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Economía

El Banco Central triplicó sus niveles de deuda desde diciembre de 2019 y llegó a $3,2 billones

La política de absorción de pesos tiene un costo creciente para el Banco Central, y este llegó a triplicar su nivel de deuda bajo la dirección del radical alfonsinista Miguel Pesce.

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La emisión monetaria récord del 2020 generó una presión creciente sobre los precios que solamente pudo ser contenida por la baja velocidad de circulación del dinero en la cuarentena y por la enorme absorción de pesos del Banco Central. 

El Banco Central siguió una política de esterilización y endeudamiento para retirar parte del sobrante de pesos de los mercados, y llegó a triplicar su nivel de deuda desde diciembre de 2019

De esta forma, la deuda que acumula la entidad bancaria central llegó hasta los $3,2 billones.
Este rumbo se tomó bajo la dirección del radical alfonsinista Miguel Ángel Pesce, que fue designado por Alberto Fernández en el día de su asunción. 

El endeudamiento se llevó a cabo en base a los pasivos remunerados del BCRA, entre los más conocidos se encuentran la posición de Leliq.
Junto con el endeudamiento se añade una carga creciente en materia de intereses que, a su vez, también son financiados con más emisión monetaria. 

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Existe un peligro atado al nivel de confianza en los mercados: de no producirse una renovación de los pasivos remunerados en tiempo y forma, la autoridad monetaria debería hacer frente al equivalente a una nueva base monetaria. 

De producirse una corrida contra los Pases y las Leliq, se debería recurrir a otras formas de esterilización de forma desesperada (como sucedió con el desarme de las Lebac) o de no ser posible, el BCRA debería duplicar la base monetaria en cuestión de días, con un efecto inflacionario violento. 

El Banco Central jugó un rol crucial a la hora de financiar los fuertes desequilibrios del sector público a lo largo del año pasado. Tomando solamente al Sector Público Nacional (sin provincias ni municipios), el déficit primario del 2020 llegó al 6,5% del PBI, mientras que el rojo financiero alcanzó el 8,5% del producto. 

Alberto Fernández negó cualquier tipo de política de endeudamiento, pero lo cierto es que le deuda del Banco Central, si bien no figura en los registros del Estado como un pasivo suyo, sí constituye un fuerte endeudamiento para el país. Esto se conoce como déficit cuasti-fiscal”, que se suma a la delicada situación de otras esferas del sector público. 

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Además, el Presidente había prometido desarmar el stock de Leliq que se acumuló bajo el gobierno de Mauricio Macri, y darle aumentos a los jubilados con ese dinero. 

Por el contrario, la realidad fue exactamente opuesta: se produjo una licuación del promedio de los haberes jubilatorios desde diciembre de 2019, y el stock de Leliq y Pases creció en más de $2 billones en 15 meses

El pago de intereses necesario para mantener “atrapados” a los pesos dentro de los instrumentos del BCRA ascendió hasta los $980.118 millones en lo que va de la administración de Fernández. 

La situación crítica en el BCRA se condice con un escenario de inflación creciente. La inflación interanual rompió el techo del 40% en el mes de febrero y amenaza con seguir subiendo en marzo y abril. La meta del 29% para diciembre de 2021 cada vez se ve más acorralada por la realidad.  

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Economía

La insistencia de Guzman con el FMI: el pago de la deuda podría dejar al Central sin reservas líquidas

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Dentro de los siguientes nueve días vencen alrededor de 1.100 millones de dólares y el Central se podría quedar casi sin reservas líquidas. Aumentan los rumores de un default con el Fondo.

Para el viernes próximo Argentina tendrá que pagar 719 millones de dólares al FMI y tres días después serán otros 369 millones de dólares. Este será el último pago que Argentina pueda hacerle al Fondo con las reservas que se encuentran en el Banco Central para poder continuar con la negociación sin entrar en atrasos. El ministro Guzmán insiste ante la prensa internacional en que necesita más tiempo para llegar a un acuerdo.

Además aumentan las especulaciones que el Gobierno podría no pagar para no perder los últimos 1100 millones de dólares que le quedan de reservas líquidas. Al fin y al cabo, esa suma es algo más del doble que las reservas que el Banco Central perdió en la primera mitad de enero y en febrero se deben pagar 195 millones de dólares de intereses al Club de París.

Dentro del oficialismo hay quienes creen que debería necesario mostrarse duros y dejar de pagar para enviar una señal de intransigencia frente a la exigencia de un ajuste recesivo, mientras que en el entorno del ministro niegan que patear el tablero a altura de las negociaciones esté en los planes de Guzmán.

Por otro lado, en Economía insisten en que, si bien hay tensión, se debe mantener la cordialidad con los técnicos del staff del FMI. Y enfatizan que los avances son lentos, pero los hay y habrá que continuar con la negociación.

