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Japón

Crisis política en Japón: Quién es el nuevo primer ministro que debe llevar tranquilidad antes de las elecciones

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El reformista Fumio Kishida ganó las elecciones internas del partido más importante de Japón, y las facciones internas se reacomodan de cara a las elecciones de fin de año.

Tras la salida del primer ministro Shinzo Abe por problemas de salud, el fracaso fugaz de Yoshihide Suga y la elección de Fumio Kishida como próximo líder del oficialismo, la política japonesa ha estado al rojo vivo y todavía tienen por delante unas complicadas elecciones generales a fin de año.

Fumio Kishida se convirtió este 29 de septiembre en el nuevo presidente del Partido Liberal Democrático (PLD) de Japón, agrupación de derecha que gobierna hace 60 años el país.

Kishida, que viene de liderar las carteras de Exterior y de Defensa, ganó las elecciones internas encabezando su propia facción de corte más liberal será el primer ministro nipón al menos hasta las elecciones generales programadas para antes del 28 de noviembre.

Con un perfil conciliador, una amplia experiencia diplomática y una agenda continuista de las políticas de Abe y Suga, pero con algunos detalles reformistas, Kishida llega al poder en su segundo intento por conquistar el trono de esta formación, precedido por una fama de gestor eficiente pero discreto.

De 64 años, había considerado una candidatura para la presidencia del PLD en 2018, pero fue persuadido por el entonces líder Shinzo Abe para que espere unos años más, ya que buscaba perfilar a Kishida como su posible sucesor. Pero en 2020, cuando Abe decidió retirarse por motivos de salud, el establishment partidario decidió apoyar a Yoshihide Suga en la interna, quien venció con comodidad a Kishida y al reformista Shigeru Ishiba.

Ahora, con un Suga que renuncia con bajísimos índices de popularidad, Kishida logró finalmente obtener el liderazgo del PLD, imponiéndose sobre dos fuertes candidatos, en una de las elecciones internas más competitivas en la historia del PLD.

Suga y Kishida, aunque adversarios en las internas, mantienen una estrecha amistad como las dos asesores más importantes del ex primer ministro Shinzo Abe.

Elecciones internas del partido más importante de Japón

Durante la breve campaña, el favorito de las encuestas siempre fue Taro Kono, un reformista de 58 años tendiente a la centro-izquierda, quien había disputado el liderazgo del partido también en las internas de 2009 pero había sido derrotado. A pesar de obtener el apoyo del saliente Suga y del popular líder reformista Shigeri Ishiba, Kono quedó en segundo lugar debido al masivo apoyo del establishment partidario a Kishida, que se dio cuenta de su error de no apoyarlo en el pasado.

Detrás de Kono quedó Sanae Takaichi, parlamentaria de 60 años que contaba con el apoyo del aún altamente influyente Abe, y quien se hubiese convertido, de ganar, en la primera líder mujer en la historia de Japón. En cuarto lugar, muy por detrás, quedó Seiko Noda, quien había anunciado su candidatura tan solo 2 semanas antes.

El método de elección del nuevo líder del PLD fue mixto, y se realizó en dos rondas: en la primera ronda votaron 380 parlamentarios del partido, y en paralelo tuvieron derecho a votar todos los afiliados del partido con su membresía al día. Kishida ganó ampliamente entre los parlamentarios, con 146 votos, seguido por Takaichi, quien logró un fuerte apoyo de 114 votos gracias al padrinazgo de Abe; Kono resultó tercero, con 86 votos, y Noda última con 34.

En el voto popular, Kono se impuso cómodamente, recibiendo 335.046 votos (44,1%), seguido por Kishida con 219.338 (28,9%), Takaichi con 147.764 (19,4%) y finalmente Noda con 57.927 (7.6%). 382 votos equivalentes a los de los parlamentarios fueron distribuidos de acuerdo a estos resultados: Kono obtuvo 169, Kishida 110, Takaichi 74 y Noda tan solo 29.

De esa forma, el resultado final de la primera vuelta fue un ajustado: 256 para Kishida y 255 para Kono, con Takaichi quedándose con 188 y Noda con 63. De esa forma, Kishida y Kono pasaron a una segunda ronda, donde solo votaron los 380 parlamentarios, y donde se sumaron 47 votos de las bases locales del PLD en cada prefectura japonesa. El resultado final fue de 257 votos para Kishida (249 de los parlamentarios + 8 de las prefecturas) y 170 votos para Kono (131 de los parlamentarios + 39 de las prefecturas). Nunca en la historia de Japón una interna del PLD había sido tan peleada.

