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China

Hoy el Partido Comunista Chino cumple 100 años: el dictador Xi Jinping celebra “ser la primer potencia del mundo”

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China completa su plan de dominación mundial y asegura que ningún país de Occidente está por encima de ellos.

Este 1ro de julio se cumplen 100 años desde la creación del Partido Comunista Chino, que empezó como un grupo guerrillero en la región de Jiaxing, fundado por dos políticos de la época, Chen Duxiu Li Dazhao, gracias a la financiación de la Unión Soviética.
El dictador Xi Jinping, actual cabeza del Partido, dio un contundente discurso dirigido directamente a la comunidad internacional: “China no permitirá más la intimidación por parte de fuerzas extranjeras, y cualquiera que lo intente se encontrará con un muro de acero forjado por 1.400 millones de militantes comunistas“.

En un discurso ante una multitud de 70.000 personas en la Plaza de Tiananmen en Beijing, Xi elogió al partido gobernante por sacar a China de la pobreza y la humillación a la que ellos mismos la habían sentenciado cuando asumieron el control del país, y prometió expandir el Ejército y la influencia de China en todo el mundo.  

De pie en la Puerta de la Paz Celestial sobre un retrato de Mao Zedong el jueves, Xi dijo que comienza una nueva era en la que China es “sin lugar a dudas” la principal potencia mundial, y que nunca más serán intimidados por Estados Unidos, Europa, o nadie.

En su discurso, Xi pareció decir que buscarán la invasión total de Taiwán, la isla que continúa el legado milenario de la China libre y anticomunista. El Partido nunca ha gobernado Taiwán, pero considera que es una provincia separatista de China que debe unificarse, por la fuerza si es necesario. Xi dijo que “están más cerca que nunca” de lograrlo.

Xi Jinping.

El Partido, que se mantuvo en la clandestinidad desde su fundación en 1921 hasta la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en la principal fuerza de choque de China contra la invasión japonesa, y todo ese poder que acumularon durante el periodo de guerra lo utilizaron para darle un golpe de Estado al gobierno republicano del Kuomintang.

Este golpe lo lideró Mao Zedong, líder militar del grupo guerrillero, y el 1ro de octubre de 1949 proclamó oficialmente la fundación del Gobierno Popular Central, que dio inicio a la “República Popular de China“, desplazando a la legítima “Republica de China” a la isla de Taiwán.

Desde entonces, un régimen de brutal comunismo gobernó el país más poblado del mundo que alguna vez supo ser un importante aliado de Occidente. A través de los años, y después de muchos años de hambrunas y pobreza extrema, la dictadura comunista adaptó su sistema económico a la dinámica mundial, especialmente durante los años 70s, bajo el liderazgo del dictador Deng Xiaoping, quien abrió a China al comercio mundial y aceptó que las fábricas de otros países se instalen en el territorio asiático.

Llegando a los 100 años de su fundación, hoy el sanguinario y represivo Partido Comunista Chino está en manos de Xi Jinping, un hijo de detractores al régimen, quien quedó huérfano en 1966 en la conocida “Revolución Cultural del Proletariado“, cuando la dictadura llevó a cabo una matanza de millones de personas que no “habían adoptado el maoismo como cultura de vida“.

Esto no frenó a Xi, quien con tan solo 18 años se afilió al Partido Comunista y, mientras estudiaba ingeniería en la Facultad, se convirtió en uno de sus más prominentes líderes, pasando por el cargo de gobernador de Fujian y Zhejiang, Primer Secretario del Gobierno Central, Vicesecretario General y finalmente, Secretario General en 2012, cuando asumió como la principal cara de la dictadura.

Xi volvió a las bases del régimen de Mao Zedong, y buscó instalar su figura al mismo nivel que Mao y Lin Biao, incluso creando su propia ideología dentro del Partido, conocido como “Pensamiento de Xi” o xiísmo.

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China

La población de China se reducirá este año por primera vez desde la Gran Hambruna de 1960

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A pesar de elevar la restricción de hijos por familia de 1 a 3, China verá su población encogerse por primera vez en más de 60 años.

China es el país más poblado del mundo, pero después de cuatro décadas extraordinarias en las que la población del país ha aumentado de 660 millones a 1.400 millones, su población está en camino de disminuir este año, por primera vez desde la gran hambruna de Mao de 1959-1961.

Según las últimas cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas de China, la población en el país creció de 1.412,12 millones a solo 1.412,60 millones en 2021, un aumento de solo 480.000 personas, el más bajo de la historia.

Mientras tanto, las proyecciones indican que la población se encogería en 120.000 personas en 2022, por lo que la estimación es que más personas morirán este año de las que nacerán, la primera vez que pasa algo así en China en más de 60 años.

