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Economía

Default: Argentina está muy lejos de un nuevo acuerdo

Los acreedores aseguran que las reiteradas propuestas del gobierno son inútiles para llegar a un acuerdo medianamente razonable. Guzmán insiste en acordar devolver solo 45 centavos por cada dólar prestado, mientras que la propuesta más generosa de los bonistas fue de 55 centavos.

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No contento con ostentar el noveno bochornoso default en la historia de Argentina, el equipo económico se niega a sostener un acuerdo razonable para todas las partes. Argentina sigue en camino de desconocer sus compromisos y obligaciones suscritas en el pasado. De continuar esta situación, el default podría no levantarse en los plazos estipulados. 

Martín Guzmán ofreció nuevamente un canje que implica establecer obligaciones con 45 centavos por dólar del total de la deuda, mientras que ya se sabía que la propuesta de los bonistas era llegar a los 55 centavos por dólar.
El gobierno no termina de entender que los que están entre la espada y la pared no son los bonistas, sino Argentina. 

Si se insiste en sostener propuestas que no reflejan las condiciones mínimas para un acuerdo satisfactorio, los bonos argentinos podrían volver a caer en manos de fondos destinados a pedir adelantos de deuda en tribunales internacionales. De ser este el caso, todo el “esfuerzo” de negociación sería completamente en vano, pues los problemas a futuro serían peores a los actuales, judicializados en el exterior. 

El infame ministro de Economía & Finanzas de Argentina, Martin Guzman, experto en temas de deuda que en 6 meses solo logró un default.

Los acreedores ya dejaron claro que un default argentino no beneficiaría para nada al país, y adelantaron su clara frustración ante la intransigencia y la falta de credibilidad por parte del ministro Guzmán. Los bonistas afirman que no hay ningún avance productivo, pese a que el ministro sostiene que se produjeron diálogos amistosos. 

La oferta de Martín Guzmán no solamente incluyó el canje de los bonos emitidos en el 2016 por el gobierno de Macri, sino también los que entraron en la negociación del 2005, en pleno gobierno kirchnerista.
El gobierno ofreció algunas garantías de pago durante el período de gracia en intereses, así como subir medio punto el cupón inicial. 

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Los acreedores propusieron incluir una cláusula de ajuste en los cupones, que los atara al comportamiento del PBI. Esto se planteó a modo de compensación por la quita previa durante el gobierno de Kirchner en 2005; Guzman está pidiendo realizar una quita sobre un monto que ya sufrió una quita en el pasado. 

A pesar de que Martín Guzmán aseguraba a los bonistas que la economía se recuperaría a partir de su programa económico “consistente y sostenible”, el ministro se negó a pactar un acuerdo que ligase el valor de los cupones con el hipotético crecimiento futuro

La confianza en el “programa económico” deja mucho que desear.

El comportamiento de la cotización de los bonos fue positivo, a partir de una presunta voluntad del gobierno en mantener una negociación constructiva, y brindar más detalles a futuro. 

Sin embargo, las expectativas se inclinan cada vez más hacia una solución típicamente kirchnerista: negarse a aceptar un acuerdo, desconocer compromisos y aislar al país

Los acreedores plantaron que, tal como están hoy en día, las negociaciones no terminan en ningún lado. La incertidumbre en mayor si se tiene en cuenta que el presidente no tiene ningún tipo de objeción en extender indefinidamente el aislamiento y la estrangulación económica.

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Economía

El Gobierno endurece el cepo y buscará ampliar la documentación tributaria requerida para operar

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Las entidades financieras y los agentes bursátiles podrán solicitar previamente declaraciones tributarias a aquellos clientes que busquen entrar al mercado de capitales. En la práctica, se teme que los organismos de control terminen imponiendo por la fuerza lo que originalmente constituye un lineamiento optativo.

En medio de la progresiva sangría de reservas y el agotamiento del cepo cambiario, el Gobierno dispuso más medidas para seguir estrangulando a las operaciones sobre el mercado legal.

La Unidad de Información Financiera (UIF), por medio de la Resolución 6/2022, dispuso que las entidades financieras como bancos o aseguradoras, así como los agentes bursátiles, podrán solicitar a sus clientes declaraciones tributarias específicas para poder acceder al mercado cambiario legal.

En concreto, las documentaciones tributarias solicitadas serán sobre Ganancias y Bienes Personales, ambos impuestos que tienen un enorme peso como proporción de los recursos totales que percibe el sector público.  

Aún si, si bien se plantea como un criterio que deberá adaptarse a las preferencias de cada entidad financiera con sus clientes, los mercados especulan con que las medidas terminen por imponerse de forma forzosa en las operaciones diarias. Los organismos de control tendrán un mayor peso para disuadir a las entidades financieras para que soliciten, en la práctica, estas declaraciones tributarias a sus clientes.

Las medidas suponen añadir un control adicional sobre el acceso al dólar MEP (que se obtiene en la bolsa de valores) y el dólar Contado con liquidación. Esto podría desembocar en un nuevo aumento de la brecha cambiaria, que actualmente se acerca al 100%.