Ahora, Kishida liderará el PLD de cara a las elecciones generales, a realizarse antes del 28 de noviembre, donde se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes de Japón. Como siempre, el PLD lidera cómodamente las preferencias de los japoneses: tras la renuncia de Suga y previo a la elección de Kishida, el promedio de encuestas le otorgaba casi un 40% de las preferencias, seguido muy de lejos por el centro-izquierdista Partido Democrático Constitucional (PDC), liderado por Yukio Edano, que contaría con un apoyo de tan solo el 7% de los votantes, aunque con un 39% de votantes que no se identifican con ningún partido o que no acudirán a votar, que podrían decantarse por la oposición.

Aún más atrás en las preferencias figuran el conservador Komeito, aliado de coalición del PLD, con el 3,5%, el Partido Comunista de Japón con el 3%, el partido populista de derecha Ishin con 2%, y por debajo muchos partidos menores que no superan el 1%.

Kishida se impuso en las elecciones internas más peleadas de la historia del PLD.

Claves para entender la política japonesa

El Partido Liberal Democrático de Japón es el partido dominante de la política nipona desde su fundación en 1955, habiendo sido minoría solo en 6 de los últimos 66 años (1993-1994 y 2009-2012). Es por eso que la elección del presidente del PLD es prácticamente equivalente a la elección del primer ministro japonés.

Debido a esta condición casi de “partido único” en una democracia totalmente libre y plena, el PLD ha desarrollado a lo largo de los años diversas “facciones”, cada una con sus propios líderes históricos y contemporáneos, y con posturas ideológicas definidas y diferenciadas.

Aunque siempre fue identificado como un partido conservador y referente del nacionalismo japonés, a favor de una cooperación cercana con los Estados Unidos y de una economía de libre mercado, esto no ha evitado que múltiples facciones se disputaran el poder – en ocasiones la competencia entre las facciones internas del PLD es más feroz que aquella entre el PLD y los partidos de oposición.

El PLD surgió de la fusión entre los dos principales partidos de la derecha japonesa: el Partido Liberal, liderado por Shigeru Yoshida (quien gobernó en la pos-Guerra entre 1946 y 1947, y luego entre 1948 y 1954), y el Partido Democrático, liderado por Ichiro Hatoyama (quien gobernó entre 1954 y 1956).

En 1956, los dos partidos se unieron para otorgar estabilidad al país luego de la Segunda Guerra, y el nuevo partido se vio siempre dividido en dos grandes grupos: los “ex Liberales” y los “ex Demócratas”, ambos subdivididos en múltiples facciones.

Del grupo de los “ex Liberales” (más progresistas), actualmente sobreviven 4 facciones:

  • Shikokai, liderada por el ex premier Taro Aso, quien lideró el país entre septiembre de 2008 y septiembre de 2009. Cuenta con 55 miembros en el Parlamento, por lo cual es la segunda mayor facción, lo cual permite a Aso mantenerse desde 2012 en el cargo de vicepresidente del partido, y como tal, vice-primer ministro de Japón. Sus posturas son reformistas y más tiradas a la izquierda, con una impronta pro-China, a favor de la intervención del Estado en la economía. Esta facción surgió de la unión de otras dos, una de las cuales era liderada por Yohei Kono, padre del candidato Taro Kono que fue derrotado por Kishida este año.
  • Heisei Kenkyukai, cuyo liderazgo está vacante desde el pasado 17 de septiembre por el fallecimiento del parlamentario Wataru Takeshita. Cuenta con 51 miembros, y su orientación es keynesiana, liberal en lo social y también pro-China. Su base de apoyos proviene mayormente de los sectores rurales y obreros, y de las minorías. En esta primaria, sin embargo, apoyaron a Kishida.
  • Kochikai, liderada por el flamante actual primer ministro Fumio Kishida. Esta facción, que cuenta actualmente con 46 miembros en el Parlamento, si bien podría ser considerada de centro-derecha en el resto del mundo, se encuentra a la izquierda respecto a otras facciones del PLD, mostrándose a favor de un Estado más intervencionista en la economía y opiniones más progresistas en lo social. De todos modos, a diferencia de otros ex Liberales, esta facción es extremadamente pro-Estados Unidos y pro-status quo. Su base de apoyos proviene principalmente de las élites partidarias, académicas y económicas del país.
  • Suigetsukai, liderada por el reformista Shigeru Ishiba. Con tan solo 15 miembros, esta facción está en peligro de desaparecer: fue formada en 2015 con parlamentarios que no pertenecían a ninguna facción, como un vehículo para la futura candidatura de Ishiba, quien, tras resultar tercero en la interna de 2020, renunció al liderazgo de la facción, dejándolo vacante hasta la fecha. No posee posturas diferenciadas, más allá del apoyo a la carrera política de Ishiba, quien es considerado reformista pero “halcón” en materia de relaciones exteriores, similar a Kishida. Tras considerar volver a presentarse en 2021, Ishiba decidió finalmente apoyar a Kono.