Es importante aclarar que desde 1980, el Partido Comunista impuso un límite de un solo hijo por familia, porque pensaba que la cantidad de nacimientos excedería la capacidad de producción de alimentos del país.

Esto solo puede ocurrir en un sistema comunista, ya que en un sistema capitalista de libre mercado, los precios ajustan la cantidad de recursos para cualquier nivel de población.

En 2015, cuando el dictador Xi Jinping se dio cuenta de esto, elevó el límite a tres hijos por familia, pero ya era demasiado tarde. La natalidad en China nunca se recuperó y pasó de aumentar en 8 millones por año a menos de medio millón; y ahora pasará a valores negativos.

La tasa de fecundidad total de China (nacimientos por mujer) era de 2,6 a fines de la década de 1980, muy por encima del 2,1, que era la tasa necesaria para superar la cantidad de muertes por año en ese momento.

Sin embargo, el Partido Comunista adoptó en la década del ’80 una ideología malthusiana de que debía tener exactamente la misma cantidad de muertes que de nacimientos, y luego de implementar las restricciones a la natalidad, la tasa bajó a 1,6 en 1994, y luego a 1,3 en 2020, cinco años después de elevar el límite a tres hijos.

En 2021, la tasa de fecundidad fue de 1,15 y este año sería menor al 1,1. A modo de comparación, en Australia y Estados Unidos la tasa de fecundidad total es de 1,6 nacimientos por mujer, y en Japón, uno de los países con las tasas de fecundidad más bajas del mundo, es 1,3, por lo que China está en una verdadera crisis de natalidad.

Las teorías difieren sobre por qué las mujeres chinas se muestran reacias a tener hijos, a pesar de los nuevos incentivos estatales. Una posibilidad es que la población se haya acostumbrado a las familias pequeñas. Otro implica el aumento del costo de vida, mientras que otros piensan que podría tener que ver con el aumento de la edad para contraer matrimonio, lo que retrasa los nacimientos y frena el deseo de tener hijos.

Además, China tiene menos mujeres en edad fértil de lo que cabría esperar. Limitadas a tener un solo hijo desde 1980, muchas parejas optaron por un niño, elevando la proporción de sexos al nacer de 106 niños por cada 100 niñas a 120, y en algunas provincias a 130.

El modelo económico chino se basó en los últimos 40 años en tener una población gigante y mano de obra suficiente para abastecer a fábricas de empresas de todo el mundo. Si la población empieza a caer, el país podría tener serios problemas para mantener los niveles de producción que tiene hoy.

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China

Masiva filtración de datos da una nueva magnitud del genocidio uigur que el Partido Comunista está llevando a cabo en China

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Archivos policiales fueron hackeados por un grupo taiwanés y por primera vez tenemos evidencia de la magnitud de los campos de concentración en Xinjiang.

Una masiva fuga de datos de la Policía china, que incluye miles de fotos de mujeres, niños y ancianos detenidos, arroja una nueva luz sobre el genocidio uigur en la región de Xinjiang, que está llevando a cabo el Partido Comunista Chino.

Los documentos fueron publicados el pasado 24 de mayo por un grupo de 14 medios de comunicación internacionales, entre ellos la BBC y El País de España, y elimina cualquier tipo de duda que podía todavía existir sobre los campos de concentración en el norte de China.

La publicación de las fotos coincidió con la visita de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, a la región de Xinjiang, donde fue a comprobar “personalmente” que no se esté llevando a cabo un genocidio.

La visita que duró seis días fue bochornosa. La ex mandataria chilena aseguró que “no vio nada” y decidió no condenar públicamente el genocidio. Lo máximo que se animó a hacer es instar a las autoridades locales a “evitar medidas arbitrarias e indiscriminadas” en la región.

Las fotos y videos fueron hackeados por un grupo que se presume taiwanés y anti-comunista, y fueron entregados por una fuente anónima al investigador alemán Adrian Zenz, el primero que acusó en 2018 al régimen chino de haber internado a más de un millón de uigures en lo que llamaban “centros de reeducación política”, pero no eran más que campos de concentración como los de la Alemania Nazi.

Entre los documentos filtrados figuran más de 2.800 fotos de identidad de detenidos, incluyendo la de Zeytunigul Ablehet, una adolescente de 17 años detenida por haber escuchado un discurso prohibido, y de Bilal Qasim, 16 años, condenado por haber intentado tener hijos con otra mujer, que también está como prisionera.

La lista no se queda solo en adolescentes. Anihan Hamit, de 73 años en el momento de su detención, es la más anciana de la lista.

Las filtraciones no frenan en solamente las fotos frontales de las víctimas. Hay brutales imagenes de cómo los tratan en los distintos campos de concentración.

