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18/06/2020

Güemes: el escudo de la Patria Argentina y un héroe de la emancipación nacional

Poco se sabe de lo trascendente que fue la figura y el accionar de Martín Miguel de Güemes en la guerra de Independencia. En exclusiva, te contamos su historia.

Portada

(Especial agradecimientos Nicolás Vico, mas conocido como @historicamente_correcto en Instagram, por prestarnos su ilustración para este artículo)

Recorrer la vida de Martín Miguel de Güemes significa adentrarnos en lo más profundo de los procesos históricos y políticos que forjaron la proeza emancipatoria nacional. La guerra de la independencia fue un enfrentamiento arduo y crudo, con más derrotas que victorias y que siempre estuvo cerca de perderse. 

Fue gracias a un hombre y su férreo coraje que la frontera norte no se derrumbó, él y sus aguerridos gauchos lucharon en desventaja y siempre menospreciados, tanto por propios como ajenos; pero esas circunstancias no hacen más que engrandecer sus éxitos y hoy, repasaremos sus heroicos actos.


Juventud y primeros pasos

Martín, como le decía su familia, nace en Salta un 8 de febrero de 1785. De familia acomodada su padre era funcionario del tesoro virreinal en Salta, y su madre, miembro de una distinguida familia del lugar. Segundo de siete hermanos, los más destacados serían Juan. miembro del cabildo salteño y, en el futuro, la clave para su ascenso a la gobernación, y su hermana Magdalena, Macacha, la cual lo acompañaría hasta los últimos momentos de su vida. 

A los 14 años se enrola en el Regimiento Fijo de Infantería y seis años después (1805) lo trasladan a Buenos Aires. Combate durante la Reconquista en 1806 donde protagoniza un hecho insólito: al notar que un buque inglés, el Justine, queda varado por la bajante del río, guia a su escuadrón de caballería contra el navío y lo captura exitosamente, siendo una acción única en un su tipo. Mismo arrojo mostraría durante la segunda intentona británica, ya como parte del Regimiento de Caballería de Buenos Aires. Al año siguiente enfermería y seria licenciado a su Salta natal, donde se quedaría indefinidamente debido a que el aire de buenos aires era “muy malo”. Guemes adoptaría con muchísimo entusiasmo la causa revolucionaria y como militar que era, se integró al Ejército del Norte y participó de la primer Expedición Auxiliadora al Alto Perú al mando de un escuadrón gaucho acantonado en la Quebrada de Humahuaca, cuya labor era la de impedir la comunicación entre los contrarrevolucionarios y los realistas del Alto Perú (actual Bolivia). 

Durante la batalla de Suipacha su labor fue decisiva pero, curiosamente, su nombre no figura en ningún acta de batalla elaborada por el General Castelli. En 1812, luego del repliegue revolucionario causado por la derrota en Huaqui, el entonces capitán Güemes se encuentra bajo las órdenes de Eustaquio Díaz Vëlez. Su superior le ordena conquistar la ciudad de Tarija, en manos realistas. Diligente, el capitán cumple eficientemente la misión. Posteriormente, debido a un entredicho entre oficiales por asuntos de mujeres, el general Manuel Belgrano, nuevo jefe del Ejército del Norte, lo destina a Buenos Aires a causa de su indisciplina. Ahí permanecerá hasta el relevo de Belgrano y la llegada de San Martín. Iniciaba entonces la gloriosa guerra gaucha.


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Entre la guerra, la familia y la gobernación. 

Con el arribo al mando de San Martín, con quien forja una estrecha amistad durante su estadía en la capital rioplatense, Güemes: vuelve al norte con el rango de Teniente Coronel y es puesto al mando de la Vanguardia. Organizando a los gauchos de la región, y la colaboración de líderes locales, libra un combate casi diario contra las tropas realistas, acosandolos y desapareciendo sin dejar rastro. Su accionar es tan eficaz y el apoyo de la población tan incondicional, que esas tropas mal equipadas y poco entrenadas son capaces de detener el avance del General Joaquín de la Pezuela.

A Martín lo conocen como el Padre de los Pobres y su devoción a la causa de Mayo es absoluta, aunque en Buenos Aires no veían con buenos ojos su caudillismo, el cual consideraban un potencial Artigas.

La victoria en el Puesto del Marqués, una decisiva victoria gauchesca, agudiza este conflicto y sus diferencias con José Rondeau, estallan y lo declaran traidor. Tropas del Directorio invaden Salta pero esto se vuelve insostenible debido a la resistencia local y el acoso de las tropas de Güemes, por lo que en 1816 se firma el Pacto de Cerillos y se pone fin a esta absurda guerra. En el las autoridades centrales reconocían la labor de Güemes y le permitían proceder con sus métodos guerrilleros, a cambio el caudillo se comprometía a prestar auxilio al Ejército del Norte cuando este lo necesitase.

