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Economía

A 30 años de la Convertibilidad: el plan de estabilización más exitoso de la historia argentina y las enseñanzas para afrontar la crisis actual

Un 27 de marzo de 1991 se decretaba la Ley de libre Convertibilidad, poniendo fin a un largo período de estanflación, un cambio de época para el país. De la mano de la Convertibilidad, se abandonaba la economía dirigista para adoptar un sistema basado en la libertad.

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Un día como hoy hace exactamente 30 años, salía en el Boletín Oficial el Plan de Convertibilidad del entonces Ministro de Economía Domingo Cavallo, y se cortaba de cuajo la inflación en el país. 

El gobierno de Carlos Menem había dado el visto bueno para implementar ideas novedosas en la economía argentina y Cavallo utilizó la oportunidad para terminar con un proceso inflacionario que había atormentado a los argentinos desde 1945. 

Al cabo de unos pocos meses después de ese 27 de marzo de 1991, la inflación se derrumbó y la economía volvió a crecer

La Convertibilidad marcó el inicio de un largo período de diez años de estabilidad, y la economía crecía por primera vez después de dos décadas de estancamiento

Crecimiento económico e inflación mensual entre 1966 y 1999. Elaboración propia.


Entre marzo de 1991 y julio de 1998 el Producto Bruto Interno argentino se expandió un 50%, mientras que tomando el período 1989-1999 (que contempla la totalidad de la presidencia de Menem) el país creció un 48%. 

Por primera vez en décadas se producía una situación en la cual convivían el crecimiento económico y la estabilidad de precios. El éxito económico del programa se transformó en un éxito político, con un apoyo popular masivo incluso por parte de la oposición al menemismo. 

Los resultados sobre los salarios de los trabajadores fueron sorprendentes. La instauración de una moneda fuerte dotó a los salarios de una inflexibilidad hacia la baja, y se recuperó su poder adquisitivo después de la pésima situación que dejaba el gobierno del radical Raúl Alfonsín

Índice de salarios entre 1984 y 1994, antes y después de la Ley de Convertibilidad. Elaboración propia.


La estabilidad económica y el apoyo político sentaron las bases para un ambicioso clima de reformas que terminarían marcando a la década del 90. 

El apoyo popular generado por la estabilidad le permitió al Gobierno menemista desregular la economía en 1991, privatizar las empresas y bancos estatales, y liberar el comercio exterior

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¿Qué era la Convertibilidad? 

La Convertibilidad era un sistema por el cual los argentinos podían elegir libremente qué moneda usar, ya sea para el ahorro o para las transacciones cotidianas, sin restricciones ni controles de cambio de ningún tipo.
De esta forma, se reconoció el carácter bimonetario de la economía argentina y tanto el peso como el dólar se convirtieron en monedas de curso legal para contratos, transacciones, ahorro y créditos, en un marco de libre competencia. 

Domingo Cavallo anunciando el lanzamiento del Plan de Convertibilidad.


Este sistema se aplicó también en otras partes del mundo, como el actual régimen monetario de Perú o lo que tuvo por muchos años Hong Kong y Singapur.
La famosa paridad fija 1 peso = 1 dólar fue quizás el elemento más popularizado y recordado de la Convertibilidad, pero la caja de conversión no fue sino un elemento circunstancial de la misma, y lo importante es que el valor estaba fijado contra el dólar.
El “patrón dólar” o la caja de conversión ortodoxa fue un elemento crucial para minar las expectativas de inflación y dotar de credibilidad al programa de estabilización de 1991, pero la Convertibilidad no se limitaba a la caja de conversión, sino que apuntaba a blanquear la economía bimonetaria y permitir la libre elección de la moneda. 

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Convertibilidad: ¿Un experimento argentino? 

A pesar de lo que se cree, Argentina no fue el único país en aplicar este tipo de medidas. Domingo Cavallo utilizó la experiencia internacional surgida a partir del régimen de Bretton Woods para diseñar una gran parte del sistema argentino. 
Países como Alemania, Francia y Japón, entre otros, decidieron implementar regímenes de convertibilidad en sus propios países en las décadas de 1950 y 1960. Todos estos países dispusieron un tipo de cambio fijo con respecto al dólar, sin controles de cambios ni restricciones. 

Domingo Cavallo en 1996, explicando el caso de la Convertibilidad en Alemania y Japón.


