Ese marco no incluye todavía, de forma específica, a la tokenización inmobiliaria. Los esquemas inmobiliarios que ya operan en el país lo hacen mayormente por fuera de la órbita de la CNV, apoyados en una estructura jurídica tradicional (un fideicomiso inmobiliario que es el titular real del activo) y no en una oferta pública de valores negociables.
Así, quien compra un token inmobiliario no adquiere metros cuadrados con escritura, sino una participación económica en un negocio administrado por un tercero. Pero de igual manera funciona como inversión indirecta, democratizando el acceso al público general.

El impulso de emprendimientos locales
Parte del crecimiento de este mercado en el país está de la mano de proyectos como Blockenfy, una startup argentina que tokeniza activos. Los clientes corporativos buscan captar inversión de sus propios usuarios en activos que van desde inmuebles hasta energías renovables, carteras de crédito y activos agropecuarios.
Joaquín Linares, cofundador de la compañía, describe un mercado joven pero de crecimiento exponencial. "Argentina tiene un talento técnico enorme y una cultura financiera muy sofisticada, paradójicamente por su historia económica. Eso hace que seamos muy buenos en resolver problemas de este tipo", explica.


















