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Economía

Bajar impuestos, privatizaciones y obra pública: el “Plan Pro-Brasil” de Paulo Guedes para salir de la crisis

El gobierno de Bolsonaro, con la crisis del coronavirus en el pasado, encara una reactivación de la economía de la mano de una fuerte baja de impuestos a las empresas, privatizaciones y completar las obras públicas de gobiernos anteriores, en el marco del “Plan Pro-Brasil”

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Brasil es la 8° economía del mundo y la 109° en el ranking para hacer negocios, pero el objetivo de Bolsonaro es crear un clima favorable para el sector privado y terminar entre los primeros 50° del ranking mundial antes de su mandato.

Brasil apuesta a una fuerte recuperación económica pos Covid-19 basada en el ya reformado sistema de pensiones, nuevas privatizaciones, disminución de gastos, disminución de tasas de interés y el recién lanzado “Plan Pro-Brasil”, similar a lo que fue el plan Marshall pero para reconstruir obras que el PT empezó hace décadas y por corrupción continúan a medio hacer.

El ministro de Economía, Paulo Guedes, informó hace unas semanas que no habrá aumento de impuestos y que mejorarán los sistemas de recaudación para hacerlos más eficientes, y confían en el apoyo y eficiencia de los congresistas. 

“Brasil es el único país del G20 que está aumentando sus exportaciones y el apetito por proteína animal y productos mineros sustentan las exportaciones para el crecimiento futuro de Brasil, y son estás una de las directrices más importantes del reenfoque económico”, explicó el ministro Guedes

Se están haciendo fuertes inversiones en ampliar los beneficios y las redes de apoyo sociales, ya que el COVID 19 sorprendió con cifras desconocidas de casi 35 millones de brasileros que estaban en malas condiciones sociales.

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El foco principal del actual gobierno es aumentar fuertemente el nivel de educación de los más jóvenes para despegar y salir del subdesarrollo. Esto significa redistribuir casi 40 años de enorme gasto y despilfarro de recursos públicos e inflación. 

La reforma tributaria ingresará al Congreso durante las próximas semanas, junto con el plan de privatizaciones de empresas (en especial las más deficitarias y necesitadas de inversión) cuyos nombres se mantienen aún en reserva, pero suena fuerte la empresa de “Correos”, que tiene más de 100 mil empleados.

Entre los próximos 60 a 90 días de plazo, debería haber oportunidades para inversionistas internacionales en rubros tales como cabotaje, sector eléctrico, gas natural para tener energía barata, infraestructura, petróleo, transportes y contar también con nuevos marcos reguladores.

Brasil acumula 30 años de aumentos de impuestos por parte de gobiernos anti liberales, siendo los gravámenes a las empresas hoy en día un 34%, con un rebuscado sistema tributario, preso de un limitado comercio exterior con tarifas proteccionistas que apoyan a grupos empresariales cercanos al poder político y cuyos mayores costos los paga el ciudadano, con productos caros y no siempre de buena calidad. 

A pesar de que Brasil tiene impuestos del primer mundo, sus pensiones, la salud y los salarios, son del tercer mundo. Similar a lo que ocurre con Argentina.

Los gastos fiscales son excesivos y el objetivo es simplificar los impuestos, con una re-ingeniería tributaria, y utilizar esos fondos para servicios públicos de mejor calidad. Se espera implementar a la brevedad, mercados eficientes e integrados, con un régimen fiscal sólido y un banco central independiente, el cual depende actualmente del ministerio de economía. 

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Por otro lado, durante los últimos días, la popularidad de Jair Bolsonaro tuvo un fuerte repunte al anunciar el plan Pro-Brasil, que tiene un presupuesto de un 1 trillón de reales. 

“Pro-Brasil” está compuesto por casi 200 nuevos proyectos de infraestructura y la finalización de más de 11.400 obras de las áreas de minería, energía, transporte, vivienda y desarrollo regional, por un valor que estaría entre los US$ 6.200 millones y los US$ 10.700 millones. 

Se espera que la ejecución de estos proyectos genere unos 2 millones de empleos en los próximos tres años, con lo que proyectan bajar la tasa de desempleo, que en julio llegó al 13,3%.

Se mantendrán los planes de la bolsa familia, renda familia y Corona Váucher (Corona Vale), que son incentivos económicos para los ciudadanos más pobres. 

Pero la idea no deja tranquilo al ministro Paulo Guedes, que teme por el equilibrio fiscal del país y menciona que Pro-Brasil puede obstaculizar su propia agenda de políticas de austeridad y privatizaciones.

