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Economía

La “experiencia AFJP” en Argentina y las falencias de un sistema previsional estatal

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Tras el abandono de las administradoras privadas de pensiones en Argentina, fueron prometidos innumerables beneficios que jamás llegaron. Hoy el sistema se encuentra quebrado y descapitalizado.

Los mismos albores agitadores en contra del sistema de capitalización individual que hoy se encarnan en Chile no fueron nuevos en América Latina, y prendieron mecha en Argentina bajo la administración de Cristina Fernández de Kirchner en 2008.

El Gobierno argentino decidía estatizar el sistema de jubilaciones y pensiones, para volver al viejo sistema de reparto que imperaba antes de las reformas económicas del presidente Carlos Menem. Los beneficios prometidos fueron los mismos que hoy levanta la izquierda chilena, pero jamás aparecieron.

La experiencia de las AFJP

El sistema de capitalización argentino se había establecido en 1993 y siendo de carácter mixto, con una gran cantidad de fondos de pensiones (AFJP) en competencia. Los haberes jubilatorios habían crecido, en promedio, más de un 40% entre 1994 y 2001. Aún con períodos de recesión, el poder adquisitivo de los jubilados se incrementaba año tras año sin interrupción.

Como ocurre actualmente en Chile, en Argentina se buscaba incentivar el mercado de capitales local mediante el ahorro que canalizaba el sistema de capitalización, un elemento crucial para el desarrollo hipotecario y empresarial. El abrupto fin de la convertibilidad constituyó un duro golpe sobre las pensiones argentinas, algo que se le atribuyó erróneamente al propio sistema previsional, responsabilizándolo por el “fracaso“.

Cabe señalar que una gran cantidad de activos del sistema previsional se encontraban, por ley, atados a bonos públicos hasta 2001. El default de la deuda pública y la masiva devaluación de la moneda conformaron una tormenta perfecta para el sistema de las AFJP, retrasando así la recuperación del poder adquisitivo de los haberes.

Evolución de la jubilación media argentina en términos reales, entre 1980 y 2019. Fuente: ANSES

La estatización del sistema previsional

Bajo la gestión de Néstor Kirchner se dieron los primeros pasos para modificar el sistema: en primer lugar, se concedió una amplia moratoria entre 2006 y 2007 en la cuál se incluyeron a cerca de 1.700.000 personas como jubilados, aunque sin haber realizado los aportes mínimos. Con la nacionalización abierta del sistema, la cantidad de jubilados pasó de 3.748.000 en 2007 hasta casi 6 millones en 2015. Añadiendo el pago por pensiones, el sistema alberga a más de 8.400.000 personas en la actualidad, de las cuáles solamente el 38% realizó aportes en los plazos mínimos convencionales.

El Estado logró, además, apropiarse de una caja de recursos constituida en los ahorros de las AFJP. Según calcula el Estudio Orlando Ferreres & Asociados, el sistema de capitalización individual había acumulado una gran cantidad de fondos. Pasaron de representar el 0,1% del PBI en 1994 hasta llegar a un 10,5% del PBI en 2007, un monto equivalente a los 30.235 millones de dólares. Estos recursos fueron expropiados por el Gobierno para distribuirlos de forma completamente discrecional.

Las estadísticas presentadas por la Secretaría de la Seguridad Social estiman que en 2001 el 22% de los jubilados y pensionados cobraban un monto mínimo fijado por el Estado. Para 2015 esta cifra aumentó hasta el 70,8% del total. La estatización del sistema no impidió el crecimiento de las jubilaciones hasta 2013, pero desde ese momento jamás volvieron a crecer y para la actualidad, las jubilaciones medias son aún más bajas de las que había en 2001 bajo el sistema privado de capitalización.

El impacto sobre el mercado de capitales

Los beneficios prometidos para los pensionados jamás llegaron a consolidarse. Por el contrario, no solamente el nivel de los habares jubilatorios se vio erosionado gravemente, sino que también se terminó por socavar el incipiente mercado de capitales que desarrollaba la economía argentina desde la década de 1990. Esto no es un dato menor, pues la falta de crédito local provocó efectos secundarios notoriamente nocivos, como la falta de acceso al mercado hipotecario y la falta de financiación para empresas.

