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Economía

Guzman presenta en el Congreso el Impuesto a la Renta Inesperada para penalizar a las empresas que estén “ganando mucho”

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El presidente Fernández y el ministro Martín Guzmán presentan otro proyecto para subir los impuestos y depositar el ajuste fiscal sobre el sector privado de la economía. El objetivo será apuntalar las metas con el FMI sin reducir el gasto público.

Este lunes el presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía Martín Guzmán presentan el proyecto para el nuevo impuesto a las “renta inesperada”, en medio de la brutal aceleración inflacionaria.

Se trata de un recargo sobre el impuesto a las ganancias para empresas, determinado para compañías con ganancias anuales superiores a los $ 1.000 millones para el período fiscal 2022. Según trascendió el Gobierno, el impuesto buscará captar el “excedente” producido por el cambio de precios relativos a nivel internacional.

Las estimaciones del propio Gobierno estiman que cerca del 3,2% del tejido empresarial tendrá que pagar el nuevo impuesto, aunque la cifra podría estar subestimada si no se considera la actualización por inflación del mínimo no imponible hasta fin de año.  

Las pautas del nuevo impuesto

El Gobierno establecerá una alícuota especial por encima de la tributación máxima del 35% en concepto de ganancias empresariales no distribuidas. Este recargo adicional se calculará de manera arbitraria, y buscará estimar cuánto de la renta imponible es explicada por el cambio de precios a nivel internacional y cuánto se explica por inversión pasada.

Esto último resulta complejo de estimar, y el Gobierno tiene incentivos para sobreestimar la base imponible del impuesto para maximizar la recaudación. En la práctica, el impuesto podría tener características similares al “aporte solidario de emergencia”, solo que afectará a empresas y no a personas físicas de forma directa.

El proyecto tendrá en consideración una tenue desgravación fiscal en caso de manifestarse inversiones. Si la “renta no esperada” plasmada en las utilidades no distribuidas se canalizan a la reinversión y no a la distribución de dividendos, el recargo sobre la alícuota del 35% será más bajo.  

El principal objetivo del Gobierno es apuntalar las metas fiscales con el Fondo Monetario Internacional, en un contexto de rápida aceleración del déficit en los primeros meses de 2022. El gasto público del Estado nacional creció sistemáticamente por encima de la inflación y por encima de los ingresos entre enero y abril de este año.

Según la consultora Sarandí, dirigida por el economista kirchnerista Sergio Chouza, el impuesto tiene el potencial de recaudar, en el mejor de los casos, hasta un 0,48% del PBI para fin de año. Esta cifra es similar a lo recaudado por el “aporte solidario” en 2021, aproximadamente el 0,5% del PBI de ese año.

 El Gobierno y los medios oficialistas compararon a este nuevo impuesto con el “impuesto mínimo global” del 15% avalado por el FMI. Sin embargo, la comparación es errónea debido a que la medida se planteó como una manera para penalizar los llamados “paraísos fiscales” con tasas bajas, mientras que Argentina tiene una tasa máxima del 35% más el nuevo recargo propuesto.

Desaliento al crecimiento económico

En vista al nuevo proyecto del kirchnerismo para seguir subiendo la presión fiscal, la Asociación Empresaria Argentina (AEA) criticó el rumbo presentado por Guzmán y Fernández, y aseguró que generará incentivos para la contratación informal y la desinversión.

El nuevo tributo recaería sobre las empresas, y el sector empresario formal argentino es actualmente el más gravado en el mundo. El aumento de la alícuota marginal máxima tendrá un efecto negativo en la competitividad frente al resto del mundo según el Banco Mundial, y con ello un desincentivo a las exportaciones y la generación de divisas.

En la Argentina ya están en vigencia 165 impuestos y la carga tributaria sobre el sector formal de la economía es muy elevada y ha crecido fuertemente en los últimos 20 años, superando holgadamente el promedio de la región”, explicó la AEA. 

Economía

Larreta propone volver a intentar el fallido Plan Austral como respuesta a la inflación

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El Jefe de Gobierno porteño abandonó temporalmente sus obligaciones para viajar a Israel y estudiar de cerca el plan de estabilización que aplicó ese país en 1985, idéntico al Plan Austral que lanzaba Raúl Alfonsín ese mismo año en el país.

Como lo había anticipado La Derecha Diario, el máximo referente del PRO en la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, confirmó oficialmente sus intenciones para volver a intentar el fallido Plan Austral en la economía argentina.

