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Economía

La verdad de los datos de desocupación: El empleo privado sigue siendo más bajo que en 2019

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El gobierno anunció con orgullo que la tasa de desempleo cayó al 7% de la población activa al término del año pasado, pero el nivel de empleo en el sector privado aún no logra recuperarse al nivel que tenía antes de la pandemia.

El INDEC relevó que la tasa de desocupación cayó al 7% en el cuatro trimestre del año 2021, el dato más bajo de los últimos 5 años. El Gobierno anunció con orgullo este indicador, pero una vez más se aprovecharon de un fenómeno estadístico para tapar la profunda crisis económica que atraviesa Argentina.

La caída de la desocupación era esperable dados factores de índole estacional y la enorme expansión de los planes sociales en los últimos dos años. Para medir correctamente la recuperación laboral real es necesario considerar el nivel de actividad y el empleo.

Mientras el gobierno celebra que solo un 7% de las personas sin trabajo que buscan empleo no lo puedan encontrar, la realidad es que la tasa no mide a las personas que no trabajan porque tienen un plan social.

A pesar de los anuncios sensacionalistas del Gobierno, los propios datos del INDEC sobre el nivel de actividad y el empleo muestran otra realidad que no se ve reflejada en la cifra de desocupación. La tasa de actividad, esto es, qué porcentaje de la población tiene actualmente un trabajo o lo está buscando, cerró el año 2021 en el 46,9%, lo que quiere decir que más de la mitad de las personas que podrían trabajar, no lo hacen.

Este dato cerró casi un punto por debajo del nivel alcanzado en 2019 y por debajo del nivel que había en el cuatro trimestre de ese año, cuando llegaba al 47,1%. Por lo que no se ve todavía una recuperación en el mercado laboral.

El llamado “efecto desaliento” sobre el mercado laboral implica que personas decidan retirarse sin buscar activamente trabajo, lo cual deprime estadísticamente a la tasa de desocupación. Este efecto aún no logra superarse por completo, si bien la actividad ya volvió a niveles cercanos a los que tenía en 2019.

Por otra parte, la evolución de la tasa de empleo como proporción de la población no muestra el dinamismo que el Gobierno pretende mostrar sobre el mercado laboral. La tasa de empleo subió al 46,6% en el cuatro trimestre de 2021, cuando en el año 2019 había llegado hasta el 43% en el último trimestre de la administración Macri. Sin embargo, la composición del empleo permite comprender cómo se produjo el aumento.

Acorde al INDEC, la tasa de empleo privado terminó el año 2021 en el 35%, pero había llegado a representar el 35,1% en 2019, por lo que prácticamente no hubo dinamismo en el mercado laboral. En cambio, lo que ocurrió fue un aumento del empleo en el Estado, siendo que la tasa de empleo público trepó del 7,4% al 7,9%. Esta dinámica explica el tenue crecimiento de la tasa de empleo entre 2019 y 2021.

Muy a pesar de lo que plantea el Gobierno, el mercado laboral argentino no fue el protagonista de la creación de trabajo mediante la apertura de nuevos comercios, nuevas fábricas o nuevas inversiones, sino que fue el Estado el que siguió sumando personal a su estructura ineficiente. Bajo el actual régimen laboral y las actuales condiciones macroeconómicas, el dinamismo del mercado en el sector privado se encuentra severamente limitado.

El crecimiento del empleo público desde 2003 funcionó, en la práctica, como una suerte de “seguro” para suavizar las cifras de desocupación a costa de crear una estructura burocrática sobredimensionada y extremadamente costosa. Esta estrategia reemplazó el rol que antiguamente llevaban adelante las masivas empresas estatales entre los años 40 y los 80.

Además, esta estrategia tiene un efecto negativo sobre la productividad general de los factores en la economía. La canalización de recursos hacia el Estado para mantener puestos de trabajo de menor productividad que en el sector privado, ante las limitaciones regulatorias y tributarias que hacen que estos empleos no puedan crearse en el mercado, deprime la productividad de la economía y su tasa de crecimiento. 

