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Economía

Estados Unidos se recupera: Se sumaron 638.000 puestos de trabajo en octubre, y la tasa de desocupación bajó a 6,9%

La economía norteamericana avanza cada vez más hacia la normalización mientras se recuperan cientos de miles de puestos de trabajo privados. La actividad económica tomó mayor impulso desde septiembre.

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En plena tensión por la polémica elección presidencial, el Departamento de Trabajo dio a conocer esta semana las cifras más importantes del mercado laboral norteamericano. Todo indica una mejora notable y sólida en la demanda de trabajo. 

En el mes de octubre se aceleró la caída en la tasa de desocupación, y se crearon un total de 638.000 puestos de trabajo netos. La desocupación pasó de 7,9% en septiembre a 6,9% en octubre.
Además, la cifra de creación neta de empleo es explicada únicamente por el sector privado. 

El sector privado logró crear 906.000 puestos de trabajo, siendo que el sector público debió racionalizar su administración de personal y normalizar sus operaciones.
El ajuste en el Estado fue más que compensado por el sector privado de la economía y, de hecho, el avance en el ordenamiento de las finanzas públicas garantiza el dinamismo de la iniciativa privada. 

A pesar de que la creación neta de puestos de trabajo resultó ser ligeramente inferior a lo registrado en septiembre, lo cierto es que la pendiente es sólida, y un eventual retorno al pleno empleo no parece ser un escenario descabellado para el año 2021 y 2022. 

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El Departamento de Trabajo norteamericano informó que en la última semana del mes de octubre hubo 751.000 nuevas solicitudes de subsidios por desempleo. El dato fue inferior al de la semana inmediatamente anterior, en la cual se habían contabilizado 791.000 solicitudes

La recuperación de puestos de trabajo fue posible, en gran medida, gracias a la reapertura de los rubros más afectados por la pandemia, especialmente la actividad hotelera, el esparcimiento, los servicios personales, la actividad comercial minorista y la gastronomía en general. 

Las ventas de negocios minoristas ya habían recuperado en agosto el nivel que tenían antes de la llegada de la pandemia. Esto permitió observar un repunte notorio en el nivel de consumo, y fue un efecto directo de la política de reaperturas focalizadas. 

Por fuera del sector servicios, el rubro industrial manufacturero logró añadir (o recuperar) 38.000 empleos. Este sector tuvo un fuerte repunte entre mayo y julio, y posteriormente sufrió un cierto estancamiento en el nivel de producción entre agosto y septiembre. 

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Teniendo en cuenta la actividad agregada, la recuperación tuvo un retraso en el mes de agosto, pero tomó nuevamente impuso en septiembre. Según los datos de la firma IHS Markit, el nivel de actividad económica creció un 1% mensual en septiembre, el doble de lo que había crecido en agosto. 

La economía norteamericana, en su conjunto, aún no logró retomar los niveles de febrero, pero el rebote se mantuvo por cinco meses consecutivos. Las previsiones vislumbran un repunte trimestral en torno a 5% en el último cuarto de año. 

Bajo la administración de Donald Trump, la actividad había acumulado un crecimiento del 8,34% según la serie desestacionalizada mensual. La pandemia, y los correspondientes aislamientos, derrumbaron la economía casi un 15% en tan sólo dos meses. 

Aun así, la crisis del 2020 dista mucho de ser parecida a sus predecesoras. Estados Unidos tardó poco más de tres años en superar la recesión del 2008 (la crisis que inició con las hipotecas subprime). La crisis de este año podría ser superada, según se estima, en un año y medio.


El informe completo de IHS Markit.

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Economía

La inflación de Venezuela cerró el 2021 en el 686% y continúa siendo la más alta del mundo

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El Banco Central de Venezuela reveló que los precios subieron un 7,6% solamente en diciembre, acumulando así una dramática inflación del 686,4% anual. Aun así, se registra una fuerte caída de la inflación desde 2019.

Según las cifras oficiales de la autoridad monetaria venezolana, los precios al consumidor subieron un 7,6% en el mes de diciembre, cuando ya habían aumentado un 8,4% en noviembre y un 6,8% en octubre. La situación no es estable: la inflación anual para el 2021 llegó al 686,4% y sigue siendo la más elevada del mundo.

