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Economía

El kirchnerismo celebra que enero tuvo el déficit más bajo desde 2016, pero se olvida que el sector público acumuló un rojo financiero de 7,3% del PBI en los últimos 12 meses

Los datos fiscales para el primer mes del año parecen reflejar cierto optimismo, pero el Sector Público Nacional continúa arrastrando un resultado financiero dramáticamente deficitario y la economía sigue estancada.

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El Ministerio de Economía difundió los datos fiscales correspondientes al pasado mes de enero, reflejando un resultado financiero deficitario de $3.030 millones, siendo la cifra más baja desde principios del 2016. 

El oficialismo tomó el dato como un logro y una muestra de responsabilidad fiscal, pero lo cierto es que el Estado argentino está muy lejos de concretar un nivel de solvencia deseable para afrontar sus obligaciones. 

Si bien el resultado deficitario de enero cerró en tan solo un 0,01%, el Sector Público Nacional tiene un déficit acumulado de 12 meses (entre febrero de 2020 y enero de 2021) que alcanza el 7,3% del PBI

Las correcciones en diciembre del año pasado y enero de este año permitieron mejorar las expectativas, pues el déficit acumulado bajó del 8,5% del PBI en el tercer trimestre del 2020 al 7,3% actual

Evolución del déficit financiero del Sector Público Nacional desde 2014.

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El resultado primario de enero arrojó un saldo positivo de $24.074 millones. Esto se debe, principalmente, a la recaudación por retenciones a las exportaciones y el ajuste sobre el sistema previsional y otros gastos de índole social. 

Los aumentos impositivos del 2020 llevaron a un incremento en el ritmo de recaudación, a pesar de la crisis económica. El Ministerio de Economía estima que la recaudación aumentó un 53,3% en comparación a enero de 2020, con lo cual aumentó en términos reales (pues la inflación cerró en 38,5% interanual). 

Si se separan los ingresos exclusivamente explicados por impuestos, la recaudación tributaria aumentó un 79,7% interanual, muy por encima de la variación del IPC. Las retenciones explican la mayor parte del incremento, haciendo notable y excesiva el peso del Estado sobre el campo argentino. 

El rojo financiero se mantuvo en niveles moderados, pues el acuerdo de Guzmán con los acreedores de deuda trasladó la mayor parte de la carga de intereses al próximo gobierno

De esta forma, el Gobierno gozaría de un cierto alivio fiscal hasta el fin del mandato de Alberto Fernández, aunque la tendencia sobre el gasto primario no es tan clara para los agentes en la economía, pues el oficialismo aun no dispone de confianza. 

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Tal y como aseguró Martín Guzmán, el Gobierno buscaría “impulsar” la economía a través del Estado y la obra pública, en detrimento del sector privado productivo. El ministro de Economía no buscaría establecer reglas de juego, sino directamente dirigir el aparato económico. 

El gasto en obra pública aumentó un 193,2% entre enero de 2020 y enero de 2021, un incremento notable en términos reales. El kirchnerismo continua en la búsqueda de un “efecto multiplicador” que sigue sin aparecer. 

Los datos preliminares sobre el comportamiento en el nivel de actividad económica no son alentadores. El Índice Coincidente de Actividad Económica (ICAE), elaborado por el economista especialista en econometría, Martín González Rozada, estima una contracción del 0,8% mensual en enero, y un pobre aumento del 0,2% en febrero

El ICAE está construido en base a quince variables que también elabora el mismo INDEC, de carácter mensual, y por lo tanto constituye una suerte de adelanto a lo que podría ser el futuro desempeño el Estimador Mensual de la Actividad Económico (EMAE), que mide el organismo público. 

El oficialismo deberá continuar con la corrección fiscal para bajar el enrome déficit acumulado mientras que el 2021 constituye un año electoral, y los estímulos sobre la obra pública siguen sin dar resultados visibles en materia de actividad y empleo.  

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Argentina

No se aguanta más: Los salarios reales cayeron un 2% desde que Alberto Fernández asumió la presidencia

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Los salarios perdieron sistemáticamente contra el aumento de los precios a lo largo de la gestión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. El INDEC registró una caída real del 2% desde diciembre de 2019.