La diferencia entre pagar y no pagar no es solamente contable en materia de reservas internacionales, sino de tiempos. Dejar de pagar casi 1.100 millones de dólares implica adelantar dos meses el ingreso formal en atrasos con el Fondo, que se concretaría entonces a finales de julio y no a finales de septiembre. Al fin y al cabo el siguiente vencimiento no es sino hasta el 21 de marzo. Con eso conseguiría comprar algo más de un mes de reservas, aunque la aceleración de la demanda de divisas puede volverlo incluso un período más corto.

No necesariamente entrar en impagos implica el fin de las negociaciones, de hecho en general los países que entraron en atrasos continuaron negociando y solo fueron un puñado los que llegaron a los seis meses, a la fecha límite de los “protracted arrears”, es decir de los atrasos que el Fondo Monetario no puede volver a financiar.

Con depósitos bancarios del sector privado de casi 8 billones de pesos con tasas de interés para los plazos fijos de 3,25% mensual sensiblemente menores a la inflación esperada para comienzos de año, un desarme de depósitos puede rápidamente presionar sobre la brecha cambiaria y volverse contra las reservas incluso sin que el Banco Central destine divisas a los mercados bursátiles.


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Economía

Nuevo disparo del dólar blue: alcanzó un nuevo récord histórico a $219

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La brecha cambiaria con el dólar oficial se amplia cada vez más.

El dólar blue vuelve a sorprender con un nuevo récord histórico este viernes alcanzando los $214 para la compra y a $219 para la venta.

De todos los aumentos, este ha sido el mayor que la divisa dio en un día desde el 10 de noviembre cuando la cotización aumentó $5,50 en 24 horas.

Durante esta semana la divisa comenzó en $209 y la termina con $10 más, dejando una brecha con el dólar mayorista de 109,90%. Por otro lado, en la mayor parte del país, el blue alcanza hasta los $221.

Dólar blue hoy: a cuánto cotiza este domingo 5 de diciembre

Qué sucederá con el riesgo país

Con esta situación que se vive actualmente con el dólar en el último día hábil de la semana, el riesgo país alcanzó los 1914 puntos y señala un máximo desde la reestructuración de deuda que realizó el Gobierno en 2020.

Por otra parte, antes de las 16 horas, los bonos argentinos en dólares perdían entre 0,3% (AL30D) y 4,6%.

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Economía

El Gobierno endurece el cepo y buscará ampliar la documentación tributaria requerida para operar

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Las entidades financieras y los agentes bursátiles podrán solicitar previamente declaraciones tributarias a aquellos clientes que busquen entrar al mercado de capitales. En la práctica, se teme que los organismos de control terminen imponiendo por la fuerza lo que originalmente constituye un lineamiento optativo.

En medio de la progresiva sangría de reservas y el agotamiento del cepo cambiario, el Gobierno dispuso más medidas para seguir estrangulando a las operaciones sobre el mercado legal.

La Unidad de Información Financiera (UIF), por medio de la Resolución 6/2022, dispuso que las entidades financieras como bancos o aseguradoras, así como los agentes bursátiles, podrán solicitar a sus clientes declaraciones tributarias específicas para poder acceder al mercado cambiario legal.

En concreto, las documentaciones tributarias solicitadas serán sobre Ganancias y Bienes Personales, ambos impuestos que tienen un enorme peso como proporción de los recursos totales que percibe el sector público.  

Aún si, si bien se plantea como un criterio que deberá adaptarse a las preferencias de cada entidad financiera con sus clientes, los mercados especulan con que las medidas terminen por imponerse de forma forzosa en las operaciones diarias. Los organismos de control tendrán un mayor peso para disuadir a las entidades financieras para que soliciten, en la práctica, estas declaraciones tributarias a sus clientes.

Las medidas suponen añadir un control adicional sobre el acceso al dólar MEP (que se obtiene en la bolsa de valores) y el dólar Contado con liquidación. Esto podría desembocar en un nuevo aumento de la brecha cambiaria, que actualmente se acerca al 100%.

La resolución fue impulsada por el ultra-kirchnerista Juan Carlos Otero, en un intento por seguir limitando el acceso a los dólares por parte de los argentinos, y contener la profundización de la pérdida de reservas internacionales.

Otero alegó que las disposiciones buscan fortalecer las herramientas de control sobre el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo, pero lo cierto es que estos lineamientos ya estaban abordados en la reglamentación anterior de la UIF sancionada en 2017, y el objetivo real de las medidas es sencillamente imponer una nueva traba para la compra de dólares.

El Gobierno justificó, además, que el marco normativo anterior determinado por el macrismo había desarticulado completamente el control sobre todo tipo de operaciones de origen ilegal, pero nuevamente esta fue una declaración exagerada para justificar el endurecimiento burocrático del cepo.

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