Mientras tanto, de los “ex Demócratas” (más conservadores), al día de hoy existen 3 facciones:

  • Seiwa Seisaku Kenkyukai, liderada por Hiroyuki Hosoda. La mayor facción del PLD, con 96 integrantes, esta facción es nacionalista, conservadora, a favor de la desregulación de la economía y de reducir los impuestos sobre las empresas todo lo que se pueda, con una postura internacional pro-Estados Unidos. El ex premier Shinzo Abe pertenece a esta facción, la cual fue en el pasado liderada por su padre, Shintaro Abe. La base de apoyo de esta facción se encuentra principalmente en el empresariado japonés, la burocracia estatal y las familias de los fallecidos en la Segunda Guerra Mundial, debido a su postura de reivindicar el rol de Japón en dicho conflicto. En esta elección interna, el liderazgo partidario apoyó a Kishida mientras que los simpatizantes de Abe apoyaron a Sanae Takaichi en primera vuelta, y el partido entero se encolumnó detrás de Kishida en segunda vuelta.
  • Shisuikai, con liderazgo vacante. Compuesta por 47 integrantes, esta facción es de orientación keynesiana, nacionalista, a favor de estatizaciones y “halcón” en relaciones exteriores. Esta facción se encuentra en crisis, tras haber perdido a sus 3 líderes históricos: Yasuhiro Nakasone falleció en 2019, Shizuka Kamei abandonó el partido en 2005, y Toshihiro Nikai renunció en octubre de 2021 tanto a la facción como al puesto de Secretario General del PLD. Nikai, considerado el parlamentario “más pro-China” de Japón, había sido el principal arquitecto detrás de la candidatura de Yoshihide Suga en 2020, y se vio fuertemente debilitado por la decisión de Suga de no presentarse a la reelección en 2021. Aunque Suga apoyó a Kono, la facción no apoyó formalmente a ningún candidato en esta interna.
  • Kinmirai Seiji Kenyukai, liderada por Nobuteru Ishihara. Con solo 10 integrantes, es la menor facción del PLD en el parlamento japonés. Sus miembros están a favor de una reforma de la constitución japonesa, la cual fue promulgada en mayo de 1947 y no tuvo ninguna reforma ni enmienda desde entonces, aunque algunos quieren cambiarla por izquierda y otros por derecha.
Infografía del Japan Times sobre las distintas facciones del PLD.

¿Qué esperar del nuevo liderazgo?

Este 4 de octubre se oficializará la salida de Suga y posteriormente asumirá su cargo Fumio Kishida, partidario de reforzar la alianza con Estados Unidos y fortalecer las capacidades militares de Japón para responder ante posibles ataques, principalmente de China y Corea del Norte. Kishida también considera que Taiwán “será el próximo gran problema” y aboga por cooperar con Taipéi, pero manteniendo relaciones estables con China, su mayor socio comercial, quien a su vez es la principal amenaza para Taiwán.

Su currículum como canciller de Japón entre 2012 y 2017, bajo el gobierno de Shinzo Abe, incluye avances en asuntos delicados como el deshielo con Rusia.

Kishida ha sido el ministro de Exteriores más duradero del Japón en la posguerra, y aspira a dar continuidad a la iniciativa de las autoridades locales de Hiroshima para “liderar los esfuerzos globales” por el desarme nuclear, lo que podría significar que Japón empiece a apoyar el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares de la ONU, entre cuyos signatarios no están las potencias atómicas.

