Seguinos en redes

Economía

Bidenomics: Alta inflación, masivo gasto público, más deuda y una agenda climática radical

Publicado

en

La radicalización del Partido Demócrata y la incorporación de políticas económicas heterodoxas podrían llevar al país a atravesar el episodio inflacionario más dramático desde la década de 1970. Se afianzan las políticas de izquierda en los Estados Unidos.

La agenda política del presidente Joe Biden se alejó completamente de aquella moderación presentada en la campaña electoral de 2020, mientras que el Partido Demócrata se radicaliza y ya avala políticas económicas de izquierda.

Estados Unidos atraviesa el episodio inflacionario más importante desde la década de 1970. Como en aquel entonces, se corre el riesgo de que la inflación termine con enquistarse en el sistema y generar otra “década pérdida” en materia de estabilidad.

La administración Biden marcó un giro de 180° con respecto a sus predecesores, incluso en comparación con otros presidentes demócratas como Barack Obama y Bill Clinton. Los demócratas actuales adhieren a la “Política Monetaria Moderna” (MMT por sus siglas en inglés), que le da un fuerte respaldo teórico a la monetización de la deuda pública y el déficit fiscal, algo a lo que adhiere también, por ejemplo, el kirchnerismo en Argentina.

El programa económico de Biden

Con la concepción de la MMT, la agenda económica de Biden no se preocupó por los desequilibrios fiscales y su impacto en los precios. La primera medida del nuevo Gobierno fue el lanzamiento del “American Rescue Plan”, un gigantesco programa de estímulo fiscal en forma de transferencias directas a familias.

El programa pretendía “reactivar la economía” impulsado el consumo y la demanda agregada. El diagnóstico de la administración Biden fue identificar un “problema de demanda” en la economía, cuando en realidad la pandemia generó un shock sobre la oferta agregada.

Como resultado de las primeras medidas, se retrasó la corrección del déficit fiscal de manera dramática. El déficit federal subió del 15,8% del PBI en enero de 2021 hasta llegar al 18,3% en marzo. En ese mismo período, el déficit primario trepó del 14,2% del PBI al 16,8%.

Más tarde, en noviembre de 2021, el Gobierno de Biden lanzó otro programa de estímulo, esta vez concentrado en la obra pública. Por medio de la “Infrastructure Investment and Jobs Act”, el Gobierno desembarcó un paquete por US$ 715 millones en la construcción de carreteras, rutas, programas ferroviarios y provisión de bienes públicos.

Pero sin lugar a dudas, la más grande apuesta del Gobierno es el programa “Build Back Better”, con fuertes implicancias proyectadas hasta 2031.

Entre otras medidas, se plantea otro masivo estímulo fiscal vía obra pública e infraestructura, pero también ampliaciones presupuestarias destinadas a gasto social, “agenda climática” y recursos para la “cancelación” de préstamos estudiantiles, entre otras muchas partidas.

Valiéndose de la perspectiva teórica de la MMT, los demócratas pretenden monetizar los gigantescos gastos de la política fiscal. La Reserva Federal continuaría comprando bonos de deuda federal con emisión monetaria, en tanto no sea posible colocar bonos en el mercado local o el exterior.

Por otra parte, la agenda de Biden también se propone incrementar notoriamente el peso de las regulaciones sobre la actividad económica. Estas políticas climáticas y energéticas estuvieron presentes en los primeros días de la asunción del Presidente, con la cancelación del oleoducto Keystone XL y las nuevas regulaciones para limitar la extracción de petróleo y gas.

Los peligros del socialismo y la “inflación fiscal”

La inflación que actualmente azota a los Estados Unidos no responde a “shocks de oferta” transitorios por la guerra de Ucrania o a la supuesta especulación empresarial. La inflación responde a la irresponsabilidad fiscal del Gobierno de Biden.  

Como explica el economista John H. Cochrane, cuando la gente deja de tener la confianza de que el déficit fiscal pueda ser financiado con el valor presente de los superávits futuros, y que la deuda pública pueda ser pagada sin monetización, entonces se anticipa al futuro bajando la de demanda dinero.