La resolución fue impulsada por el ultra-kirchnerista Juan Carlos Otero, en un intento por seguir limitando el acceso a los dólares por parte de los argentinos, y contener la profundización de la pérdida de reservas internacionales.

Otero alegó que las disposiciones buscan fortalecer las herramientas de control sobre el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo, pero lo cierto es que estos lineamientos ya estaban abordados en la reglamentación anterior de la UIF sancionada en 2017, y el objetivo real de las medidas es sencillamente imponer una nueva traba para la compra de dólares.

El Gobierno justificó, además, que el marco normativo anterior determinado por el macrismo había desarticulado completamente el control sobre todo tipo de operaciones de origen ilegal, pero nuevamente esta fue una declaración exagerada para justificar el endurecimiento burocrático del cepo.

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Economía

Una familia necesitó $76.146 en diciembre para no ser pobre

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Representa un aumento del 40% en relación al año anterior.

El costo de la canasta básica total, que define el umbral de la pobreza en la Argentina, subió 40,5% a lo largo de 2021, casi diez puntos menos que la inflación general promedio, que fue del 50,9%.

El informe dice que la canasta básica alimentaria (CBA) –que marca el nivel de la indigencia- subió 3,9% en diciembre, respecto de noviembre, y 45,3% a lo largo de todo el 2021. Y la canasta básica total (CBT) escaló 3% en diciembre y 40,5% en un año.

Con las subas, la canasta alimentaria para una familia tipo (un varón de 35 años, una mujer de 31 años, un hijo de 6 años y una hija de 8 años) ascendió a 32.963,69 pesos y la canasta básica total ascendió a 76.146,13 pesos.

La Canasta Básica Alimentaria (CBA) se define como el conjunto de alimentos que satisfacen ciertos requerimientos nutricionales, y cuya estructura refleja el patrón de consumo de alimentos de la población de referencia.

Y la Canasta Básica Total (CBT), se obtiene mediante la ampliación de la CBA considerando los bienes y servicios no alimentarios (vestimenta, transporte, educación, salud, etcétera) consumidos por la población de referencia.

Fuentes oficiales aclararon que la diferencia entre los aumentos que registraron la CBA y la CBT respecto del Índice de Precios al Consumidor (IPC) –que marca la inflación general- responde a que no se computan los mismos productos. “Son canastas distintas”, dijeron.

Para el IPC, por ejemplo, el rubro de Alimentos y bebidas no alcohólicas se incrementó un 50,3% a lo largo de 2021 y el de “vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” avanzó solo 28,3%.

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Economía

Frenazo de la economía China: el banco central rebaja la tasa de interés por miedo a una recesión

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La economía china muestra resultados cada vez más insuficientes en el comercio minorista. El tambaleo de la burbuja inmobiliaria se esparce por toda la economía del gigante asiático.

Los resultados económicos de China volvieron a ser decepcionantes para los estándares de crecimiento que normalmente acostumbraba tener el país asiático en los últimos años. La economía china creció solamente un 4% anual en el cuarto trimestre del 2021, el resultado más bajo desde 1990.

Pero los datos mensuales revelan una desaceleración aún mayor. Las ventas minoristas en China, que reflejan una enorme proporción de la economía, dejaron de crecer en noviembre y cayeron un 0,2% en el mes de diciembre.

En comparación con diciembre de 2020, las ventas minoristas de China rebotaron un 12,5% de acuerdo a la serie original del índice, pero se trata de un mero efecto de arrastre estadístico después de haber registrado una brutal caída en 2020.

La industria manufacturera también registró un fuerte enfriamiento en el ritmo del crecimiento mensual, un fenómeno que se acrecentó especialmente entre julio y septiembre del año pasado. La industria china creció un 3,8% anual en diciembre de 2021, cuando en 2019 mantenía tasas superiores al 6% anual.

Ante la evidente desaceleración de la economía, el Banco Central de China decidió recortar las tasas de interés de la política monetaria, con el objetivo de estimular la economía vía liquidez y más endeudamiento.

El temor detrás de las medidas es el surgimiento de una recesión después del desplome en las ventas del mercado inmobiliario y los problemas financieros de Evergrande. El objetivo de la autoridad monetaria china es evitar una mayor expansión de la recesión sobre cada vez más sectores de la economía.

Aún sin recesión, la desaceleración de la economía china supone un gran problema para el actual esquema de política económica bajo el liderazgo del dictador Xi Jinping. En su gestión, la deuda pública de China pasó de representar el 37% del PBI en 2013 hasta llegar al 66,8% en 2020. En el mismo período, el déficit fiscal trepó del 2% del PBI al 4,2% en 2018, y 3,7% del PBI en 2020.

La política fiscal desequilibrada de Xi Jinping se tornaría mucho más explosiva e insostenible si China finalmente pierde el crecimiento económico que mantuvo en los últimos años y sigue enfriando su ritmo de expansión.

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