El Jefe de Gobierno porteño visitó Israel y se reunió personalmente con Leonardo Leiderman y Manuel Trajtenberg, dos economistas argentinos que estuvieron presentes en el equipo del entonces primer ministro Shimon Peres, para formular el más importante plan de estabilización de ese país entre 1985 y 1986.

El plan israelí era totalmente restrictivo y generó un enorme dolor económico en el país. Sin embargo, la otra pata del plan, a la que Larreta no hizo alusión, le permitió eliminar el déficit fiscal y generar una enorme credibilidad tanto en los mercados locales como internacionales, especialmente con la llegada del derechista Yitzhak Shamir al poder, que consolidó la establización monetaria entre 1986 y 1992.

El programa de estabilización se sustentaba en la estabilidad del tipo de cambio, y tanto su fecha de lanzamiento como sus principales características coinciden con el famoso “Plan Austral” que lanzó el presidente radical Raúl Alfonsín en junio de 1985.

Las medidas del programa israelí fueron las siguientes:

  • Estricto control de cambios y fijación de la paridad con el dólar
  • Devaluaciones periódicas administradas y brecha cambiaria de hasta 30%
  • Brutal congelamiento de salarios, tarifas públicas y controles de precios
  • Ajuste de shock sobre el déficit fiscal total (incluyendo intereses), que pasó del 15% del PBI a 2% en un año
  • Deuda externa para financiar la rápida transición hasta la eliminación del déficit
  • Estricto control de la base monetaria

Paralelamente, en 1985, Argentina lanzó un programa similar tras el estallido inflacionario heredado de la gestión Grispun. Pero el programa argentino demostró ser mucho más permisivo en materia de consolidación fiscal y credibilidad, y no solo generó el fuerte impacto social que generó el plan israelí, si no que fracasó en controlar la inflación.

A diferencia de Israel, la aplicación de un set similar de medidas en Argentina no logró provocar un cambio de régimen creíble a largo plazo, como sí ocurrió en Israel.

Incluso habiendo eliminado temporalmente el déficit primario, la falta de reformas estructurales y la debilidad de la promesa monetaria para no financiar al Tesoro, terminaron por desmantelar el programa hacia mediados de 1986.

Pero Argentina no fue el único caso de fracaso en la aplicación de este tipo de programas. Nuevamente con una lógica similar y a tan solo pocos meses de diferencia, en febrero de 1986 Brasil anunciaba el famoso “Plan Cruzado” que disponía de las mismas medidas adoptadas por Argentina e Israel. Como ocurrió en Argentina, la experiencia brasileña también terminó por fracasar y, para mediados de 1989, el país afrontaba una severa hiperinflación.

Israel es, hasta la fecha, el único caso conocido de éxito permanente para un programa “híbrido” capaz de combinar características ortodoxas y heterodoxas para combatir la inflación, pero dependió de un enorme trabajo del partido Likud en presentar al Estado israelí como un gobierno serio y preparado para tomar las decisiones más difíciles no solo en el ámbito bélico, si no que también en la economía.

Pero pese a que solo se registró un caso exitoso, Rodríguez Larreta se mostró partidario de volver a intentar un programa con características más similares al Plan Austral que a las del plan israelí. Para ello, sostuvo la necesidad de un acuerdo político amplio, aunque evitó precisar mayores detalles sobre quiénes podrían integrar el consenso al cual hace referencia. 

“No hay manera que la Argentina funcione con este nivel de inflación. Lo primero que enfatizaron, me lo dijeron ellos siendo economistas, lo más importante es que Israel tuvo un acuerdo político”, explicó Larreta. 

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Economía

Se hunde Argentina: El Riesgo País superó los 2.500 puntos y el dólar se disparó a $239

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La prima de riesgo ya acumula un aumento de 1.100 puntos básicos desde la última reestructuración de deuda en septiembre de 2020. Los títulos públicos en el exterior se hundieron un 35% en lo que va del año, y el dólar paralelo batió un nuevo récord histórico.

La corrida contra los títulos públicos y el peso argentino se sigue profundizando y parece imparable. El Gobierno no es capaz de garantizar el cumplimiento efectivo de las metas con el Fondo Monetario Internacional, el esquema diseñado por Martín Guzmán se desmorona.

El índice de Riesgo País que elabora JP Morgan alcanzó los 2.508 puntos básicos en la jornada del día martes. Este indicador mide la diferida que deben pagar los bonos argentinos en el exterior por encima de la tasa de interés internacional (la de los bonos estadounidenses). Hacia fines del mes de junio, Argentina debe abonar hasta un 25% de recargo por encima de la tasa de interés de los bonos del Tesoro estadounidense.

