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Economía

Con la economía postrada, la inflación de junio cerró en 2,2%

Según el informe presentado hoy por el INDEC, el IPC para el mes de junio alcanzó un promedio de 2,2%, lo que implica una inflación interanual de casi 43%. La actividad permanece deprimida por la cuarentena, y muchos precios permanecen regulados: ¿es esto realmente sostenible?

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El Índice de Precios al Consumidor (IPC) que mide mensualmente el INDEC, estimó que la inflación fue del 2,2% como promedio general de todos los precios en la economía del país durante el mes de junio. El dato surge de un contexto en el cual se estima un repunte de la actividad económica en mayo con respecto a abril, pero la marcha atrás con la flexibilización en la región del AMBA de julio, podría ser un fuerte factor condicionante. 

El nivel de inflación interanual, comparando punta a punta a junio de este año con respecto al mismo mes del año anterior, fue del 42,8%, en una tendencia bajista que se remonta desde finales del 2019 con Macri en el gobierno, pero que no promete perdurar en el tiempo. 

El oficialismo se muestra confiado ante la aparente confirmación de sus postulados, negando la naturaleza monetaria de la inflación. Tomando los datos mensuales desde el principio del año, la inflación acumulada alcanzó el 13,6%. 

Resulta relevante la consideración de tres factores que explican el comportamiento inflacionario en junio: el primero fue la baja circulación monetaria, el segundo constituye la enorme política de esterilización que lleva a cabo el BCRA, y, en tercer lugar, el pésimo nivel que mantiene la actividad económica

Algunos economistas oficialistas afirmaron sin temor a equivocarse que, este año, la inflación no pasaría a mayores niveles a los registrados el año pasado. Este es el caso de Cecilia Todesca, economista y vicejefa de Gabinete del presidente, quien afirmó que este año el país “no verá altos niveles de inflación”. También el principal economista que asesora al presidente, Emanuel Álvarez Agis, repitió que la inflación no es un problema, aunque admitió que el 2021 podría estar marcado por altos niveles inflacionarios. 

El comportamiento de los diversos componentes del índice general, revelan la naturaleza inestable del dato logrado para el pasado mes de junio. Mientras que el índice promedio alcanzó el 2,2%, la brecha entre los precios librados a su suerte y el de aquellos controlados por el Estado, se hace cada vez más evidente

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De igual manera a lo que ocurre con el cepo cambiario, los productos regulados empiezan a mostrar precios cada vez más alejados de la realidad, porque su valor real se va deteriorando, aún cuando la inflación parece estar relativamente contenida. Santiago Cafiero había sugerido la posibilidad de una corrección tarifaria para el mes de junio y el mes corriente, pero esta iniciativa fue rápidamente descartada por el presidente. 

El caso más evidente de este problema son las tarifas de los servicios públicos, que permanecen congeladas desde mayo del 2019, mientras que los precios siguieron subiendo sin interrupción desde entonces. La administración de Alberto Fernández se negó a principios de marzo en permitir cualquier tipo de aumento, pero con el desequilibrio tarifario que es está aculando, peligra que todo el esfuerzo realizado entre 2016 y 2018 quede totalmente arruinado. 

La inflación en el nivel general de precios se estabilizó en el 42,8%, pero el aumento en los bienes y servicios directamente regulados, fue sólo de 25,2% en junio. El valor real de estos bienes y servicios prácticamente bajó a la mitad, y esta situación generó una enorme distorsión de precios relativos, como periódicamente ocurre en nuestro país. 

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En términos mensuales, el rubro que registró un mayor aumento durante junio fue el de “prendas de vestir y calzado”, superando cómodamente el 6%. Por su parte, el rubro de “alimentos y bebidas”, registró un alza inferior al promedio general, llegando al 1%. A pesar de esto, la medición interanual de este sector permanece muy por encima del nivel general, y superó el 47%, contra el 42,8% mencionado antes

Dentro de las jurisdicciones, la región del Gran Buenos Aires registró una inflación del 2%, de forma que se quedó por debajo del índice nacional. Las medidas de aislamiento, específicamente más duras para esta región, probablemente tuvieron cierra incidencia, aunque no hubo una gran diferencia con otras regiones geográficas del país. 

Para atender a esta situación y evitar que la base monetaria creciera de manera desproporcionada, el Banco Central emprendió una política de esterilización basada en el incremento del stock de Leliqs y pases

Miguel Ángel Pesce, actual presidente del Banco Central.

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La enorme colocación de estos pasivos remunerados, en un intento por retirar la mayor cantidad de pesos posible, supondría un costo en materia de intereses de 575.000 millones de pesos, sólo en este año

En la semana pasada, el stock total de estos pasivos pasó a representar el 76% del total de las reservas que dispone el BCRA. Alberto Fernández concentró sus críticas a la gestión anterior en el modo en que operó la política monetaria, pero lo cierto es que, durante el último mes del gobierno de Macri, esta ratio a pensar superaba el 40%. 

