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Economía

“Bidenflation”: la inflación de Estados Unidos cerró abril en torno al 0,8% y llegó al 4,2% interanual 

La variación del IPC norteamericano fue muy superior a lo que estaba previsto, pues la inflación interanual pasó del 2,6% al 4,2%, el mayor aumento registrado desde 2008. Los mercados esperan un nuevo aumento de las tasas del Tesoro estadounidense.

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El exceso de liquidez en los mercados por las masivas inyecciones de dinero que llevó a cabo la Reserva Federal durante la pandemia, tanto en el gobierno de Trump pero especialmente en estos 4 meses de Biden.

Esta situación monetaria comienza a generar dificultades en el sistema de precios, pues la economía comienza a normalizarse y, con ella, los principales agregados monetarios se recuperan del impacto por la pandemia. 

La inflación norteamericana cerró el mes de abril en torno al 0,8%, marcando una tendencia alcista desde febrero. La inflación mensual había cerrado enero con una variación del 0,26%, febrero cerró con 0,35%, y marzo lo hizo con 0,62%. 

De esta manera la inflación interanual aumentó considerablemente y pasó del 1,4% en enero a 4,2% en abril. Este aumento en el nivel de inflación fue el más grande desde 2008, momento en el cual estallaba la famosa crisis financiera asociada a las hipotecas subprime. A su vez, se trata del segundo mayor aumento desde 1982

A partir de los pésimos resultados conseguidos por la gestión Biden, los mercados comienzan a apostar por una nueva suba de tasas en los instrumentos del Tesoro norteamericano, algo que parece cada vez más inminente. 

De producirse este mecanismo, el efecto sobre las economías emergentes o periféricas podría ser nocivo, especialmente para la Argentina pues representa el principio del fin para el crédito internacional barato

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El economista Steve Hanke, antiguo asesor de administración Reagan, explicó que la política de la Reserva Federal fue adecuada durante la pandemia a la hora de proveer la liquidez necesaria y evitando un colapso generalizado, pero está siendo ineficaz para actuar en respuesta a la normalización de los agregados monetarios y la política fiscal expansiva. 

El agregado monetario conocido como M2 (el dinero en efectivo más depósitos a la vista y cierto tipo de depósitos a plazo fijo) registró un aumento en torno al 26% interanual en marzo, incompatible con la “regla de oro” para la política monetaria. La oferta monetaria creció un 28,9% en 2020 medida a partir de M4 (un agregado todavía más amplio que M2) y fue el mayor aumento anual desde 1943. 

En concreto, Hanke explica que la regla de política monetaria de la FED no está siendo capaz de medir con precisión la oferta monetaria que resulta verdaderamente relevante, subestimando así el recalentamiento de la política monetaria. El economista asegura que “la inflación está a la vuelta de la esquina”

La austeridad fiscal quedó subyugada con el término del Gobierno de Donald Trump, y los gastos federales subieron del 31,4% del PBI en enero de este año al 34% en marzo. Esta masiva inyección de dinero, promovida por Joe Biden, interfirió con los objetivos de la Reserva Federal y la obligará a actuar en consecuencia. 

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Hanke concluyó que la tasa de inflación objetivo o “target” establecido por la Reserva Federal no podrá cumplirse para este año. Explicó que, a nivel interanual, la inflación podría rondar entre el 3% y el 5% para diciembre si se produce una respuesta contundente en materia de política monetaria. 

La “tasa de crecimiento de oro” para la oferta monetaria es, según calcula Steve Hanke, considerablemente inferior con respecto a lo que efectivamente permitió recientemente la FED. En vista al futuro, se deberá apostar por una política de esterilización con tasas de interés más elevadas. 

A su vez, el reconocido economista criticó duramente el programa fiscal de Joe Biden, pues la excesiva inyección de dólares en la economía que patrocina el Presidente podría tornarse peligrosa. 

Hanke afirmó, además, que la política de estímulo compromete a miles de puestos de trabajo necesarios para la recuperación porque los altos seguros contra la desocupación están impactando negativamente sobre la oferta laboral. 

Biden propone sostener el esfuerzo económico de la recuperación mediante la inyección de gasto gubernamental, poniendo en riesgo la sostenibilidad financiera del Gobierno federal. En lo poco que lleva de gestión, el Gobierno demócrata aumentó el déficit federal de 15,8% del PBI en enero al 18,3% en marzo

La aceleración inflacionaria podría significar una suerte de licuación en el valor real de la deuda federal norteamericana (estimada en los 1.300 millones de dólares para abril), pero a costa de una pérdida en la estabilidad macroeconómica.  

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Cuba

Cuba sufre la peor crisis desde el colapso de la Unión Soviética: Escasez total de comida y apagones masivos

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El régimen comunista está tratando de reprimir el aumento de los precios con controles, provocando un drástico desabastecimiento como no se veía en la isla en más de 30 años. Escasean alimentos básicos y el combustible, y los cortes de luz llegan a durar entre 8 y 10 horas por día.