La Reserva Federal incrementó el stock de deuda monetizada desde el principio de la pandemia. En lugar de tomar políticas responsables, los estímulos fiscales de Biden profundizaron el problema y llevaron la monetización del 29% de la deuda federal en enero de 2021 (a valor de mercado) al 34% en enero de 2022. La inflación saltó del 1,4% al 7% en el mismo período, y ya alcanzó el 8,5% en marzo.

Déficit fiscal, monetización de deuda e inflación en Estados Unidos.

Las perspectivas a futuro son aún peores, pues el Gobierno no tiene un plan creíble de aumento de impuestos o de reducción de gastos que sea capaz de garantizar equilibrios fiscales futuros para hacer frente a la deuda pública actual.

El programa “Build Back Better” propone aumentar los desequilibrios fiscales entre 2022 y 2026, sobre la base de los déficits que ya estaban programados anteriormente. A partir de 2027, se proyecta un muy tenue resultado positivo que, sin embargo, no logra compensar el creciente déficit fiscal que también es proyectado por el Gobierno hasta 2031.

Efecto del programa fiscal de Biden. Fuente: Oficina del Presupuesto del Congreso de Estados Unidos.

La deuda pública del Tesoro, proyectada, alcanzaría 115% del PBI como consecuencia del programa de Biden, cuando la proyección sin el programa llegaba al 106%. El Gobierno no proyecta ningún punto de convergencia para la deuda, sino que se propone seguir incrementando el stock hasta niveles nunca antes vistos.

Desde el punto de vista de la teoría económica moderna y ortodoxa, los agentes con expectativas racionales se anticipan al futuro, y en vista al creciente endeudamiento irresponsable, esperan que la Reserva Federal tenga un papel preponderante comprando bonos federales y emitiendo dinero para poder hacerlo. Esta es la principal razón del alza inflacionaria, también llamada “inflación fiscal”, como resultado esperable de las políticas irresponsables de Joe Biden y los demócratas.

El fracaso de los estímulos fiscales

Del mismo modo en que ocurrió en 2008, las políticas de fuertes estímulos fiscales no contribuyeron a lograr su cometido y aumentar el consumo. Como las personas prefieren suavizar su consumo en el tiempo, al percibir los ingresos del estímulo fiscal como algo meramente transitorio, la mayor parte de la diferencia se destinó al ahorro.

Este comportamiento aniquiló todas las pretensiones que tenía el Gobierno, y la economía siguió creciendo hasta recuperar su tendencia anterior sin ningún “multiplicador” extraordinario.

Efecto de los estímulos fiscales entre 2020 y 2021 sobre el consumo y el ahorro agregados.

Como explican economistas de renombre como John B. Taylor o Robert Lucas, los estímulos solo sirvieron para agrandar los desequilibrios fiscales, pero no para el crecimiento. Las verdaderas políticas para impulsar el crecimiento a largo plazo no son sobre la demanda agregada sino sobre la oferta.

Las “políticas de oferta” fueron impulsadas constantemente bajo la presidencia de Donald Trump a partir de las rebajas tributarias y la desregulación. Con la llegada de Biden al poder se produce un punto de inflexión, y el Gobierno estadounidense volvió a apostar por las políticas del siglo XX.

Economía

Los demócratas siguen aliviando sanciones contra la dictadura chavista y la dictadura cubana

Publicado

en

Biden decidió dar marcha atrás con las severas sanciones que había establecido el presidente Donald Trump contra las dictaduras socialistas. El Tesoro estadounidense emitió una licencia para que Chevron pueda reiniciar conversaciones con PDVSA, y se levantaron restricciones para las remesas hacia Cuba.

La política exterior del presidente Joe Biden marca un fuerte giro con respecto a su predecesor: serán aliviadas las sanciones económicas contra las dictaduras socialistas en Cuba y Venezuela. Esto marca una profunda ruptura con la impronta de los votantes latinos en Estados Unidos que demandaban una mayor condena contra la violación de derechos humanos en Latinoamérica, siendo muchos de ellos exiliados de Venezuela o Cuba.

