La confirmación de la muerte del ayatolá Ali Khamenei en bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel marca un punto de inflexión en la política de Medio Oriente. La ofensiva, que tenía como objetivo central desarticular la cúpula del régimen iraní, abre interrogantes sobre la estabilidad interna de la República Islámica, el futuro de su programa nuclear y el equilibrio de poder en la región.
En diálogo tras conocerse la noticia, el historiador y politólogo Fernando Pedrosa, profesor titular de la Universidad de Buenos Aires e investigador especializado en procesos políticos contemporáneos, analizó los posibles escenarios tras la caída del líder supremo y advirtió que la estrategia occidental no buscaría una invasión directa, sino acelerar una implosión del sistema desde adentro.

Entrevista a Fernando Pedrosa
—Con la confirmación de la muerte de Khamenei, ¿cuáles cree que fueron las motivaciones estratégicas principales para apuntar directamente al líder supremo y cómo cambia esto la dinámica regional?
—Con respecto a lo de Irán, me parece que hay dos objetivos. Por un lado, terminar con el plan nuclear, pero sobre todo con la capacidad de Irán de poder atacar a las bases norteamericanas y a países vecinos. Y el otro objetivo apunta directamente al régimen.
Pero no se puede producir un cambio de régimen solamente con ataques externos, porque eso requeriría enviar tropas, miles de muertos, en un año electoral… es imposible. Además, Donald Trump no cree en ese tipo de salidas bélicas.

—¿La eliminación de Khamenei abre un vacío de poder que puede acelerar una transición interna?
—La eliminación selectiva de la cúpula iraní apunta a crear las condiciones para que haya un colapso interno. Ya existían antes del ataque conflictos dentro del gobierno: entre los ayatolás, la Guardia Revolucionaria o los actores vinculados al presidente. Con este ataque apuestan a potenciar ese conflicto interno.









