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Economía

El PBI ya cayó 5,4% y la desocupación subió a 10,4% en los primeros tres meses del año

El primer informe trimestral del gobierno de Alberto Fernández indica un enorme colapso económico a pesar que de los 90 días analizados, solo 15 estuvieron en cuarentena. Se espera que el segundo trimestre presente la caída más grande de la historia de la economía argentina.

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El informe del INDEC publicado este martes, revela que la desocupación subió a 10,4% en lo que va del gobierno de Alberto Fernández, habiendo asumido con un nivel de desempleo del 8,9%, llegando a niveles de 2006. Además, el PBI ya se contrajo 5,4% en el primer trimestre del año, llegando a niveles de 2009. 

Cabe recordar que estos números hablan de los meses enero/febrero/marzo/; de los _90 días en cuestión, solo 15 correspondieron al período en cuarentena. Por lo que la caída del próximo trimestre, que parece encaminada a tener todos sus días con aislamiento, podría causar una de las caídas porcentuales del PBI más grandes de la historia argentina.

El otro dato importante es que la presión sobre el mercado de trabajo aumentó de 33,9% a 34,9%, respecto al mismo período de 2019, evidenciando que los problemas económicos ya venían desde antes de la cuarentena. Antes del 18 de marzo, cuando Alberto Fernández declaró el aislamiento y el cierre de fronteras, ya había más de dos millones de personas desocupadas.

De todos modos, es innegable que la cuarentena ha profundizado fuertemente la crisis, convirtiendo caídas importantes en un colapso total de la economía argentina.

A pesar de todo lo mencionado, en el informe el INDEC asegura que “estas caídas se dieron en un marco de restricciones globales en la circulación de personas con el objetivo de mitigar la pandemia por el coronavirus”.

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Respecto a la caída del PBI trimestral, los sectores que incidieron negativamente en la misma fueron la industria manufacturera (-0,97%) y el comercio mayorista, minorista y reparaciones (-0,68%). El rubro que mejor soportó el impacto fue “electricidad, gas y agua”, que registró un aumento del 3,8% interanual.

Se registraron también contracciones en el consumo privado (-6,8%), y en la inversión (-9,7%), en la observación de los datos desestacionalizados. 
En el marcado de trabajo, la cantidad de personas que tienen un empleo pero están buscando otro para elevar sus ingresos pasó del 17,5% a 17,9%. Por su parte, la variación trimestral fue de 1,5%, pues la gestión Macri dejó un ratio de desocupación del 8,9% para el cuarto trimestre de 2019. 

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Los datos determinan que en el primer trimestre del año, la tasa de empleo disminuyó en las regiones Gran Buenos Aires, Pampeana, Patagonia y Noroeste; y creció en el noreste del país, tanto en la comparación interanual como en la intertrimestral. Debido a que la tasa de actividad permaneció casi inalterada, se deduce un gran deterioro en materia de empleo. La tasa de empleo se contrajo un 0,8% con respecto al último trimestre del año pasado.

Según la composición de la tasa de desocupación en cuanto a los tiempos de búsqueda de trabajo, el segmento mayoritario fue el de aquellos que no encontraron empleo en más de 1 año. El índice general aumentó, pero su composición implica peores condiciones y mayor cantidad de personas desplazadas del mercado laboral, pues este segmento pasó de 3,3% al 3,9%. 

La gestión Fernández estrena su primer informe trimestral con una sustancial destrucción de puestos de trabajo.

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Economía

El Gobierno endurece el cepo y buscará ampliar la documentación tributaria requerida para operar

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Las entidades financieras y los agentes bursátiles podrán solicitar previamente declaraciones tributarias a aquellos clientes que busquen entrar al mercado de capitales. En la práctica, se teme que los organismos de control terminen imponiendo por la fuerza lo que originalmente constituye un lineamiento optativo.

En medio de la progresiva sangría de reservas y el agotamiento del cepo cambiario, el Gobierno dispuso más medidas para seguir estrangulando a las operaciones sobre el mercado legal.

La Unidad de Información Financiera (UIF), por medio de la Resolución 6/2022, dispuso que las entidades financieras como bancos o aseguradoras, así como los agentes bursátiles, podrán solicitar a sus clientes declaraciones tributarias específicas para poder acceder al mercado cambiario legal.

En concreto, las documentaciones tributarias solicitadas serán sobre Ganancias y Bienes Personales, ambos impuestos que tienen un enorme peso como proporción de los recursos totales que percibe el sector público.  

Aún si, si bien se plantea como un criterio que deberá adaptarse a las preferencias de cada entidad financiera con sus clientes, los mercados especulan con que las medidas terminen por imponerse de forma forzosa en las operaciones diarias. Los organismos de control tendrán un mayor peso para disuadir a las entidades financieras para que soliciten, en la práctica, estas declaraciones tributarias a sus clientes.

Las medidas suponen añadir un control adicional sobre el acceso al dólar MEP (que se obtiene en la bolsa de valores) y el dólar Contado con liquidación. Esto podría desembocar en un nuevo aumento de la brecha cambiaria, que actualmente se acerca al 100%.

