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Economía

Con un Congreso demócrata y Joe Biden en la presidencia, Estados Unidos se dirige al mayor aumento del gasto público de su historia

Joe Biden asumió la presidencia con una importante mayoría en el Congreso. Un análisis histórico nos indica que cuando los demócratas estuvieron en esta posición, explotaron el gasto público y la deuda, y llevaron al país a la crisis.

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Después de un año de pandemia, el desafío mundial para 2021 consiste en superar el impacto económico, volver al crecimiento y poner orden en las finanzas públicas, fuertemente deterioradas por una situación atípica. 

Sin embargo, el país líder del mundo, no muestra signos de austeridad en el manejo de sus finanzas mandando una fuerte señal al resto del mundo, mientras Joe Biden promete mayor intervención, más ayudas sociales y una expansión histórica del sistema de salud estatal.

Si bien propone un importante aumento impositivo, lo cierto es que las erogaciones también aumentarán sin pausa.
Desde enero de 2019 el Partido Demócrata pasó a controlar la Cámara de Representantes y, con ello, un enorme poder sobre las cuentas fiscales. 

Pese a la tenacidad de Donald Trump, quien siempre apuntó a congelar el gasto público, los demócratas desde que llegaron a controlar el Congreso en 2018 lograron impulsar un sideral aumento del gasto público (incluso antes de la pandemia).

Desde La Derecha Diario analizamos el gasto público histórico (en porcentaje del PBI) en relación a qué partido controlaba la Cámara de Representantes en esos años. En Estados Unidos, los diputados y las comisiones presupuestarias son los que verdaderamente manejan la agenda fiscal del país, a diferencia del Poder Ejecutivo.

La conclusión es clara: desde 1950, cuando los republicanos controlaron la Cámara de Representantes, el gasto público descendió, mientras que cuando estuvo en manos demócratas, este subió.

Fuente: Elaboración propia en base al Buró de Servicios Fiscales.

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Hoy en día, los demócratas no solo controlan la Cámara de Representantes si no que tienen mayoría en el Senado, por lo que, siguiendo esta métrica, se puede esperar casi con certeza un explosivo aumento del gasto público de parte del Gobierno federal.

A diferencia de lo que ocurrió con Barack Obama, quien gobernó 6 de los 8 años con un Congreso republicano, Biden no está obligado a negociar un programa fiscal de aumentos impositivos a cambio de recortar gastos, sino que podrá eludir estos últimos en un plan con sello “progresista”, mientras la Reserva Federal sigue emitiendo dólares indiscriminadamente.

La situación económica genera una presión para poner ordenamiento fiscal, pues el nivel de déficit que deja la pandemia es insostenible en el largo plazo, pero la situación política parece más permisiva y proclive al gradualismo fiscal

Una vez más, el control sobre la Cámara de Representantes fue crucial para determinar el nivel de gastos sobre la esfera federal. Presidentes republicanos como Richard Nixon o Ronald Reagan tuvieron fuertes dificultades para bajar el gasto público frente a un Congreso opositor. 

Del mismo modo, presidentes demócratas como Bill Clinton o Barack Obama corrieron la misma suerte cuando intentaron aumentar el tamaño del Estado frente a una dura oposición republicana.

Esta es la primera vez desde la crisis del 2008 que los demócratas tienen el control total del Poder Legislativo y Ejecutivo, y en aquél entonces el país experimentó el mayor aumento del gasto público de la historia.

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Casi 40 años de exhaustivo control demócrata sobre el parlamento (entre 1955 y 1994) implicó un aumento del “Estado de Bienestar”, la expansión de los programas sociales, y la negativa frente a las sucesivas propuestas de ajuste fiscal, comúnmente presentadas por los republicanos. 

Las elecciones legislativas de medio término en 2022 serán cruciales para determinar el rumbo fiscal de los Estados Unidos y tratar de frenar todo esto.

Pronto, la principal agenda de los partidos será un debate entre el conservadurismo fiscal de los republicanos y el “liberalismo moderno” (progresista) de los demócratas

El programa propuesto actualmente por Biden supone un aumento de US$ 5,4 billones (trillion, en anglosajón) en nuevas erogaciones federales para los próximos 10 años. De cumplirse exitosamente, ni siquiera el aumento impositivo propuesto sería capaz de compensar los nuevos gastos. 

