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China

La OMS prepara un “Tratado Global de Pandemias” siguiendo la recomendación de Bill Gates

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Australia ya fue el primer país del mundo en confirmar su apoyo. Se quiere crear un grupo con autoridad supranacional para imponer restricciones sanitarias en cualquier país donde se detecte un nuevo virus.

Después del desastre mundial que generó la pandemia del virus chino SARS-CoV-2, el multimillonario Bill Gates llamó a firmar un “Tratado Global de Pandemias” en Ginebra, patrocinado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), para que “nunca más una epidemia se convierta en pandemia“.

El plan supone darle poderes extraordinarios a un grupo de tareas especiales de la OMS, que apoda “GERM“, para que pueda intervenir inmediatamente en cualquier país afiliado a la organización cuando se detecta un nuevo virus.

En ese momento, el grupo “GERM” pasaría a tener una autoridad superior a la del Ministerio de Salud del país en cuestión, pudiendo ordenar restricciones sanitarias unilateralmente que el país deberá cumplir o sufrir severas sanciones.

También, el grupo “GERM” podrá disponer de cualquier laboratorio en cualquier parte del mundo para fabricar vacunas y medicamentos para enviar al país donde se encontró el virus. Esto sería una suerte de expropiación de facto de las líneas de producción.

El tratado sin dudas es un primer paso a otra idea que Bill Gates ha planteado muchas veces, la de formar un “Gobierno global“. El grupo “GERM” vendría a ser como un Ministerio de Salud global, que supercede en autoridad a cualquier cartera de salud del mundo, avasallando cualquier tipo de soberanía.

Habiendo adquirido un gusto por el control globalizado durante la pandemia de Covid, varios líderes mundiales, junto a algunas empresas y demás figuras influyentes están analizando seriamente firmar un acuerdo de este estilo.

El primero en hacerlo fue el primer ministro australiano, Scott Morrison, quien comentó sobre el tratado propuesto en un reciente acto de campaña: “Es esencial que fortalezcamos la vigilancia global de enfermedades y proporcionemos a la OMS la autoridad y la capacidad para hacer este importante trabajo para todos los pueblos del mundo“.

Este grupo que se quiere crear podría llegar a cualquier país y ordenar cuarentenas, uso de barbijo obligatorio, pases sanitarios y demás restricciones. Equivale a extender los poderes de emergencia que varios presidentes y gobernadores se otorgaron a sí mismos, excepto que las personas no pueden votar para sacar a la OMS del poder.

El pretexto para un tratado de salud global es que a los países se les permitió “erróneamente” adoptar enfoques personalizados para Covid, en particular, sus lanzamientos de vacunas. Según la OMS, esto ponía en peligro la salud de todo el planeta.

Así lo plasmó Bill Gates en la publicación de un reciente libro How to Prevent the Next Pandemic, publicado el 3 de mayo de este año. En sus páginas, explica los lineamientos que debería tener este tratado.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom, lacayo como pocos, ya anunció que apoya las ideas de Bill Gates, y que “las mentes más brillantes” de la organización mundial de la salud están redactando el tratado, que se podría someter a votación en el pleno de la ONU en Ginebra, el 13 de septiembre.

El manejo de la pandemia del Covid está siendo utilizado como excusa para justificar una nueva era de fascismo global bajo la excusa de cuidado médico. Pero también es un negocio. El Tratado Global contra la Pandemia es, ante todo, un acuerdo económico de un billón de dólares.

El tratado incluiría un “fondo de preparación” de 10 mil millones de dólares por año junto con un fondo de emergencia adicional de 100 mil millones de dólares fijo. Esto saldrá de los bolsillos de los contribuyentes de los 194 estados miembros de la OMS.

Esto sería un desastre además porque generaría una receta homogénea para gestionar las pandemias. Mientras países como Suecia o algunos estados de Brasil o Estados Unidos manejaron con mucho éxito la crisis de salud, balanceando entre libertades individuales y un nivel contenido de contagios, otros países como Francia, Italia o la misma Argentina resultaron en una verdadera masacre, con cuarentenas que condenaron a millones de personas no solo a la pobreza si no a otras afecciones.

