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Dictadura Sanitaria en Australia: ¿Qué está pasando en la cuarentena más brutal del mundo?

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¿No tenés barbijo? Preso. ¿Protestas pacíficamente contra la cuarentena? Preso. ¿No te vacunaste y queres ir a trabajar? Preso. Australia ha descendido en un Estado policial donde el coronavirus ha pasado a un segundo plano y lo único que importa es refinar el poder de control estatal.

La policía antidisturbios dispara balas de goma contra manifestantes. Los perros rescatados son sacrificados para evitar que los voluntarios viajen a recogerlos. Toques de queda nocturnos y una hora de ejercicio al día. Límites de salida de cinco cuadras. Soldados patrullando los suburbios para hacer cumplir la cuarentena. Personas arrestadas por andar sin barbijo. Campos de concentración para los que dan positivo.

Esta es la “nueva normalidad” de Australia, uno de los países más liberales del mundo hasta este año.Totalitarismo”, dice Tucker Carlson. “Australia ha perdido su mente”, argumenta Ben Shapiro. “Si invadimos Australia seremos recibidos como libertadores“, ironiza Jack Posobiec. “Por qué seguimos manteniendo relaciones diplomáticas con este país”, se pregunta Ron DeSantis.

¿Covid-19 realmente ha convertido una de las democracias más antiguas del mundo en una dictadura de salud distópica? Nos adentraremos en un país que se ha convertido en tiempo récord en una dictadura, no porque haya habido un golpe de Estado o una rotura del orden constitucional, si no porque el gobierno democráticamente electo ha decidido descender en el autoritarismo absoluto.

Primero, entendamos mejor la crisis actual. Australia ha sido víctima tanto de su éxito como de su fracaso en la lucha contra el virus chino. Australia ha tenido solamente 1.290 muertes por Covid desde que empezó la pandemia. Con una población de 26 millones de personas, esto quiere decir que hubo tan solo 5 muertes cada 100.000 personas. Claramente, no existe tal cosa como una crisis sanitaria en Australia.

Sin embargo, las autoridades argumentan que han logrado mantener estos números tan bajos debido a las estrictas medidas sanitarias que implementaron, con total desprecio de los derechos humanos y las libertades civiles de sus ciudadanos. Pero para los gobernantes de Australia, el fin sin dudas justifica los medios.

El aplanamiento de la curva fue tan exitoso a principios de la pandemia, que impulsó la transición a la estrategia de “Covid cero”. El gobierno australiano actualmente está en manos del Partido Liberal, del derechista Scott Morrison. A pesar de su constante argumentación en favor del respeto de las libertades individuales, Morrison se dejó guiar por las encuestas y por un relato construido por los medios, y con el objetivo puesto en el “Covid cero”, le dio todo el poder a los gobiernos regionales para que sometan a la población a dictaduras sanitarias.

En teoría, Morrison no ha sido responsable más que de cerrar las fronteras nacionales desde marzo del 2020. Pero su gobierno ha avalado las peores atrocidades ejecutadas por los mandatarios locales, e incluso ha movilizado al Ejército Nacional para que apliquen las restricciones decretadas por los gobernadores.

El centro de esta distopia es el Estado de Victoria, donde se ubica Melbourne, la segunda ciudad más importante del país. Mientras en otras partes del país el Covid es cosa del pasado, incluso habiendo abierto los cines, teatros y estadios de fútbol, en Melbourne están viviendo una realidad que solo se ha visto en China.

Hace dos meses que Melbourne está bajo cuarentena total. La gente no puede ir a trabajar excepto profesional esencial, las líneas de transporte público están controladas estrictamente por el Ejército para que no se suba nadie que no sea esencial. Los policías hacen visitas diarias a las personas para confirmar que no estén violando la cuarentena, y la ciudad se ha convertido en un pueblo fantasma. Todo esto mientras un 70% de la población ya está vacunada.

Aún así, Melbourne informó este jueves 1.438 casos nuevos de Covid, el número más alto desde que empezó la pandemia. ¿Cómo puede ser que semejante cuarentena no frene la transmisión del virus? En Argentina se habló mucho de que los casos subían a pesar de la cuarentena extrema porque la Policía apenas si controlaba y la gente no respetaba las medidas autoritarias del gobierno. Pero esto no está pasando en Australia, donde se calcula que el grado de cumplimiento de la cuarentena es del 98%.