La dictadura de Miguel Díaz-Canel fracasó estrepitosamente en su intento por estabilizar la diezmada economía de Cuba. El sistema socialista está atravesando un colapso como no se veía desde la década de 1990, cuando el derrumbe de la Unión Soviética desató el llamado “período especial” en la isla.

Los desequilibrios fiscales del sector público son monetizados por el Banco Central, y esto provocó un problema de sobrante monetario que el régimen no puede controlar. La dictadura apostó por la imposición de estrictos controles de precios, salarios, tarifas y jubilaciones para tratar de aminorar el alza del IPC oficial, pero provocó el peor desabastecimiento en 30 años.

La Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei) publicó que la tasa de inflación interanual de los precios estrictamente oficiales cayó ligeramente al 39,52% en agosto, mientras que el IPC registró un salto del 0,7% con respecto a junio. La inflación fue aún menor en ciertos servicios públicos celosamente controlados por el Gobierno. La inflación reprimida es cada vez más grosera, y las políticas del régimen están generalizando la escasez en todo el país.

Los controles de precios minoristas provocaron escasez de alimentos básicos a lo largo y ancho de la isla, por lo que el régimen endureció los cupos legales para la compra de pollo y carnes blancas.

El congelamiento de las tarifas energéticas provocó exactamente el mismo efecto sobre el combustible. Y debido a la escasez de divisas provocada por los controles cambiarios, la dictadura comunista estableció cupos de compra en todas las estaciones de servicio del país, llegando incluso a su prohibición directa en los casos más extremos.

Ocurre lo mismo en el mercado eléctrico. El abastecimiento de energía eléctrica entró en colapso ante la falta de insumos importados y la distorsión de los precios sobre las tarifas al público. El régimen organizó apagones masivos que alcanzan a cubrir entre el 17% y el 30% del país, afectando a usuarios residenciales, comercios e industrias.

Los apagones se producen todos los días, y llegan a tener una duración de entre 8 y 10 horas. Las autoridades comunicaron que se esperan más apagones por lo menos hasta pasado el mes de octubre, y que la situación no mejorará en el corto plazo.

La dictadura aún se resiste a sincerar los precios otra vez, como ya se vio obligada a hacer en enero de 2021 cuando el IPC llegó a aumentar hasta un 44%. La represión financiera está provocando el colapso de la actividad económica, y el régimen discontinuó la publicación de las estadísticas de empleo y PBI desde el segundo trimestre del año pasado.

El tipo de cambio paralelo del dólar se disparó hasta los 242 pesos cubanos, marcando una brecha cambiaria de casi el 100% con respecto al dólar oficial. Como ocurrió en Argentina y Venezuela, Cuba se quedó sin dólares para hacer frente a sus importaciones más básicas debido al control de cambios.

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Economía

¿Se repite la historia? Como en 1989, el FMI amenaza con congelar los desembolsos, lo cual llevó al adelanto el traspaso de mando

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La situación es peligrosamente similar a la que se produjo con el Banco Mundial en el año 1989, cuando el Gobierno de Alfonsín incumplió las metas acordadas y la institución decidió congelar los desembolsos pendientes, lo que llevó al colapso del Plan Primavera, la Hiperinflación y la asunción anticipada de Menem.

La Argentina de 2023 se parece cada vez más a la de 1989. Las condiciones iniciales son alarmantemente similares, y la política económica implementada tanto por Raúl Alfonsín como por Alberto Fernández parecen calcadas. Los resultados esperados no son diferentes tampoco.

El FMI lanzó una severa advertencia a través de su vocera Julie Kozack, anticipando que las medidas tomadas por Sergio Massa atentan directamente contra los lineamientos básicos establecidos en el programa (que ya fue revisado y flexibilizado 6 veces por incumplimientos del Gobierno). Se desmanteló el ordenamiento fiscal y se descuidó la acumulación de reservas.

“Estamos trabajando para entender mejor y evaluar estas medidas recientes y la necesidad de adoptar acciones compensatorias que puedan adoptarse para fortalecer la estabilidad y salvaguardar los objetivos del programa al tiempo que no se exacerben las vulnerabilidades”, explicó Kozack.

El FMI también reconoció que el programa acordado se encuentra totalmente “descarrilado”, a lo largo del año se incumplieron prácticamente todas las metas fijadas, y nada hace pensar que puedan cumplirse en el último trimestre.

El exdirector del Board del FMI Mark Sobel anticipó que muy probablemente la cadena de desembolsos prevista para este año no se produzca, y la situación podría normalizarse recién en un próximo Gobierno que pudiera presentar un plan de estabilización serio y creíble (algo que Massa no está en condiciones de hacer). Se compromete una suma de US$ 2.500 millones para fin de año, que finalmente podría nunca llegar a desembolsarse.