Además, ¿de qué serviría este tratado si China no cooperaa? China ha sido el “Paciente Cero” de las últimas 4 grandes pandemias. La Gripe Española, que a pesar de su nombre fue importada desde China por trabajadores que se movilizaron a Europa para suplir el trabajo que los europeos no podían hacer porque se habían ido a pelear la Primera Guerra Mundial; la Gripe Aviar del 2006, tuvo sus primeros casos en Guangdong a fines de los 90s; la Epidemia SARS del año 2002, que tuvo foco en China y se logró contener en Asia, y la Pandemia del Coronavirus, del año 2020.

La OMS ya ha intentado en múltiples ocasiones instalar grupos de trabajo en China sin éxito. El caso más famoso es el de fines del 2020, cuando enviaron un equipo de investigación para determinar el origen del virus, y luego de unas semanas fueron echados del país.

¿Para qué someter a toda la población occidental a una dictadura mundial de la salud, si es una certeza que el régimen comunista chino no va a permitir que funcionarios de la OMS le digan lo que tiene que hacer?

¿Cuál es el punto de promulgar el tratado si el Paciente Cero se niega a sentarse a la mesa? Es un poco como las promesas de Cambio Climático de las Naciones Unidas que no incluyen al contaminador más grande del mundo.

China

La población de China se reducirá este año por primera vez desde la Gran Hambruna de 1960

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A pesar de elevar la restricción de hijos por familia de 1 a 3, China verá su población encogerse por primera vez en más de 60 años.

China es el país más poblado del mundo, pero después de cuatro décadas extraordinarias en las que la población del país ha aumentado de 660 millones a 1.400 millones, su población está en camino de disminuir este año, por primera vez desde la gran hambruna de Mao de 1959-1961.

Según las últimas cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas de China, la población en el país creció de 1.412,12 millones a solo 1.412,60 millones en 2021, un aumento de solo 480.000 personas, el más bajo de la historia.

Mientras tanto, las proyecciones indican que la población se encogería en 120.000 personas en 2022, por lo que la estimación es que más personas morirán este año de las que nacerán, la primera vez que pasa algo así en China en más de 60 años.

Es importante aclarar que desde 1980, el Partido Comunista impuso un límite de un solo hijo por familia, porque pensaba que la cantidad de nacimientos excedería la capacidad de producción de alimentos del país.

Esto solo puede ocurrir en un sistema comunista, ya que en un sistema capitalista de libre mercado, los precios ajustan la cantidad de recursos para cualquier nivel de población.

En 2015, cuando el dictador Xi Jinping se dio cuenta de esto, elevó el límite a tres hijos por familia, pero ya era demasiado tarde. La natalidad en China nunca se recuperó y pasó de aumentar en 8 millones por año a menos de medio millón; y ahora pasará a valores negativos.

La tasa de fecundidad total de China (nacimientos por mujer) era de 2,6 a fines de la década de 1980, muy por encima del 2,1, que era la tasa necesaria para superar la cantidad de muertes por año en ese momento.

Sin embargo, el Partido Comunista adoptó en la década del ’80 una ideología malthusiana de que debía tener exactamente la misma cantidad de muertes que de nacimientos, y luego de implementar las restricciones a la natalidad, la tasa bajó a 1,6 en 1994, y luego a 1,3 en 2020, cinco años después de elevar el límite a tres hijos.

En 2021, la tasa de fecundidad fue de 1,15 y este año sería menor al 1,1. A modo de comparación, en Australia y Estados Unidos la tasa de fecundidad total es de 1,6 nacimientos por mujer, y en Japón, uno de los países con las tasas de fecundidad más bajas del mundo, es 1,3, por lo que China está en una verdadera crisis de natalidad.

Las teorías difieren sobre por qué las mujeres chinas se muestran reacias a tener hijos, a pesar de los nuevos incentivos estatales. Una posibilidad es que la población se haya acostumbrado a las familias pequeñas. Otro implica el aumento del costo de vida, mientras que otros piensan que podría tener que ver con el aumento de la edad para contraer matrimonio, lo que retrasa los nacimientos y frena el deseo de tener hijos.