El aumento promedio de los salarios sube por las escaleras mientras que los precios suben por el ascensor. El INDEC confirmó que el índice salarial promedio aumentó un 4,8% en el mes de junio, pero los precios minoristas tuvieron un incremento del 5,3%.

Los salarios del sector privado formal aumentaron un 5,1% en junio, en el sector público el aumento alcanzó el 4,6%, y por lo tanto las remuneraciones para la totalidad del sector formal de la economía promediaron un aumento del 4,9%. Por otra parte, las remuneraciones en la economía informal subieron un 4,6%, y de esta manera ningún sector logró superar la inflación.

El promedio salarial tuvo un aumento interanual del 67,7% en comparación a junio de 2021, mientras que entre enero y julio de este año se acumuló un aumento del 34,3%. Para el sector privado registrado el aumento acumulado en lo que va del año fue del 36%, en el sector público llegó al 35,2%, y en la economía informal alcanzó solamente el 27,9%.

La inflación acumulada en lo que va del 2022 fue del 46,2%, y logró superar con facilidad a cada uno de los segmentos salariales del mercado laboral. Las variaciones registradas en junio corresponden al último mes en el cuál Martín Guzmán ejerció funciones como ministro de Economía.

La recuperación prometida por Alberto Fernández no se materializó sobre el poder adquisitivo. Desde diciembre de 2019 los salarios perdieron constantemente contra el alza de los precios, y acumularon una pérdida real del 1,9% sobre el piso heredado de la gestión Macri.

En otras palabras, la remuneración promedio percibida por cualquier persona en cualquier momento de la administración de Alberto Fernández es inferior, en términos reales, a cualquier salario percibido durante el Gobierno anterior.

Evolución del salario real durante la administración de Alberto Fernández.

La mayor pérdida de poder adquisitivo se produjo entre marzo de 2020 y junio de 2021, para registrar un tenue repunte posterior. Sin embargo, desde diciembre del año pasado comenzó a producirse nuevamente una tendencia declinante que se acentúa cada vez más.

El poder adquisitivo de los salarios, en términos de bienes y servicios que pueden adquirirse con él, es el más bajo registrado desde diciembre de 2003 y es hasta un 15,9% inferior a la remuneración promedio que se percibía en diciembre del año 2001. Estas cifras relevadas por el INDEC permiten tomar dimensión acerca del verdadero deterioro de los salarios. 

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Brasil

Brasil acumula una inflación del 4,7% en lo que va del año, una de las más bajas del mundo

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Los precios minoristas en Brasil acumularon un alza por debajo de las proyecciones para los primeros 7 meses del año, y la inflación es inferior a la de la Unión Europea e incluso Estados Unidos.

La independencia del Banco Central de Brasil y el ajuste fiscal llevado a cabo por el Gobierno de Jair Bolsonaro finalmente rindieron sus frutos sobre la inflación. Los precios minoristas registraron una caída del 0,68% en el mes de julio, la cifra más baja jamás registrada desde 1980.

La inflación interanual del país cayó abruptamente del 12% al 10% en el acumulado de 12 meses entre julio de 2021 y el mismo mes de este año. Brasil se convirtió en el único país capaz de registrar deflación en el mes de julio.

Mientras tanto, los precios minoristas acumulan un alza de solo el 4,77% entre enero y julio de este año, una cifra inferior al 5% que proyectaban los mercados financieros, y una de las más bajas del mundo cuando se la compara con grandes mercados como el de Estados Unidos, Europa, India, Rusia o China.

La inflación acumulada de Brasil es incluso inferior a la que registra el promedio de la Unión Europea, que alcanzó el 5,3% en julio. También fue menor a la cifra registrada para España (5,8%), Alemania (6,6%), Reino Unido (5,8%), Italia (6%), Portugal (7,3%), Austria (5,3%), Bélgica (6,3%), Grecia (6,3%) y Dinamarca (7,8%), entre otros países.

La variación acumulada en los primeros 7 meses fue comparativamente baja en relación a otras economías desarrolladas no europeas, como Canadá (6,2%) e incluso los Estados Unidos, que llegó a acumular una inflación de hasta el 6,3% desde el mes de enero.

