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Economía

Brasil se recupera: los servicios crecieron un 1,2% en mayo

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El IBGE anunció que la actividad de los servicios, responsable de explicar el 70% de la economía brasileña, volvió a crecer en mayo y repuntó un 1,2% con respecto a abril. La actividad volvió a superar los niveles que había antes de la pandemia.

El sector de los servicios en Brasil volvió a crecer a paso firme. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), los servicios crecieron un 1,2% en mayo con respecto a abril.

Las cifras suscitadas surgen de la variación sin estacionalidad de la Encuesta Mensual de Servicios (PMS) que elabora y difunde el IBGE. Este indicador ya había registrado un aumento del 1,3% en el mes de abril, por lo que el dato de mayo representa el segundo aumento consecutivo del índice.

Con la variación registrada en mayo, Brasil logró recuperar el revés económico que había sufrido en marzo de este año, y los servicios volvieron a situarse en un nivel superior al que había en febrero de 2020, el último mes antes del impacto de la pandemia.

El dato se tornó una señal positiva para los mercados porque el sector servicios representa el 70% del Producto Bruto Interno de Brasil, y este rubro sufrió de forma más intensa el impacto de las restricciones a la circulación que caracterizaron el 2020.

“El sector venía mostrando una buena recuperación, pero en marzo, con un mayor empeoramiento en el número de casos de covid-19, gobernadores y alcaldes de varias partes del país volvieron a adoptar medidas más restrictivas, afectando el funcionamiento de las empresas de servicios. En abril y mayo se empezaron a relajar estas medidas y el sector volvió a crecer”, afirmó Rodrigo Lobo, el responsable de la encuesta.

Hasta ahora, la industria manufacturera era la gran protagonista de la recuperación económica y lideró el repunte entre mayo y diciembre del año pasado. Con la nueva fase de recuperación y aperturas, el sector servicios logró ejecutar un dinamismo mucho mayor al que tenía en los últimos trimestres de 2020.

Los servicios registraron un rebote estadístico del 23% si se compara el nivel de actividad con respecto a mayo del año anterior. Este efecto surge de comparar contra un año caótico y marcado por las restricciones, pero aun así el rebote en la actividad mensual desestacionalizada muestra un sólido sendero de crecimiento.

Pese a haber conseguido recuperar y superar exitosamente los niveles de prepandemia, la actividad económica no logró recuperarse de la recesión heredada del Gobierno de Dilma Rousseff.

El nivel de los servicios sigue por debajo de aquel máximo alcanzado en noviembre de 2014, antes del comienzo de una larga y aguda recesión en Brasil. La industria manufacturera corre la misma suerte, aunque ya logró alcanzar los niveles que tenía en 2015.

El ordenamiento fiscal y monetario bajo la administración de Temer habían logrado detener la caída en todos los niveles de la actividad, pero la falta de reformas estructurales impidió consolidar una recuperación formal de la economía.

La verdadera agenda reformista fue planteada por la gestión de Jair Bolsonaro y, aunque fue virtualmente retrasada por la llegada de la pandemia, se propone continuar a lo largo de este año.

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Economía

Fracasaron los controles de precios: la inflación llegó al 52,5% en septiembre

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Pese a los controles del kirchnerismo, los precios minoristas subieron un 3,5% en septiembre y la inflación anualizada llegó al 52,5% según el INDEC. En lo que va del año los precios acumulan un alza del 37%, dejando completamente en ridículo a las metas que había estimado Martin Guzmán.

El INDEC relevó que los precios minoristas medidos por el IPC aumentaron un 3,5% en septiembre, el alza mensual más elevada desde abril. De esta manera, el muy tenue proceso “desinflacionario” que presumía el ministro Martín Guzmán parece estar agotado.

La inflación interanual trepó hasta el 52,5% en comparación con el mismo mes del año pasado, una cifra que no se veía desde enero de 2020. Entre enero y septiembre de 2021, Argentina acumula una inflación del 37%, por lo que queda en evidencia que las metas de Guzmán no eran consistentes ni realistas.