Economía

El Banco Central acumuló solamente US$ 1.000M de reservas en lo que va del 2022, cuatro veces menos que lo que pide el FMI

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Pese al control cuantitativo de las importaciones, no logró cumplir sus objetivos y acumuló la quinta parte de las reservas que había obtenido en 2021. El FMI exige llegar a los US$ 4.200 millones para junio.

El Gobierno y el Banco Central lograron cumplir, a duras penas, la primera meta trimestral con el Fondo Monetario Internacional, pero el escenario se torna cada vez más adverso para la segunda revisión en junio. En lo que va del 2022, el Banco Central compró sólo US$ 1.032 millones por cuenta propia.

La cifra para este año es prácticamente una quinta parte de lo que había comprado en el mismo período de 2021, cuando había retenido hasta US$ 5.728 millones. Pese al aumento de los precios de exportación a nivel internacional, Argentina no pudo aprovechar los términos de intercambio a causa del cepo cambiario, que abarata artificialmente las importaciones y encarece las exportaciones.

El tipo de cambio en el sector oficial se mantuvo creciendo por debajo de la inflación desde marzo de 2021 y abril de 2022, aún pese al aumento en el ritmo de devaluación desde marzo de este año. Esta situación, junto con el alza de los precios de la energía, genera una olla a presión para el cepo cambiario y el stock de reservas.

La primera meta trimestral en marzo no hubiera podido cumplirse exitosamente de no ser por el desembolso que hizo el propio FMI, que llevó el nivel de acumulación neto por encima de los US$ 4.000 millones y cuando meta exigía por lo menos US$ 1.200 millones.

Para el segundo trimestre del año, el Fondo espera una acumulación de reservas por al menos US$ 4.200 millones. Los mercados cada vez se muestran más escépticos para el cumplimiento de esta meta, aún con los desembolsos recibidos en el primer trimestre. Según las estimaciones de la consultora 1816, la autoridad monetaria debería sumar al menos US$ 3.000 millones para junio si se considera el nivel de reservas netas, pero esta meta parece muy poco realista.

Frente a esta situación, el Banco Central sigue sosteniendo que cumplirá las metas con el FMI y, para hacerlo, recurrirá a un mayor estrangulamiento del volumen de las importaciones vía restricciones cuantitativas.

Además del sistema de licencias no automáticas que sufre Argentina desde hace casi dos décadas, el Central buscará restringir el acceso de dólares para los importadores y postergar el pago de operaciones lo máximo posible. Las medidas contra las importaciones no son gratuitas, pues también afectan indirectamente a las exportaciones vía menor competitividad y mayores costos internos.

Considerando las últimas disposiciones del Gobierno para el acceso de divisas al sector energético, no resulta claro cómo se podrá cumplir la meta con el FMI al mismo tiempo en que el BCRA necesita estrangular importaciones para acumular reservas. 

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Economía

Por presión de Sergio Massa, el Gobierno vuelve a subir el mínimo no imponible de Ganancias

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El equipo de Martín Guzmán aceptó una nueva actualización en el monto no imponible para evitar que la inflación provoque que más personas paguen ganancias sin haber ganado más dinero realmente. Los cambios se aplicarán a partir del 1° de junio.

Luego de una reunión entre el presidente Alberto Fernández, el ministro Martín Guzmán, la cúpula de representantes de la CGT y el presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa, el Gobierno determinó un aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias hasta un monto por $280.792.

El Gobierno precisó, además, que los cambios tendrán vigencia a partir del primero de junio y no se efectuará tributación sobre el pago del aguinaldo. Este último detalle fue especialmente asegurado por Guzmán, ante la preocupación de los sindicalistas por el pronto cierre de paritarias.

El salario no es ganancia, es remuneración. Nuestra actividad como Estado y legisladores es defender el poder de compra de los salarios. Subir el mínimo y proteger el aguinaldo para que el premio no se vea impactado, no se lo coma el impuesto a las ganancias. Es una decisión del presidente y de todo el Gobierno”, explicó Sergio Massa en conferencia de prensa.

