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Economía

Emisión monetaria y rebrote inflacionario: los temores del oficialismo de cara a 2021

Las estimaciones para la inflación de febrero comienzan a preocupar al Gobierno. Contrario a los postulados del kirchnerismo, los datos sugieren una explicación monetaria para el fenómeno y desorientan a los economistas oficialistas.

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En plena cuarentena y auge de restricciones, el oficialismo se jactaba de sus posturas con respecto a la inflación, desestimando cualquier explicación monetaria para el alza de precios y culpando a la “puja distributiva” y a los empresarios. 

Tras un año plagado de controles de precios y tarifas públicas, el rebrote inflacionario se consolida mes a mes, y las hipótesis de los economistas favorables al Gobierno empiezan a tambalear por la realidad. 

La desaceleración en el nivel de inflación interanual duró aproximadamente un año, y a partir de noviembre y diciembre de 2020 se observó un rebrote en el ritmo de aumentos

La reversión inflacionaria se debió exclusivamente a una abrupta caída en la velocidad de circulación del dinero por la economía. Se registró, por lo tanto, un aumento repentino en la demanda de dinero en pesos entre marzo y mayo del 2020, y la posterior corrección no fue suficiente para volver a la situación inicial de pre-pandemia. 

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Muy lejos de ser un fenómeno explicado por la confianza de la gente en el programa económico kirchnerista, la fuerte demanda se debió al “efecto cuarentena”, y para el caso argentino solo permaneció en alza unos pocos meses (algo que no ocurrió en la mayor parte de los países). 

La demanda de dinero, medida a partir de la base monetaria y el circulante monetario, subió rápidamente en los primeros meses del 2020 solo para volver a derrumbarse progresivamente.

Evolución de la demanda de pesos medida a partir de la Base Bonetaria (M0) y el Circulante desde 2006. Elaboración propia.


Se espera que la corrección bajista continúe profundizándose este año, con un riego inflacionario latente. La reapertura de la economía, aunque lenta, fue suficiente para revertir una parte de la ilusión monetaria generada por la cuarentena. 

Incluso tomando agregados monetarios más amplios (conocidos como M1, M2 o M3) se llega a la misma conclusión: la cuarentena generó una situación anómala en el mercado monetario que impactó en la inflación del 2020

La cuarentena no sólo cumplía un rol sanitario y político, sino que funcionó como un ancla para distorsionar temporalmente al mercado monetario, con la consecuente pérdida de miles de puestos de trabajo, actividad económica y mayor nivel de marginalidad social. 

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Tras la salida de la Convertibilidad, la inflación volvió a ser un problema recurrente en la Argentina. La emisión de dinero sin respaldo en demanda o en reservas se trasladó a precios, y generó una dosis extra de constante indexación y expectativas negativas hacia el futuro. 

Evolución de la inflación anual desde la salida de la Convertibilidad. Elaboración propia.


El aumento en la demanda de dinero entre 2003 y 2004 permitió compensar la emisión monetaria y estabilizar el nivel de precios, pero desde aquel entonces permaneció en niveles similares y el Banco Central continuó con una política sumamente expansiva, ya sea por motivos financieros y cambiarios (2004-2009) o por dominancia fiscal (2010-2015). 

El deterioro en la confianza de las personas fue tal, que se llegó a una situación crítica a partir del 2014 en la cual la demanda de dinero comenzó a contraerse y la inflación se aceleró.

Variación de la Base Monetaria (M0) anual desde 2006. Elaboración propia.


El repudio al peso argentino se profundizó tanto que en 2019, aun con una expansión monetaria muy modesta (el programa de Sandleris) la inflación siguió disparándose. Esta situación perduró hasta la llegada de la pandemia y, al contrario de lo que cree, es lo esperable acorde a una visión “ortodoxa” del fenómeno inflacionario. 

El kirchnerismo volvió al esquema de política monetaria del 2015, y elevó el ritmo de la emisión mucho antes de la llegada de la pandemia, con lo cual el rumbo no buscaba adaptarse a una eventual emergencia (como ocurrió en el mundo) sino que era parte de un programa inconsistente.