Estos datos confirman que Argentina es el quinto país con más inflación en el mundo, por detrás de Venezuela, Sudán, Líbano y Surinam.

El rubro de prendas de vestir y el calzado fue el que registró mayores aumentos, alrededor de un 6% en septiembre. Las bebidas alcohólicas y el tabaco aumentaron un 5,9% en el mes, los servicios de salud un 4,3%, hoteles y restaurantes 4,1%, y los servicios por recreación y cultura lo hicieron en un 3,8%. Todos estos rubros subieron por encima del promedio general.

Ya en el mes de agosto, la inflación en el mercado mayorista había llegado al 60,5% interanual, con una variación del 2,5% solamente en ese mes. Estas cifras relevan la constante inestabilidad a la que se enfrenta la economía argentina.

Mantras el programa económico no da resultados, los numerosos controles de precios de la Secretaría de Comercio Interior volvieron a fracasar y no lograron contener la estampida inflacionaria.

Tras la partida de la ex secretaria Paula Español, Roberto Feletti impulsa un nuevo y grotesco programa de controles que radicaliza fuertemente la posición del Gobierno de Fernández.

Se debe tener en consideración, además, que el Gobierno sigue manteniendo estrictos controles sobre las tarifas de servicios públicos, por lo que la inflación reprimida implica una suerte de “olla a presión” para un futuro cercano.

Además, el Banco Central desaceleró el ritmo de devaluación en el mercado oficial aún acosta de endurecer fuertemente los ya numerosos controles de cambios. En la práctica, el Gobierno apostó por la limitación cuantitativa de importaciones y el retraso del pago con divisas, con el fin de seguir postergando una devaluación cada vez más impostergable.

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Economía

“Bidenflation”: la inflación de Estados Unidos llegó al 5,4% y la mayorista trepó al 8,6%

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La inflación estadounidense llegó al 5,4% interanual en septiembre, siendo el valor más alto desde julio de 2008, plena crisis subprime. Los precios subieron un 0,4% solamente en ese mes, frente a una variación del 0,3% en agosto. Los precios mayoristas registraron un alza del 8,6% frente a 2020.

La política fiscal de Biden continua en un sendero extremadamente expansivo, y terminó por desarticular el proceso de desinflación que estaba previsto para el tercer trimestre del año. La inflación interanual llegó al 5,4% en septiembre, el nivel más elevado desde julio de 2008.

En solo un mes, lo precios minoristas aumentaron un 0,4% frente a un 0,3% de variación en agosto. Estados Unidos llegó incluso a registrar un aumento de casi 1% en el nivel general de precios al término de junio.

Los precios de la energía se dispararon un 24,8% interanual en septiembre, una cifra estrafalaria. La gasolina aumentó casi un 42% interanual, cifras parecidas a lo que se percibe en países subdesarrollados e inestables como Argentina. El único rubro que mostró bajas interanuales fue las commodities, marcando un ritmo del -1,6% con respecto a septiembre de 2020.

Considerando los precios en el mercado para los productores, la inflación mayorista trepó hasta el 8,6%. Solo en septiembre los precios en este segmento subieron un 0,5%, después de haber aumentado otro 0,7% en agosto.

Después de una gran expansión monetaria en 2020 a causa de un importante shock sobre la oferta agregada como lo fue la pandemia, los analistas esperaban una normalización de las variables monetarias al término de la emergencia. Pero la política fiscal del presidente Joe Biden abortó el proceso correctivo.

En la práctica, la gran inyección de dólares en la economía en tiempo récord implicó una expansión importante en la cantidad de circulante, en consecuencia, se produjo una situación en la que cada vez más dólares persiguen a una cantidad de bienes que no crecen al mismo ritmo.

