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Desastre socialista en Brasil: El Gobierno de Lula lleva al déficit fiscal a su valor más alto en 27 meses

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El desequilibrio financiero del Gobierno federal superó los 6 puntos del PBI al término de octubre, y es oficialmente el rojo más importante desde la salida de la pandemia. También se perdió completamente el superávit primario que había logrado la administración de Jair Bolsonaro.

El Gobierno del socialismo brasileño, presidido por Lula da Silva, volvió a desequilibrar las finanzas públicas de Brasil pese al gran esfuerzo que había hecho la administración anterior.

El déficit financiero total del Gobierno federal marcó un rojo equivalente al 6,12% del PBI al cierre del mes de octubre, marcando así el récord más drástico de los últimos 27 meses.

Cuando Lula se hizo cargo del poder en enero de 2023 el rojo financiero no superaba el 4,4% del PBI según las series estadísticas de la autoridad monetaria brasileña, por lo que la gestión socialista disparó el desequilibrio en más de 1,7 puntos del producto bruto, solamente en sus primeros 10 meses de administración.

Por otra parte, uno de los principales logros de la gestión de Jair Bolsonaro había sido la concreción del primer superávit primario obtenido desde 2014, pero el Gobierno de Lula dio marcha atrás con la consolidación fiscal. En 10 meses de Gobierno, el superávit primario se convirtió en un déficit que superó el 1% del PBI en octubre.

En otras palabras, el Gobierno federal de Brasil (sin contabilizar a los Estados locales ni a los más de 5.000 municipios) no pueden tan siquiera financiar sus propios gastos corrientes con ingresos tributarios genuinos, y aún menos el pago por los servicios de deuda pública (que ya superan los 5 puntos del PBI).

Las medidas del oficialismo profundizaron la brecha fiscal a partir del crecimiento irresponsable del gasto público. Se eliminó el techo nominal de gastos implementado por los expresidentes Temer y Bolsonaro, y se decidió financiar los desequilibrios con emisión de nueva deuda.

El stock de deuda pública neta del Gobierno federal se incrementó del 48% al 50,5% del PBI en lo que va de la administración de Lula da Silva, llegando así a los niveles más altos desde noviembre de 2021.

Pese a todo, la tasa de inflación de Brasil sigue apostada en el umbral del 4% anual y en línea con el rango que establece la autoridad monetaria. Esto se debe a la Ley de Autonomía heredada de Bolsonaro, la cual garantiza que el poder político no pueda utilizar al banco central como una agencia de financiamiento para sus propósitos (como ocurría antes de 2021).

De no haber sido por esta ley fundamental, el deterioro actual de las finanzas públicas habría condicionado gravemente el accionar de la política monetaria, y probablemente Roberto Campos Neto no habría sido mantenido en su cargo al frente de la institución.

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Oposición en Brasil prepara un pedido de impeachment contra Lula por sus comentarios contra los judíos

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Más de 60 diputados del Partido Liberal presentaron los documentos para iniciar un juicio político contra Lula, según los mismos procedimientos que se presentaron contra Dilma Rousseff en 2016.

Una mayoría de la oposición brasileña pedirá un "impeachment" (juicio político) contra el presidente socialista Lula da Silva, por sus recientes críticas al pueblo judío, que Israel respondió declarándolo "persona non grata", por lo que no podrá entrar al país.

"Más de 60 diputados presentaremos una petición de "impeachment" contra Lula por esa declaración abominable", afirmó la diputada bolsonarista Carla Zambelli en sus redes sociales​​​, por comparar a los judíos con los nazis.

Según la parlamentaria de derecha, el impeachment toma como base legal para apartar a Lula del Gobierno bajo el supuesto del crimen de responsabilidad cometer un acto de hostilidad contra una nación extranjera.

El pedido se fundamenta en el artículo 5 de la Ley de los Crímenes de Responsabilidad, que establece que haber cometido “acto de hostilidad contra una nación extranjera, expuesto a la República a peligro de guerra o comprometido la neutralidad”.

El domingo, Lula definió como "genocidio" y matanza" la campaña militar de Israel contra Hamas en Gaza, y después afirmó que no ha habido ningún otro momento similar en la historia, a excepción de "cuando Hitler decidió matar a los judíos".

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó rápidamente que el presidente brasileño había cruzado una línea roja y poco después su Gobierno declaró al mandatario "persona non grata" hasta que pida disculpas por sus dichos.

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Lula comparó a Israel con la Alemania Nazi y el gobierno de Netanyahu sacó a su embajador de Brasil y lo declaró "persona non grata"

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Durante la Cumbre Ordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Africana el mandatario de Brasil comparó a los judiós con los nazis, en un ataque de locura antisemita.

Durante la celebración de la 37ª Cumbre Ordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Africana (UA), en Adís Abeba, capital de Etiopía, el presidente de Brasil, Lula da Silva, criticó a Israel por su invasión de la Franja de Gaza luego del ataque genocida del pasado 7 de octubre de 2023.

El Gobierno israelí ingresó al territorio que controlaba el grupo terrorista palestino Hamás, que asesinó a casi 1.500 personas y secuestró a otras 250. Ignorando este contexto, Lula comparó el ataque con el Holocausto nazi.