Claramente la vacuna no inmuniza contra la variante Delta. Pero más allá de eso, la moraleja de esta historia es que la cuarentena no sirve para lograr el objetivo de “Covid cero”. Las personas recluidas no desarrollan sus sistemas inmunológicos, y la inmunización de rebaño queda anulada completamente.

Marchas en contra y una población de ovejas

Si bien hay marchas en contra de la cuarentena prácticamente todos los días, con una Policía brutal que golpea y arresta a los manifestantes, que son luego imputados como terroristas por estar en una “emergencia sanitaria”, la gran mayoría de la población apoya estas medidas restrictivas.

A pesar de toda la locura estatal, Australia sigue siendo una democracia, y si realmente hubiera una mayoría absoluta en el Estado de Victoria que se oponga a estas restricciones, no habría manera de frenarla. Pero no la hay.

Varias elecciones estatales entre 2020 y 2021 han dado cómodamente la reelección a candidatos con propuestas de actuar con todavía más dureza contra el Covid. En Victoria, donde gobierna el Partido Laborista de izquierda, las encuestas sugieren solo una pequeña caída en el apoyo, no lo suficiente desbancar a la administración, mientras el consenso del oficialismo y de la oposición es que la cuarentena es buena.

La realidad es que, a pesar de tener un altísimo índice de libertad, Australia simplemente no posee ni nunca poseyó una veta libertaria tan fuerte como hay en, por ejemplo, Estados Unidos. A pesar de todas las bromas sobre haber sido una “nación de convictos”, los australianos siempre han sido mucho más estatistas y en deuda con la autoridad que los estadounidenses.

El síndrome de Fauci – que en Argentina conocemos como el síndrome Pedro Cahn – también es fuerte en Australia: los expertos en salud y los burócratas han obtenido una fama, poder e influencia sin precedentes, y continúan siendo uno de los principales impulsores de las restricciones más ridículas. El sector de científicos y becarios que cada vez depende directa o indirectamente más de los contribuyentes ha sido bien cuidado durante la pandemia, y ellos han cumplido su parte recorriendo los medios y hablando en favor de un Estado totalitario que evite todos los contagios.

Es solo una minoría de australianos que están desesperados por el aislamiento, los encierros, las restricciones de viaje y la desaparición de sus medios de vida. Las industrias de servicios, en particular la hotelería, han sido las más afectadas por los cierres forzosos y otras restricciones, y se argumenta que si no fuera por las ayudas estatales, colapsaía completamente. 

El grifo abierto del dinero federal ha permitido a los gobiernos estatales, en su mayoría en manos de la oposición de izquierda, llegar a los extremos; en cualquier caso, la circunscripción de los pequeños distritos de derecha es la que más está sufriendo. Pero la economía continúa avanzando, mientras la impresora de dinero en Canberra produce decenas de miles de millones para sostener la casa de papel.

Los “casos aislados” de brutalidad policial en Australia

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Los laboristas australianos imponen retenciones a las exportaciones de carbón de hasta un 40%

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La primera ministra del Estado de Queensland determinó un drástico sablazo tributario con la instalación de un nuevo sistema de retenciones móviles para la exportación de carbón.

De manera inédita la primera ministra del Estado australiano de Queensland, la laborista Annastacia Palaszczuk, decidió implementar un brutal aumento impositivo sobre las exportaciones de carbón, de las llamadas “royalties” o retenciones.

Se termina así con el período de congelamiento en las retenciones a la exportación de carbón, que hasta ahora mantenían una tasa móvil entre el 0% y el 15%, siendo esta última alícuota de aplicación únicamente para precios del bien exportable fueran superiores a 150 dólares australianos.

Con la misma justificación que utilizó el presidente Alberto Fernández en Argentina, los laboristas de Palaszczuk alegaron la necesidad de capturar una “renta extraordinaria” y establecieron un sistema que grava con el 20% las exportaciones de carbón para precios superiores a AU$ 175, 30% para precios superiores a AU$ 225 y hasta 40% cuando sean superados los AU$ 300.

El proyecto alega que los precios internacionales del carbón se encuentran por encima del promedio de los últimos diez años, y por ese motivo la aplicación de retenciones más altas.

Además del sesgo anti-exportador, el proyecto no tiene en consideración que una parte sustancial de los aumentos se deben a la inflación registrada en la mayor parte de los países desarrollados, y no a un aumento del carbón en términos reales. Aunque el precio real retrocediera al nivel que mantuvo en la última década, su valor nominal seguiría siendo más elevado a causa de la inflación y las retenciones aplicadas seguirían siendo mayores.