De manera muy similar Argentina sufrió un corte abrupto en su cadena de desembolsos en enero de 1989, cuando el Gobierno de Alfonsín incumplió las metas acordadas con el Banco Mundial y la institución decidió no desembolsar un paquete previsto por 350 millones de dólares para entonces.

En conjunto con una serie de desequilibrios que se acumulaban por aquel entonces, esto fue la gota que rebalsó el vaso para el colapso definitivo del Plan Primavera y el inicio de una caótica devaluación del tipo de cambio oficial.

Todo esto dio lugar a la hiperinflación, la peor que haya sufrido Argentina en toda su historia, y Alfonsín acordó con Menem, quien había recién ganado las elección, tomar control del Poder Ejecutivo de manera anticipada, un 8 de julio.

Paralelamente, y volviendo al año 2023, el Bank of America y Goldman Sachs pronostican que el dólar oficial sufrirá un salto de $350 a por lo menos $700 para el mes de diciembre, una devaluación del 100% que fácilmente podría desatar la tercera hiperinflación de la historia argentina.

Raúl Alfonsín y Carlos Menem caminan por los jardines de Olivos el 31 de mayo de 1989, el día en que se decidió el adelanto del traspaso presidencial.

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Economía

Massa deja un Estado fallido: Uno de cada dos argentinos es pobre y uno de cada diez vive en la indigencia absoluta

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Lo confirmó el INDEC en su último informe sobre la encuesta EPH. El umbral de la pobreza volvió a los niveles más altos desde el estallido de la pandemia, y ya es similar al que había en 2001. La tasa de indigencia creció hasta el 9,3% de la población en la primera mitad del 2023.

Cuando Sergio Massa deje el Palacio de Hacienda el 10 de diciembre de este año, entregará al próximo presidente, que incluso podría ser él mismo, un país en condiciones económicas deplorables, con todos los indicadores a la par que el 2001.

El INDEC, que mide la pobreza con una vara bastante baja, confirmó de manera oficial que la tasa de pobreza alcanzó al 40,1% de las personas en el primer semestre del 2023, por lo que casi uno de cada dos argentinos es pobre agarrando la medición más optimista posible.

A su vez, el 29,6% de los hogares, o uno de cada tres familias, viven bajo la línea de la pobreza. Se trata de todas aquellas personas que no logran alcanzar por lo menos una canasta básica mensual, definida por un monto promedio por hogar en torno a los $199.593 (valores que corresponden al primer semestre, y al día de hoy ya son obsoletos).

El indicador de pobreza oficial llegó a los valores más altos desde el estallido de la pandemia, esta vez debido a la crisis inflacionaria. De hecho, se encuentra en valores similares a los que había en el primer semestre del año 2006 según la medición histórica del CEDLAS, y también un valor similar al del primer semestre del 2001, previo al estallido de la crisis.

Las estadísticas de Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEPED) de la Universidad de Buenos Aires también confirman que los niveles de marginalidad social de 2023 son perfectamente comparables con los que había en el año 2001 (una pobreza en torno al 45% con los estándares de medición actuales).

Con este nuevo salto, la pobreza acumula un aumento de 5 puntos porcentuales en lo que va de la presidencia de Alberto Fernánrez, Cristina Kirchner y Sergio Massa. Pero estos datos se corresponden con el primer semestre del año, es decir, hasta el mes de junio (antes de la dramática devaluación).

Asimismo, de acuerdo a los datos de la EPH un total de 800.000 personas cayeron en la pobreza solamente en lo que va de la gestión de Sergio Massa como ministro de Economía. A pesar de que Fernández prometía “venir a parar” este crecimiento, los datos muestran evidencia de todo lo contrario.

Las estimaciones del economista Martín González Rozada y la Universidad Torcuato Di Tella (que son compatibles con los datos del INDEC) revelan que la pobreza habría aumentado hasta el 42% en el semestre móvil finalizado en agosto. La devaluación aceleró la espiral inflacionaria y el deterioro de los ingresos en términos reales.

Por su parte, la tasa de indigencia alcanzó al 9,3% de las personas relevadas en la EPH, y hasta el 6,8% del total de los hogares. El ingreso familiar promedio para no caer en la indigencia llegó a representar los $91.093 en el primer semestre, una cifra que aumentó drásticamente hasta el día de hoy (generalmente por encima de la inflación general).

Desagregando la métrica de la pobreza entre grupos etarios, el INDEC relevó que la pobreza entre chicos de 0 a 14 años de edad se disparó al 56,4%, una cifra muy por encima del 53% que se registraba en el segundo semestre de 2019. Se acumuló un crecimiento superior a los 3 puntos porcentuales durante la administración kirchnerista.

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