Conecte con nosotros

Economía

Menos Estado y más Nación: Trump eliminó siete regulaciones por cada nueva norma sancionada

El gobierno de Donald Trump rectificó el rumbo económico presentado desde el inicio de la gestión, en contra de la burocracia y a favor de una economía desregularizada. Las medidas adoptadas ahorran miles de dólares para las familias norteamericanas.

Publicado

en

Según el último informe de gestión presentado desde la Casa Blanca, Estados Unidos avanza en la desregulación económica más grande de la historia moderna del país y una mayor facilidad para hacer negocios. El gobierno republicano logró asegurar cómodamente sus metas económicas iniciales, en el marco de una de las mayores reformas normativas desde los tiempos de Ronald Reagan. 

Donald Trump eliminó un total de siete regulaciones por cada nueva reglamentación sancionada, y de esta manera Estados Unidos logra un nuevo récord dentro de los países que conforman la OCDE. Ningún otro país desarrollado logró consolidar un proceso de desregulación tan grande como el norteamericano.

Esto generó una masiva disminución neta de regulaciones del sector privado, en parte responsable del boom económico que estaba experimentando el país antes de la pandemia; con el mayor crecimiento de los indices bursátiles de la historia, el menor desempleo de la historia, la mayor actividad industrial de la historia y un saneamiento de la balanza comercial como no se veía desde la pos-guerra.

Ad

Según Trump, fueron las regulaciones eliminadas las que garantizaron el pleno empleo durante los años 2018 y 2019, ya que tenían gran incidencia en los salarios netos que percibían los trabajadores.

Las regulaciones que regían durante la era Obama funcionaban como impuestos implícitos sobre las nominas salariales, lo que generaba una serie de distorsiones en el mercado laboral.

Con la reducción y eventual eliminación de trabas, licencias, restricciones o prohibiciones, el gobierno norteamericano estima que se generó un ahorro por 220.000 millones de dólares desde 2017. 

Esto implica que, en promedio, las familias habrían gozado de un ahorro equivalente a 3.100 dólares cada una, dinero que antes no podían percibir. A diferencia de otros impuestos, el impacto de la desregulación mantiene un efecto indirecto, pero fuertemente presente en la vida cotidiana de las familias. 

Ad

El llamado “pleno empleo” se logró consolidar a pesar de que la población económicamente activa volvió a crecer después de muchos años de rezago, algo que no ocurrió en ningún momento de la gestión demócrata anterior. En otras palabras, aún habiendo cada vez más personas disponibles en el mercado laboral, la creación de empleo fue incluso superior, más que compensado el efecto anterior y logrando disminuir la tasa de desocupación.

La desregulación en los mercados ayudó al ordenamiento en los precios relativos, lo que generó un abaratamiento de bienes y servicios que estaban artificialmente “inflados” en su precio, pero que ni las familias ni las empresas podían percibir ese beneficio, sino que sólo lo disponía el fisco. 

Este es el caso de los automóviles, o incluso bienes muy elásticos en su demanda como es el caso de los medicamentos y los fármacos.

En general, la desregulación alcanzó a prácticamente todos los sectores en la economía de Estados Unidos, en mayor o en menor medida. 

Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de los Estados Unidos, principal ejecutor de las medidas impositivas y financieras de Trump.

Ad

Uno de los procesos más importantes fue el cambio sobre las normas energéticas, alcanzado a finales del año pasado. A pesar de una fuerte resistencia por parte de los demócratas en el Congreso, Trump logró extender los permisos de perforación en tierras federales, y trabajó para flexibilizar las restricciones sobre las cantidades emitidas de gas invernadero, entre otras medidas

Se concretó un enorme estímulo para el sector energético, que de otro modo no hubiera sido posible. 

El gobierno federal destacó en su informe la especial prioridad hacia las familias de menores ingresos, consideradas las más afectadas por el encarecimiento artificial de los bienes y servicios más comunes. El informe presentado destaca la relación regresiva entre el marco regulatorio y las condiciones de vida en las familias con menores ingresos. 

Bajo está lógica de pensamiento, Trump arremetió en contra de las normativas de combustible y eficiencia, impuestas anteriormente por el ex-presidente Obama, para dar prioridad a la producción de automóviles más accesibles para todos los estadounidenses.

Ad

A la par de la reducción en la cantidad de regulaciones, el gobierno republicano encaró una fuerte reducción en la burocracia estatal. Los “costos regulatorios”, directamente devenidos en mantener las disposiciones normativas, se redujeron en 50.000 millones de dólares. Este dinero, que solo sostenía un marco regulatorio y burocrático poco funcional, ahora fluctúa libremente dentro de las arcas del Gobierno y atiende necesidades más importantes. 