El Riesgo País  es el más elevado desde junio de 2020, e incluso más alto que el registrado en el último mes antes de la reestructuración de la deuda con acreedores privados. Entre septiembre de 2020 y junio de este año, la prima de riesgo subió 1.158 puntos básicos.

Riesgo País (EMBI) entre febrero de 2018 y junio de 2022. Fuente: JP Morgan.

El Gobierno no despertó confianza en los mercados, y no consiguió ningún logro notable en el período posterior a la reestructuración soberana de bonos. Los títulos Globales se desplomaron un 35% solamente en lo que va del 2022, y ya valen menos que en el año 2020.

Paralelo al caótico clima crediticio, los mercados financieros volvieron a sacudirse en desmedro del peso argentino: el dólar blue llegó a los $239 en el mercado informal, la marca nominal más alta de la historia. Solamente en lo que va del mes, la divisa marcó un aumento de $33 y un salto del 16,01% mensual. Este rendimiento fue superior al que ofrece cualquier instrumento financiero en pesos.

El déficit fiscal primario del Sector Público Nacional se disparó en mayo y llegó al 3,3% del PBI. Este valor rompe con cualquier tipo de responsabilidad fiscal y amenaza con derribar la meta del 2,5% del PBI pautada para fin de año. El déficit total superó el 4,8% del PBI contabilizando intereses de deuda pública.

Los inversores se muestran cada vez más escépticos sobre el rumbo fiscal del Gobierno, ante los pésimos datos registrados en mayo. Los economistas de Research for Traders aseguran que existe una gran probabilidad de que el Gobierno no pueda cumplir con las próximas dos metas trimestrales previstas para septiembre y diciembre respectivamente.

El clima de incertidumbre no hace más que aumentar si se considera la tensión política dentro de la propia coalición oficialista, con fuertes disputas entre el ala más radicalizada y extremista del kirchnerismo, en contraposición con el ministro Guzmán y el propio Alberto Fernández. 

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Economía

Por las sanciones de Estados Unidos, Rusia cae en un histórico default de la deuda externa

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El Kremlin no pudo afrontar el pago por los servicios de su deuda externa a causa de la expulsión de Rusia del sistema financiero internacional, y entró formalmente en suspensión de pagos.  

Después de las severas sanciones de Occidente, Rusia cayó en default al vencer el período de gracia de 30 días para abonar un monto de 100 millones de dólares en concepto de intereses de deuda externa.

La agencia Moody’s confirmó el nuevo default ruso al día 27 de junio, pero las autoridades rusas se negaron a aceptarlo, y lo califican como una imposición externa por encima de cualquier decisión propia.

El Tesoro de los Estados Unidos impidió que los tenedores de bonos estadounidenses pudieran recibir fondos de Rusia en dólares, eliminando una serie de exenciones que habían sido dispuestas al principio de la guerra en Ucrania.

En respuesta, Rusia anunció que su deuda por US$ 40.000 millones pasaría a pagarse en rublos, pero al verse irremediablemente incumplidos los términos originales del contrato, el default fue inevitable. El ministro de Finanzas ruso, Anton Siluanov, desconoció el default y culpó a las sanciones de Occidente por la suspensión de pagos.

“Cualquiera puede declarar lo que quiera. Pero cualquiera que entienda lo que está pasando sabe que esto no es en absoluto un impago”, declaró Siluanov.

Es la primera vez que Rusia incumple efectivamente sus obligaciones con el pago de su deuda externa desde 1918, cuando la incipiente dictadura marxista liderada por los bolcheviques decidía desconocer completamente la deuda anterior.

También existe un importante precedente de impago en 1998, en el marco de la crisis financiera bajo la presidencia reformista de Boris Yeltsin, pero este default afectó principalmente a los títulos colocados en el mercado de capitales local, y se declaró una moratoria de la deuda externa para renegociar los plazos de pago convenidos, pero sin default (algo similar a lo que ocurrió en Argentina antes del default en 2002).

Rusia se encuentra expulsada del sistema financiero internacional, y su acceso al mercado de capitales se encuentra completamente bloqueado. Esto limita las implicancias prácticas del default, debido a que aún sin él, el crédito externo no es una posibilidad real para el Gobierno ruso ni para las empresas rusas.

Sin embargo, es posible que el default dañe la reputación crediticia de Rusia a largo plazo y pasada la guerra en Ucrania, por considerarse un país altamente riesgoso y políticamente inestable para afrontar sus obligaciones. 

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