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Economía

Argentina se pierde el crédito internacional a bajas tasas que están aprovechando los demás países sudamericanos y deberá recurrir a más emisión

A diferencia de la mayor parte de los países de la región, Argentina no dispondrá del crédito a tasas bajas para financiar los gastos por el COVID-19, y deberá seguir recurriendo a la emisión del Banco Central. 

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Pese al intenso clima de liquidez a nivel internacional, la Argentina de Alberto Fernández no podrá acceder a esta línea de crédito barato. 

Mientras la mayoría de los países en América Latina presentan capacidad de endeudamiento y aprovecharán el escenario económico mundial, Argentina queda relegada a la misma posición que Venezuela y Cuba

Los países de la región no solo aprovecharon las bajas tasas de interés, sino que adquirieron montos con vencimientos a largo plazo desde los 10 hasta incluso 40 años. El rebote económico y el repunte en el precio de los bienes exportables prometen ser la clave para sostener los pagos a futuro y crecer luego de la pandemia.

Argentina se limitó a reestructurar la deuda que ya tenía en el pasado, mientras se mantiene en intensas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. 

Al contrario de lo que ocurre en el mundo, el Gobierno kirchnerista ordenó un endeudamiento en dólares a una tasa del 16% anual, una cifra incluso más alta a la pactada en 2001. 

Bajo las mismas condiciones internacionales y el mismo shock sanitario, Chile logró colocar US$ 5.600 millones a 12 años y con una tasa del 3,4% anual. República Dominicana colocó US$ 1.266 millones al 4,1% anual, por el mismo período de tiempo. 

Otros países adquirieron créditos mucho más extensos. Brasil emitió bonos por US$ 750 millones al 4,4% anual para un período de 30 años. Perú llegó a colocar US$ 2.000 millones al 2,8% anual en un período de 40 años, mientras que Colombia colocó US$ 1.300 millones al 3,9% en el mismo período. 

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Argentina mantiene una estrategia poco convencional, y desarrolló una autarquía en el aspecto comercial y financiero. De esta forma, Argentina queda relegada del mundo, y se estima que el boom de las commodities no será aprovechado correctamente para la recuperación económica como sí logró hacer Néstor Kirchner entre 2003 y 2007. 

El Gobierno se comprometió a mantener un déficit primario (sin tener en cuenta los intereses de deuda) en torno al 4,5% del PBI este año. 

Aun así, el gradualismo sin metas del oficialismo inspira desconfianza en los inversores internacionales, y el país deberá valerse de la emisión espuria del Banco Central

Después de haber pasado un 2020 bajo un récord en emisión de dinero, el Banco Central se propone una nueva oleada de emisión y financiamiento directo al Tesoro Nacional, bajo el intercambio de diversos instrumentos como los adelantos transitorios y las letras intransferibles

Desde el punto de vista provincial, no se llegó a una situación estable con los acreedores correspondientes. Algunas provincias como Córdoba lograron una quita de intereses y una reestructuración voluntaria y exitosa, pero otras no tuvieron la misma suerte. 

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El caso más preponderante le corresponde a la Provincia de Buenos Aires, bajo la administración del kirchnerismo. 

Axel Kicillof y sus asesores aun no lograron mayores avances en la reestructuración de su deuda, y se continuaron aplazando las instancias de negociación. 

Por otra parte, las disposiciones del Banco Central sobre el mercado de cambios implicaron fuertes complicaciones sobre muchas empresas a la hora de hacer frente a sus obligaciones en dólares con el exterior. 

Incluso empresas públicas como YPF se mantienen en tensas negociaciones para pagar sus obligaciones frente a un Banco Central que se niega a permitirle la operación en el mercado legal. 

La renuncia de Guillermo Nielsen y su reemplazo por el militante ultra-kirchnerista Pablo González, derrumbó las expectativas puestas en la empresa.

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Economía

Javier Milei advierte que las medidas de Massa van a fracasar y propone alternativas

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Anticipó que las medidas del ministro de Economía solamente apuntan a consolidar un pequeño ajuste del 1% del PBI, un valor irrisorio en comparación a los desequilibrios fiscales. En contraposición, propuso recortar gasto en obra pública y transferencias discrecionales.

El diputado liberal Javier Milei criticó tajantemente el reciente paquete de medidas anunciado por Sergio Massa, el nuevo “super-ministro” al mando del equipo económico del Gobierno.