La resolución fue impulsada por el ultra-kirchnerista Juan Carlos Otero, en un intento por seguir limitando el acceso a los dólares por parte de los argentinos, y contener la profundización de la pérdida de reservas internacionales.

Otero alegó que las disposiciones buscan fortalecer las herramientas de control sobre el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo, pero lo cierto es que estos lineamientos ya estaban abordados en la reglamentación anterior de la UIF sancionada en 2017, y el objetivo real de las medidas es sencillamente imponer una nueva traba para la compra de dólares.

El Gobierno justificó, además, que el marco normativo anterior determinado por el macrismo había desarticulado completamente el control sobre todo tipo de operaciones de origen ilegal, pero nuevamente esta fue una declaración exagerada para justificar el endurecimiento burocrático del cepo.

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Economía

Una familia necesitó $76.146 en diciembre para no ser pobre

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Representa un aumento del 40% en relación al año anterior.

El costo de la canasta básica total, que define el umbral de la pobreza en la Argentina, subió 40,5% a lo largo de 2021, casi diez puntos menos que la inflación general promedio, que fue del 50,9%.

El informe dice que la canasta básica alimentaria (CBA) –que marca el nivel de la indigencia- subió 3,9% en diciembre, respecto de noviembre, y 45,3% a lo largo de todo el 2021. Y la canasta básica total (CBT) escaló 3% en diciembre y 40,5% en un año.

Con las subas, la canasta alimentaria para una familia tipo (un varón de 35 años, una mujer de 31 años, un hijo de 6 años y una hija de 8 años) ascendió a 32.963,69 pesos y la canasta básica total ascendió a 76.146,13 pesos.

La Canasta Básica Alimentaria (CBA) se define como el conjunto de alimentos que satisfacen ciertos requerimientos nutricionales, y cuya estructura refleja el patrón de consumo de alimentos de la población de referencia.

Y la Canasta Básica Total (CBT), se obtiene mediante la ampliación de la CBA considerando los bienes y servicios no alimentarios (vestimenta, transporte, educación, salud, etcétera) consumidos por la población de referencia.

Fuentes oficiales aclararon que la diferencia entre los aumentos que registraron la CBA y la CBT respecto del Índice de Precios al Consumidor (IPC) –que marca la inflación general- responde a que no se computan los mismos productos. “Son canastas distintas”, dijeron.

Para el IPC, por ejemplo, el rubro de Alimentos y bebidas no alcohólicas se incrementó un 50,3% a lo largo de 2021 y el de “vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” avanzó solo 28,3%.

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Economía

Frenazo de la economía China: el banco central rebaja la tasa de interés por miedo a una recesión

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La economía china muestra resultados cada vez más insuficientes en el comercio minorista. El tambaleo de la burbuja inmobiliaria se esparce por toda la economía del gigante asiático.

Los resultados económicos de China volvieron a ser decepcionantes para los estándares de crecimiento que normalmente acostumbraba tener el país asiático en los últimos años. La economía china creció solamente un 4% anual en el cuarto trimestre del 2021, el resultado más bajo desde 1990.

Pero los datos mensuales revelan una desaceleración aún mayor. Las ventas minoristas en China, que reflejan una enorme proporción de la economía, dejaron de crecer en noviembre y cayeron un 0,2% en el mes de diciembre.

En comparación con diciembre de 2020, las ventas minoristas de China rebotaron un 12,5% de acuerdo a la serie original del índice, pero se trata de un mero efecto de arrastre estadístico después de haber registrado una brutal caída en 2020.

La industria manufacturera también registró un fuerte enfriamiento en el ritmo del crecimiento mensual, un fenómeno que se acrecentó especialmente entre julio y septiembre del año pasado. La industria china creció un 3,8% anual en diciembre de 2021, cuando en 2019 mantenía tasas superiores al 6% anual.

Ante la evidente desaceleración de la economía, el Banco Central de China decidió recortar las tasas de interés de la política monetaria, con el objetivo de estimular la economía vía liquidez y más endeudamiento.

El temor detrás de las medidas es el surgimiento de una recesión después del desplome en las ventas del mercado inmobiliario y los problemas financieros de Evergrande. El objetivo de la autoridad monetaria china es evitar una mayor expansión de la recesión sobre cada vez más sectores de la economía.

Aún sin recesión, la desaceleración de la economía china supone un gran problema para el actual esquema de política económica bajo el liderazgo del dictador Xi Jinping. En su gestión, la deuda pública de China pasó de representar el 37% del PBI en 2013 hasta llegar al 66,8% en 2020. En el mismo período, el déficit fiscal trepó del 2% del PBI al 4,2% en 2018, y 3,7% del PBI en 2020.

La política fiscal desequilibrada de Xi Jinping se tornaría mucho más explosiva e insostenible si China finalmente pierde el crecimiento económico que mantuvo en los últimos años y sigue enfriando su ritmo de expansión.

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