares golpistas de Guinea y proclamó una alianza contra la izquierda.

El golpe de Estado cívico-militar en Guinea empieza a dar los primeros indicios de qué tipo de políticas pregonará para sacar al país de la profunda crisis institucional, política, social y económica que enfrenta.

Luego de algunas dudas de para qué lado iría el nuevo gobierno de facto de Mamady Doumbouya, esta semana el principal líder de la oposición guineana, el liberal Cellou Dalein Diallo, anunció su apoyo al golpe de Estado y afirmó que estará trabajando junto a ellos para sacar al país de la ruina.

Diallo aseguró que se realizó un “acto histórico que completa la lucha” contra los sectores socialistas que querían reformar la Constitución, al deponer al autoritario y corrupto presidente de izquierda Alpha Condé.

El economista Cellou Dalein Diallo fue primer ministro de Guinea entre 2004 y 2006 con su partido, Unión de las Fuerzas Democráticas de Guinea, que es centrista en temas sociales pero muy liberal en lo económico, incluso pertenecientes a la Internacional Liberal.

Así, el nuevo gobierno se consolida en un fuerte viraje hacia la derecha, luego de varios años de gobiernos socialistas sin legitimidad popular donde la corrupción reinaba y se había reformado la Constitución permitiendo la reelección indefinida.

Algunas de las primeras medidas de los militares en el poder tras su asunción la semana pasada fueron la imposición de un toque de queda para aplacar protestas de seguidores del depuesto presidente Condé, la sustitución de los gobernadores socialistas por militares, el inicio de un plan de transición hacia un gobierno de unidad y la puesta en libertad de los 79 presos políticos que habían sido arrestados arbitrariamente por oponerse al anterior gobierno socialista. A su vez, el Banco Central congeló las cuentas de los funcionarios del gobierno previo, todos imputados por corrupción.

Por ahora, el régimen de Doumbouya mantiene altísimos niveles de aprobación y la gente parece defender su gobierno con celebraciones en las calles. Pero si el nuevo gobierno militar no logra superar la crisis económica y sanitaria que azota al país, además de generar una transición ordenada hacia la democracia nuevamente, el caos solo volverá.

Guinea, a su vez, se encuentra ante un gran desafío internacional. Tanto la Unión Africana (UA) como la Comunidad de Estados del África Occidental (CEDEAO), una especie de Unión Europea en el oeste de África, suspendieron a Guinea provisoriamente de sus instituciones, cortándoles la ayuda económica que estaban recibiendo hasta el momento, como forma de presión contra el golpe.

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Marruecos

Terremoto político en Marruecos: el islamismo perdió tras 10 años en el poder y fue expulsado del gobierno

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Los islamistas perdieron el 90% de sus escaños parlamentarios, al obtener solo 12 asientos de un total de 395, tras una histórica derrota electoral.

El islamista Partido Justicia y Desarrollo (PJD) sufrió un histórico batacazo electoral en las elecciones legislativas del pasado 8 de septiembre, donde los analistas coinciden en que se produjo un voto de castigo de los marroquíes a los islamistas tras una década al frente del gobierno.

El líder del PJD y primer ministro del gobierno saliente, Saadedín Otmani, presentó su dimisión de la presidencia del partido, al igual que el resto de los miembros de la dirigencia, y convocaron una reunión extraordinaria de la asamblea partidaria el próximo 18 de septiembre para “evaluar las elecciones y tomar las decisiones adecuadas”.

Los islamistas perdieron el 90% de sus escaños al obtener solo 12 asientos de un total de 395, teniendo en cuenta que tenían 125 en la legislatura anterior. El PJD resultó desbancado por su socio de gobierno, el centrista Agrupación Nacional de Independientes (RNI, en sus siglas en francés), que se hizo con 97 escaños, y logró nombrar a Aziz Akhannouch como nuevo primer ministro.

Además de perder sus feudos electorales, la derrota del PJD fue tan pronunciada que ni siquiera el primer ministro saliente Otmani ha conseguido reelegir en su escaño de Rabat, histórico bastión de su partido.

En una declaración a la prensa leída por el vicesecretario del PJD, Slimane El Amrani, el partido calificó de “incomprensibles e ilógicos” los resultados porque consideran que no reflejan el verdadero mapa político del país y el peso del partido en el escenario político.