Los anuncios de Massa se limitan a ofrecer alternativas con pequeños ajustes para garantizar el cumplimiento de las metas pautadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a fin de año. Entre todas ellas, el ministro ratificó la que probablemente sea la más importante: la meta del 2,5% del PBI para diciembre de 2022.

Milei advierte que el programa no va a funcionar para estabilizar la economía argentina. El diputado señaló que la totalidad del ajuste anunciado recae exclusivamente sobre el sector privado, mediante una reducción de los subsidios a la electricidad, el gas y el agua. Al mismo tiempo, desde el sector público no fueron anunciados ajustes.

Aún cumpliendo exitosamente la meta del FMI, el economista explicó que el déficit consolidado entre el Estado nacional y el Banco Central alcanza los 9 puntos del PBI, un 5% explicado por el déficit nacional, y 4% explicado por el pago de intereses del BCRA. Esta magnitud es similar a la hubo en las grandes crisis sufridas por el país, entre ellas el “Rodrigazo” con 15 puntos de déficit fiscal, y la hiperinflación con 8 puntos.

“Si Sergio Massa cumple el ajuste que anunció sería solo 1% del PBI, seguimos en zona de peligro. Se necesita un ajuste hiperortodoxo“, explicó.

Incluso el cumplimiento efectivo de las metas con el Fondo no está garantizado por las medidas anunciadas, al contrario de lo que sugiere Massa. El ajuste tarifario anunciado representa un ahorro anual del 0,2% del PBI según proyecciones del economista Fernando Marull, y de no realizar ajustes el déficit primario proyectado alcanzaría el 3,1% del producto.

Dado que la meta exige alcanzar el 2,5% del PBI en déficit primario, y el ajuste anunciado por Massa solamente recorta un 0,2%, aún queda por explicar de dónde se reducirá el 0,4% restante (equivalente a $320.000 millones). El congelamiento de personal al Sector Público Nacional no explica el ajuste remanente, constituye una regla para evitar la expansión de nuevos gastos y no para producir ajustes.

Por otra parte, Milei cuestionó la capacidad del programa para consolidar el crecimiento y la estabilidad cambiaria. Según su visión, las medidas anunciadas depositan su confianza en un modelo teórico basado en el “crecimiento orientado por las exportaciones”, de tinte heterodoxo.

Este modelo es similar al que expuso Juan Vital Sourrouille en el Gobierno de Raúl Alfonsín, sin ningún tipo de resultados favorables en materia de crecimiento, estabilidad y desarrollo socioeconómico. Milei cuestionó severamente el marco teórico elegido y aseguró que resulta falaz pretender crecer impulsando la demanda agregada (en este caso por exportaciones).

También anticipó que la estabilidad cambiaria no está garantizada. En este sentido, remarcó el importante excedente de pesos circulando en la economía argentina, una situación sobre la cual no se anunció ninguna medida.  

“El veranito del dólar bajando duró dos días, fue puro humo. El dólar no se movió hacia abajo porque venía Massa a arreglar algo”, sentenció. 

El economista no se quedó en la crítica y presentó medidas concretas: privatizar la realización de obra pública aplicando un sistema similar al de Chile, y recortar las transferencias discrecionales desde el Tesoro hacia las Provincias

Estos ajustes no pretenden acotarse al programa del Fondo Moentario, que según el propio Milei es inconsistente, sino que buscan producir un cambio de régimen creíble para combatir la inflación y eliminar la dominancia fiscal. 

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Economía

La casta política no sufre la crisis: El gasto público se disparó casi 3 puntos desde septiembre de 2021

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Las erogaciones primarias del Sector Público Nacional aumentaron drásticamente, e incluso por encima del severo aumento de la presión tributaria. La factura por intereses de deuda también vuelve a ser creciente.

El desequilibrio fiscal del Sector Público Nacional (SPN) creció sin interrupción entre septiembre de 2021 y junio de 2022, el último mes bajo la dirección del exministro Martín Guzmán. Las erogaciones crecieron sistemáticamente por encima de la inflación, al mismo tiempo en que fueron suspendidas todas las reglas fiscales dispuestas en 2017.

El gasto primario del Gobierno federal aumentó del 20,5% del PBI en septiembre de 2021 hasta superar el 23,2% en junio de 2022, sin pandemia de por medio y sin las erogaciones extraordinarias que esta demandaba a lo largo de 2020. A diferencia de lo que ocurrió en 2020, el actual incremento del gasto público responde íntegramente a la irresponsabilidad fiscal del Gobierno kirchnerista.