El objetivo, del mismo modo en que lo fue en Argentina, era recuperar la confianza y la estabilidad monetaria, y dotar a las monedas de un respaldo fuerte (como lo era el dólar). 
De hecho, Estados Unidos, durante su etapa de mayor crecimiento y boom industrial, utilizó el patrón oro para su propia moneda hasta 1971
A partir de ese año, el abandono del tipo de cambio fijo en todos estos países no supuso el abandono de la estabilidad, pues las ganancias de productividad que todos ellos habían logrado permitieron la consolidación de sus propias monedas en libre competencia con el dólar. 
Los bancos centrales de los países que habían aplicado el tipo de cambio fijo volvieron a tener una política monetaria, pero esta se limitó a garantizar la estabilidad y proveer liquidez cuando fuera necesario. La misma idea estaba fijada para la Argentina, crear una caja de conversión temporal hasta concretar una moneda fuerte y recuperar una sana política monetaria. 

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La crisis de 1998 – 2002 

Los episodios de crisis sucedidos en los últimos años de la Convertibilidad suelen ser el pilar de las críticas contra el sistema, pues se la señala como la causa principal de la recesión. Esto, sin embargo, es falso
Entre 1998 y 1999 Argentina enfrentó una serie de shocks exógenos provenientes del mercado de capitales internacional, pues se produjo una importante reversión de capitales para países emergentes. 
Al mismo tiempo, Argentina tuvo que soportar una brutal devaluación desde Brasil, que deterioró de forma importante la competitividad.
El golpe final vino con el aumento de impuestos en el año 2000 por parte del gobierno de De La Rúa, el cual abortó la tímida recuperación que se vislumbraba a fines de 1999, y la economía se quedó relativamente estancada hasta junio de 2001, cuando estalló la crisis.

El comportamiento de la economía argentina entre 1998 y 2003.


La crisis bancaria que azotó al país desde los últimos meses del año 2000 y que se convirtió en una crisis financiera profunda a partir de julio de 2001, no fue un fenómeno relacionado con la Convertibilidad. 
Del mismo modo que ocurrió en Estados Unidos en el año 2008, Argentina vivía la explosión de una “burbuja”, en nuestro caso, los bonos de deuda emitidos por las provincias a lo largo de la década de 1990. 
Tanto los bancos locales como las AFJP albergaron una gran cantidad de estos “bonos basura” en sus activos y, tras la imposibilidad de pago de las provincias, se generó un pánico bancario que rápidamente se transformó en una crisis financiera. Se produjo entonces una brutal contracción monetaria y un masivo retiro de depósitos.
La caja de conversión y el tipo de cambio fijo no permitirán actuar como Estados Unidos lo hizo en 2008, porque el Banco Central no disponía de política monetaria efectiva. De esta manera, la única alternativa era recurrir a un prestamista de última instancia alternativo: el Fondo Monetario Internacional
La negativa del FMI para ayudar a la Argentina implicó un gran costo para el país. La implementación del “corralito” constituyó una medida desesperada, que sin embargo suponía no alterar el poder adquisitivo de los depositantes
La falta de apoyo externo e interno terminaron por derrumbar el sistema en enero de 2002, con consecuencias catastróficas para el poder adquisitivo y la estabilidad de precios.   

Germán Pérez Dalmau, para La Derecha Diario

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Economía

La insistencia de Guzman con el FMI: el pago de la deuda podría dejar al Central sin reservas líquidas

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Dentro de los siguientes nueve días vencen alrededor de 1.100 millones de dólares y el Central se podría quedar casi sin reservas líquidas. Aumentan los rumores de un default con el Fondo.

Para el viernes próximo Argentina tendrá que pagar 719 millones de dólares al FMI y tres días después serán otros 369 millones de dólares. Este será el último pago que Argentina pueda hacerle al Fondo con las reservas que se encuentran en el Banco Central para poder continuar con la negociación sin entrar en atrasos. El ministro Guzmán insiste ante la prensa internacional en que necesita más tiempo para llegar a un acuerdo.

Además aumentan las especulaciones que el Gobierno podría no pagar para no perder los últimos 1100 millones de dólares que le quedan de reservas líquidas. Al fin y al cabo, esa suma es algo más del doble que las reservas que el Banco Central perdió en la primera mitad de enero y en febrero se deben pagar 195 millones de dólares de intereses al Club de París.

Dentro del oficialismo hay quienes creen que debería necesario mostrarse duros y dejar de pagar para enviar una señal de intransigencia frente a la exigencia de un ajuste recesivo, mientras que en el entorno del ministro niegan que patear el tablero a altura de las negociaciones esté en los planes de Guzmán.

Por otro lado, en Economía insisten en que, si bien hay tensión, se debe mantener la cordialidad con los técnicos del staff del FMI. Y enfatizan que los avances son lentos, pero los hay y habrá que continuar con la negociación.