Fernández tuvo que desconocer sus ridículas promesas de campaña, y se vio obligado a congelar la fórmula jubilatoria que dejó el gobierno anterior, al mismo tiempo de que empeoró gravemente el problema del stock de leliqs, y las dificultades que esto supone para los ahorristas en los bancos. 

En el caso de una corrida y un eventual desarme de estos pases por los bancos, los ahorristas no tendrían ningún respaldo seguro.

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Economía

La inflación de Venezuela cerró el 2021 en el 686% y continúa siendo la más alta del mundo

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El Banco Central de Venezuela reveló que los precios subieron un 7,6% solamente en diciembre, acumulando así una dramática inflación del 686,4% anual. Aun así, se registra una fuerte caída de la inflación desde 2019.

Según las cifras oficiales de la autoridad monetaria venezolana, los precios al consumidor subieron un 7,6% en el mes de diciembre, cuando ya habían aumentado un 8,4% en noviembre y un 6,8% en octubre. La situación no es estable: la inflación anual para el 2021 llegó al 686,4% y sigue siendo la más elevada del mundo.

Aún así, Venezuela registró una fuerte desaceleración de la inflación en los últimos años, pasando del 2.750.118% en 2018 a 7.374% en 2019, 3.713% en 2020 y finalmente 686,4% en 2021. El país salió de la hiperinflación si comparamos contra otros episodios históricos, pero el régimen chavista aún está lejos de contener el drama inflacionario.

Entre otras medidas, la dictadura de Nicolás Maduro se vio obligada a flexibilizar los controles cambiarios desde 2018 al verse totalmente agotadas las reservas del BCV. Se ablandaron las medidas para la circulación de diversas divisas, siendo el dólar la más utilizada por la gente, y se liberalizó mayormente el mercado de cambios.

Sin embargo, y a pesar de que la situación inflacionaria recuperó cierta vehemencia, la actividad económica de Venezuela se encuentra en un nivel crítico. Según las estimaciones del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF), el PBI se derrumbó hasta un 89% entre julio de 2014 y junio de 2020, una tendencia que solamente se vio interrumpida por un muy débil rebote desde septiembre del 2020.

Venezuela registró una depresión económica prolongada incluso superior a la que vivió Estados Unidos en la década de 1930, pero al mismo tiempo sufrió una cruenta espiralización de precios por un período de tiempo que sobrepasó a otros episodios de la experiencia regional e internacional. La hiperinflación de Venezuela fue una de las más prolongadas en la historia económica mundial, lo cual ya la hace un caso de estudio muy particular.

Evolución de la actividad económica y la inflación mensual en Venezuela.

Por otra parte, la elevada inestabilidad fue prácticamente inmanejable para las autoridades del régimen socialista. El Estado venezolano actualmente controla de forma directa los principales sectores estratégicos de la economía, como la electricidad, el petróleo y el gas, la distribución de agua potable, el transporte público, las telecomunicaciones, la producción de cemento, la producción siderúrgica, los puertos e incluso fueron expropiados latifundios y tierras anteriormente privadas.

Al mismo tiempo, el mismo Estado venezolano mantiene férreas regulaciones sobre la mayor parte del aparato productivo del país, interviniendo en prácticamente todos los mercados y todas las actividades.

Sin embargo, según el Fondo Monetario Internacional las erogaciones del Estado venezolano fueron sistemáticamente consumidas por la inflación. Esta fue la causa por la cual, de representar cerca del 50% del PBI en 2014, el Estado pasó a significar una cifra cercana a solamente el 10% en 2021, pasando por otro pico del 48% del PBI en 2018.

La inestabilidad hizo prácticamente imposible planificar los presupuestos y maniobrar las finanzas públicas con rigurosidad, además de destruir completamente la recaudación genuina de impuestos. Los precios aumentaron a una velocidad tan elevada, que los rezagos naturales que tiene cualquier Estado para percibir la recaudación tributaria fueron suficientes como para provocar una importante pérdida en términos reales de todo ese dinero recaudado.

El régimen socialista entró en una profunda situación de colapso sobre sí mismo, distorsionando e impidiendo maniobrar al núcleo económico del sistema chavista: la planificación centralizada de la economía.

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Economía

La inflación del 2021 fue la segunda más alta desde la hiperinflación de los 80s y llegó al 50,9%

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El INDEC reveló que los precios al consumidor se dispararon un 50,9% durante el año 2021, siendo el segundo brote inflacionario más elevado desde 1991. El presidente Fernández minimizó el problema y elogió el trabajo de Roberto Feletti.

Como preveían la mayoría de las consultoras privadas en el país, y acosta de las proyecciones del ministro Martín Guzmán, la inflación anual del 2021 cerró en el 50,9% y fue el segundo aumento de precios más alto desde 1991, solo por detrás del año 2019.

Solamente en el mes de diciembre los precios aumentaron un 3,8%, pese a los numerosos controles llevados a cabo por Roberto Feletti desde la Secretaría de Comercio, el congelamiento casi absoluto de las tarifas de servicios públicos, y el atraso del tipo de cambio oficial junto con el incremento de la sangría de reservas del BCRA. Ninguno de estos elementos fue capaz de contener al fenómeno inflacionario.