Por iniciativa de Biden y los demócratas, el Tesoro de los Estados Unidos otorgó una licencia especial a la empresa Chevron para permitirle entablar conversaciones preliminares con PDVSA, la petrolera estatal que monopoliza el sector energético venezolano. No se habilitó la posibilidad de celebrar contratos ni integraciones en actividades comerciales, pero la medida busca disminuir tensiones diplomáticas e incentivar el diálogo entre Estados Unidos y la dictadura chavista.

La vicepresidente de la dictadura, Delcy Rodríguez, celebró públicamente la decisión de Biden para modificar la política exterior de los Estados Unidos. Rodríguez anticipó las aspiraciones del régimen para que las sanciones económicas sean finalmente levantadas, dejándose así de condenar la violación sistemática de derechos humanos.  

Los sectores “centristas” y “moderados” dentro del Partido Demócrata aseguran que se trata de una posición pragmática de Biden frente a la crisis petrolera mundial provocada por Rusia, pero este argumento se derrumba si se considera que la propia administración Biden ya anunció sus planes para levantar sanciones contra Cuba, un país sin ningún tipo de relevancia económica.

El Gobierno demócrata desarticulará el enfoque de la administración anterior hacia La Habana, y anunció que se levantará el tope de US$ 1.000 dólares por trimestre para las remesas familiares de residentes en EE.UU. También se liberalizarán las remesas a modo de donaciones, aún sin ser entre miembros de un mismo grupo familiar.

Idealmente, las nuevas medidas con respecto a Cuba buscan dar un alivio a la población cubana mediante la revitalización de las remesas y “sin enriquecer a quienes cometen abusos contra los derechos humanos” según precisaron funcionarios de la Casa Blanca. 

Esta última apreciación parece demasiado idealista, o cuanto menos inocente, considerando que la dictadura socialista implementa un violento control de cambios y de capitales sobre la isla. Las divisas quedarán en manos de la dictadura, o serán relegadas al mercado informal dentro del país. 

Seguir Leyendo

Economía

Perdimos la Guerra contra la Inflación: El deplorable paso de Roberto Feletti por la Secretaría de Comercio

Publicado

en

Decidió renunciar a su cargo en la Secretaría de Comercio sin haber conseguido ningún tipo de resultado en materia de inflación. Los controles de precios volvieron a fracasar en Argentina por décima vez.

El fanático kirchnerista Roberto Feletti decidía dar un paso importante en octubre de 2021, al abandonar su lugar como panelista en C5N para ocupar la Secretería de Comercio, prometiendo “controlar los precios y preservar el salario” desde esa cartera. Una tarea ya de por sí imposible porque el único que puede frenar la inflación es el presidente del Banco Central.

Tras reemplazar a Paula Español, quien ya había fracasado en su intento por controlar los precios, Feletti no identificó un problema de direccionalidad, y se creyó que se falló por una cuestión de baja intensidad en las políticas de controles.

Bajo su gestión, se relanzó y se generalizó el programa Precios Cuidados, se reintrodujo el Ahora 12, se lanzó un programa de “Cortes Cuidados” para los precios de la carne, se expandió la asignación de Precios Máximos y se focalizó en la “dispersión de precios”, se incrementó el monitoreo de costos sectoriales, y se desarrolló el Fondo Estabilizador del Trigo Argentino y el Fideicomiso para la harina fideos. Todas y cada una de las iniciativas de Feletti cosecharon un amargo fracaso.

Los precios cuidados no tuvieron ningún impacto estadístico o empírico sobre la formación de expectativas, como pretendía el exsecretario. Los precios de la carne aumentaron por encima de la inflación, y los cortes “controlados” por el Gobierno no atendieron a los estándares mínimos de calidad esperados por los consumidores. A su vez, los subsidios sobre el trigo y la harina no tuvieron un impacto significativo en el poder adquisitivo de los consumidores a estos efectos.

Durante la gestión de Feletti, y a pesar de ella, la inflación mensual se aceleró mes a mes: 2,5% en noviembre de 2021, 3,8% en diciembre, 3,9% en enero de este año, 4,7% en febrero, 6,7% en marzo y 6% en abril. En ese mismo período, la inflación interanual trepó del 52% al 58%. Las regulaciones sobre los precios no sirvieron como un “ancla nominal” como se pretendía en un comienzo.

Inflación mensual entre enero de 2021 y abril de 2022.