Si los aumentos impositivos logran cumplir con éxito la meta de recaudación estipulada (algo que despertó cierto escepticismo en la oposición), el Estado norteamericano sumaría un total de US$ 3,4 billones (trillion, en anglosajón) a sus arcas, incrementando así de forma notoria el déficit federal y la necesidad de endeudamiento para financiarlo.


Por Germán Pérez Dalmau, para La Derecha Diario.

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Economía

El director del Banco Nación propuso crear un sistema monetario similar al de Cuba

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El economista ultra-kirchnerista Claudio Lozano, nombrado presidente del Banco Nación por Alberto Fernández, propone crear un sistema monetario similar al que tiene Cuba y limitar severamente la compra de dólares en el país.

En el marco de la amplia derrota del kirchnerismo, Claudio Lozano, economista fanáticamente kirchnerista y actual director del Banco Nación, propuso en diálogo con C5N una polémica reforma monetaria en la cual los argentinos perderían la posibilidad de defender sus ahorros comprando dólares.

Lozano propuso instaurar en el país un sistema monetario socialista, similar al que tiene Cuba, donde los ciudadanos pierden el derecho a adquirir divisas extranjeras cuando dispongan de hacerlo, y el Estado se garantiza la base imponible para recaudar el impuesto inflacionario. En otras palabras, propuso la inconvertibilidad más absoluta del peso argentino en cualquier divisa y bajo cualquier tipo de cambio, bajo cualquier instancia.

Dentro del esquema descripto por el economista, se propuso imponer nuevas regulaciones sobre el mercado cambiario para terminar de desdoblar la compra de divisas de la misma forma que en Cuba: una parte legal exclusivamente para el Estado o un cierto grupo minoritario, y el resto de las personas obligadas a operar con una divisa no convertible y de dudoso valor para realizar sus transacciones cotidianas.

Claudio Lozano, actual director del Banco Nación nombrado por Alberto Fernández en enero de 2020.

El principal objetivo de la reforma propuesta es dotar al Estado de una forma de financiamiento compulsiva aún más estricta de la que existe hoy. De esta manera, el Lozano criticó la tenue corrección fiscal que lleva adelante el ministro Martín Guzmán.

“Desde octubre del año pasado el nivel de ajuste fiscal no era compatible con una sociedad como la que tenemos”, sentenció Claudio Lozano en referencia a la política fiscal de Guzmán.

Lozano aseguró que los subsidios económicos a los servicios públicos “no pueden debatirse” y que se deberá profundizar la política de “transferencias sociales” a partir de un ingreso universal. Este tipo de medidas se tornan prácticamente infinanciables sin un violento incremento de la asistencia monetaria del Banco Central.

Este planteo no es novedoso dentro de las filas del cristinismo fanático, pues la reconocida referente de la izquierda kirchnerista, Fernanda Vallejos, ya anticipó en reiteradas oportunidades que la corrección fiscal de Guzmán es ampliamente incompatible con las preferencias ideológicas de la Vicepresidente.

La debacle electoral del oficialismo impulsó un nuevo cimbronazo interno a nivel ideológico, y cada vez más voces que responden directamente a Cristina Fernández pujan por una nueva radicalización del Gobierno que podría tornarse peligrosa.

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Economía

¿Crisis institucional? El dólar se disparó hasta los $187 y se derrumban las acciones argentinas en Wall Street

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Tras la implosión en el gabinete nacional, y ante las dudas por la continuidad del programa económico, los mercados reaccionaron desfavorablemente y se derramaban los ADRs argentinos en la plaza de Wall Street.

Después de la estrepitosa derrota electoral, el kirchnerismo sigue sin tocar fondo y la implosión del gabinete nacional supone un nuevo cimbronazo. Las dudas sobre la continuidad del programa económico o un cambio en la estrategia con el FMI sembraron pánico en los mercados financieros.

El dólar paralelo llegó hasta los $187, subiendo prácticamente $5 en un solo día. La brecha cambiaria llegó al 78,5% y se vuelve cada vez más incontenible. El alza del dólar también alcanzó a los mercados alternativos, aunque el Banco Central se negó a permitir mayores correcciones sobre el segmento oficial.