En cuanto a políticas domésticas, Kishida defiende “un nuevo modelo del capitalismo japonés”, comprometiéndose a aumentar el gasto público para reactivar la economía tras la pandemia e iniciar una redistribución de la riqueza, aunque no tanto como piden otras facciones del PLD.

Este enfoque supondría un cambio respecto a la doctrina ‘Abenomics‘, aunque sin desviarse en exceso de las políticas conservadoras propias del PLD, como sí quizá hubiese significado una victoria del reformista Taro Kono. Además, Kishida está a favor del desarrollo de la energía nuclear, argumentando que es un recurso estratégico muy necesario para la isla.


Por Nicolas Promanzio e Iván Ramos, para La Derecha Diario

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La Justicia de Japón sostuvo la prohibición del matrimonio igualitario y se confirma su constitucionalidad

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Un tribunal de Osaka rechazó darle legalidad al matrimonio igualitario y dejó sin efecto la indemnización solicitada al Gobierno por parte de tres parejas homosexuales.

Este lunes, el Tribunal del Distrito de Osaka rechazó el pedido de tres parejas homosexuales por una indemnización de un millón de yenes al gobierno, tras denunciarlo por considerar como una “discriminación injusta e inconstitucional” la legislación japonesa que les prohíbe casarse.

Los denunciantes argumentaron que el matrimonio igualitario debe aceptarse según la interpretación del artículo 24 de la Constitución japonesa, que sostiene que el matrimonio se basa únicamente “en el consentimiento mutuo de ambos sexos y la cooperación mutua con la igualdad de derechos”. La interpretación vigente es que este artículo solo se refiere a parejas formadas por hombre y mujer.

La Justicia desestimó la causa fallando a favor del Gobierno japonés, argumentando que la Constitución no se refiere a las parejas del mismo sexo. Los denunciantes, por su parte, advirtieron que tienen pensado apelar el fallo.

Su apelación elevará la demanda a la Corte Suprema, aunque no se espera que vaya a tener cabida en la ultra-conservadora corte japonesa.

En caso de que el Tribunal distrital hubiera fallado en favor de las parejas homosexuales, el Gobierno también podría haber apelado a la Corte Suprema, pero el Fiscal General de Osaka anticipó que no apelarían en caso de perder, lo que había abierto la puerta a importantes movilizaciones de agrupaciones LGBT que por primera vez creían estar cerca de legalizar el matrimonio gay.

Previo a los Juegos Olímpicos del año pasado en Tokio, activistas LGBT habían presionado para que se aprobará una ley de matrimonio igualitario en Japón, aprovechando la atención internacional. A pesar del lobby y la presión internacional que consiguieron, el proyecto de ley fue rechazado en el Parlamento.

Japón sigue siendo el único país del Grupo de los Siete (G7) que no reconoce ni las uniones civiles entre personas del mismo sexo ni el matrimonio homosexual a nivel nacional.

Las tres parejas habían basado su demanda en la decisión de un Tribunal del Distrito de Sapporo, que en marzo de 2021 dictaminó que la legislación japonesa del registro civil infringía las garantías constitucionales de igualdad ante la ley.

En la sentencia, determinaron que no reconocer el matrimonio del mismo sexo en Japón era inconstitucional. Sin embargo, en el mismo fallo rechazaron que el Gobierno tuviera que pagar daños y aclararon que para ser legal, el matrimonio del mismo sexo debe ser aprobado por el Poder Legislativo.

La decisión en Sapporo no generó ninguna consecuencia real para las parejas homosexuales, pero sí les dio el impulso que estaban esperando para buscar sentencias similares en el resto del país. Osaka era el siguiente objetivo, y los abogados de los grupos LGBT apostaron a que la ciudad, una de las más progresistas del país, se convierta en el primer escalón por lograr el matrimonio igualitario. Sin éxito.


Por Nicolas Promanzio, para La Derecha Diario.

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Japón se le anima a Rusia: Prohíbe la importación de carbón ruso e impone severas sanciones contra Moscú

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El gobierno de Fumio Kishida toma la bandera occidental en Asia y le abre un nuevo frente a Rusia.

Esta semana, el gobierno de Japón anunció que prohibirá las compras de carbón ruso, y sumará otra serie de sanciones contra el Kremlin, en respuesta a “las atrocidades que Rusia está cometiendo en Ucrania” y a la escalada de tensiones por la ocupación de las Islas Kuriles.