La administración de Trump persiguió la eliminación de pautas que habían quedado obsoletas, así como la progresiva normalización entre las leyes federales y las estatales, para así lograr un sistema general más coherente y simple para empresas y las familias.

La reactivación económica en Estados Unidos no está siendo buscada desde una perspectiva centralizada en la intervención gubernamental, sino que aboga por dar más espacio a la sociedad en su conjunto.  

Haga clic para comentar

Usted debe estar conectado para publicar un comentario Inicio de sesión

Deja una Respuesta

Economía

Se dispara la deuda pública y ya alcanza los 363.000 millones de dólares

Publicado

en

Alberto Fernández endeudó al país en US$ 50.000 millones desde que asumió la presidencia en diciembre de 2019. Aun así, el Gobierno se sigue negando a corregir el déficit fiscal hasta 2028.

El último informe de la Secretaria de Finanzas relevó que la deuda pública total de la Administración Central llegó a los US$ 363.362 millones en diciembre de 2021. Esto tiene en cuenta a la deuda interna y externa del sector público.

En lo que va de la gestión de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner desde diciembre de 2019, el Estado argentino se endeudó por US$ 50.063 millones para solventar los fuertes desequilibrios de las cuentas públicas. El Frente de Todos, lejos de desendeudar al país, lo hace a un ritmo incluso superior al que había en la gestión anterior.

La mayor parte de la aceleración del endeudamiento se dio en los últimos tres meses del año pasado, a raíz del populismo fiscal en pleno clima electoral. Esto fue confirmado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP), que estima que el déficit fiscal federal creció sin pausa desde octubre de 2021, casualmente el mismo período en donde comenzó a dispararse la deuda pública.

Dentro de las obligaciones contraídas por el Estado, bajo la gestión de los Fernández volvió a cobrar una especial relevancia el endeudamiento en el mercado local. Se estima que este tipo de pasivos en moneda local se dispararon un 36,5% medido en dólares al tipo de cambio oficial.

Al mismo tiempo, la deuda pública externa se mantuvo relativamente estable debido a que el Gobierno no tiene la suficiente confianza como para acceder a los mercados internacionales y ningún acreedor confía seriamente en el actual Gobierno. Este segmento de la deuda se encuentra en renegociaciones permanentes.

La deuda tomada en el mercado local trae consigo duras consecuencias que son palpables sobre la sociedad. El mercado de capitales argentino se encuentra en un nivel de desarrollo muy bajo, y el Estado cada vez consume una cuantía mayor del poco crédito disponible. Esto significa menos crédito hipotecario y menos crédito para proyectos empresariales.

El ministro Martín Guzmán explicitó sus intenciones por fomentar el desarrollo de un mercado de capitales local, pero lo cierto es que en la práctica el Gobierno simplemente hizo uso de todas sus herramientas para captar el máximo financiamiento posible, un objetivo predominantemente fiscal.

A lo largo del 2021 el Gobierno realizó un total de 33 licitaciones de instrumentos denominados en pesos, llegando a hacerse de un monto equivalente al 1,7% del PBI destinado a cubrir las necesidades de financiamiento.

Además, el Gobierno estima haber llegado a un déficit fiscal primario (sin intereses) en torno al 3,5% del PBI en 2021, pero el ministro Martín Guzmán se niega a corregir el rumbo para el 2022. El Ministro anticipó una suerte de “proyección lineal” sobre los desequilibrios públicos en el futuro, y afirmó que no se llegará al equilibrio primario hasta 2028, corrigiéndolo a razón de solamente 0,6 puntos del PBI cada año.

Seguir Leyendo

Economía

Juan Carlos de Pablo durísimo contra Stiglitz: “Un Premio Nobel también puede decir huevadas”

Publicado

en

El influyente economista no se guardó nada, y criticó abiertamente todos los dichos de Stiglitz en relación a la gestión de Martín Guzmán y el supuesto “milagro económico” de Alberto Fernández.

Una vez más, el destacado economista Juan Carlos de Pablo arremetió contra la gestión de Martín Guzmán, y se pronunció abiertamente en contra de los dichos del economista Joseph Stiglitz sobre el Gobierno argentino.