La política fiscal, sin un efecto esterilizador por parte de la Reserva Federal, en los hechos cumple un rol similar al que podría tener la política monetaria sobre el nivel de precios.

Según los datos de la Reserva Federal de St. Louis, el gasto público trimestral del Gobierno federal pasó de representar el 27,7% del PBI al término de la gestión de Donald Trump, hasta llegar a un estrafalario 36,6% en el primer trimestre de 2021. La exorbitante expansión fiscal de Biden impuso una gran presión inflacionaria para la economía.

En el segundo trimestre del año el gasto federal cayó hasta el 32,9% del producto, pero aún permanece en niveles muy superiores a los heredados por la gestión republicana, y prácticamente incomparables a los que había antes de la pandemia, cuando el Gobierno federal solo representaba el 22% de la economía.

Por su parte, el déficit fiscal pasó de representar el 9,8% del producto bruto en el fin de la presidencia de Trump para dispararse al 18,5% en el primer trimestre de la administración Biden. Pese a las correcciones posteriores, el resultado fiscal cerró en el 14,6% del PBI en el segundo trimestre del año.

La violenta inyección de liquidez y el desequilibrio fiscal en vista al futuro produjeron un cierto escepticismo en torno a las expectativas inflacionarias. El programa fiscal de los demócratas buscaría, además, prolongar el desequilibrio fiscal para los próximos años y llevar el nivel de deuda pública a niveles nunca antes vistos.

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Economía

Duro revés para Argentina: El FMI rechazó el pedido para rebajar la carga por servicios de deuda

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El pedido de Argentina para rebajar sobretasas y contribuciones fue finalmente rechazado por el FMI. Las comisiones adicionales que paga Argentina responden a la gran cantidad de deuda solicitada en comparación a la cuota que aporta el país a la institución.

Como era de esperarse, el Fondo Monetario Internacional decidió rechazar terminantemente el pedido de Argentina para generar una rebaja en el nivel de sobretasas que paga el país. El Gobierno pretendía conseguir una nueva quita en la carga por servicios de la deuda externa, alegando un trato desleal para con Argentina, pero lo cierto es que el planteo fue fácilmente desbaratado.

El FMI establece un programa de contribuciones financieras adicionales a las pactadas en la toma de créditos, aplicadas para aquellos países con un gran diferencial entre su cuota como miembro de la institución y la cartera de deuda solicitada. En este sentido, Argentina no recibió un trato desleal en comparación a otros países, sino que simplemente abona un cargo adicional por la poca prudencia en la suscripción de deuda.

Argentina no solo generó compromisos crediticios muy superiores a su aporte habitual como país miembro del FMI, sino que además concentra la mayor parte de toda la cartera del organismo internacional. Esta posición anula casi cualquier aspiración del oficialismo para buscar atajos y sortear obligaciones de pago.

El ministro de Economía Martín Guzmán, junto con el presidente del Banco Central Miguel Pesce, se embarcaron rumbo a Estados Unidos para gestionar las negociaciones por la restructuración de la deuda, pese a que no se consiguió ningún resultado concreto hasta la fecha.

Martín Guzmán y Miguel Pesce en reunión con el staff del Fondo Monetario Internacional en Washington.

Como si todo esto fuera poco, la inestabilidad coyuntural del FMI tampoco ayuda a la posición argentina. Las fuertes críticas hacia la figura de Kristalina Georgieva se pronuncian cada vez más, y la mandataria enfrenta actualmente un proceso de investigación en su contra.

La directora del FMI es acusada de maniobrar estadísticas y procesos metodológicos para beneficiar deliberadamente a China en el ranking del informe “Doing Business”, que elabora cada año el Banco Mundial y se propone estimar la facilidad de hacer negocios en cada país.

El Directorio del Fondo aún no resolvió la situación de Georgieva, pero una hipotética partida suya implicaría un nuevo dolor de cabeza para Guzmán y el equipo económico, pudiendo significar otro retroceso para la consolidación de un acuerdo definitivo.

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