La experiencia brasileña marca un importante precedente sobre los efectos de las políticas económicas ortodoxas sobre la política fiscal y la monetaria, en contraste con experiencias marcadamente heterodoxas como las aplicadas en Argentina, Irán o Líbano.

La inflación en Argentina alcanzó el 71% interanual en julio. Solamente en ese mes los precios aumentaron un 7,4% en contraste con la deflación del 0,68% en Brasil, y entre enero y julio de 2022 los precios argentinos acumularon un incremento del 46,2% en contrate al 4,77% de Brasil.

El Gobierno de Bolsonaro impulsó una ley para dotar de completa independencia al Banco Central de Brasil a la hora de delimitar el curso de la política monetaria. El presidente de la institución, Roberto Campos Neto, dispuso un aumento de la tasa SELIC al 13,75% nominal anual, logrando conquistar la credibilidad de los mercados.

Al mismo tiempo, el ministro de Economía Paulo Guedes impulsó un fuerte ajuste fiscal. El déficit primario del Gobierno federal fue completamente eliminado a partir de enero, incluso incluyendo el resultado operativo del Banco Central. El equilibrio primario del sector público federal no se registraba en Brasil desde el año 2014. 

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Economía

¿Y la suba de jubilaciones? La tasa de las Leliq llegó al 69,5% y Alberto redujo un 13% las jubilaciones

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Alberto Fernández había prometido que iba a desarmar las Leliqs y usaría ese dinero para aumentar las jubilaciones, pero ese “milagro económico” jamás sucedió.

En línea con los anuncios del ministro de Economía Sergio Massa, quién respaldó públicamente el establecimiento de tasas de interés equiparables a la inflación, el Banco Central decidió aumentar la tasa de las Letras de Liquidez (Leliq) a 28 días al 69,5% nominal anual.

Si un tenedor de estos bonos decidiera reinvertir sus ganancias mes a mes durante la totalidad de un año, la tasa efectiva anual dispuesta por el BCRA alcanza el 96,82%, una cifra que busca acercarse e incluso compensar la inflación esperada para fin de año. Las consultoras privadas proyectan que la inflación interanual para diciembre de 2022 oscilaría entre el 85% y el 110%.

Se trata del octavo aumento consecutivo mensual de la tasa de las Leliq, desde el 38% nominal anual registrado hasta diciembre del año pasado. Subió 9,5 puntos porcentuales con respecto a la tasa nominal del mes de julio.

En contra de las propias promesas electorales del presidente Alberto Fernández, el gasto en intereses de las Leliq aumentó un 68,65 en términos reales desde diciembre de 2019, y mismo tiempo el gasto público en jubilaciones no le ganó a la inflación y cayó un 13% realmente.

La mayor esterilización para absorber un mayor ritmo de emisión monetaria, junto con la suspensión de la fórmula previsional del Gobierno anterior, son algunos factores explicativos de esta dinámica.

Fernández se mostraba consternado por el aumento de las tasas de interés en el último año de la gestión de Mauricio Macri, pero bajo su propia gestión tanto la inflación como el interés de las Leliq se vieron incrementados.

El objetivo del Banco Central es contener el nivel de inflación ofreciendo un instrumento financiero en pesos lo suficientemente atractivo como para retirar una parte de la emisión monetaria de la plaza financiera.

A su vez, por tratarse de una tasa a corto plazo, se busca que otras tasas en el sistema financiero también repodan con un aumento, incentivando así la demanda de dinero en activos en pesos. La tasa mínima nominal para los plazos fijos sobre personas humanas aumentó al 69,5%, dando como resultado una remuneración efectiva similar a la que abona la tasa de las Lelq.

Sin embargo, las medidas tienen un efecto ambiguo sobre la inflación y las expectativas. A diferencia de otros países, el Banco Central de Argentina posee una gran cantidad de obligaciones devenidas de los pasivos remunerados (el pago de intereses por Leliq y pases).

Un aumento de la tasa de interés implica, en consecuencia, un aumento en la carga de emisión monetaria que deberá efectuarse para remunerar esos pasivos. Se profundiza un sistema de emisión monetaria endógena que se torna más inestable a través del tiempo.

El llamado “déficit cuasi-fiscal” ya supera a todo el déficit primario del Sector Público Nacional, y las consultoras privadas estiman que podría superar el 5% del PBI para fin de año.  

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