El técnico de River hizo una sola modificación hasta el minuto 84, cuando el Fortín ya había igualado el marcador en el Monumental y los hinchas lo despidieron con silbidos.
River parecía encaminarse a una victoria cómoda en el Monumental, pero Vélez le arrebató una ventaja de dos goles y se llevó un empate que dejó un sabor amargo. El resultado reavivó las críticas hacia Eduardo Coudet, cuestionado una vez más por su falta de reacción cuando el equipo empezó a mostrar signos de desgaste.
El conjunto millonario había disputado un partido completo en la altura de Bogotá apenas cuatro días antes, frente a Independiente Santa Fe. Ese detalle pesó en el segundo tiempo, cuando el Fortín empezó a empujar con más insistencia y encontró el camino al empate a partir de un error de Thiago Almada.
Recién en ese momento Coudet decidió mover el banco. Mandó a la cancha a Rafael Santos Borré en lugar de un agotado Ángel Correa. El cambio alteró el estilo de juego: el equipo perdió potencia en los contragolpes y ya no logró recuperar la iniciativa que había manejado hasta entonces.
Del otro lado, Guillermo Barros Schelotto sí reaccionó a tiempo. El ingreso del chileno Diego Valdés le dio otro aire a Vélez y terminó torciendo el rumbo del partido. Mientras tanto, desde el banquillo de River la respuesta se hizo esperar demasiado.
Una sola variante hasta el empate
Hasta el minuto 84 Coudet había realizado apenas una modificación. Fue justo entonces cuando Manuel Lanzini puso el 2-2. Incluso después de la igualdad, el entrenador se tomó cinco minutos más para introducir dos cambios adicionales: Sebastián Driussi y Lautaro Pereyra por Lucas Beltrán y Joaquín Freitas.
Para ese momento el rumbo del encuentro ya había cambiado y el técnico no había encontrado la forma de volver a tomar el control. La sensación que quedó en la platea fue clara: no se refrescó el mediocampo ni se buscó oxigenar a los futbolistas que venían de un esfuerzo extra en Colombia.
En la conferencia de prensa Coudet se defendió con estas palabras: "Creo que estábamos jugando bien, el rival no nos estaba lastimando a pesar de ser un gran equipo, y coincido que cuando están jugando bien y no te están lastimando es difícil cambiar". La explicación no alcanzó para calmar el malestar de la hinchada, que lo despidió con silbidos al final del partido.
Este sentimiento no es nuevo. El recuerdo más doloroso sigue siendo la final ante Belgrano en Córdoba. Allí River ganaba 2-1 al minuto 85 y el entrenador había hecho un solo cambio, por lesión. Juan Fernando Quintero se quedó sin ingresar hasta que el Uvita Fernández dio vuelta el marcador y selló el destino de aquella definición.