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Brasil trabaja: Vuelve a caer la desocupación y ya es la más baja desde enero del 2016

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El desempleo retrocedió al 9,3% de la población activa en el trimestre móvil finalizado en junio, el cuarto mes consecutivo en que se produce una baja. Se trata de la cifra más baja en más de 6 años.

La flexibilización del mercado laboral vuelve a mostrar resultados positivos en materia de empleo. La tasa de desocupación cayó al 9,3% en el trimestre finalizado en junio, logrando así volver al umbral de un solo dígito.

La cifra efectivamente relevada por las autoridades oficiales estuvo en línea con el 9,3% proyectado por las consultoras privadas. La baja del desempleo fue extremadamente rápida considerando que se superó el efecto de la tendencia estacional.

La tasa de desocupación desestacionalizada cayó al 9,16% en junio, y sobre este indicador se acumulan 13 meses consecutivos de caída. La serie sin estacionalidad permite cuantificar la verdadera magnitud de la caída del desempleo, ya que no tiene en cuenta el movimiento pendular y estacional propio del PBI y permite la comparación entre los distintos meses de cada año.

Los indicadores de desocupación marcan las cifras más bajas desde enero de 2016, cuando se desató la severa crisis económica bajo la administración de Dilma Rousseff. Esta tendencia se percibió tanto para la serie original como para la serie sin estacionalidad.

No solo se recuperó la situación que había previo al shock por la pandemia, sino que incluso se superó el escenario previo a 2019. Bajo la administración de Jair Bolsonaro la desocupación acumula una caída del 3,5% en comparación con enero de 2019. Bolsonaro se convierte en el primer Presidente desde 2011 en registrar un descenso sostenido de este indicador.

Tasa de desocupación de Brasil entre 2012 y 2022.

Las medidas de Bolsonaro para consolidar la baja del desempleo

A través del ministro de Economía Paulo Guedes se lanzó un fuerte paquete de medidas diseñadas para avanzar con la desregulación de la legislación laboral brasileña. El programa de Bolsonaro determinó las siguientes medidas:

  • Creación del Régimen Especial de Calificación e Inclusión Productiva (REQUIP)
  • Creación del Programa Primera Oportunidad y de Reinserción en el Empleo (PRIORE)
  • Rebaja de cargas sociales para pequeñas empresas

El REQUIP estableció una nueva modalidad de trabajo en la cual el Estado no regula el período de vacaciones pagas remuneradas, se elimina la obligatoriedad del aguinaldo y el aporte obligatorio al seguro de desempleo. Los contratos bajo esta modalidad se ven libres de estas regulaciones, y tienen una duración máxima de hasta 18 meses para jóvenes de entre 18 y 29 años.

Por otra parte, el programa PRIORE enfatiza la situación del primer empleo para jóvenes y las personas mayores de 55 años que durante un año no hayan podido encontrar trabajo. Para estas situaciones problemáticas, la reforma laboral creó una nueva modalidad legal en la cual el empleador está eximido de realizar aportes patronales, y si bien se realiza el pago por el seguro de desempleo, la carga que esto supone queda reducida considerablemente.

Estas disposiciones flexibles se encuentran disponibles para cubrir hasta el 25% de la dotación de una empresa promedio. Para el caso de las empresas de hasta 10 empleados (las microempresas), la dotación máxima permitida aumenta hasta el 30%.

Las estadísticas oficiales del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) demuestran que el ajuste fiscal y la estricta limitación de la oferta monetaria, no son elementos incompatibles con la recuperación económica y laboral.

La actividad económica mensual superó el nivel que tenía en febrero de 2019 y retomó el crecimiento en octubre de 2021, después de una fuerte interrupción en marzo de ese mismo año. El mayor crecimiento de la economía fue un factor que impulsó la recuperación en el mercado laboral.

La inflación mensual comenzó a ceder a partir del mes de abril, registrando una variación de hasta el 1,62% en marzo, posteriormente convergiendo al 0,47% en mayo y al 0,67% en junio. El nivel de inflación interanual dejó de crecer desde abril, y se situó en el 11,89% en junio. Se registran los primeros efectos de la política monetaria contractiva llevada a cabo por Roberto Campos Neto, el presidente del Banco Central de Brasil. 

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Mientras baja la inflación, la actividad económica de Brasil creció a una tasa récord en junio y llegó al nivel más alto en 7 años

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El indicador mensual de la actividad económica se expandió casi tres veces más de lo que estaba previsto. La economía creció un 3% desde junio de 2021, y un 2,9% en lo que va de la gestión de Jair Bolsonaro.

