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Economía

El fracaso de la política gradualista de Martínez de Hoz, el ideólogo económico de la última dictadura

El programa económico de la última dictadura militar estuvo marcado por la impronta gradualista y la dificultad para avanzar en reformas estructurales. Las medidas de aquel entonces recuerdan mucho a los lineamientos económicos que se tomaron en los últimos años.

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La gestión económica de José Alfredo Martínez de Hoz es probablemente la más recordada bajo la órbita del proceso militar que comenzaba un día como hoy en 1976. Los lineamientos de su programa económico guardan un parentesco notable con muchas de las medidas que se tomaron en los últimos años, tanto bajo la gestión de Macri como la actual. 

El plan económico de Martínez de Hoz fue realmente el único programa concreto que tuvo la dictadura, ya que a partir de 1981 el caos económico y social, junto a la agonía inflacionaria desmantelaron cualquier capacidad de pensar un modelo.

Martínez de Hoz definió a su propio programa con “12 lineamientos fundamentales” que, sin embargo, finalmente no podrían cumplirse. 

La transición gradual de una economía dirigista hacia una economía de mercado no pudo concretarse, y las pocas reformas introducidas fueron desechadas a partir de 1981. 

Martínez de Hoz como ministro de la dictadura, explicando su programa económico.


El programa suponía una impronta decididamente gradualista en el terreno fiscal, un camino que Argentina decidió volver a recorrer durante el 2016-2019. La dictadura militar se negó a realizar cambios en la estructura del gasto público, y este se mantuvo fluctuante en niveles similares a los que había en 1975

El déficit fiscal se redujo entre 1976 y 1977, a raíz del aumento y generalización de impuestos indirectos (principalmente el IVA), la creación de Ingresos Brutos para actividades locales y la baja de la inflación (que aumentó la recaudación en términos reales).

El déficit remanente fue financiado con endeudamiento externo, aprovechando el clima liquidez internacional generada a raíz de los “petrodólares”. También se recurrió al crédito interno y esta medida elevó la tasa de interés local, provocando un efecto recesivo. Toda una situación que recuerda a muchos a los últimos años.

El ministro de Economía explicando la impronta gradualista de su programa. 

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El Gobierno había decidido avanzar con “micro-privatizaciones” (pequeñas empresas en manos del Estado como hoteles y talleres mecánicos o ferroviarios), pero el déficit de las grandes empresas públicas se hizo insostenible

El déficit primario había pasado del 11% del PBI en 1976 a 2,8% en 1978, pero a partir de 1979 se interrumpió la corrección fiscal y se llegó a casi 4% del PBI en 1980. El colapso del programa en 1981 y la factura creciente de intereses llevaron a un nuevo default de la deuda en agosto de 1982

El Ministro de Economía y el entonces presidente del Banco Central, Adolfo Diz, decidieron avanzar rápidamente con la liberalización del tipo de cambio al poco tiempo de asumir en 1976, pero lo hicieron sin cumplir con la promesa de abrir el resto del mercado, lo que llevó a que se deba volver al control de cambios, algo similar a lo que ocurrió a fines de 2019.

A su vez, establecieron una reforma financiera en 1977 para liberalizar las tasas de interés y desnacionalizar los depósitos bancarios. Sin embargo, la garantía estatal a los depósitos por el pago de tasas de interés alentó el comportamiento irresponsable de entidades financieras insolventes, siendo esta la génesis de una crisis financiera entre 1980 y 1981

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Durante la gestión de Martínez de Hoz se estableció una reforma arancelaria que redujo los derechos de importación, que se mantenían en una tarifa del casi 100% en promedio para 1975, con el fin de generar competitividad y reducir la brecha entre los términos de intercambio internos y externos. 

Por el lado de las exportaciones, se decidieron suprimir los monopolios legales y se apostó por la rebaja en los derechos aplicados. Esta medida generó una importante afluencia de dólares al país y un despegue en la producción de soja. 

Si bien se decidió eliminar el impuesto sobre los dividendos, la falta de reformas tributarias y la apreciación del tipo de cambio a raíz del endeudamiento generaron un delicado clima para la competitividad, y las empresas enfrentaron dificultades para adaptarse a la apertura comercial. Muchas se terminaron yendo, sumado a la inestabilidad social producto de la guerrilla.

La economía había logrado repuntar entre 1976 y 1977, pero volvió a caer en 1978 tras un alza en las tasas de interés reales y un escenario típico de estanflación. A partir de diciembre de ese año, Martínez de Hoz implementó la famosa “tablita cambiaria” como un nuevo plan de estabilización.   

La tablita era un cronograma de devaluaciones anticipadas con variaciones progresivamente menores, que resultaron inferiores a la inflación. En la práctica, suponía un “ancla nominal” y un tipo de cambio relativamente estable para los términos de una economía tan volátil como la de aquel entonces

Algo parecido trató de hacer el gobierno de Macri con las “metas de inflación“, pero estas fracasaron incluso más que las del gobierno del Proceso.