Además, China tiene menos mujeres en edad fértil de lo que cabría esperar. Limitadas a tener un solo hijo desde 1980, muchas parejas optaron por un niño, elevando la proporción de sexos al nacer de 106 niños por cada 100 niñas a 120, y en algunas provincias a 130.

El modelo económico chino se basó en los últimos 40 años en tener una población gigante y mano de obra suficiente para abastecer a fábricas de empresas de todo el mundo. Si la población empieza a caer, el país podría tener serios problemas para mantener los niveles de producción que tiene hoy.

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China

Masiva filtración de datos da una nueva magnitud del genocidio uigur que el Partido Comunista está llevando a cabo en China

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Archivos policiales fueron hackeados por un grupo taiwanés y por primera vez tenemos evidencia de la magnitud de los campos de concentración en Xinjiang.

Una masiva fuga de datos de la Policía china, que incluye miles de fotos de mujeres, niños y ancianos detenidos, arroja una nueva luz sobre el genocidio uigur en la región de Xinjiang, que está llevando a cabo el Partido Comunista Chino.

Los documentos fueron publicados el pasado 24 de mayo por un grupo de 14 medios de comunicación internacionales, entre ellos la BBC y El País de España, y elimina cualquier tipo de duda que podía todavía existir sobre los campos de concentración en el norte de China.

La publicación de las fotos coincidió con la visita de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, a la región de Xinjiang, donde fue a comprobar “personalmente” que no se esté llevando a cabo un genocidio.

La visita que duró seis días fue bochornosa. La ex mandataria chilena aseguró que “no vio nada” y decidió no condenar públicamente el genocidio. Lo máximo que se animó a hacer es instar a las autoridades locales a “evitar medidas arbitrarias e indiscriminadas” en la región.

Las fotos y videos fueron hackeados por un grupo que se presume taiwanés y anti-comunista, y fueron entregados por una fuente anónima al investigador alemán Adrian Zenz, el primero que acusó en 2018 al régimen chino de haber internado a más de un millón de uigures en lo que llamaban “centros de reeducación política”, pero no eran más que campos de concentración como los de la Alemania Nazi.

Entre los documentos filtrados figuran más de 2.800 fotos de identidad de detenidos, incluyendo la de Zeytunigul Ablehet, una adolescente de 17 años detenida por haber escuchado un discurso prohibido, y de Bilal Qasim, 16 años, condenado por haber intentado tener hijos con otra mujer, que también está como prisionera.

La lista no se queda solo en adolescentes. Anihan Hamit, de 73 años en el momento de su detención, es la más anciana de la lista.

Las filtraciones no frenan en solamente las fotos frontales de las víctimas. Hay brutales imagenes de cómo los tratan en los distintos campos de concentración.

En la página xinjiangpolicefiles.org, se muestra el accionar policial en el Centro de Detención de Tekes, ubicado en el norte de la región de Xinjiang. Las imagenes son brutales.

Algunas muestran a guardias armados con porras reduciendo a un prisionero encadenado. Otras muestran a los detenidos marchando en fila, incluso a una fila de mujeres donde se las ve “estudiando” sobre la historia de China. Según los reportes, si las mujeres no aprenden la historia del Partido Comunista Chino, son ejecutados.

En otras imagenes se los ve a los policias reduciendo a dos hombres, uno con pechera amarilla y otro con pechera verde. Estos hombres están encadenados y con las cabezas tapadas. Se cree que estos dos hombres podrían estar siendo llevados a una ejecución sumaria.

También se lo ve a un hombre con pechera azul y amañado de la misma manera siendo sacado de su celda, y luego sentado en una mesa donde algún agente del régimen le toma declaraciones.

Luego se ve a dos hombres de vuelta con pecheras azules siendo azotados. Se desconoce qué diferencia hay entre los colores de las pecheras.

En las filtraciones también hay transcripciones de discursos atribuidos a distintas personas que hablaron privadamente a las autoridades del campo de concentración.