La diferencia entre pagar y no pagar no es solamente contable en materia de reservas internacionales, sino de tiempos. Dejar de pagar casi 1.100 millones de dólares implica adelantar dos meses el ingreso formal en atrasos con el Fondo, que se concretaría entonces a finales de julio y no a finales de septiembre. Al fin y al cabo el siguiente vencimiento no es sino hasta el 21 de marzo. Con eso conseguiría comprar algo más de un mes de reservas, aunque la aceleración de la demanda de divisas puede volverlo incluso un período más corto.

No necesariamente entrar en impagos implica el fin de las negociaciones, de hecho en general los países que entraron en atrasos continuaron negociando y solo fueron un puñado los que llegaron a los seis meses, a la fecha límite de los “protracted arrears”, es decir de los atrasos que el Fondo Monetario no puede volver a financiar.

Con depósitos bancarios del sector privado de casi 8 billones de pesos con tasas de interés para los plazos fijos de 3,25% mensual sensiblemente menores a la inflación esperada para comienzos de año, un desarme de depósitos puede rápidamente presionar sobre la brecha cambiaria y volverse contra las reservas incluso sin que el Banco Central destine divisas a los mercados bursátiles.


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Economía

Nuevo disparo del dólar blue: alcanzó un nuevo récord histórico a $219

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La brecha cambiaria con el dólar oficial se amplia cada vez más.

El dólar blue vuelve a sorprender con un nuevo récord histórico este viernes alcanzando los $214 para la compra y a $219 para la venta.

De todos los aumentos, este ha sido el mayor que la divisa dio en un día desde el 10 de noviembre cuando la cotización aumentó $5,50 en 24 horas.

Durante esta semana la divisa comenzó en $209 y la termina con $10 más, dejando una brecha con el dólar mayorista de 109,90%. Por otro lado, en la mayor parte del país, el blue alcanza hasta los $221.

Dólar blue hoy: a cuánto cotiza este domingo 5 de diciembre

Qué sucederá con el riesgo país

Con esta situación que se vive actualmente con el dólar en el último día hábil de la semana, el riesgo país alcanzó los 1914 puntos y señala un máximo desde la reestructuración de deuda que realizó el Gobierno en 2020.

Por otra parte, antes de las 16 horas, los bonos argentinos en dólares perdían entre 0,3% (AL30D) y 4,6%.

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Economía

El Gobierno endurece el cepo y buscará ampliar la documentación tributaria requerida para operar

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Las entidades financieras y los agentes bursátiles podrán solicitar previamente declaraciones tributarias a aquellos clientes que busquen entrar al mercado de capitales. En la práctica, se teme que los organismos de control terminen imponiendo por la fuerza lo que originalmente constituye un lineamiento optativo.

En medio de la progresiva sangría de reservas y el agotamiento del cepo cambiario, el Gobierno dispuso más medidas para seguir estrangulando a las operaciones sobre el mercado legal.

La Unidad de Información Financiera (UIF), por medio de la Resolución 6/2022, dispuso que las entidades financieras como bancos o aseguradoras, así como los agentes bursátiles, podrán solicitar a sus clientes declaraciones tributarias específicas para poder acceder al mercado cambiario legal.

En concreto, las documentaciones tributarias solicitadas serán sobre Ganancias y Bienes Personales, ambos impuestos que tienen un enorme peso como proporción de los recursos totales que percibe el sector público.  

Aún si, si bien se plantea como un criterio que deberá adaptarse a las preferencias de cada entidad financiera con sus clientes, los mercados especulan con que las medidas terminen por imponerse de forma forzosa en las operaciones diarias. Los organismos de control tendrán un mayor peso para disuadir a las entidades financieras para que soliciten, en la práctica, estas declaraciones tributarias a sus clientes.

Las medidas suponen añadir un control adicional sobre el acceso al dólar MEP (que se obtiene en la bolsa de valores) y el dólar Contado con liquidación. Esto podría desembocar en un nuevo aumento de la brecha cambiaria, que actualmente se acerca al 100%.

La resolución fue impulsada por el ultra-kirchnerista Juan Carlos Otero, en un intento por seguir limitando el acceso a los dólares por parte de los argentinos, y contener la profundización de la pérdida de reservas internacionales.

Otero alegó que las disposiciones buscan fortalecer las herramientas de control sobre el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo, pero lo cierto es que estos lineamientos ya estaban abordados en la reglamentación anterior de la UIF sancionada en 2017, y el objetivo real de las medidas es sencillamente imponer una nueva traba para la compra de dólares.

El Gobierno justificó, además, que el marco normativo anterior determinado por el macrismo había desarticulado completamente el control sobre todo tipo de operaciones de origen ilegal, pero nuevamente esta fue una declaración exagerada para justificar el endurecimiento burocrático del cepo.

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