Aún así, Venezuela registró una fuerte desaceleración de la inflación en los últimos años, pasando del 2.750.118% en 2018 a 7.374% en 2019, 3.713% en 2020 y finalmente 686,4% en 2021. El país salió de la hiperinflación si comparamos contra otros episodios históricos, pero el régimen chavista aún está lejos de contener el drama inflacionario.

Entre otras medidas, la dictadura de Nicolás Maduro se vio obligada a flexibilizar los controles cambiarios desde 2018 al verse totalmente agotadas las reservas del BCV. Se ablandaron las medidas para la circulación de diversas divisas, siendo el dólar la más utilizada por la gente, y se liberalizó mayormente el mercado de cambios.

Sin embargo, y a pesar de que la situación inflacionaria recuperó cierta vehemencia, la actividad económica de Venezuela se encuentra en un nivel crítico. Según las estimaciones del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF), el PBI se derrumbó hasta un 89% entre julio de 2014 y junio de 2020, una tendencia que solamente se vio interrumpida por un muy débil rebote desde septiembre del 2020.

Venezuela registró una depresión económica prolongada incluso superior a la que vivió Estados Unidos en la década de 1930, pero al mismo tiempo sufrió una cruenta espiralización de precios por un período de tiempo que sobrepasó a otros episodios de la experiencia regional e internacional. La hiperinflación de Venezuela fue una de las más prolongadas en la historia económica mundial, lo cual ya la hace un caso de estudio muy particular.

Evolución de la actividad económica y la inflación mensual en Venezuela.

Por otra parte, la elevada inestabilidad fue prácticamente inmanejable para las autoridades del régimen socialista. El Estado venezolano actualmente controla de forma directa los principales sectores estratégicos de la economía, como la electricidad, el petróleo y el gas, la distribución de agua potable, el transporte público, las telecomunicaciones, la producción de cemento, la producción siderúrgica, los puertos e incluso fueron expropiados latifundios y tierras anteriormente privadas.

Al mismo tiempo, el mismo Estado venezolano mantiene férreas regulaciones sobre la mayor parte del aparato productivo del país, interviniendo en prácticamente todos los mercados y todas las actividades.

Sin embargo, según el Fondo Monetario Internacional las erogaciones del Estado venezolano fueron sistemáticamente consumidas por la inflación. Esta fue la causa por la cual, de representar cerca del 50% del PBI en 2014, el Estado pasó a significar una cifra cercana a solamente el 10% en 2021, pasando por otro pico del 48% del PBI en 2018.

La inestabilidad hizo prácticamente imposible planificar los presupuestos y maniobrar las finanzas públicas con rigurosidad, además de destruir completamente la recaudación genuina de impuestos. Los precios aumentaron a una velocidad tan elevada, que los rezagos naturales que tiene cualquier Estado para percibir la recaudación tributaria fueron suficientes como para provocar una importante pérdida en términos reales de todo ese dinero recaudado.

El régimen socialista entró en una profunda situación de colapso sobre sí mismo, distorsionando e impidiendo maniobrar al núcleo económico del sistema chavista: la planificación centralizada de la economía.

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Economía

La inflación del 2021 fue la segunda más alta desde la hiperinflación de los 80s y llegó al 50,9%

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El INDEC reveló que los precios al consumidor se dispararon un 50,9% durante el año 2021, siendo el segundo brote inflacionario más elevado desde 1991. El presidente Fernández minimizó el problema y elogió el trabajo de Roberto Feletti.

Como preveían la mayoría de las consultoras privadas en el país, y acosta de las proyecciones del ministro Martín Guzmán, la inflación anual del 2021 cerró en el 50,9% y fue el segundo aumento de precios más alto desde 1991, solo por detrás del año 2019.

Solamente en el mes de diciembre los precios aumentaron un 3,8%, pese a los numerosos controles llevados a cabo por Roberto Feletti desde la Secretaría de Comercio, el congelamiento casi absoluto de las tarifas de servicios públicos, y el atraso del tipo de cambio oficial junto con el incremento de la sangría de reservas del BCRA. Ninguno de estos elementos fue capaz de contener al fenómeno inflacionario.

El grueso del aumento de precios en diciembre se produjo a partir del rubro de los alimentos y bebidas no alcohólicas, que registraron un alza mensual del 4,3%. Dentro de este grupo de productos, destacó el fuerte aumento del precio de la carne, a pesar de todas las medidas contra la exportación que impulsó Alberto Fernández.