Una de esta se le atribuye al ministro de la policía Zhao Kezhi, quien en 2018 dijo, por ejemplo, que el “presidente Xi Jinping ordenó la ampliación de los centros de detención“. Según Zhao, al menos dos millones de habitantes del sur de Xinjiang estarían “seriamente influenciados por la infiltración del pensamiento extremista”.

En un discurso de 2017, Chen Quanguo, entonces jefe de la región, ordenó a los guardias matar a balazos a aquellos que intenten escapar y “vigilar estrechamente a los creyentes”.

Pekín rechaza las acusaciones, a las que califica como “la mentira del siglo”. Afirma que los campos de concentración son en realidad “centros de formación profesional” para “desradicalizar” a personas tentadas por el islamismo o el separatismo tras una serie de atentados que azotaron a la región.

Los uigures son una etnia turca que habita el noroeste de China hace cientos de generaciones, y de hecho tuvieron varios periodos de autodeterminación, incluso un largo kanato que duró hasta la conquista del Imperio Mongol en 1209, en la cual gozaron de enorme autonomía. No fue hasta el siglo XVIII, durante la Dinastía Qing, que China invadió la región y los anexó.

Pero su control nunca fue estable, y en 1933 los uigures se rebelaron y fundaron la Primera República del Turquestán Oriental, que duró hasta 1949, cuando el Ejército Popular de Liberación de la recientemente formada China comunista ocupó nuevamente el territorio, y comenzó una brutal represión de este pueblo.

Desde entonces, la principal directiva del Partido Comunista Chino es “chinaficar” a los uigures. Este pueblo, dadas sus raíces turcas, adoptó el Islam hace más de mil años, y son extremadamente religiosos. Además, suelen tener familias muy numerosas y poca aceptación de gobiernos centralizados.

El modelo comunista chino es exactamente lo contrario. Se busca que todos los chinos sean ateos, tengan familias pequeñas y dediquen su vida al servicio del Estado. Después de algunos intentos por incorporarlos a la cultura comunista china, el Partido decidió lanzar una limpieza étnica de este pueblo.

Las mujeres son esterilizadas, los hombres son asesinados si tienen hijos. Las personas son ingresadas en estos campos de concentración, donde son obligados a trabajos forzosos hasta que mueren.

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China

El arresto del Cardenal Zen sacude Hong Kong, mientras Occidente mira para otro lado

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La persecución católica llegó a Hong Kong, centro de una de las mayores comunidades cristianas de todo Asia pacífico.

El Cardenal Joseph Zen, quien fuera el Obispo de Hong Kong, fue arrestado la semana pasada por la policía china, acusado de “conspirar con fuerzas extranjeras” en relación a su rol de administrador de la 612 Humanitarian Relief Fund, la cual apoya a protestantes pro democráticos con gastos legales y médicos.

Además del Cardenal, también fueron arrestados por la policía de seguridad nacional china la conocida abogada Margaret Ng, el académico Hui Po-keung y la cantante y compositora Denise Ho, todos relacionados con la fundación.

Si bien el régimen chino alega que las detenciones se dieron en el marco de una investigación por conspiración, lo cierto es que en realidad fueron acusados por subversión, secesión y terrorismo, lo cual puede tener sentencias de cadena perpetua en la justicia china, a la cual pueden ser extraditados tras la toma por la fuerza de la ciudad-estado.

La detención de Zen era esperable. Desde hace varios meses que distintos medios afines al Partido Comunista Chino venían acusándolo de incentivar revueltas en estudiantes. Asimismo, el Cardenal acusa al gobierno chino de persecución a la comunidad cristiana tanto en Hong Kong (una de las más grandes de Asia) como en China.

La detención del Obispo Emérito de Hong Kong, siendo un Cardenal católico de 90 años, representa la actitud firme de China de aplastar la democracia existente en la ciudad y de brindar un mensaje claro, tanto al mundo como a los ciudadanos y a la comunidad católica del país.

El principal crimen del Cardenal ha sido pedir, incansablemente, por la libertad de culto y por apoyar a las víctimas del partido comunista. Pero China aprendió la lección y ya no usa tanques de guerra para aplastar a los que se le oponen como en Beijing hace 33 años, ahora el mecanismo es silencioso y consiste en utilizar el aparato del estado para acusar y enjuiciar a todos aquellos que se resisten a Xi.