“Lo que está ocurriendo en la Franja de Gaza no es una guerra, es un genocidio”, declaró este domingo a la prensa, y dijo que algo similar a “una guerra entre un ejército muy preparado y mujeres y niños” no había ocurrido antes en la historia, salvo “cuando Hitler decidió matar a los judíos”.

Los comentarios del presidente brasileño son vergonzosos y severos”, aseguró este lunes el Canciller israelí, Yisrael Katz, quien recalcó que “nadie dañará el derecho de Israel a defenderse”. Además, el ministro israelí de Defensa, Yoav Gallant, también criticó a Lula: “a una organización terrorista genocida, Hamas, y al hacerlo, avergonzar a su pueblo”.

Por su parte, en un comunicado, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, calificó las palabras de Lula de “vergonzosas y graves” y argumentó que buscan “trivializar el Holocausto” y “el derecho de Israel a defenderse”.

“Comparar a Israel con el Holocausto nazi y con Hitler es cruzar una línea roja. Israel lucha por su defensa y por asegurar su futuro hasta la victoria total y lo hace respetando el derecho internacional”, dijo Netanyahu en un comunicado divulgado por su oficina.

De esta manera, el Gobierno con sede en Jerusalén quitó al Embajador israelí de Brasilia, y declaró a Lula como "persona non grata", por lo que no puede ingresar a Israel sin autorización previa. De esta manera, a pesar de que Brasil y el Estado judío habían afianzado sus relaciones durante el gobierno de Jair Bolsonaro, las relaciones diplomáticas entre ambos Estados, con tan solo 1 año de mandato socialista, ha colapsado totalmente.

Las dos mayores entidades israelíes en Brasil se sumaron este domingo a la condena de Benjamin Netanyahu: “El Gobierno brasileño está adoptando una postura extrema y desequilibrada en relación al trágico conflicto en Medio Oriente, y abandonando la tradición de equilibrio y búsqueda de diálogo de la política exterior brasileña”, afirmó en una nota la Confederación Israelita de Brasil (CONIB).

La Federación Israelita del Estado de São Paulo, que congrega a la mayor parte de la comunidad judía en Brasil, también protestó a través de una nota. “Comparar la legítima defensa del Estado de Israel contra un grupo terrorista que no mide esfuerzos para asesinar israelitas y judíos con la industria de muerte de Hitler es de una maldad infinita”, señaló.

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Lula quebró a Brasil: En un año, se consumió todo el superávit de Bolsonaro y ahora registra un déficit del 7,5% del PBI

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El Gobierno socialista provocó un cimbronazo fiscal que solo puede ser comparable a la debacle sanitaria del año 2020. El Presidente Lula ejecutó un programa fiscal irresponsable que puso en números rojos a las arcas públicas, y en sólo unos pocos meses se desechó la herencia de Bolsonaro.

La situación económica de Brasil es cada vez más preocupante. El Gobierno socialista de Lula da Silva desequilibró las arcas del Estado federal en su primer año de gestión, y la principal vía de financiamiento es el endeudamiento con el exterior y con el mercado de capitales local.

El déficit financiero del Gobierno brasileño alcanzó el 7,49% del PBI al cierre de diciembre del año pasado, sin contabilizar a los Estados locales y a las municipalidades. Cuando Lula llegó al poder en enero, este mismo déficit oscilaba el 4,32% del PBI, y su composición se explicaba estrictamente por el pago de intereses de deuda.

La situación cambió drásticamente en pocos meses. La herencia fiscal de Jair Bolsonaro quedó casi totalmente obliterada: mientras que en enero de 2023 Brasil registraba un superávit primario de casi el 0,6% del PBI, para el mes de diciembre se alcanzó un déficit del 2,43%. En otras palabras, el Gobierno federal no es capaz de tan siquiera poder financiar sus propios gastos corrientes con recursos genuinos.

Pese a haberse presentado como “conciliador y moderado” en su campaña electoral del año pasado, lo cierto es que Lula está ejerciendo una política fiscal mucho más agresiva e irresponsable en comparación a la que alguna vez aplicó en sus primeros mandatos.

Muy a diferencia de aquellas épocas, ahora el Presidente de Brasil se muestra completamente ajeno al respeto por la disciplina fiscal, ejecutando el déficit más imponente desde el estallido de la pandemia en el año 2020.

Los ingresos fiscales se mantuvieron estables en relación al producto bruto, pero las erogaciones federales se dispararon del 22,8% del PBI a 24,7% entre enero y diciembre de 2023. Este repunte irresponsable de la política fiscal fue el factor que desencadenó el desorden de las finanzas públicas.

El socialismo brasileño propone cerrar al menos una parte de los déficits incurridos en 2023 mediante una amplia reforma impositiva, que entre otras disposiciones contempla aplicar la tasa del Impuesto al Valor Agregado (IVA) más alta del planeta. Brasil comenzaría a aplicar un gravámen de entre el 25% y el 27%, a partir de la unificación de una serie de impuestos internos.

También se elevarían los impuestos sobre el patrimonio para personas físicas y empresas (fuertemente distorsivos para la economía), y se convalidarían todos los aumentos impositivos del 2023. El Gobierno gravó las apuestas, las ganancias de capital y los combustibles, además de aplicar retenciones transitorias sobre las exportaciones petroleras.

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