El Gran Premio de Mónaco es conocido en todo el mundo como la carrera más glamorosa de la Fórmula 1. Más allá de su trazado legendario, lo que realmente lo distingue es el despliegue de lujo que se concentra en el puerto justo al lado del circuito.
Los superyates amarrados frente a la pista se transforman en las tribunas más exclusivas y, sobre todo, en las más caras del planeta para seguir la competencia.
Durante esa semana, Port Hercule deja de ser un puerto común y se convierte en el punto de encuentro de las mayores fortunas globales.
El precio de la exclusividad flotante
Alquilar un superyate de lujo como el Kismet, una verdadera mansión sobre el agua, puede llegar a costar tres millones de euros por una semana. Este yate cuenta con capacidad para 12 huéspedes en ocho suites, spa con hammam, sauna, crioterapia, gimnasio y atención de una tripulación de 36 personas.










Desde sus jacuzzis en cubierta se puede vivir la emoción de los monoplazas pasando a pocos metros. Es la forma más millonaria de disfrutar de una carrera de Fórmula 1.