Rotundo apoyo de los brasileños al gobierno de Jair Bolsonaro.

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El gobierno tiene hasta el 31 de agosto para descubrir cómo va a financiar las obras de “Pro-Brasil”, ya que esa es la fecha límite para enviar el Proyecto de Presupuesto de 2021 al Congreso. 

Existe un techo del gasto por el despilfarro de décadas de gobiernos socialistas y está contemplado en la Constitución brasileña, el cual impide que el gasto total del gobierno en un año sea superior al gasto total del año anterior más la inflación respectiva (alrededor de 1,8% proyectado para el 2020). 

Sumadas ambas propuestas, o cualquiera por su propio lado, permitirán despegar vigorosamente a la mayor economía de América Latina y arrastrar a sus vecinos en su ascenso económico y político. 

Se espera crear empleos de calidad y mayor bienestar para la población brasileña, todos logros que podrían ser capitalizados políticamente en una eventual reelección del presidente Bolsonaro para un segundo mandato.

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Economía

El director del Banco Nación propuso crear un sistema monetario similar al de Cuba

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El economista ultra-kirchnerista Claudio Lozano, nombrado presidente del Banco Nación por Alberto Fernández, propone crear un sistema monetario similar al que tiene Cuba y limitar severamente la compra de dólares en el país.

En el marco de la amplia derrota del kirchnerismo, Claudio Lozano, economista fanáticamente kirchnerista y actual director del Banco Nación, propuso en diálogo con C5N una polémica reforma monetaria en la cual los argentinos perderían la posibilidad de defender sus ahorros comprando dólares.

Lozano propuso instaurar en el país un sistema monetario socialista, similar al que tiene Cuba, donde los ciudadanos pierden el derecho a adquirir divisas extranjeras cuando dispongan de hacerlo, y el Estado se garantiza la base imponible para recaudar el impuesto inflacionario. En otras palabras, propuso la inconvertibilidad más absoluta del peso argentino en cualquier divisa y bajo cualquier tipo de cambio, bajo cualquier instancia.

Dentro del esquema descripto por el economista, se propuso imponer nuevas regulaciones sobre el mercado cambiario para terminar de desdoblar la compra de divisas de la misma forma que en Cuba: una parte legal exclusivamente para el Estado o un cierto grupo minoritario, y el resto de las personas obligadas a operar con una divisa no convertible y de dudoso valor para realizar sus transacciones cotidianas.

Claudio Lozano, actual director del Banco Nación nombrado por Alberto Fernández en enero de 2020.

El principal objetivo de la reforma propuesta es dotar al Estado de una forma de financiamiento compulsiva aún más estricta de la que existe hoy. De esta manera, el Lozano criticó la tenue corrección fiscal que lleva adelante el ministro Martín Guzmán.

“Desde octubre del año pasado el nivel de ajuste fiscal no era compatible con una sociedad como la que tenemos”, sentenció Claudio Lozano en referencia a la política fiscal de Guzmán.

Lozano aseguró que los subsidios económicos a los servicios públicos “no pueden debatirse” y que se deberá profundizar la política de “transferencias sociales” a partir de un ingreso universal. Este tipo de medidas se tornan prácticamente infinanciables sin un violento incremento de la asistencia monetaria del Banco Central.

Este planteo no es novedoso dentro de las filas del cristinismo fanático, pues la reconocida referente de la izquierda kirchnerista, Fernanda Vallejos, ya anticipó en reiteradas oportunidades que la corrección fiscal de Guzmán es ampliamente incompatible con las preferencias ideológicas de la Vicepresidente.

La debacle electoral del oficialismo impulsó un nuevo cimbronazo interno a nivel ideológico, y cada vez más voces que responden directamente a Cristina Fernández pujan por una nueva radicalización del Gobierno que podría tornarse peligrosa.

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Economía

¿Crisis institucional? El dólar se disparó hasta los $187 y se derrumban las acciones argentinas en Wall Street

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Tras la implosión en el gabinete nacional, y ante las dudas por la continuidad del programa económico, los mercados reaccionaron desfavorablemente y se derramaban los ADRs argentinos en la plaza de Wall Street.

Después de la estrepitosa derrota electoral, el kirchnerismo sigue sin tocar fondo y la implosión del gabinete nacional supone un nuevo cimbronazo. Las dudas sobre la continuidad del programa económico o un cambio en la estrategia con el FMI sembraron pánico en los mercados financieros.