Evolución de la actividad económica durante la última dictadura militar. Elaboración propia.

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La inflación, que había llegado al 770% en mayo de 1976, bajó hasta el 81% en marzo de 1981. Si bien el alza de precios experimentó una fuerte desaceleración, la economía argentina no logró estabilizarse en ningún momento de la administración de Videla. 

Hacia 1980, la quiebra del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) supuso la primera señal para una oleada generalizada de liquidaciones por parte del BCRA. El comportamiento irresponsable con garantía estatal llevó a uncrack bancario” que abortó el proceso de crecimiento. 

Comportamiento de la inflación bajo la última dictadura militar. 


El Banco Central se vio obligado a sacrificar reservas para hacer frente a la garantía de préstamos morosos con tasas libres, y posteriormente se recurrió a la emisión monetaria, desestabilizando por completo la economía argentina. 

La crisis bancaria se convirtió en una gran crisis financiera e inflacionaria hacia 1981, marcando el inicio de una dura recesión económica y el fin del programa de Martínez de Hoz. Con la inestabilidad, se dio marcha atrás con las tenues reformas implementadas entre 1976 y 1980. 

A partir de 1981, se volvió al control de cambios, el Banco Central volvió a perder su independencia, se revirtió la libertad en las tasas de interés, se detuvo el proceso de apertura comercial, se abandonó la impronta reformista y se perdió el acceso al mercado de capitales internacionales. 

Los lineamientos en los acontecimientos económicos entre 1976 y 1981 recuerdan mucho a las decisiones que se tomaron en los últimos años bajo las administraciones de Mauricio Macri y Alberto Fernández. Se produjo un tímido clima de reformas gradualistas que no lograron evitar la crisis económica, y posteriormente se avanzó en el desmantelamiento de los cambios producidos. 


Por Germán Pérez Dalmau, para La Derecha Diario.

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Economía

El director del Banco Nación propuso crear un sistema monetario similar al de Cuba

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El economista ultra-kirchnerista Claudio Lozano, nombrado presidente del Banco Nación por Alberto Fernández, propone crear un sistema monetario similar al que tiene Cuba y limitar severamente la compra de dólares en el país.

En el marco de la amplia derrota del kirchnerismo, Claudio Lozano, economista fanáticamente kirchnerista y actual director del Banco Nación, propuso en diálogo con C5N una polémica reforma monetaria en la cual los argentinos perderían la posibilidad de defender sus ahorros comprando dólares.

Lozano propuso instaurar en el país un sistema monetario socialista, similar al que tiene Cuba, donde los ciudadanos pierden el derecho a adquirir divisas extranjeras cuando dispongan de hacerlo, y el Estado se garantiza la base imponible para recaudar el impuesto inflacionario. En otras palabras, propuso la inconvertibilidad más absoluta del peso argentino en cualquier divisa y bajo cualquier tipo de cambio, bajo cualquier instancia.

Dentro del esquema descripto por el economista, se propuso imponer nuevas regulaciones sobre el mercado cambiario para terminar de desdoblar la compra de divisas de la misma forma que en Cuba: una parte legal exclusivamente para el Estado o un cierto grupo minoritario, y el resto de las personas obligadas a operar con una divisa no convertible y de dudoso valor para realizar sus transacciones cotidianas.

Claudio Lozano, actual director del Banco Nación nombrado por Alberto Fernández en enero de 2020.

El principal objetivo de la reforma propuesta es dotar al Estado de una forma de financiamiento compulsiva aún más estricta de la que existe hoy. De esta manera, el Lozano criticó la tenue corrección fiscal que lleva adelante el ministro Martín Guzmán.

“Desde octubre del año pasado el nivel de ajuste fiscal no era compatible con una sociedad como la que tenemos”, sentenció Claudio Lozano en referencia a la política fiscal de Guzmán.

Lozano aseguró que los subsidios económicos a los servicios públicos “no pueden debatirse” y que se deberá profundizar la política de “transferencias sociales” a partir de un ingreso universal. Este tipo de medidas se tornan prácticamente infinanciables sin un violento incremento de la asistencia monetaria del Banco Central.

Este planteo no es novedoso dentro de las filas del cristinismo fanático, pues la reconocida referente de la izquierda kirchnerista, Fernanda Vallejos, ya anticipó en reiteradas oportunidades que la corrección fiscal de Guzmán es ampliamente incompatible con las preferencias ideológicas de la Vicepresidente.

La debacle electoral del oficialismo impulsó un nuevo cimbronazo interno a nivel ideológico, y cada vez más voces que responden directamente a Cristina Fernández pujan por una nueva radicalización del Gobierno que podría tornarse peligrosa.

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Economía

¿Crisis institucional? El dólar se disparó hasta los $187 y se derrumban las acciones argentinas en Wall Street

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Tras la implosión en el gabinete nacional, y ante las dudas por la continuidad del programa económico, los mercados reaccionaron desfavorablemente y se derramaban los ADRs argentinos en la plaza de Wall Street.