Mientras en Chile el valor del capital de las empresas negociado en la plaza bursátil asciende al 112% del PBI, en Argentina solamente alcanza un 7%, después de haber promediado el 18% mientras estuvo vigente el sistema de capitalización. Mientras en 2001 el crédito hipotecario argentino alcanzaba el 5,3% del PBI, actualmente no supera el 2% y es la medida principal para medir de la falta de acceso a la vivienda propia.

La sostenibilidad del sistema de reparto estatal

Financieramente, el panorama del sistema de reparto estatal se torna sombrío, pues incluso con una población relativamente joven existe un continuo déficit estructural que inexorablemente lleva a ajustar pensiones a través del tiempo, o subir progresivamente la edad para poder jubilarse. El déficit del sistema llegó a representar hasta el 3% del PBI argentino en 2018.

Este último elemento responde a la estructura misma de cualquier esquema de reparto. La ineficiencia dinámica del sistema no puede ser resuelta, en la medida que cualquier sociedad tiende al envejecimiento progresivo de la población de forma natural y exógena.

La prestigiosa firma australiana Mercer elabora un informe que busca captar los rendimientos de los diferentes sistemas previsionales en el mundo, un estudio sobre 37 países que comprenden al 63% de la población mundial. Este indicador mide la capacidad adquisitiva de las pensiones en comparación con el esfuerzo de aportes que realiza una persona a lo largo de su vida laboral, contemplando la edad mínima de jubilación requerida y la sostenibilidad financiera del sistema en el tiempo.

En 2020 los resultados fueron desafortunados para Argentina, y obtuvo la segunda peor calificación de todas con un puntaje de solo 42 puntos sobre 100, solo por encima de Tailandia. Por el contrario, el sistema previsional chileno obtuvo un puntaje de 67 puntos, superando incluso a Estados Unidos, Francia, Bélgica, Reino Unido y Japón, entre otros países.

Economía

Las recetas de Larreta para salir de la crisis: Obra púbica, desarrollismo y un guiño al Plan Austral

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El Jefe de Gobierno porteño declaró ser partidario de un “plan de crecimiento” con énfasis en las exportaciones, como su receta principal para la crisis y la inflación. Larreta se declaró abiertamente desarrollista y marcó un divorcio con la ortodoxia económica.

De cara a las próximas elecciones presidenciales, Horacio Rodríguez Larreta se perfila como el principal candidato por el espacio de Juntos por el Cambio y el PRO, y fuentes internas aseguran que ya está trabajando en la campaña del 2023.

En los últimos días, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires acudió al medio La Nación para una entrevista donde se lo posiciona ya sin tapujos como el sucesor de Macri.

En diálogo con el periodista Matías Moreno, precisó algunas de sus posiciones políticas y económicas, una suerte de plan preliminar de gobierno en caso de llegar a la presidencia en las próximas elecciones. Una más escalofriante que la otra.

Si bien Larreta evitó analizar medidas en particular, propuso un “plan de crecimiento” como su gran apuesta para combatir la inflación, aunque se negó a explicar si este hipotético plan contemplaría una ejecución rápida y de shock, o se volvería a apostar por el gradualismo como en la gestión de Mauricio Macri.

Larreta se negó, además, a trazar mayores paralelismos históricos con otros programas anteriores como la Convertibilidad, pero sí recordó positivamente la experiencia con el Plan Austral en la presidencia de Raúl Alfonsín, a pesar de que éste fue un fracaso rotundo.

El presidente Raúl Alfonsín y el entonces ministro de Economía Juan Vital Sourrouille, principales impulsores del Plan Austral.

Para Rodríguez Larreta, el Plan Austral fue una herramienta exitosa para bajar la inflación y generar crecimiento por varios meses, pero advirtió que no pudo sostenerse por “problemas políticos”.

Cabe recordar que el programa de Alfonsín contemplaba un extremo control de los precios, de los salarios, de las tarifas públicas, del tipo de cambio, de las tasas de interés bancarias, de los alquileres e incluso de la indexación de contratos, así como un aumento de impuestos generalizado sobre todas las importaciones y un intenso cepo cambiario. El programa finalmente fracasó y desembocó en la peor hiperinflación de la historia argentina.

También enfatizó en la importancia de la promoción a las exportaciones como parte de su programa de crecimiento, un discurso muy similar al que hoy mantienen Martín Guzmán y Matías Kulfas dentro del oficialismo.

“No es cuestión de analizar medidas en particular. Ni subir algo ni bajar lo otro te va a solucionar el problema si no hay un plan de crecimiento, que promueva las exportaciones”, explicó Larreta.