El Banco Central de Brasil confirmó que la actividad económica se expandió un 0,69% en el mes de junio, según la serie desestacionalizada del indicador mensual. El dato efectivamente relevado superó holgadamente a todas las proyecciones de mercado, ya que se esperaba alcanzar una expansión de sólo el 0,25%.

El nivel de actividad correspondiente al segundo trimestre del año registró un incremento del 0,57% en comparación con el trimestre inmediatamente anterior. Esto marca una fuerte aceleración si se compara con las variaciones registradas entre el primer trimestre de 2021 y el último del año 2020.

La serie desestacionalizada de la actividad económica mensual muestra un fuerte crecimiento del 3,09% en comparación contra el mes de junio del año pasado, y una expansión del 2,18% comparando los primeros 6 meses de 2022 en relación a los primeros 6 meses de 2021.

La economía de Brasil tuvo un importante dinamismo a partir de octubre del año pasado, después de una abrupta interrupción del crecimiento en marzo de ese año. Entre septiembre de 2021 y junio de 2022 la actividad mensual tuvo un repunte del 3,14%.

Esta dinámica expansiva se produjo incluso a pesar del incremento de la tasa de política monetaria llevada adelante por el Banco Central de Roberto Campos Neto. La tasa SELIC trepó del 6,5% nominal anual en octubre de 2021 al 13,25% en junio de 2022, y desde agosto alcanzó el 13,75%.

En lo que va de la gestión de Jair Bolsonaro como presidente y Paulo Guedes como ministro de Economía, la actividad económica brasileña acumuló un crecimiento del 2,91%. Los actuales niveles de actividad son los más elevados desde abril de 2015, cuando la economía de Brasil se derrumbaba hacia el final del mandato de Dilma Rousseff.

Actividad económica mensual de Brasil entre 2013 y 2022.

El promedio de 12 meses sobre la serie desestacionalizada evidencia que la economía continúa con la tendencia de crecimiento que había antes de la pandemia, y revirtiendo parcialmente los efectos de la crisis heredada por el PT.

Las proyecciones de crecimiento para fin de año mejoraron considerablemente. Mientras que en enero los mercados financieros y las consultoras esperaban una tenue expansión de sólo el 0,3% para 2022, ahora se proyecta alcanzar un piso de por lo menos 2% anual.

La recuperación de la economía produjo un fuerte impacto sobre el mercado laboral, una conexión que se vio aceitada en mayor medida por las políticas de flexibilización regulatoria llevadas a cabo por Bolsonaro. El desempleo cayó al 9,3% en el trimestre finalizado en junio, y hasta el 9,16% según la serie desestacionalizada del indicador.  

A la par del mejor nivel de actividad desde 2015, las cifras en torno a la desocupación abierta son las más bajas desde enero de 2016. La proporción de personas desocupadas en relación a la población activa cayó un 3,5% en lo que va de la administración de Bolsonaro

Desocupación de Brasil entre 2012 y 2022.

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Brasil acumula una inflación del 4,7% en lo que va del año, una de las más bajas del mundo

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Los precios minoristas en Brasil acumularon un alza por debajo de las proyecciones para los primeros 7 meses del año, y la inflación es inferior a la de la Unión Europea e incluso Estados Unidos.

La independencia del Banco Central de Brasil y el ajuste fiscal llevado a cabo por el Gobierno de Jair Bolsonaro finalmente rindieron sus frutos sobre la inflación. Los precios minoristas registraron una caída del 0,68% en el mes de julio, la cifra más baja jamás registrada desde 1980.

La inflación interanual del país cayó abruptamente del 12% al 10% en el acumulado de 12 meses entre julio de 2021 y el mismo mes de este año. Brasil se convirtió en el único país capaz de registrar deflación en el mes de julio.

Mientras tanto, los precios minoristas acumulan un alza de solo el 4,77% entre enero y julio de este año, una cifra inferior al 5% que proyectaban los mercados financieros, y una de las más bajas del mundo cuando se la compara con grandes mercados como el de Estados Unidos, Europa, India, Rusia o China.

La inflación acumulada de Brasil es incluso inferior a la que registra el promedio de la Unión Europea, que alcanzó el 5,3% en julio. También fue menor a la cifra registrada para España (5,8%), Alemania (6,6%), Reino Unido (5,8%), Italia (6%), Portugal (7,3%), Austria (5,3%), Bélgica (6,3%), Grecia (6,3%) y Dinamarca (7,8%), entre otros países.

La variación acumulada en los primeros 7 meses fue comparativamente baja en relación a otras economías desarrolladas no europeas, como Canadá (6,2%) e incluso los Estados Unidos, que llegó a acumular una inflación de hasta el 6,3% desde el mes de enero.