El dólar paralelo llegó hasta los $187, subiendo prácticamente $5 en un solo día. La brecha cambiaria llegó al 78,5% y se vuelve cada vez más incontenible. El alza del dólar también alcanzó a los mercados alternativos, aunque el Banco Central se negó a permitir mayores correcciones sobre el segmento oficial.

Desde el plano financiero, los títulos nacionales en Wall Street registraron pérdidas importantes. La amenaza por una posible radicalización del kirchnerismo sentó las bases para una implosión bursátil de los ADRs.

Edenor registró pérdidas por un 10%, y la misma suerte corrieron las principales entidades bancarias del país, como el Grupo Galicia (-3,3%), Banco Supervielle (-3,6%) y Banco Macro (-4,4%).

La incertidumbre sobre los mercados refleja la falta de determinación del Gobierno de Fernández. Hasta ahora, el ministro Guzmán planteaba una corrección tarifaria para el año próximo, aunque de carácter tenue. Dado el actual caos institucional, estas garantías dejan de ser tan robustas y muchos inversores temen que el Gobierno se incline por medidas abiertamente extremistas.

El Riesgo País también se vio afectado y subió hasta los 1.505 puntos básicos. Tras el endurecimiento de la postura del Fondo Monetario Internacional y la falta de definiciones del Gobierno, la posibilidad de un acuerdo parece algo cada vez más lejano.

Los cambios en el gabinete podrían ser transcendentales para la política económica en materia de tarifas públicas y la gestión de la deuda externa con el FMI, lo cual mantiene en un absoluto estado de alerta a todos los mercados.

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Economía

Fuerte revés para el kirchnerismo en el plano internacional: el FMI designó a un economista ortodoxo para auditar el caso argentino

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El FMI dejará de ser extremadamente permisivo con Argentina y volverá a adoptar una postura convencional para las negociaciones de la deuda. El Fondo resolvió el nombramiento de Ilan Goldfajn como nuevo auditor regional para las negociaciones con el país.

Después de casi 3 años de negociaciones poco convencionales y excesivamente permisivas con Argentina, el Fondo Monetario Internacional endurecerá su posición con el país y decidió designar a Ilan Goldfajn como nuevo auditor regional. La decisión fue anunciada por Kristalina Georgieva, y marca una nueva etapa en las relaciones con Argentina y el tratamiento de la deuda.

Ilan Goldfajn es ampliamente conocido por sus enfoques ortodoxos o convencionales, teniendo además experiencia como funcionario en el Banco Central de Brasil bajo las presidencias de Dilma Rousseff y Jair Bolsonaro.

Los mercados esperan que, bajo su auditoría en el FMI, no se aceptará ningún acuerdo irrealista en términos de metas fiscales, se buscarán establecer estrictas pautas de disciplina fiscal para concretar un exitoso programa de pagos en el futuro.

Cabe recordar que los créditos para la Argentina representan una gran cantidad de la cartera total que dispone el FMI, y dada la pobre reputación del país a lo largo de su historia, esto constituyó un acto sumamente permisivo y hasta riesgoso desde el punto de vista de las autoridades del fondo, por lo que se buscará establecer pautas de mayor ajuste fiscal.

Pero la nueva cara del FMI no se limita a un ajuste de las cuentas públicas, pues se especula con que se pedirá formalmente un plan económico integral, consistente y concreto por parte del Gobierno argentino, que fije metas claras y que garantice la consolidación de las instituciones, como por ejemplo la formal independencia del Banco Central.

Ilan Goldfajn, economista y nuevo Auditor Regional del Fondo Monetario Internacional.

Estos lineamientos parecen absolutamente irreconciliables con las posturas extremistas del Gobierno de Alberto Fernández, que hasta ahora se había negado a producir mayores correcciones fiscales y negociaba un programa para posponer el pago de intereses de deuda.

La corrección en el déficit fiscal fue pronunciada entre diciembre de 2020 y julio de este año, pero una gran cantidad de esa variación se debió exclusivamente al alivio que supuso posponer una gran parte de los intereses de deuda. En la práctica el déficit primario, que se encontraba casi erradicado en diciembre de 2019, cerró el mes de julio en el 2,9% del PBI.

La negativa del oficialismo para corregir las tarifas de los servicios públicos explicó la mayor parte del aumento de las erogaciones por fuera de la pandemia.

Pero pese a la volatilidad, el Gobierno no presentó un plan económico integral al FMI, y tampoco anunció un programa de estabilización consistente. Bajo la directiva de Martín Guzmán, el kirchnerismo se limitó a repetir un típico programa de corte heterodoxo como los que vivió Argentina a lo largo del siglo XX.

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