El grueso del aumento de precios en diciembre se produjo a partir del rubro de los alimentos y bebidas no alcohólicas, que registraron un alza mensual del 4,3%. Dentro de este grupo de productos, destacó el fuerte aumento del precio de la carne, a pesar de todas las medidas contra la exportación que impulsó Alberto Fernández.

La inflación núcleo, aquella que no tiene en cuenta a determinados bienes y servicios de alta volatilidad como la energía, fue del 4,4% en el mes de diciembre y superó al promedio general con comodidad.

Los resultados cosechados para el 2021 fueron dramáticos en relación a lo que esperaba el oficialismo. El ministro de Economía Martín Guzmán defendió enérgicamente su meta del 29% en la primera mitad del año pasado, aunque poco a poco los datos de inflación terminaron por acorralarlo y debió admitir el fracaso de la proyección oficial.

En un principio Guzmán concluía, con una aparente seguridad y parsimonia, que la caída de la tasa de depreciación en el tipo de cambio oficial terminaría impactando inexorablemente sobre el nivel de precios. La apreciación del tipo de cambio oficial se mantuvo en este esquema durante todo el año tal y como prometía Guzmán, pero en la realidad la inflación no cedió como lo prometía el Ministro.

La falta de credibilidad de las metas de Guzmán no solo se limitó al ámbito de las consultoras privadas, sino que numerosos economistas de renombre como el propio exministro de Economía Domingo Cavallo plantearon que serían completamente imposibles de alcanzar.

Cavallo pronosticó una inflación en torno al 50% anual para 2021, y su estimación fue extremadamente acertada. Incluso a pesar de la confrontación de algunos economistas fanáticamente kirchneristas, el pronóstico de Cavallo terminó siendo correcto y finalmente los economistas del kirchnerismo terminaron por quedar en ridículo.

El presidente Fernández minimizó la responsabilidad de su Gobierno por la elevada inflación, y resaltó una supuesta “senda descendiente” sobre la evolución de los precios, algo que permanece completamente ausente en todos los análisis de las consultoras privadas y organismos internacionales.

Además, el Fernández destacó el trabajo de Roberto Feletti y sus variados controles de precios sobre una amplia gama de productos de todo tipo. Sin embargo, todos los empeños reguladores de Feletti fueron completamente superficiales y no pudieron evitar que la inflación volviera a niveles récord desde la salida de la Convertibilidad.

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Economía

El Banco Central anunció la prohibición de la importación de autos de lujo a través del mercado oficial

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La nueva normativa anunciada por el Banco Central impedirá a todas las automotrices la posibilidad de importar autos de alta gama a través del tipo de cambio oficial, y esta potestad quedará limitada al Estado y sus dependencias.

La falta de reservas en el Banco Central lleva a una posición crítica para seguir sosteniendo el cepo cambiario a la paridad oficial actual. La autoridad monetaria tomó una medida extrema y desesperada con el fin de ahorrar divisas: las automotrices no podrán importar autos de alta gama por el mercado oficial.

Las autoridades del BCRA les comunicaron a las automotrices que ya prácticamente no queda ni un solo dólar para hacer frente a las importaciones pertinentes al sector, por lo que hay peligro de desabastecimiento sobre el mercado si no se encuentran mecanismos para acceder a divisas por otros medios.

La industria automotriz buscará hacerse de préstamos con sus proveedores o sus casas matrices a lo largo del mundo con el fin de conseguir, al menos en el corto plazo, el financiamiento para hacer frente a las importaciones.

Los autos de lujo solamente podrán ser importados por el Estado a través del dólar oficial, pues las normativas no afectarán a organismos dependientes de fondos públicos, entidades estatales y empresas completamente públicas o con participación mayoritaria del Estado.

De esta forma, la entrada de este tipo de vehículos quedará severamente restringida. Las medidas mantienen dos enfoques marcadamente distorsivos; por un lado, se busca postergar todo lo posible la devaluación cambiaria en el mercado minorista, y por otro se implementa una agresiva política proteccionista.

El Estado argentino considera como “auto de lujo” a todo vehículo con un valor igual o superior a los US$ 25.000 al dólar oficial desde el comienzo del año, cuando durante todo el 2021 esta cifra rondaba los US$ 35.000.  

Por su parte, se verán afectados solamente los vehículos para uso personal o para transporte de pasajeros, pero no así los vinculados a las fuerzas de seguridad, ni los bienes de capital vinculados a la industria o los vehículos diseñados para el transporte de cargas.

Como se señaló desde La Derecha Diario, el Banco Central ya no dispone de reservas líquidas para hacer frente al cepo cambiario. El desarme de la posición de oro en espera de la próxima liquidación de la cosecha gruesa es la última jugada desesperada del Gobierno para seguir postergando una devaluación que parece inminente.

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