La inflación núcleo, aquella que no tiene en cuenta a determinados bienes y servicios de alta volatilidad como la energía, fue del 4,4% en el mes de diciembre y superó al promedio general con comodidad.

Los resultados cosechados para el 2021 fueron dramáticos en relación a lo que esperaba el oficialismo. El ministro de Economía Martín Guzmán defendió enérgicamente su meta del 29% en la primera mitad del año pasado, aunque poco a poco los datos de inflación terminaron por acorralarlo y debió admitir el fracaso de la proyección oficial.

En un principio Guzmán concluía, con una aparente seguridad y parsimonia, que la caída de la tasa de depreciación en el tipo de cambio oficial terminaría impactando inexorablemente sobre el nivel de precios. La apreciación del tipo de cambio oficial se mantuvo en este esquema durante todo el año tal y como prometía Guzmán, pero en la realidad la inflación no cedió como lo prometía el Ministro.

La falta de credibilidad de las metas de Guzmán no solo se limitó al ámbito de las consultoras privadas, sino que numerosos economistas de renombre como el propio exministro de Economía Domingo Cavallo plantearon que serían completamente imposibles de alcanzar.

Cavallo pronosticó una inflación en torno al 50% anual para 2021, y su estimación fue extremadamente acertada. Incluso a pesar de la confrontación de algunos economistas fanáticamente kirchneristas, el pronóstico de Cavallo terminó siendo correcto y finalmente los economistas del kirchnerismo terminaron por quedar en ridículo.

El presidente Fernández minimizó la responsabilidad de su Gobierno por la elevada inflación, y resaltó una supuesta “senda descendiente” sobre la evolución de los precios, algo que permanece completamente ausente en todos los análisis de las consultoras privadas y organismos internacionales.

Además, el Fernández destacó el trabajo de Roberto Feletti y sus variados controles de precios sobre una amplia gama de productos de todo tipo. Sin embargo, todos los empeños reguladores de Feletti fueron completamente superficiales y no pudieron evitar que la inflación volviera a niveles récord desde la salida de la Convertibilidad.

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Economía

El Banco Central anunció la prohibición de la importación de autos de lujo a través del mercado oficial

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La nueva normativa anunciada por el Banco Central impedirá a todas las automotrices la posibilidad de importar autos de alta gama a través del tipo de cambio oficial, y esta potestad quedará limitada al Estado y sus dependencias.

La falta de reservas en el Banco Central lleva a una posición crítica para seguir sosteniendo el cepo cambiario a la paridad oficial actual. La autoridad monetaria tomó una medida extrema y desesperada con el fin de ahorrar divisas: las automotrices no podrán importar autos de alta gama por el mercado oficial.

Las autoridades del BCRA les comunicaron a las automotrices que ya prácticamente no queda ni un solo dólar para hacer frente a las importaciones pertinentes al sector, por lo que hay peligro de desabastecimiento sobre el mercado si no se encuentran mecanismos para acceder a divisas por otros medios.

La industria automotriz buscará hacerse de préstamos con sus proveedores o sus casas matrices a lo largo del mundo con el fin de conseguir, al menos en el corto plazo, el financiamiento para hacer frente a las importaciones.

Los autos de lujo solamente podrán ser importados por el Estado a través del dólar oficial, pues las normativas no afectarán a organismos dependientes de fondos públicos, entidades estatales y empresas completamente públicas o con participación mayoritaria del Estado.

De esta forma, la entrada de este tipo de vehículos quedará severamente restringida. Las medidas mantienen dos enfoques marcadamente distorsivos; por un lado, se busca postergar todo lo posible la devaluación cambiaria en el mercado minorista, y por otro se implementa una agresiva política proteccionista.

El Estado argentino considera como “auto de lujo” a todo vehículo con un valor igual o superior a los US$ 25.000 al dólar oficial desde el comienzo del año, cuando durante todo el 2021 esta cifra rondaba los US$ 35.000.  

Por su parte, se verán afectados solamente los vehículos para uso personal o para transporte de pasajeros, pero no así los vinculados a las fuerzas de seguridad, ni los bienes de capital vinculados a la industria o los vehículos diseñados para el transporte de cargas.

Como se señaló desde La Derecha Diario, el Banco Central ya no dispone de reservas líquidas para hacer frente al cepo cambiario. El desarme de la posición de oro en espera de la próxima liquidación de la cosecha gruesa es la última jugada desesperada del Gobierno para seguir postergando una devaluación que parece inminente.

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