El primer ministro nipón, Fumio Kishida, quien también fue ministro de Exteriores y de Defensa y tiene un largo historial lidiando con Putin, quiere que Japón juegue un papel más importante en la política mundial que parece estar convergiendo a un conflicto de gran escala.

Las importaciones de carbón ruso representan el 11% de todo el carbón utilizado en Japón, por lo que esta medida tendrá un costo enorme para la economía japonesa, algo que Kishida está dispuesto a hacer, porque sabe que de este conflicto puede salir aeroso en sus intereses reformistas.

El artículo 9 de la Constitución niega a Japón el derecho a hacer la guerra y a tener un Ejército. Esto viene desde la Segunda Guerra Mundial y fue una de las condiciones de rendición que el entonces emperador Hirohito aceptó en sus negociaciones privadas con el general Douglas McArthur.

Sin embargo, Kishida y gran parte de los miembros del actual gobierno, son parte del grupo Nippon Kaigi, que pretende abolir el artículo 9 y crear un Ejército permanente japonés.

Obviamente, esto iría en contra a los todavía vigentes tratados internacionales firmados con Estados Unidos luego de 1945, por lo que a lo largo de los años se tomaron varias medidas para eludir esta restricción sin reformar la Constitución.

El más claro de estos pasos fue cuando el ex primer ministro Shinzo Abe, de quien Kishida es discipulo, firmó una ley que permitió a las “Fuerzas de Autodefensa“, la única fuerza pseudo-militarizada que se le permite mantener a Japón, a defender a aliados internacionales en caso de “amenaza crítica” hacia Japón, lo cual le permitiría operar por fuera de las islas.

Es claro que un conflicto en Europa le sirve a Kishida para expandir el alcance de las Fuerzas de Autodefensa, y convertirlas en lo más parecido a un Ejército Permanente que pueda tener Japón, pero para eso debe demostrar sin lugar a duda que las acciones de Rusia son una “amenaza crítica” a su propio país.

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Artículo 9 de la Constitución de Japón.

A parte de prohibir la compra de carbón ruso, Japón ordenó congelar los activos del Banco Central de Rusia, de dos bancos privados importantes y de 500 personas y organizaciones rusas.

Además, se prohibieron las exportaciones de alta tecnología, las nuevas inversiones rusas en Japón fueron canceladas por decreto y 60 de las 168 empresas japonesas presentes en Rusia ya dejaron de operar allí, incluidas Toyota y Sony.

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, elogió a Japón, en una videoconferencia en el Parlamento del país nipón, como “la primera nación de Asia en comenzar a presionar a Rusia”.

Postura cada vez más alejada del pacifismo

Hace unos días, los políticos especializados en seguridad del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD) pidieron que el presupuesto de defensa se duplicase en cuestión de cinco años, y llegar al crucial 2% del Producto Interno Bruto (PIB), que la OTAN marca como un nivel de gasto militar óptimo.

Todos los países de la OTAN, sin excepción, acordaron aumentar sus presupuestos de defensa en un dos por ciento del rendimiento económico“, dijo el propio Abe en el Foro de Estudios Estratégicos la semana pasada. A pesar de haberse retirado de la política, Abe sigue tirando de los hilos del actual gobierno, especialmente dado el difícil contexto geopolítico que atraviesa Japón.

Además de la guerra de Putin, la amenaza a Japón por parte de China y Corea del Norte también sirve como justificación para un aumento del presupuesto. Según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI), Japón aumentó el gasto en defensa en un 7,3% en 2021, unos 54.100 millones de dólares. Se trata del aumento interanual más alto desde 1972.

Los jerarcas de la cartera de Seguridad del PLD también pidieron la introducción de armamento que pueda servir para hacer ataques preventivos antes que enemigos lancen sus misiles. Sin embargo, tal capacidad de llevar a cabo un ataque preventivo, como ya lo pidió Abe, estaría en contra de la postura pacifista recogida en la Constitución.


Por Nicolas Promanzio, para La Derecha Diario.

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Japón reafirma las sanciones contra Rusia y las tensiones entre Moscú y Tokio llegan a un peligroso punto para Asia Pacífico

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Tras el cese de las negociaciones de paz sobre las islas Kuriles, la situación entre Tokio y Moscú parece llegar a un punto de no retorno.

