Jorge Mario Bergoglio, quien adoptó el nombre de Papa Francisco al asumir en 2013, falleció este lunes a sus 88 años en la Ciudad del Vaticano. Su pontificado dejó una huella imborrable en la historia de la Iglesia Católica, al convertirse en el primer latinoamericano en alcanzar ese rol, y también por su conocida pasión por el fútbol.
Desde su época como Cardenal, no ocultó su fanatismo por San Lorenzo de Almagro, lo que le valió el apodo de "Papa Futbolero" en distintos rincones del planeta. Su vínculo con el Ciclón fue más allá de una simple simpatía.

El Papa siempre fue hincha del Ciclón, producto de los lazos de su padre con el club (fue jugador de básquet), sin embargo, recién en 2008 se volvió socio activo. Una curiosidad es que el número de socio (Socio número 88.235N-0) que figura en su carnet tiene la edad de su fallecimiento y el número de la Quiniela que representa al Papa (88), y la hora de su deceso (2:35 AM, Hora Argentina).

Mientras aún era Cardenal en la Ciudad de Buenos Aires, cada primero de abril, fecha de aniversario de San Lorenzo, celebraba misa en la capilla ubicada en la Ciudad Deportiva del Bajo Flores. Ese mismo año, Bergoglio hizo una bendición en el oratorio San Antonio por el centenario de la fundación del club.
El Papa y la Libertadores 2014
Uno de los momentos más destacados de su relación con San Lorenzo ocurrió en 2014, con la obtención de la Copa Libertadores, apenas un año después de haberse convertido en el máximo referente de la Iglesia Católica. Tan solo dos años atrás, los cuervos, bajo la dirección técnica de Ricardo Caruso Lombardi, habían evitado el descenso tras vencer a Instituto en la Promoción.
Para algunos hinchas y creyentes, la consagración continental frente a Nacional de Paraguay y esta increíble remontada deportiva fortaleció la idea de una "bendición papal". Incluso, el propio Jorge Bergoglio bromeó sobre el fenómeno que se generó desde su asunción: "Desde que tienen mi cara en la camiseta ganan todo".
Fue entonces cuando Marcelo Tinelli, Matías Lammens y el plantel comandado por Edgardo Bauza viajaron al Vaticano para entregarle el trofeo, en una reunión cargada de emoción y alegría para Francisco (quien ya había recibido al equipo anteriormente, tras la conquista del Torneo Inicial 2013).