Sin pelos en la lengua, y esta vez en diálogo con Diario Perfil, apuntando a un público más ideologizado, Larreta insinuó su divorcio con las ideas de la “economía ortodoxa”, y se definió a sí mismo como un histórico desarrollista adherente a las ideas de Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio (abuelo).

Las ideas desarrollistas llevadas adelante durante la mayor parte del siglo XX argentino, y con un especial énfasis en la presidencia de Frondizi, impulsaron una extrema política proteccionista que perseguía la industrialización por sustitución de importaciones (ISI). Estas ideas de autarquía fueron también llevadas adelante por la mayor parte de los países en la región en aquel entonces.

El desarrollismo jugó, además, un rol importante en los fuertes desequilibrios monetarios que sufrió América Latina a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado, y trajo a colación conceptos de la “heterodoxia económica” como la puja distributiva y la restricción externa para el crecimiento, que hoy son conceptos vinculados al ideario kirchnerista.

El extremo proteccionismo del esquema desarrollista en la América Latina de 1960.

Los dichos del Jefe de Gobierno porteño rápidamente sembraron polémica y algunas figuras políticas, como el diputado Javier Milei, salieron a cruzarlo por algunas de sus ideas en relación al rol del Estado y la obra pública.

Milei cruzó a Larreta por una entrevista que este último mantuvo con Alejandro Fantino, en la que se declara abiertamente “keynesiano” y resalta el rol positivo de la obra pública como un elemento que, aparentemente, serviría para crear un hipotético ciclo sin fin entre recaudación, impuestos y empleo.

Rodríguez Larreta se perfila como un candidato presidencial prácticamente confirmado dentro de Juntos por el Cambio bajo el lema de “unidad, diversidad y amplitud”, siendo que recurrentemente destaca la incorporación de figuras como Martín Lousteau, Facundo Manes y Margarita Stolbizer, entre otros.

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Economía

El aumento del dólar está asegurado: para la banca internacional el oficial está atrasado y debería subir 30% más que la inflación

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El Instituto Internacional de Finanzas advirtió que, en cambio, el real y la mayoría de las monedas asiáticas están depreciadas.

El think tank de los grandes bancos internacionales, el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) advirtió esta semana que el peso argentino está sobrevaluado por un 22,9% y es una de las pocas monedas emergentes cuya cotización está por encima de la que equilibra históricamente la balanza de pagos.

En cambio, de acuerdo a sus modelos, el real brasileño y la mayoría de las monedas asiáticas están devaluadas. Esto predice dificultades para la competitividad de las exportaciones argentinas con sus principales socios comerciales.

La apreciación es compartida por analistas locales. La consultora Equilibra, por ejemplo, señaló en su último informe que “se acumuló un atraso cambiario y tarifario significativo en 2021: el tipo de cambio real se apreció 13% frente a USA y 17% en términos multilaterales”.

De acuerdo al último reporte del IIF el atraso cambiario se viene acumulando desde 2017 y es mayor: “Hay sustanciales sobrevaluaciones para Argentina, Colombia, Egipto, India, México y Sudáfrica”, en cambio, “encontramos grandes subvaluaciones para Brasil, China, Turquía y muchos de los países emergentes de Asia”, aseguraron.

Para el caso de Argentina, el IIF proyectó una superávit de cuenta corriente del 1,1% del PBI para 2021, sobre el cual sumó las brechas de producto doméstico y externo ponderado del -3,7% del PBI y -2,6% respectivamente. Con las correcciones cíclicas y de tipo de cambio, el IIF llegó a un objetivo o posición de equilibrio de la cuenta corriente del 3% del PBI, prácticamente del doble del 1,6% del PBI planteada por el Fondo Monetario.

Para llegar a ese objetivo, explicaron, se necesita una corrección del peso del -22,9% en términos reales. Lo que equivale a una suba del dólar oficial del 29,7% por encima de la inflación.

El viejo video de Martín Guzmán hablando sobre el dólar y las reservas que  se volvió viral - LA NACION

El modelo de evaluación del tipo de cambio real de IIF se diferencia del modelo tradicional de paridad de poder de compra (PPP por sus siglas en inglés) en que la cuenta corriente es la variable central. Así, un modelo PPP señalaría que las monedas emergentes están invariablemente devaluadas, este modelo ajusta la cuenta corriente actual a los efectos rezagados de los movimientos pasados del tipo de cambio y además le hace una corrección cíclica en función de la evaluación de las brechas entre de producto real y el potencial en términos doméstico y externo.