En la página xinjiangpolicefiles.org, se muestra el accionar policial en el Centro de Detención de Tekes, ubicado en el norte de la región de Xinjiang. Las imagenes son brutales.

Algunas muestran a guardias armados con porras reduciendo a un prisionero encadenado. Otras muestran a los detenidos marchando en fila, incluso a una fila de mujeres donde se las ve “estudiando” sobre la historia de China. Según los reportes, si las mujeres no aprenden la historia del Partido Comunista Chino, son ejecutados.

En otras imagenes se los ve a los policias reduciendo a dos hombres, uno con pechera amarilla y otro con pechera verde. Estos hombres están encadenados y con las cabezas tapadas. Se cree que estos dos hombres podrían estar siendo llevados a una ejecución sumaria.

También se lo ve a un hombre con pechera azul y amañado de la misma manera siendo sacado de su celda, y luego sentado en una mesa donde algún agente del régimen le toma declaraciones.

Luego se ve a dos hombres de vuelta con pecheras azules siendo azotados. Se desconoce qué diferencia hay entre los colores de las pecheras.

En las filtraciones también hay transcripciones de discursos atribuidos a distintas personas que hablaron privadamente a las autoridades del campo de concentración.

Una de esta se le atribuye al ministro de la policía Zhao Kezhi, quien en 2018 dijo, por ejemplo, que el “presidente Xi Jinping ordenó la ampliación de los centros de detención“. Según Zhao, al menos dos millones de habitantes del sur de Xinjiang estarían “seriamente influenciados por la infiltración del pensamiento extremista”.

En un discurso de 2017, Chen Quanguo, entonces jefe de la región, ordenó a los guardias matar a balazos a aquellos que intenten escapar y “vigilar estrechamente a los creyentes”.

Pekín rechaza las acusaciones, a las que califica como “la mentira del siglo”. Afirma que los campos de concentración son en realidad “centros de formación profesional” para “desradicalizar” a personas tentadas por el islamismo o el separatismo tras una serie de atentados que azotaron a la región.

Los uigures son una etnia turca que habita el noroeste de China hace cientos de generaciones, y de hecho tuvieron varios periodos de autodeterminación, incluso un largo kanato que duró hasta la conquista del Imperio Mongol en 1209, en la cual gozaron de enorme autonomía. No fue hasta el siglo XVIII, durante la Dinastía Qing, que China invadió la región y los anexó.

Pero su control nunca fue estable, y en 1933 los uigures se rebelaron y fundaron la Primera República del Turquestán Oriental, que duró hasta 1949, cuando el Ejército Popular de Liberación de la recientemente formada China comunista ocupó nuevamente el territorio, y comenzó una brutal represión de este pueblo.

Desde entonces, la principal directiva del Partido Comunista Chino es “chinaficar” a los uigures. Este pueblo, dadas sus raíces turcas, adoptó el Islam hace más de mil años, y son extremadamente religiosos. Además, suelen tener familias muy numerosas y poca aceptación de gobiernos centralizados.

El modelo comunista chino es exactamente lo contrario. Se busca que todos los chinos sean ateos, tengan familias pequeñas y dediquen su vida al servicio del Estado. Después de algunos intentos por incorporarlos a la cultura comunista china, el Partido decidió lanzar una limpieza étnica de este pueblo.

Las mujeres son esterilizadas, los hombres son asesinados si tienen hijos. Las personas son ingresadas en estos campos de concentración, donde son obligados a trabajos forzosos hasta que mueren.

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El arresto del Cardenal Zen sacude Hong Kong, mientras Occidente mira para otro lado

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La persecución católica llegó a Hong Kong, centro de una de las mayores comunidades cristianas de todo Asia pacífico.

El Cardenal Joseph Zen, quien fuera el Obispo de Hong Kong, fue arrestado la semana pasada por la policía china, acusado de “conspirar con fuerzas extranjeras” en relación a su rol de administrador de la 612 Humanitarian Relief Fund, la cual apoya a protestantes pro democráticos con gastos legales y médicos.

Además del Cardenal, también fueron arrestados por la policía de seguridad nacional china la conocida abogada Margaret Ng, el académico Hui Po-keung y la cantante y compositora Denise Ho, todos relacionados con la fundación.

Si bien el régimen chino alega que las detenciones se dieron en el marco de una investigación por conspiración, lo cierto es que en realidad fueron acusados por subversión, secesión y terrorismo, lo cual puede tener sentencias de cadena perpetua en la justicia china, a la cual pueden ser extraditados tras la toma por la fuerza de la ciudad-estado.

La detención de Zen era esperable. Desde hace varios meses que distintos medios afines al Partido Comunista Chino venían acusándolo de incentivar revueltas en estudiantes. Asimismo, el Cardenal acusa al gobierno chino de persecución a la comunidad cristiana tanto en Hong Kong (una de las más grandes de Asia) como en China.