Después de la estrepitosa derrota electoral, el kirchnerismo sigue sin tocar fondo y la implosión del gabinete nacional supone un nuevo cimbronazo. Las dudas sobre la continuidad del programa económico o un cambio en la estrategia con el FMI sembraron pánico en los mercados financieros.

El dólar paralelo llegó hasta los $187, subiendo prácticamente $5 en un solo día. La brecha cambiaria llegó al 78,5% y se vuelve cada vez más incontenible. El alza del dólar también alcanzó a los mercados alternativos, aunque el Banco Central se negó a permitir mayores correcciones sobre el segmento oficial.

Desde el plano financiero, los títulos nacionales en Wall Street registraron pérdidas importantes. La amenaza por una posible radicalización del kirchnerismo sentó las bases para una implosión bursátil de los ADRs.

Edenor registró pérdidas por un 10%, y la misma suerte corrieron las principales entidades bancarias del país, como el Grupo Galicia (-3,3%), Banco Supervielle (-3,6%) y Banco Macro (-4,4%).

La incertidumbre sobre los mercados refleja la falta de determinación del Gobierno de Fernández. Hasta ahora, el ministro Guzmán planteaba una corrección tarifaria para el año próximo, aunque de carácter tenue. Dado el actual caos institucional, estas garantías dejan de ser tan robustas y muchos inversores temen que el Gobierno se incline por medidas abiertamente extremistas.

El Riesgo País también se vio afectado y subió hasta los 1.505 puntos básicos. Tras el endurecimiento de la postura del Fondo Monetario Internacional y la falta de definiciones del Gobierno, la posibilidad de un acuerdo parece algo cada vez más lejano.

Los cambios en el gabinete podrían ser transcendentales para la política económica en materia de tarifas públicas y la gestión de la deuda externa con el FMI, lo cual mantiene en un absoluto estado de alerta a todos los mercados.

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Economía

Fuerte revés para el kirchnerismo en el plano internacional: el FMI designó a un economista ortodoxo para auditar el caso argentino

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El FMI dejará de ser extremadamente permisivo con Argentina y volverá a adoptar una postura convencional para las negociaciones de la deuda. El Fondo resolvió el nombramiento de Ilan Goldfajn como nuevo auditor regional para las negociaciones con el país.

Después de casi 3 años de negociaciones poco convencionales y excesivamente permisivas con Argentina, el Fondo Monetario Internacional endurecerá su posición con el país y decidió designar a Ilan Goldfajn como nuevo auditor regional. La decisión fue anunciada por Kristalina Georgieva, y marca una nueva etapa en las relaciones con Argentina y el tratamiento de la deuda.

Ilan Goldfajn es ampliamente conocido por sus enfoques ortodoxos o convencionales, teniendo además experiencia como funcionario en el Banco Central de Brasil bajo las presidencias de Dilma Rousseff y Jair Bolsonaro.

Los mercados esperan que, bajo su auditoría en el FMI, no se aceptará ningún acuerdo irrealista en términos de metas fiscales, se buscarán establecer estrictas pautas de disciplina fiscal para concretar un exitoso programa de pagos en el futuro.

Cabe recordar que los créditos para la Argentina representan una gran cantidad de la cartera total que dispone el FMI, y dada la pobre reputación del país a lo largo de su historia, esto constituyó un acto sumamente permisivo y hasta riesgoso desde el punto de vista de las autoridades del fondo, por lo que se buscará establecer pautas de mayor ajuste fiscal.

Pero la nueva cara del FMI no se limita a un ajuste de las cuentas públicas, pues se especula con que se pedirá formalmente un plan económico integral, consistente y concreto por parte del Gobierno argentino, que fije metas claras y que garantice la consolidación de las instituciones, como por ejemplo la formal independencia del Banco Central.

Ilan Goldfajn, economista y nuevo Auditor Regional del Fondo Monetario Internacional.

Estos lineamientos parecen absolutamente irreconciliables con las posturas extremistas del Gobierno de Alberto Fernández, que hasta ahora se había negado a producir mayores correcciones fiscales y negociaba un programa para posponer el pago de intereses de deuda.

La corrección en el déficit fiscal fue pronunciada entre diciembre de 2020 y julio de este año, pero una gran cantidad de esa variación se debió exclusivamente al alivio que supuso posponer una gran parte de los intereses de deuda. En la práctica el déficit primario, que se encontraba casi erradicado en diciembre de 2019, cerró el mes de julio en el 2,9% del PBI.

La negativa del oficialismo para corregir las tarifas de los servicios públicos explicó la mayor parte del aumento de las erogaciones por fuera de la pandemia.

Pero pese a la volatilidad, el Gobierno no presentó un plan económico integral al FMI, y tampoco anunció un programa de estabilización consistente. Bajo la directiva de Martín Guzmán, el kirchnerismo se limitó a repetir un típico programa de corte heterodoxo como los que vivió Argentina a lo largo del siglo XX.

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