Entre muchas partidas explicativas, se produjo un aumento de los subsidios económicos, mayores déficits operativos de las empresas estatales, mayor “gasto social” y más empleo público.

Gasto primario y total del Sector Público Nacional (SPN) entre 2011 y 2022.

El Gobierno apostó por una estrategia obsoleta del tipo “keynesiana”, buscando estimular la demanda agregada y el consumo como un mecanismo para reactivar la economía. La economía no respondió al estímulo y, lejos de aumentar su crecimiento, se estancó desde enero. A partir de estas políticas, en lo que va de la gestión de Alberto Fernández se consumió la mayor parte del ajuste fiscal que se había producido entre 2018 y 2019.

No se percibió ningún tipo de ajuste en el gasto público, y su expansión fue incluso superior al aumento de la recaudación nacional. Fernández impulsó un drástico aumentó de impuestos desde diciembre de 2019, subiendo retenciones de exportación, impuestos a las Ganancias corporativas no distribuidas, aumento de alícuotas de Bienes Personales, aumento de impuestos internos, creación impuestos a la compra de divisas, recargos sobre alícuotas patrimoniales, etc.

La recaudación nacional llegó al 19,7% del PBI en junio de 2022, la cifra más elevada desde octubre de 2017. Sin embargo, entre septiembre de 2021 y junio de este año el déficit primario aumentó un punto del producto y alcanzó el 3,5% del PBI en junio. Sumando la factura de intereses por la deuda pública, el déficit financiero total supera el 5% del PBI.

El déficit verdadero del sector público ya supera los 9 puntos del PBI considerando el pago de intereses por la deuda remunerada del Banco Central, que alcanza los 3,5% del PBI. Este desequilibrio es el más drástico desde 1989, cuando estalló la hiperinflación en la economía argentina.

Déficit fiscal del Gobierno nacional entre 2018 y 2022.

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Economía

Recesión total: Se estanca el consumo privado en Estados Unidos y Biden recibe presiones para admitir la crisis económica

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La economía estadounidense muestra signos de agotamiento y recesión, a pesar de la constante negación de la Casa Blanca. El consumo privado, la producción industrial y el empleo permanecen estancados, mientras que el PBI cayó por dos trimestres consecutivos.

A pesar de las reiteradas negaciones por parte del presidente Joe Biden, la economía de los Estados Unidos entró en recesión por causas macroeconómicas por primera vez desde 2008, exceptuando el shock exógeno generado por la pandemia en 2020.

El PBI cayó por dos trimestres consecutivos, explicitando así el advenimiento de una recesión técnica. Esta misma definición fue usada, sin ninguna excepción, para determinar recesiones desde 1947, todas y cada una de ellas admitidas por como tales por los respectivos Presidentes en funciones.

Pero cada vez son más los indicadores que muestran signos de agotamiento. El consumo privado estadounidense cayó levemente en el mes de junio y no crece desde octubre de 2021, el mismo mes en donde el PBI con frecuencia mensual dejó de crecer.

El PBI de Estados Unidos entre 2018 y 2022.

De hecho, se estima que el consumo privado en términos reales perdió la tendencia de crecimiento que mantuvo entre 2015 y 2019, a pesar de los masivos estímulos fiscales aprobados en marzo de 2021.  

El Instituto Peterson, una institución de investigación económica independiente y apartidaria, concluyó que los principales indicadores que había expuesto la Casa Blanca para negar la recesión están, de hecho, entrando en un peligroso estancamiento. La producción industrial, el consumo privado, la cantidad de puestos de trabajo domésticos y la relación empleo-población dejaron de crecer.

Consumo privado de los Estados Unidos entre 2015 y 2022.

La recesión actual es liderada por una drástica caída de la inversión y la acumulación de stock en inventarios, así como la disminución de las exportaciones. Pero los únicos “motores” que hasta ahora habían amortiguado estos efectos, parecen apagarse cada vez más.

Presidentes demócratas como Bill Clinton en el año 2000, Harry S. Truman en 1949, o Jimmy Carter en 1980, todos y cada uno de ellos no negaron ni pretendieron negar la llegada de una recesión bajo sus respectivas administraciones, y en su lugar anunciaron medidas contra la misma. En sentido opuesto, Biden decidió negar enfáticamente cualquier tipo de recesión o cualquier información que se contradiga con un “crecimiento sostenido”

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