En promedio, la inflación mensual ascendió al 4,5% mientras Roberto Feletti se hizo cargo de la Secretaría de Comercio. Para el mismo período de tiempo, pero 12 meses antes, la inflación mensual promedió el 3,9%. Queda en evidencia que las regulaciones y los controles sobre los precios no fueron una variable significativa o de algún modo relevante para evitar la aceleración inflacionaria.

Sin nada que mostrar, Roberto Feletti abandonó su cargo en la Secretaría de Comercio y fue rápidamente reemplazado por Guillermo Hang, que a diferencia de su predecesor es economista profesional.

El nombramiento de Hang supone una victoria interna para el ala de Martín Guzmán dentro del oficialismo, quien absorbió la Secretaría de Comercio, pasándola del Ministerio de Desarrollo, donde operaba con la autonomía de un ministerio propio, al Ministerio de Economía, donde responderá directamente a Guzmán.

La política de control de precios quedó completamente bajo la responsabilidad de una sola persona: Martín Guzmán. Nuevamente, fallando en identificar que el problema radica en la política monetaria, el ministro tomará la posta en la “Guerra de la Inflación”, tras 7 meses de derrotas, e intentará seguir peleando una batalla imposible. 

Seguir Leyendo

Economía

Más nafta al fuego: El Banco Central emitió y le transfirió $174.000 millones al Tesoro en mayo

Publicado

en

La monetización del déficit fiscal se volvió a acelerar en el mes de mayo y el BCRA se encuentra al borde de quebrar la meta monetaria del FMI para junio.

En el marco de la inflación más alta desde 1991, el Banco Central aceleró el ritmo de emisión de dinero para financiar el déficit fiscal. Solamente en mayo, el Central giró una suma por $174.000 millones en concepto de “adelantos transitorios” para el Tesoro. Se trata de un típico recurso contable para simular un préstamo ficticio y sin retorno del BCRA al Tesoro, financiado con emisión monetaria.

Los adelantos transitorios protagonizan la monetización del déficit fiscal desde noviembre del año pasado, siendo que no se contabilizaron “transferencias de reservas”, que constituye otro recurso contable ficticio para monetizar el déficit. En lo que va del 2022, el BCRA ya imprimió $376.000 millones para que el Tesoro pueda financiar el déficit fiscal.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional establece una meta trimestral con un límite acumulado de hasta $439.000 millones de emisión monetaria para junio. Con lo que lleva emitido el BCRA hasta la fecha, existe una diferencia de solo $66.000 millones para incumplir la meta y provocar la caída del programa.  

Estimaciones preliminares sugieren que la monetización del déficit, acumulada de 12 meses, sigue por encima del 3% del PBI y cuando existe una meta en torno al 1% para diciembre de 2022. El Gobierno no es capaz de mostrar señales que garanticen el cumplimiento efectivo de las metas.

El presidente del Banco Central Miguel Ángel Pesce, relativizó el efecto de la emisión monetaria sobre la inflación, remarcó el aumento del precio de las materias primas a nivel internacional y volvió a recordar que la meta del primer trimestre fue eventualmente cumplida, intentando así dar algún tipo de garantía para la meta de junio.

“Lo que se está evaluando son las metas del primer trimestre y las metas están cumplidas en todos los conceptos: reservas, déficit fiscal y emisión monetaria. Las cifras estuvieron por debajo de lo que se planteó, mejor de lo que se esperaba especialmente en el mes de marzo, lo que permitió cumplir la meta”, declaró Pesce.

El déficit fiscal acumulado de 12 meses no está bajando, y es el factor de dominancia sobre la expansión monetaria. El déficit primario llegó al 3% del PBI en abril de 2022, permaneciendo en este nivel desde diciembre del año pasado sin cambios y por encima del 2,66% alcanzado en octubre. Con intereses de deuda el déficit financiero ya representa el 4,6% del PBI, el valor más alto desde mayo de 2021.

Si para junio el Gobierno no logra financiar la brecha fiscal con recursos de licitaciones en el pequeño mercado de capitales local, o si el costo de la deuda ajustada por CER se torna insostenible, el BCRA deberá cerrar la brecha y el acuerdo con el FMI se vería quebrado. 

Seguir Leyendo

Tendencias