La experiencia brasileña marca un importante precedente sobre los efectos de las políticas económicas ortodoxas sobre la política fiscal y la monetaria, en contraste con experiencias marcadamente heterodoxas como las aplicadas en Argentina, Irán o Líbano.

La inflación en Argentina alcanzó el 71% interanual en julio. Solamente en ese mes los precios aumentaron un 7,4% en contraste con la deflación del 0,68% en Brasil, y entre enero y julio de 2022 los precios argentinos acumularon un incremento del 46,2% en contrate al 4,77% de Brasil.

El Gobierno de Bolsonaro impulsó una ley para dotar de completa independencia al Banco Central de Brasil a la hora de delimitar el curso de la política monetaria. El presidente de la institución, Roberto Campos Neto, dispuso un aumento de la tasa SELIC al 13,75% nominal anual, logrando conquistar la credibilidad de los mercados.

Al mismo tiempo, el ministro de Economía Paulo Guedes impulsó un fuerte ajuste fiscal. El déficit primario del Gobierno federal fue completamente eliminado a partir de enero, incluso incluyendo el resultado operativo del Banco Central. El equilibrio primario del sector público federal no se registraba en Brasil desde el año 2014. 

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Deflación en Brasil: El día que Bolsonaro firmó la Ley de Autonomía del Banco Central y eliminó la inflación

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Después de 30 años de incesantes debates en el Congreso, el presidente Bolsonaro finalmente firmó la independencia del Banco Central para liberarlo de las injerencias políticas. Lo dotó de autonomía y le permitió que combata la inflación.

En febrero de 2021 el Congreso brasileño aprobó la iniciativa de Jair Bolsonaro y Paulo Guedes para garantizar la completa independencia del Banco Central. La ley fue finalmente promulgada en marzo, y supuso el primer avance hacia la más estricta disciplina monetaria después de 30 años de constantes debates parlamentarios sin rumbo.

La ley dispuesta por Bolsonaro establece que el presidente del Banco Central, así como los 8 directores que pautan la política monetaria del país, tienen un mandato de 4 años y prorrogables por una sola vez, sin que el jefe de Estado de turno pueda tomar partido en esa decisión.

Los mandatos fijados por la normativa no se ajustan a los mandatos políticos, también de 4 años, que mantiene cada Presidente. De esta manera se garantiza que cada jefe de Estado deba convivir con un liderazgo del Banco Central heredado de su predecesor, y por lo tanto este condicionante deberá ser tenido en cuenta a la hora de desarrollar la política fiscal. Se prohíbe explícitamente el despido de un Presidente del Banco Central sin causa.

Cuando el jefe de Estado de turno finalmente dispone del nombramiento de un presidente del Banco Central una vez pasado su mandato y decidiendo no prorrogarlo, dicho nombramiento debe contar con el aval del Senado para poder implementarse.

Pero aun pudiendo nombrar a un Presidente para la autoridad monetaria, las metas de inflación o las pautas principales de la política monetaria no se formulan por una decisión unilateral, sino que se determinan en el Consejo Monetario de la institución.

Antes de la reforma de Bolsonaro, la propia Constitución de Brasil de 1988 reconocía una tenue independencia del Banco Central, dotándolo del monopolio para emitir dinero y prohibiendo la financiación directa al Tesoro como ocurrió en la segunda mitad del siglo XX.

Pero las normativas anteriores no garantizaban independencia con respecto al poder político, y por lo tanto el jefe de Estado podía intervenir en la política monetaria forzando a la institución a financiar al Tesoro por canales indirectos no contemplados en el artículo 164 de la Constitución, como por ejemplo la compra de bonos públicos con emisión monetaria u otras maniobras de “flexibilización cuantitativa”.

Con la nueva ley este mecanismo ya no sería posible, al menos no como un mecanismo sincronizado entre el jefe de Estado y el Banco Central en un esquema de “dominancia fiscal”. La normativa permite que la autoridad monetaria disponga de un plan de acción acorde a los objetivos de su carta orgánica, y es la política fiscal la que debe acomodarse a esos propósitos y no al revés.

La reforma cosechó resultados exitosos en materia de inflación, y Brasil se convirtió en el país que más rápidamente respondió ante los desequilibrios generados por la pandemia con un fuerte ajuste de la tasa de política monetaria SELIC en tiempo récord.

Con independencia de la política monetaria resulta más factible que los déficits del Tesoro sean percibidos como no inflacionarios, y por lo tanto se espera que puedan ser financiados con recursos genuinos y no con falsificación monetaria. 

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