Este debate había sido un punto especialmente controversial dentro de las internas del Gobierno. En este caso una disputa entre Sergio Massa y el ministro Guzmán, ya que este último no pretendía impulsar la actualización de Ganancias para el mes de junio, ni tampoco había claridad sobre cuáles serían los montos de actualización.

La inflación interanual llegó al 58% en el pasado mes de abril, la cifra más elevada desde enero de 1992. Esta fuerte aceleración inflacionaria (completamente fuera del rango esperado del Gobierno) provocó que una gran cantidad de trabajadores en relación de dependencia e incluso jubilados comenzaran a pagar el impuesto a las Ganancias, cuando antes habían quedado exentos.

Según detalló Massa en una carta especialmente dirigida para Fernández y Guzmán, cerca de 740.000 personas pagaron el impuesto a las Ganancias en el mes de febrero y esta cifra subió a los 847.800 en abril, un incremento del 14% en solo dos meses.

Se trata de la segunda rebaja tributaria que impulsa Massa dentro del oficialismo, siendo que en 2019 un total de 2.140.000 personas pagaban Ganancias, la cifra aumentó a 2.300.000 en 2020 y finalmente cayó en torno a los 730.000 en 2021.

Guzmán aseguró que las medidas “no tendrán impacto” aparente para las metas fiscales con el Fondo Monetario Internacional (FMI), debido a que la actualización de los topes mínimos del impuesto ya estaba contemplada en el acuerdo.

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El salario real en Estados Unidos cayó un 3,3% desde que Joe Biden asumió como presidente

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La aceleración inflacionaria abortó el proceso de recuperación salarial en la economía más importante del mundo. El poder adquisitivo retrocedió a los mismos niveles que había en febrero de 2020.

Quebrando la tendencia producida en los últimos años, las remuneraciones nominales en Estados Unidos se muestran mucho más inflexibles de lo que son los aumentos de precios. En lo que va de la administración de Joe Biden, los salarios reales del sector privado retrocedieron un 3,3% entre enero de 2021 y abril de 2022. Los datos fueron anunciados por la Oficina de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos.

Según la Reserva Federal, tomando los salarios reales para el total de la población ocupada en tiempo completo y de más de 16 años, la pérdida de poder adquisitivo fue del 3,76% al término del cuatro trimestre de 2021. Los salarios reales correspondientes a la industria privada total cayeron un 2,54%, y desglosando a la industria manufacturera la cifra fue del 2,49%.

Evolución del salario real de Estados Unidos entre 2020 y 2022.

A su vez, en lo que va de la administración del presidente Biden, los precios acumularon un alza del 10,53% mientras que las remuneraciones nominales solamente crecieron un 6,41%. Considerando la variación de precios minoristas, la inflación interanual (acumulada de 12 meses) trepó del 1,4% en enero de 2021 al 8,26% en abril de 2022, la cifra más alta desde 1982.  

La erosión del poder adquisitivo de los salarios comenzó a impactar, además, en el consumo del sector privado en términos reales (medido por la capacidad de comprar bienes y servicios). Según la base de datos de la Reserva Federal y la Oficina de Análisis Económico (BEA), el consumo privado de Estados Unidos se mantiene estancado desde octubre de 2021. En la misma línea, el índice de ventas minoristas no crece desde marzo de 2021.

Al mismo tiempo, la serie mensual de la actividad elaborada por la firma IHS Markit estima que la economía dejó de crecer desde diciembre de 2021 y en adelante. Las cifras oficiales provistas por la BEA relevaron que el PBI estadounidense cayó un 1,5% durante los primeros tres meses del 2022. Si esta tendencia persiste hasta el mes de junio, entonces se determinará el comienzo de una recesión técnica.

Los principales datos macroeconómicos reflejan un clima de tensión que se encamina a la estanflación, aunque los efectos recesivos aún siguen sin impactar sobre el mercado laboral, que volvió a registrar una situación de plena ocupación como la que había antes de la pandemia. 

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