En una declaración sin sentido que generó indignación, Fernando Signorini, ex preparador físico de Diego Maradona, anunció que no mirará los partidos del Mundial que se jueguen en Estados Unidos “en homenaje” al autor de la mano de Dios. El zurdo delirante vuelve a erigirse en guardián de la memoria de Maradona mientras ignora otras realidades.
Signorini, que acompañó a Maradona en México 86, Italia 90 y hasta el Mundial 94 en Estados Unidos precisamente, ahora posa de purista político. Olvida con comodidad que el propio Diego jugó y brilló, más allá de ser retirado por una enfermera, en suelo norteamericano.
Su “condena personal” suena más a pose ideológica que a coherencia, mientras Maradona, según quienes lo conocieron de verdad, habría bancado a la Selección sin excusas baratas.
En sus intervenciones habituales, el preparador repite el libreto: el fútbol de antes era del pueblo, cultural y artístico; el de ahora, un mero negocio dominado por la FIFA y el dinero. Crítica el hiper profesionalismo y la globalización, pero su trayectoria transcurrió en los grandes clubes y selecciones donde el “negocio” siempre reinó.
Maradona fue un genio irrepetible, pero Signorini usa su cercanía al 10 para posicionarse como autoridad moral. Distingue entre “Diego” (el hombre) y “Maradona” (el ícono), una separación conveniente que le permite defender lo conveniente y distanciarse de lo polémico.
Sobre Messi, habla con aparente respeto pero siempre con el matiz de que falta “administración de esfuerzos” o mística maradoniana. Es la clásica comparación sutil que, en el fondo, resta brillo a las nuevas generaciones. Mientras el fútbol evoluciona, genera millones y produce estrellas globales, Signorini parece anclado en el pasado, resistiéndose al cambio bajo el disfraz de “crítica cultural”.