Alberto Fernández y su equipo económico no inspiraron ni la más mínima señal de confianza y, con la normalización de los agregados monetarios, se espera una fuerte alza inflacionaria. La meta del 29% de inflación no es creíble.

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Economía

Guzmán se queda pero con la condición de usar los dólares del FMI para la campaña

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Tras el colapso del Frente de Todos en las urnas, la Vicepresidente se impuso al propio Alberto Fernández y el ministro Martín Guzmán, y decidió emplear una maniobra para utilizar recursos brindados por el FMI para disparar el gasto público en cara a la campaña electoral.

En las últimas horas, la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner demostró nuevamente tener el control real de la coalición oficialista, e impuso su voluntad por sobre la del ministro de Economía y la del propio Alberto Fernández.

A través de un decreto, el Gobierno utilizará los dólares del Fondo Monetario Internacional en el Banco Central para encarar una violenta expansión del gasto público como campaña para las elecciones de noviembre. El kirchnerismo apuesta por el despilfarro de recursos para mejorar su posición política hasta las últimas consecuencias y bajo cualquier costo.

De la misma manera en que se hizo en 2009, el Gobierno colocó Letras intransferibles al Banco Central por las cuales podrán hacerse de unos US$ 4.334 millones en concepto de Derechos Especiales de Giro (DEG), una suerte de divisa internacional convertible con el dólar y establecida por el FMI.

Estas medidas fueron establecidas para eludir las restricciones que establece la Carta Orgánica del BCRA, las cuáles indican que la autoridad monetaria solo puede girar a Tesorería hasta un 20% de la recaudación acumulada en 12 meses y hasta un 12% de la base monetaria si es preciso.

Al emplear las Letras intransferibles, las restricciones no se ven violentadas en términos contables y legales, pero en términos económicos el BCRA pierde recursos propios que habían sido otorgados por el FMI para fines muy específicos, y el Tesoro adquiere recursos para fomentar políticas socialistas.

Pero esta maniobra no resulta fortuita para el funcionamiento de la economía. Hasta ahora, el ministro Martín Guzmán se había negado a utilizar estos recursos e intervenir el Banco Central debido a la presión inflacionaria que deriva directamente de este tipo de políticas arbitrarias.

Para concretar las operaciones, y dado que los DEGs depositados en el Banco Central son del Tesoro y que este debe emplear gastos en pesos, el BCRA compra esos DEGs con una agresiva emisión monetaria y estos recursos son finalmente lanzados a la economía mediante una política fiscal extremadamente expansiva.

Las consecuencias esperables de estas medidas son claras: una mayor presión sobre el dólar en el mercado paralelo, mayor desequilibrio externo, mayor brecha cambiaria, y finalmente una mayor presión inflacionaria.

El kirchnerismo podría desarticular completamente toda la corrección fiscal realizada desde diciembre del año pasado y desequilibrar la economía, pues el sobrante monetario es actualmente el principal problema que enfrenta Argentina.

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Economía

El director del Banco Nación propuso crear un sistema monetario similar al de Cuba

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El economista ultra-kirchnerista Claudio Lozano, nombrado presidente del Banco Nación por Alberto Fernández, propone crear un sistema monetario similar al que tiene Cuba y limitar severamente la compra de dólares en el país.

En el marco de la amplia derrota del kirchnerismo, Claudio Lozano, economista fanáticamente kirchnerista y actual director del Banco Nación, propuso en diálogo con C5N una polémica reforma monetaria en la cual los argentinos perderían la posibilidad de defender sus ahorros comprando dólares.

Lozano propuso instaurar en el país un sistema monetario socialista, similar al que tiene Cuba, donde los ciudadanos pierden el derecho a adquirir divisas extranjeras cuando dispongan de hacerlo, y el Estado se garantiza la base imponible para recaudar el impuesto inflacionario. En otras palabras, propuso la inconvertibilidad más absoluta del peso argentino en cualquier divisa y bajo cualquier tipo de cambio, bajo cualquier instancia.