A pesar de que el Partido Laborista de Queensland había prometido no subir ni crear nuevos impuestos en su campaña del año 2020, Palaszczuk no dudó en traicionar a su propio electorado, envalentonada por la reciente victoria a nivel nacional del laborista Anthony Albanese, quien llegó al poder con una agenda mucho más radical.

El secretario del Tesoro del Estado, el también laborista Cameron Dick, intentó defender a la primer Ministra y afirmó secamente que “la promesa no era válida para las empresas”.

La drástica diferencia con el sistema anterior generó una profunda desestabilización en la economía local, pues el carbón es uno de los principales productos de exportación de Queensland junto con los metales, los minerales, el azúcar y la carne vacuna.

Las empresas productoras de carbón más grandes del Estado registraron una violenta reversión en el precio de sus acciones: reportaron caídas de hasta el 40% para las empresas cotizantes en la plaza bursátil australiana. 

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El izquierdista Anthony Albanese es el nuevo primer ministro de Australia: Cuáles son sus principales propuestas

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Con una fuerte agenda en el cambio climático y en políticas sociales, Albanese parece más un socialista latinoamericano que un laborista australiano.

El laborismo australiano aprovechó la flaqueza del gobierno liberal de Scott Morrison, que dedicó los últimos 2 años a formar una dictadura sanitaria junto a los gobernadores territoriales y perdió el apoyo de la población, y arrasó en las elecciones del pasado domingo.

Con una extremadamente baja participación en los comicios, los históricos votantes conservadores del Partido Liberal Nacional no fueron a las urnas, enojados por las restricciones sanitarias que Morrison ideó, y el Partido Laborista llega al poder por primera vez en 10 años.

Anthony Albanese, como líder del laborismo, tomó la oficina de primer ministro este lunes y formará un nuevo gobierno en alianza con los verdes y algunos parlamentarios independientes de izquierda, buscando imponer una agenda progresista radical.

Albanese reconoce ser del bloque laborista conocido como “Labor Left“, o “laborismo de izquierda“, el ala más progresista e izquierdista del Partido Laborista, con ideas más cercanas al socialismo del siglo XXI que al laborismo clásico de centroizquierda.

El flamante primer ministro de Australia anunció el domingo antes del traspaso de mando que pondrá un fuerte foco en la política exterior como herramienta para combatir el cambio climático, y que se reunirá con los líderes de Estados Unidos, Japón e India en Tokio para firmar “acuerdos climáticos“, en contraposición a los acuerdos comerciales que Morrison tenía en el tintero para este viaje.

Habrá cambios en política, especialmente en relación con el cambio climático y nuestra relación con el mundo en estos temas” expresó el nuevo mandatario, quien prometió acelerar las acciones australianas para reducir sus emisiones de carbono.

Un discurso de carrera política “cuesta arriba”

Albanese fue miembro del Partido Laborista desde la secundaria, y entró de lleno en la política tras ser elegido por primera vez para el Parlamento en 1996, por lo que nunca en su vida trabajó en el sector privado. Desde el primer momento uno de sus pilares discursivos fue haber sido criado en circunstancias económicas difíciles en una vivienda social de Sídney, siendo de origen obrero.

Dice mucho de este país que alguien con mis antecedentes pueda presentarse hoy ante ustedes, con la esperanza de ser elegido mañana primer ministro” declaró en su discurso tras las recientes elecciones.

Albanese también fue hospitalizado el año pasado, después de que un vehículo todoterreno conducido por un adolescente chocara contra su auto. Hasta ese momento, los laboristas iban por detrás en las encuestas, muy lejos de los liberales. Según él, su experiencia cercana a la muerte le dio la energía necesaria para “cambiar todo”.

Propuestas destacadas para su gobierno:

Entre las principales promesas de campaña, el nuevo primer ministro habló de subir el salario mínimo, reconocer en la Constitución a los pueblos de las Primeras Naciones y principalmente una catarata de reformas y medidas en favor del medioambiente.

Otro de los apartados que ha distinguido en campaña la propuesta de su Partido Laborista es el de política exterior, ya que Albanese se ha comprometido a reconstruir las deterioradas relaciones con Francia.