Desde el plano financiero, los títulos nacionales en Wall Street registraron pérdidas importantes. La amenaza por una posible radicalización del kirchnerismo sentó las bases para una implosión bursátil de los ADRs.

Edenor registró pérdidas por un 10%, y la misma suerte corrieron las principales entidades bancarias del país, como el Grupo Galicia (-3,3%), Banco Supervielle (-3,6%) y Banco Macro (-4,4%).

La incertidumbre sobre los mercados refleja la falta de determinación del Gobierno de Fernández. Hasta ahora, el ministro Guzmán planteaba una corrección tarifaria para el año próximo, aunque de carácter tenue. Dado el actual caos institucional, estas garantías dejan de ser tan robustas y muchos inversores temen que el Gobierno se incline por medidas abiertamente extremistas.

El Riesgo País también se vio afectado y subió hasta los 1.505 puntos básicos. Tras el endurecimiento de la postura del Fondo Monetario Internacional y la falta de definiciones del Gobierno, la posibilidad de un acuerdo parece algo cada vez más lejano.

Los cambios en el gabinete podrían ser transcendentales para la política económica en materia de tarifas públicas y la gestión de la deuda externa con el FMI, lo cual mantiene en un absoluto estado de alerta a todos los mercados.

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Economía

Fuerte revés para el kirchnerismo en el plano internacional: el FMI designó a un economista ortodoxo para auditar el caso argentino

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El FMI dejará de ser extremadamente permisivo con Argentina y volverá a adoptar una postura convencional para las negociaciones de la deuda. El Fondo resolvió el nombramiento de Ilan Goldfajn como nuevo auditor regional para las negociaciones con el país.

Después de casi 3 años de negociaciones poco convencionales y excesivamente permisivas con Argentina, el Fondo Monetario Internacional endurecerá su posición con el país y decidió designar a Ilan Goldfajn como nuevo auditor regional. La decisión fue anunciada por Kristalina Georgieva, y marca una nueva etapa en las relaciones con Argentina y el tratamiento de la deuda.

Ilan Goldfajn es ampliamente conocido por sus enfoques ortodoxos o convencionales, teniendo además experiencia como funcionario en el Banco Central de Brasil bajo las presidencias de Dilma Rousseff y Jair Bolsonaro.

Los mercados esperan que, bajo su auditoría en el FMI, no se aceptará ningún acuerdo irrealista en términos de metas fiscales, se buscarán establecer estrictas pautas de disciplina fiscal para concretar un exitoso programa de pagos en el futuro.

Cabe recordar que los créditos para la Argentina representan una gran cantidad de la cartera total que dispone el FMI, y dada la pobre reputación del país a lo largo de su historia, esto constituyó un acto sumamente permisivo y hasta riesgoso desde el punto de vista de las autoridades del fondo, por lo que se buscará establecer pautas de mayor ajuste fiscal.

Pero la nueva cara del FMI no se limita a un ajuste de las cuentas públicas, pues se especula con que se pedirá formalmente un plan económico integral, consistente y concreto por parte del Gobierno argentino, que fije metas claras y que garantice la consolidación de las instituciones, como por ejemplo la formal independencia del Banco Central.

Ilan Goldfajn, economista y nuevo Auditor Regional del Fondo Monetario Internacional.

Estos lineamientos parecen absolutamente irreconciliables con las posturas extremistas del Gobierno de Alberto Fernández, que hasta ahora se había negado a producir mayores correcciones fiscales y negociaba un programa para posponer el pago de intereses de deuda.

La corrección en el déficit fiscal fue pronunciada entre diciembre de 2020 y julio de este año, pero una gran cantidad de esa variación se debió exclusivamente al alivio que supuso posponer una gran parte de los intereses de deuda. En la práctica el déficit primario, que se encontraba casi erradicado en diciembre de 2019, cerró el mes de julio en el 2,9% del PBI.

La negativa del oficialismo para corregir las tarifas de los servicios públicos explicó la mayor parte del aumento de las erogaciones por fuera de la pandemia.

Pero pese a la volatilidad, el Gobierno no presentó un plan económico integral al FMI, y tampoco anunció un programa de estabilización consistente. Bajo la directiva de Martín Guzmán, el kirchnerismo se limitó a repetir un típico programa de corte heterodoxo como los que vivió Argentina a lo largo del siglo XX.

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