Tras la decisión del Kremlin de hacer uso del gas ruso como arma geoestratégica, obligando a las demás naciones a abonar los suministros de gas en rublos y abriendo cuentas en Gazprombank, el gobierno de Japón, país que depende bastante del gas ruso, se mantuvo firme en su alejamiento de cualquier decisión de Putin en medio de tensiones militares por la ocupación de las islas Kuriles.

En respuesta con la directriz rusa, el primer ministro japonés Fumio Kishida expresó que se mantendría fiel a las sanciones del G7 y no seguiría las instrucciones de Putin.

Tal decisión refleja un endurecimiento de la política por parte del mandatario japonés y no solo en lo discursivo. La posibilidad de perder a Rusia como proveedor de gas licuado (GNL), supondría grandes costos para Japón, pero Kishida parece dispuesto a correr ese riesgo.

Según CNBC, aunque a nivel porcentual la dependencia japonesa sobre Moscú no es extremadamente peligrosa, el costo adicional de desplazar a Rusia como socio se traduce en unos 3 billones de yenes (US$ 25 mil millones).

Según el medio Nikkei Asia, el proyecto de producción de gas natural licuado Sakhalin-2 representa 10% del consumo japonés. Está base de producción de GNL a cargo de Shell se ubica en una isla rusa, Sakhalin, donde se asientan algunas de las más importantes compañías japonesas como Mitsui & Co. y Mitsubishi Corp.

No obstante, la reciente retirada de Shell ha cristalizado un punto de inflexión en este vínculo. Hasta el momento Fumio Kishida sostiene su participación en el proyecto y así lo ha afirmado frente a su parlamento.

La balanza comercial de Japón respecto a Rusia: el gas natural licuado  rompe el equilibrio | Nippon.com

Al margen de la disputa energética, Tokio ha logrado desenvolverse como sancionador sobre Moscú en diversos modos. Desde barreras en exportaciones sobre el sector automotriz, dando terminación al comercio de todos los vehículos japoneses de lujo a Rusia, hasta el congelamiento de activos a altas figuras de la oligarquía rusa, afectando al sector empresarial, directores de bancos, y hasta al vocero del mismo Kremlin. Según DW, ya son más de 130 las entidades afectadas por las sanciones japonesas.

Ha de verse aún si el apoyo estadounidense como tradicional socio japonés servirá para atenuar las respuesta de Putin. Por el contrario, Japón se verá en búsqueda de nuevos proveedores energéticos; para lo cual tendrá que estrechar lazos con países del norte africano, o acudir al GNL estadounidense.

Cualquiera de las dos alternativas no agotan la incertidumbre del panorama. Entre los principales proveedores alternativos se hallan países como Qatar, Argelia, Marruecos; y Washington busca comenzar a desplegar su potencial como exportador de GNL (véanse sus recientes inversiones tanto en el sur de Estados Unidos como en México). Todos estos son actores que tienen una demanda saturada o bien proyectan su crecimiento a largo plazo, lo cual no subsanaría la cuestión para Japón.

El 32 % del suministro eléctrico de Japón depende del carbón | Nippon.com
Gráfico evolución energética Japón.

Este escenario exige una mirada hacia dentro de la política japonesa para comprender por qué la respuesta del primer Ministro japonés supone realmente una jugada arriesgada para su país. El gas natural licuado ha sido un gran instrumento para suplir las crisis energéticas en Japón tras el terremoto de 2011. En el marco de las reformas que el país asiático implementó a causa del tsunami, se incluyó la reducción de la energía nuclear. Por lo cual, la estrategia energética se encuentra bastante limitada para Tokio.

Ciertos análisis internacionales, como se presentó en Foreign Affairs, consideran que las medidas de Japón sobre Rusia han sido más tajantes que nunca. Se destaca como factor llamativo que el archipiélago japonés, haya albergado más refugiados que en varias otras situaciones análogas donde el país no se mostró tan amigable con las víctimas de guerra.

Es así que este puede ser un antes y un después para la relación Tokio-Moscú. El papel de Washington, y su apoyo a su socio asiático será clave para determinar el éxito de las herramientas de occidente sobre Putin o, de lo contrario, concluir en que los costos de la hostilidad japonesa al Kremlin los pagará la sociedad japonesa.


Por Abril Trankels, para La Derecha Diario.

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