El miedo de los ciudadanos de Hong Kong es real. Más de 200.000 personas se han ido al exterior desde que China ingresó con la Policía y el Ejército a la ciudad-estado que, según el Pacto Sino-Británico, todavía le quedaban unos 30 años de independencia.

En junio de 2020, cuando todo el mundo estaba hablando de la pandemia, la Asamblea Popular china votó para aplicar la Ley de Seguridad China en Hong Kong, lo cual transformó a la ciudad autónoma en un distrito más del país comunista.

Aquellos principales opositores a Xi fueron arrestados en los primeros meses. La Confederación de Sindicatos, un organismo pro-democracia, fue cerrado el año pasado luego que se anunciara que sería acusado de infringir las leyes nacionales. Todas las organizaciones que no se alinean con el régimen comunista son castigadas duramente.

Los mecanismos de persecución son variados, desde acusaciones de fraude, congelamiento de cuentas, acusaciones de subversión, actividades ilegales o incluso terrorismo, periódicos, compañías nacionales o internacionales, organismos internacionales o simples ciudadanos son perseguidos y arrestados.

Es probable que el Cardenal Zen y todos los demás arrestados sean trasladados a alguna provincia de China, donde serán sometidos a trabajos forzosos mientras esperan que se resuelva su juicio. Lamentablemente, todo indica que estas personas desaparecerán y se sumarán a la larga lista de asesinados por la dictadura.

Un agravante a la situación de Zen es que es un representante de la Iglesia Católica, no alineada al régimen. Si bien el Partido Comunista promueve el ateísmo, a fines de la década del ’60 permitió la religión en el país, pero de una manera altamente regulada.

El Estado creó dos iglesias “patrióticas”, una budista y una católica. La “patriótica” católica, denominada oficialmente Asociación Patriótica Católica de China, no es reconocida por el Vaticano, y fue creada y está estrictamente controlada por el gobernante Partido Comunista.

Compitiendo contra ésta, los católicos en China fundaron de manera clandestina la Iglesia Católica de China, que responde a la Santa Sede. Por años, los papas Pio XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI coordinaron la “resistencia” con los curas clandestinos, ayudándolos a llevar a cabo misas en secreto a lo largo de todo el país.

Si, embargo, en 2018, el Papa Francisco firmó un acuerdo para mejorar las relaciones con el Partido Comunista Chino, en el que el Vaticano dio demasiadas concesiones, entre ellas, dejar de dar ayuda a los curas clandestinos, que efectivamente cumplió.

Por otro lado, los sacerdotes católicos son repudiados por los fundamentalistas comunistas por depender de una autoridad extranjera, por lo que sufren todo tipo de persecuciones. Aun así, el cristianismo es la tercera religión más extendida en el país, luego del Budismo Popular Chino y el budismo taoísta.

La pandemia ha sido una útil excusa para arrestar personas y aislarlas, así cómo demorar juicios o incluso brindar respuestas sobre sus paraderos. El régimen chino sabe que la atención de los medios es breve y cuenta con eso para seguir aplastando Hong Kong sin problemas ni críticas internacionales.

El arresto de Zen movilizó a la Unión Europea e inmediatamente conocida la noticia, el canciller europeo Joseph Borrell manifestó su preocupación. Los Estados Unidos tomaron una postura más enérgica y la subsecretaria de prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, exhortó a las autoridades chinas a “dejar de atacar” a los defensores de la democracia en Hong Kong y a “liberar de inmediato (a aquellos) que han sido injustamente detenidos y acusados, como el cardenal Joseph Zen”. El Vaticano, por su parte, manifestó su preocupación con un tibio comunicado.

Sin embargo, estas declaraciones son un montaje, un show que esconde una realidad terrorífica. En vez de aplicarle sanciones a China por cometer actos realmente deleznables, como genocidio, persecución de opositores, manipulación de la moneda y estafa comercial internacional, pocos gobiernos en Occidente se animan realmente a oponerse en los actos al gigante asiático.

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