Los islamistas expresaron que la dirigencia asume la responsabilidad “en la gestión de esta etapa” y volvieron a insistir sobre irregularidades denunciadas ayer, como la compra masiva de votos, el rechazo de las autoridades de entregarles las actas tras el cierre de las urnas o las últimas reformas electorales que quitan peso a los grandes partidos.

Nuevo gobierno liberal

Pese a las denuncias de los islamistas, los analistas coinciden en que la derrota del PJD tiene que ver con un voto de castigo expresado por los marroquíes por su mala gestión económica y social durante la pasada década y la pérdida de carisma del partido.

El nuevo primer ministro será Aziz Akhannouch, un empresario secular que promueve el libre mercado en la economía y una profunda reforma cultural en el aspecto social.

Akhannouch representa el “ala liberal” de los partidos marroquíes que defienden la monarquía, una combinación que deja contenta a gran parte de la población, que pide a una persona de negocios para arreglar la economía, pero rechaza los pedidos de la izquierda por abolir la figura real.

La economía se convirtió en el principal tema de Marruecos, un país que se contrajo un 6% el año pasado durante la pandemia. “El estado de ánimo general, especialmente entre los votantes indecisos y enojados, era ‘terminemos con el reinado del PJD y probemos nuestras oportunidades económicas con otros partidos bien establecidos y pro-rey como el RNI’, que está dirigido por un magnate empresarial”, dijo Mohamed Bouden, director del Centro Atlas para el Análisis de Indicadores Políticos e Institucionales, con sede en Rabat.

Aziz Akhannouch

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Sudáfrica

Jacob Zuma queda libre por “motivos de salud”, luego de que sus seguidores estallaran en protesta

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El ex presidente socialista de Sudáfrica fue puesto en libertad condicional por “motivos de salud”. Está preso por desacato a la justicia en una causa por corrupción en la que se negó a testificar y a presentarse ante las autoridades.

Jacob Zuma, ex-presidente de Sudáfrica, quedó libre de prisión tras obtener la libertad condicional provisoria por “motivos de salud”. Zuma, que está hospitalizado desde el 6 de agosto por un procedimiento quirúrgico, aunque no había mostrado públicamente malos indicios en cuanto a su salud antes de la condena.

Así, como anunció el Departamento de Servicios Penitenciarios de Sudáfrica, Zuma cumplirá el resto de su condena en el hospital y luego en su casa (con atención médica personal), en vez de en prisión.

Lo más insólito es que ni siquiera las autoridades carcelarias pudieron anunciar o explicar puntualmente qué enfermedad padece el ex-mandatario. Tampoco su portavoz, Singabakho Nxumalo, dio detalles médicos.

Sin embargo, si hay un indicio de lo que le puede haber pasado, ya que hace un tiempo el equipo médico personal de Zuma había enviado una carta a la Fiscalía afirmando que en 2020 el líder político había sufrido una lesión traumática, cuyas secuelas se estarían tratando recién ahora.

Jacob Zuma se reunió durante su gobierno en varias ocasiones con el dictador chino Xi Jinping, con quién reforzó lazos el país del sur africano.

La condena que le sopesa le fue otorgada por su desacato a la Justicia en una causa por corrupción, a la que no asistió ni siquiera cuando se lo llamó a testificar. A pesar de esto, Zuma asegura que todas las acusaciones contra él son una persecución política.

El juicio por corrupción en su contra se aplazó para esta semana, precisamente el jueves 9 y viernes 10 de septiembre. De todas formas, podría ser postergado nuevamente por las mismas cuestiones médicas de Zuma.

Zuma, quién gobernó Sudáfrica de 2009 a 2018 con el socialista Congreso Nacional Africano de Mandela, fue prácticamente forzado a dimitir por su propio partido hace 3 años en medio de estos múltiples escándalos de corrupción.

Se lo acusa de haber gestionado contrataciones con sobreprecios, haber llegado a acuerdos ilegales entre empresas privadas y estatales, haber dado y recibido coimas, narcotráfico y lavado de dinero.

Apenas dos días después de ser encarcelado por el desacato, Sudáfrica sufrió varias semanas de violentas protestas, con vandalismo, disturbios, ataques a propietarios, y actos de terrorismo del nacionalismo negro, pidiendo por la liberación del ex mandatario.

A pesar de que casi se desata una guerra civil y hubo decenas de muertos, heridos y locales saqueados, la Policía y el Ejército lograron detener la amenaza, y el actual presidente Cyril Ramaphosa prometió que haría cumplir la justicia contra el criminal.

Zuma junto a la canciller alemana Angela Merkel.

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