“Este último paso es especialmente en la actual coyuntura, dado que las cuentas corrientes se movieron pronunciadamente durante la pandemia debido mayormente a caídas en la demanda doméstica lo que controlamos ‘cerrando’ las bechas de producción”, explicaron los analistas del IIF. De esta forma, el modelo puede ser posteriormente comparada con una norma de equilibrio para la balanza de ahorro-inversión, agregaron.

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La inflación de Venezuela cerró el 2021 en el 686% y continúa siendo la más alta del mundo

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El Banco Central de Venezuela reveló que los precios subieron un 7,6% solamente en diciembre, acumulando así una dramática inflación del 686,4% anual. Aun así, se registra una fuerte caída de la inflación desde 2019.

Según las cifras oficiales de la autoridad monetaria venezolana, los precios al consumidor subieron un 7,6% en el mes de diciembre, cuando ya habían aumentado un 8,4% en noviembre y un 6,8% en octubre. La situación no es estable: la inflación anual para el 2021 llegó al 686,4% y sigue siendo la más elevada del mundo.

Aún así, Venezuela registró una fuerte desaceleración de la inflación en los últimos años, pasando del 2.750.118% en 2018 a 7.374% en 2019, 3.713% en 2020 y finalmente 686,4% en 2021. El país salió de la hiperinflación si comparamos contra otros episodios históricos, pero el régimen chavista aún está lejos de contener el drama inflacionario.

Entre otras medidas, la dictadura de Nicolás Maduro se vio obligada a flexibilizar los controles cambiarios desde 2018 al verse totalmente agotadas las reservas del BCV. Se ablandaron las medidas para la circulación de diversas divisas, siendo el dólar la más utilizada por la gente, y se liberalizó mayormente el mercado de cambios.

Sin embargo, y a pesar de que la situación inflacionaria recuperó cierta vehemencia, la actividad económica de Venezuela se encuentra en un nivel crítico. Según las estimaciones del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF), el PBI se derrumbó hasta un 89% entre julio de 2014 y junio de 2020, una tendencia que solamente se vio interrumpida por un muy débil rebote desde septiembre del 2020.

Venezuela registró una depresión económica prolongada incluso superior a la que vivió Estados Unidos en la década de 1930, pero al mismo tiempo sufrió una cruenta espiralización de precios por un período de tiempo que sobrepasó a otros episodios de la experiencia regional e internacional. La hiperinflación de Venezuela fue una de las más prolongadas en la historia económica mundial, lo cual ya la hace un caso de estudio muy particular.

Evolución de la actividad económica y la inflación mensual en Venezuela.

Por otra parte, la elevada inestabilidad fue prácticamente inmanejable para las autoridades del régimen socialista. El Estado venezolano actualmente controla de forma directa los principales sectores estratégicos de la economía, como la electricidad, el petróleo y el gas, la distribución de agua potable, el transporte público, las telecomunicaciones, la producción de cemento, la producción siderúrgica, los puertos e incluso fueron expropiados latifundios y tierras anteriormente privadas.

Al mismo tiempo, el mismo Estado venezolano mantiene férreas regulaciones sobre la mayor parte del aparato productivo del país, interviniendo en prácticamente todos los mercados y todas las actividades.

Sin embargo, según el Fondo Monetario Internacional las erogaciones del Estado venezolano fueron sistemáticamente consumidas por la inflación. Esta fue la causa por la cual, de representar cerca del 50% del PBI en 2014, el Estado pasó a significar una cifra cercana a solamente el 10% en 2021, pasando por otro pico del 48% del PBI en 2018.

La inestabilidad hizo prácticamente imposible planificar los presupuestos y maniobrar las finanzas públicas con rigurosidad, además de destruir completamente la recaudación genuina de impuestos. Los precios aumentaron a una velocidad tan elevada, que los rezagos naturales que tiene cualquier Estado para percibir la recaudación tributaria fueron suficientes como para provocar una importante pérdida en términos reales de todo ese dinero recaudado.

El régimen socialista entró en una profunda situación de colapso sobre sí mismo, distorsionando e impidiendo maniobrar al núcleo económico del sistema chavista: la planificación centralizada de la economía.

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