La detención del Obispo Emérito de Hong Kong, siendo un Cardenal católico de 90 años, representa la actitud firme de China de aplastar la democracia existente en la ciudad y de brindar un mensaje claro, tanto al mundo como a los ciudadanos y a la comunidad católica del país.

El principal crimen del Cardenal ha sido pedir, incansablemente, por la libertad de culto y por apoyar a las víctimas del partido comunista. Pero China aprendió la lección y ya no usa tanques de guerra para aplastar a los que se le oponen como en Beijing hace 33 años, ahora el mecanismo es silencioso y consiste en utilizar el aparato del estado para acusar y enjuiciar a todos aquellos que se resisten a Xi.

El miedo de los ciudadanos de Hong Kong es real. Más de 200.000 personas se han ido al exterior desde que China ingresó con la Policía y el Ejército a la ciudad-estado que, según el Pacto Sino-Británico, todavía le quedaban unos 30 años de independencia.

En junio de 2020, cuando todo el mundo estaba hablando de la pandemia, la Asamblea Popular china votó para aplicar la Ley de Seguridad China en Hong Kong, lo cual transformó a la ciudad autónoma en un distrito más del país comunista.

Aquellos principales opositores a Xi fueron arrestados en los primeros meses. La Confederación de Sindicatos, un organismo pro-democracia, fue cerrado el año pasado luego que se anunciara que sería acusado de infringir las leyes nacionales. Todas las organizaciones que no se alinean con el régimen comunista son castigadas duramente.

Los mecanismos de persecución son variados, desde acusaciones de fraude, congelamiento de cuentas, acusaciones de subversión, actividades ilegales o incluso terrorismo, periódicos, compañías nacionales o internacionales, organismos internacionales o simples ciudadanos son perseguidos y arrestados.

Es probable que el Cardenal Zen y todos los demás arrestados sean trasladados a alguna provincia de China, donde serán sometidos a trabajos forzosos mientras esperan que se resuelva su juicio. Lamentablemente, todo indica que estas personas desaparecerán y se sumarán a la larga lista de asesinados por la dictadura.

Un agravante a la situación de Zen es que es un representante de la Iglesia Católica, no alineada al régimen. Si bien el Partido Comunista promueve el ateísmo, a fines de la década del ’60 permitió la religión en el país, pero de una manera altamente regulada.

El Estado creó dos iglesias “patrióticas”, una budista y una católica. La “patriótica” católica, denominada oficialmente Asociación Patriótica Católica de China, no es reconocida por el Vaticano, y fue creada y está estrictamente controlada por el gobernante Partido Comunista.

Compitiendo contra ésta, los católicos en China fundaron de manera clandestina la Iglesia Católica de China, que responde a la Santa Sede. Por años, los papas Pio XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI coordinaron la “resistencia” con los curas clandestinos, ayudándolos a llevar a cabo misas en secreto a lo largo de todo el país.

Si, embargo, en 2018, el Papa Francisco firmó un acuerdo para mejorar las relaciones con el Partido Comunista Chino, en el que el Vaticano dio demasiadas concesiones, entre ellas, dejar de dar ayuda a los curas clandestinos, que efectivamente cumplió.

Por otro lado, los sacerdotes católicos son repudiados por los fundamentalistas comunistas por depender de una autoridad extranjera, por lo que sufren todo tipo de persecuciones. Aun así, el cristianismo es la tercera religión más extendida en el país, luego del Budismo Popular Chino y el budismo taoísta.

La pandemia ha sido una útil excusa para arrestar personas y aislarlas, así cómo demorar juicios o incluso brindar respuestas sobre sus paraderos. El régimen chino sabe que la atención de los medios es breve y cuenta con eso para seguir aplastando Hong Kong sin problemas ni críticas internacionales.

El arresto de Zen movilizó a la Unión Europea e inmediatamente conocida la noticia, el canciller europeo Joseph Borrell manifestó su preocupación. Los Estados Unidos tomaron una postura más enérgica y la subsecretaria de prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, exhortó a las autoridades chinas a “dejar de atacar” a los defensores de la democracia en Hong Kong y a “liberar de inmediato (a aquellos) que han sido injustamente detenidos y acusados, como el cardenal Joseph Zen”. El Vaticano, por su parte, manifestó su preocupación con un tibio comunicado.

Sin embargo, estas declaraciones son un montaje, un show que esconde una realidad terrorífica. En vez de aplicarle sanciones a China por cometer actos realmente deleznables, como genocidio, persecución de opositores, manipulación de la moneda y estafa comercial internacional, pocos gobiernos en Occidente se animan realmente a oponerse en los actos al gigante asiático.

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