Durante el gobierno de Morrison, el país europeo se enfureció tras la cancelación de un acuerdo de submarinos de 90.000 millones de dólares a favor del llamado “pacto de seguridad AUKUS” con Estados Unidos y Reino Unido.

Boris Johnson por su parte fue el primer mandatario en felicitar a Albanese, y expresó que “a medida que cosechamos los frutos de nuestro Acuerdo de Libre Comercio integral, la asociación AUKUS y la cercanía inigualable entre los pueblos británico y australiano, lo hacemos sabiendo que la única distancia entre nosotros es geográfica”.

Boris sabe muy bien que estos acuerdos están en peligro ahora que ha llegado Albanese al poder, y quiere hacer la mejor letra posible con el nuevo premier para mantener en pie tanto el libre comercio como la asociación militar que logró en los últimos años.


Por Nicolas Promanzio, para La Derecha Diario.

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Elecciones Australia: Scott Morrison, artífice de la dictadura sanitaria, perdió por amplia diferencia contra los Laboristas

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El primer ministro conservador admitió la derrota electoral el sábado. Los votantes históricos de su partido no salieron a votar, enojados por las restricciones sanitarias.

Después de la primera jornada electoral en Australia desde el comienzo de la pandemia, el primer ministro Scott Morrison, quien buscaba la reelección después de imponer una verdadera dictadura sanitaria en el país, concedió la derrota al laborista Anthony Albanese.

Morrison, a pesar de pertenecer a la Coalición Liberal Nacional, compuesta por conservadores de derecha pro mercado, enloqueció durante la pandemia, e impuso las restricciones sanitarias más extremas y descabelladas del mundo.

A pesar de mantener un discurso liberal durante la campaña, durante los 2 años que gestionó la pandemia, Morrison fue un verdadero liberticida. Permitió que los estados impongan cuarentenas brutales y completamente inconstitucionales. Incluso envió a las Fuerzas Armadas a colaborar con los gobiernos locales para que hagan cumplir el confinamiento total.

Mientras ciudades como Sídney prácticamente no vieron restricciones, Melbourne y Canberra permanecieron más de 200 días de cuarentena total. Si bien los gobernadores de estos territorios pertecen al Partido Laborista, el Gobierno federal se puso al hombro la promoción de estas políticas.

De hecho, Morris financió la construcción de varios campos de cuarentena, donde se obligaba a las personas que llegaban del exterior, que daban positivo o que eran contacto estrecho a permanecer aislados en unidades de contención.

El más conocido de estos campos se construyó en Howard Springs, donde hubo varios casos de personas que trataron de escaparse y fueron amañatados por las Fuerzas de Seguridad y se les impidió irse hasta que no dieron dos tests negativos consecutivos.

En su discurso de derrota, Morrison dijo que es un día “difícil” y “humillante” para su coalición, y terminó anunciando su renuncia al liderazgo del Partido Liberal, y su posible retiro de la política.

La Coalición Liberal Nacional, de centroderecha, obtuvo el 35,4% de los votos, pero solo retuvo 55 bancas. En australia los parlamentarios se eligen por distrito uninominal, lo que implica que no importa quien saca más votos, si no quien gana más distritos.

Al voto total de la coalición, el Partido Liberal de Scott Morrison solo contribuyó con el 23,2% de los votos, mientras que el centroderechista Partido Liberal Nacional de Queensland sacó el 7,9% de los votos y los derechistas del Partido Nacional obtuvieron el 4,9%.

El Partido Laborista, de izquierda, obtuvo 32,5% de los votos, pero ganó los distritos más importantes del país, y se aseguró 72 bancas. El próximo primer ministro será el líder del laborismo Anthony Albanese, un izquierdista que deberá formar gobierno con los verdes y varios diputados independientes.

El Partido Verde, ecologista, sacó 12,2% (prácticamente lo mismo que viene sacando todas las elecciones hace años), y tendrá 2 bancas.

Por último, el partido de derecha Katter ganó el distrito de Kennedy, en Queensland, y retuvo su banca en el Parlamento. Lo mismo con la Alianza de Centro, un partido político de centro liberal , que retuvo su banca en el sur de Australia.

Por su parte, los candidatos independientes consiguieron el 5,6% de los votos y 9 bancas, que serán fundamentales para que Albanese llegue al gobierno ya que necesita 76 votos positivos en el Parlamento para la mayoría, y solo tiene los 72 propios más los 2 verdes.

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