Dentro del esquema descripto por el economista, se propuso imponer nuevas regulaciones sobre el mercado cambiario para terminar de desdoblar la compra de divisas de la misma forma que en Cuba: una parte legal exclusivamente para el Estado o un cierto grupo minoritario, y el resto de las personas obligadas a operar con una divisa no convertible y de dudoso valor para realizar sus transacciones cotidianas.

Claudio Lozano, actual director del Banco Nación nombrado por Alberto Fernández en enero de 2020.

El principal objetivo de la reforma propuesta es dotar al Estado de una forma de financiamiento compulsiva aún más estricta de la que existe hoy. De esta manera, el Lozano criticó la tenue corrección fiscal que lleva adelante el ministro Martín Guzmán.

“Desde octubre del año pasado el nivel de ajuste fiscal no era compatible con una sociedad como la que tenemos”, sentenció Claudio Lozano en referencia a la política fiscal de Guzmán.

Lozano aseguró que los subsidios económicos a los servicios públicos “no pueden debatirse” y que se deberá profundizar la política de “transferencias sociales” a partir de un ingreso universal. Este tipo de medidas se tornan prácticamente infinanciables sin un violento incremento de la asistencia monetaria del Banco Central.

Este planteo no es novedoso dentro de las filas del cristinismo fanático, pues la reconocida referente de la izquierda kirchnerista, Fernanda Vallejos, ya anticipó en reiteradas oportunidades que la corrección fiscal de Guzmán es ampliamente incompatible con las preferencias ideológicas de la Vicepresidente.

La debacle electoral del oficialismo impulsó un nuevo cimbronazo interno a nivel ideológico, y cada vez más voces que responden directamente a Cristina Fernández pujan por una nueva radicalización del Gobierno que podría tornarse peligrosa.

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Economía

¿Crisis institucional? El dólar se disparó hasta los $187 y se derrumban las acciones argentinas en Wall Street

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Tras la implosión en el gabinete nacional, y ante las dudas por la continuidad del programa económico, los mercados reaccionaron desfavorablemente y se derramaban los ADRs argentinos en la plaza de Wall Street.

Después de la estrepitosa derrota electoral, el kirchnerismo sigue sin tocar fondo y la implosión del gabinete nacional supone un nuevo cimbronazo. Las dudas sobre la continuidad del programa económico o un cambio en la estrategia con el FMI sembraron pánico en los mercados financieros.

El dólar paralelo llegó hasta los $187, subiendo prácticamente $5 en un solo día. La brecha cambiaria llegó al 78,5% y se vuelve cada vez más incontenible. El alza del dólar también alcanzó a los mercados alternativos, aunque el Banco Central se negó a permitir mayores correcciones sobre el segmento oficial.

Desde el plano financiero, los títulos nacionales en Wall Street registraron pérdidas importantes. La amenaza por una posible radicalización del kirchnerismo sentó las bases para una implosión bursátil de los ADRs.

Edenor registró pérdidas por un 10%, y la misma suerte corrieron las principales entidades bancarias del país, como el Grupo Galicia (-3,3%), Banco Supervielle (-3,6%) y Banco Macro (-4,4%).

La incertidumbre sobre los mercados refleja la falta de determinación del Gobierno de Fernández. Hasta ahora, el ministro Guzmán planteaba una corrección tarifaria para el año próximo, aunque de carácter tenue. Dado el actual caos institucional, estas garantías dejan de ser tan robustas y muchos inversores temen que el Gobierno se incline por medidas abiertamente extremistas.

El Riesgo País también se vio afectado y subió hasta los 1.505 puntos básicos. Tras el endurecimiento de la postura del Fondo Monetario Internacional y la falta de definiciones del Gobierno, la posibilidad de un acuerdo parece algo cada vez más lejano.

Los cambios en el gabinete podrían ser transcendentales para la política económica en materia de tarifas públicas y la gestión de la deuda externa con el FMI, lo cual mantiene en un absoluto estado de alerta a todos los mercados.

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