Previamente, el clamor popular y la fundamental intervención de su hermano Juan, lo convirtieron en Gobernador de la Intendencia de Salta, movida política realizable gracias a la caída de José María de Alvear y la consecuente pérdida de poder de su hombre en dicha provincia. El 15 de julio de ese mismo año, contraería primeras nupcias con Carmen Puch, con quien tendría tres hijos. Pero la paz no duraría para siempre.

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Los realistas, revitalizados por la restauración monárquica en España, lanzaron seis importantes ofensivas sobre territorio norteño.

La primera fue la del experimentado mariscal José de la Serna e Hinojosa, el cual, al mando de 5.500 veteranos de guerra, partió de Lima, la capital del Virreinato del Perú, asegurando que con ellos recuperaría Buenos Aires para España. Después de derrotar y ejecutar a los coroneles Manuel Ascensio Padilla e Ignacio Warnes, ocupó Tarija, Jujuy y Salta, desde allí ocupó también los pueblos de Cerrillos y Rosario de Lerma. Güemes ocupó la Quebrada de Humahuaca con sus tropas, aislándolo de sus bases, rodeó la ciudad dejando al ejército ocupante sin víveres, y hasta venció a uno de los regimientos españoles en el combate de San Pedrito. De la Serna se vio obligado a retirarse, hostigado continuamente por las partidas gauchas.

Meses después, el general Pedro Antonio Olañeta, enemigo acérrimo del salteño, volvió al ataque y capturó al más importante de los segundos de Güemes, el general Juan José Feliciano Alejo Fernández Campero, jefe de la defensa de la Puna, popularmente conocido como el Marqués de Yavi. Pero no logró avanzar más que hasta Jujuy.

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La genialidad de Güemes radica en su capacidad de movilizar a toda la población para participar en la lucha: los hombres actuaban como guerreros, las mujeres, los niños y los ancianos lo hacían como espías o mensajeros. Las emboscadas se repetían en las avanzadas de las fuerzas de ataque, pero más aún en la retaguardia y en las vías de aprovisionamiento. Cuando los realistas se acercaban a un pueblo o a una hacienda, los habitantes huían con todos los víveres y el ganado, junto a todo lo que pudiese ser útil al enemigo. Esta clase de lucha arruinó la economía salteña, pero las clases populares preferían este descalabro económico a las crueldades de los realistas. Este levantamiento del “subterráneo de la patria” le dio a la guerra de independencia el carácter de popular que le otorgaría su éxito definitorio.

Güemes jamás obtuvo apoyo económico del Directorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata y la ayuda que le prestó el Ejército del Norte fue muy limitada; esto mismo lo obligó a legalizar monedas privadas locales, que circularon desde 1817 y que se extendieron por todo el noroeste argentino.

Tres invasiones realistas se sucederían nuevamente: la primera en 1818, dirigida por Olañeta y José María Valdés, un coronel traidor salteño al servicio de la causa realista. La segunda en 1819, a cargo del inefable Olañeta y la más importante de estas ofensivas fue la que mandó el segundo de De la Serna, el general Juan Ramírez Orozco, que en junio de 1820 avanzó con 6.500 hombres. En todas estas obligó a su enemigo a retroceder después de haber tomado Salta y Jujuy.

Este éxito interminable era mérito de su "División Infernal de Gauchos de Línea", cuerpo irregular que nucleaba a todos sus guerreros y garantiza la continuidad de la guerra gaucha. Sin embargo, a Güemes lo acosaban tanto los realistas por el norte como los tucumanos por el Sur, sin mencionar los opositores políticos salteños nucleados en la “Patria Nueva” que incluso intentaron deponerlo. Fue durante esta conjura, donde Martin Miguel le perdona la vida a uno de los golpistas; esto sellaría su destino. El traidor huye a las líneas realistas y guía a una partida de hombres dirigidos por Valdés (Barbarucho) y que formaban parte de un ejército más grande comandado por el General Olañeta, el cual no se rendía en sus intentos de derrotar a Güemes. A traición y en medio de la noche, los asesinos rodean la casa de su hermana, Macacha, y atacan la propiedad. El héroe salteño, en su huida, es herido por los agresores y agoniza durante diez días, días en los cuales rechazaría todas las ofertas de médicos y remedios realizadas por Olañeta, muriendo un 17 de Junio de 1821. Antes de fallecer, le encomienda al Coronel Vidt, su segundo, reconquistar su querida provincia

Con su muerte, los pobres de Salta se quedaban sin Padre y la Patria, se quedaba sin su más heroico defensor.  

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