Stiglitz no dudó en calificar como un “milagro económico” al desempeño de la Argentina en el año 2021, que registró un rebote de la actividad después de haber salido de la cuarentena y las medidas de aislamiento. Pero este supuesto milagro parece solo materializarse en la mente de Stiglitz, y la mayor parte de los economistas locales discrepan con su colega norteamericano.

En esta línea de pensamiento y en diálogo con el periodista Joaquín Morales Solá en TN, De Pablo calificó a Stiglitz de “caradura” al considerar que el Premio Nobel hace uso y abuso de su reputación profesional para sostener posturas políticas personales, que poco y nada tienen que ver con fundamentaciones técnicas o académicas de la economía.

El gran argumento de Stiglitz se limita a subrayar que la Argentina creció un 10% anual en el año 2021 contra 2020, cuando esa cifra es normalmente inferior en los países desarrollados. Pero el argumento es ridículamente simplista, pues la actividad económica argentina cayó mucho más que el promedio mundial en 2020 y, precisamente por eso, era de esperar un rebote también mayor.

Este argumento también es recurrentemente usado por Martín Guzmán y su equipo, tratando de justificar un supuesto milagro económico que, sin embargo, no es percibido por la gente.

“Está en la joda el tipo este. ¿Sabés cuál es el agregado? Que nadie le da pelota. Los únicos que le damos pelota al señor Stiglitz somos los argentinos y el Papa, que lo tiene en una comisión pontificia”, sentenció De Pablo.

El economista Joseph Stiglitz en una visita a Cristina Fernández de Kirchner en 2012, adulando su presidencia.

Stiglitz es ampliamente reconocido a nivel internacional por sus trabajos sobre las “fallas de mercado”, como la información asimétrica en mercados financieros o los problemas devenidos de los bienes públicos. Sin embargo, es ampliamente criticado también a nivel internacional por omitir completamente todas las “fallas de Estado”, que de igual forma son de muy estudiadas en la literatura económica.

De Pablo criticó fuertemente al Premio Nobel en lo que catalogó como una “ignorancia olímpica” de las fallas del Estado y no titubeó al declarar que, así como cualquier persona corriente, “un Premio Nobel puede decir huevadas”.

Una vez terminadas sus críticas hacia el mentor, De Pablo apuntó contra el alumno preferido de Stiglitz: el ministro Martín Guzmán. Para el economista, Guzmán no tiene realmente un equipo económico organizado y simplemente se armó un plan de administración sobre el Banco Central y la Secretaria de Comercio interior.

Juan Carlos De Pablo, economista con formación en la Universidad Católica Argentina y la Universidad de Harvard.

También apuntó contra la excesiva demora de un acuerdo definitivo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y expresó su preocupación por la falta de grandes definiciones, en un momento crítico para la Argentina.

“La sospecha que tengo es que en esta negociación, si es que existe, y ojalá nos llevemos una sospecha agradable y se anuncie un acuerdo, es que nadie tiene apuro. Estamos en el medio del desierto y la caramañola vacía”, explicó el economista.

De Pablo concluyó que el Gobierno podría demorar incluso hasta marzo para, al menos, llegar a un consenso parcial con el FMI. Este diagnóstico es compartido por la mayor parte de los economistas de las consultoras profesionales, y se debe a que a este ritmo el BCRA no podrá seguir sosteniendo su esquema de política cambiaria actual sin un acuerdo.

Sin embargo, el economista se mostró escéptico con un acuerdo concreto y serio con el Fondo en el futuro. Advirtió que la deuda por US$ 44.000 millones no puede ser pagada en las condiciones críticas que actualmente sufre Argentina, y que Martín Guzmán se niega a permitir el equilibrio fiscal primario (sin intereses) hasta 2028.

Seguir Leyendo

Economía

FMI: Guzmán sigue sin acercarse a un acuerdo y el riesgo país roza los 1900 puntos

Publicado

en

El organismo habría endurecido sus exigencias de ajuste fiscal y la negociación entró en zona de riesgo, con un Martín Guzmán que no está pudiendo manejar el diálogo como había prometido.

Mientras Santiago Cafiero comienza en Washington su gira para conseguir el apoyo de Estados Unidos en la negociación con el Fondo Monetario Internacional, se dio a conocer un dato que hasta el momento era un rumor: el FMI exige que el año próximo el déficit fiscal primario se reduzca al 1% del PBI y en 2024 se llegue al equilibrio fiscal.

Esto va en contra del plan propuesto por Guzmán, e implica que el Fondo solo le da dos años al Gobierno para ordenar las cuentas, en vez de 5, y tendrá que transitar un 2023 electoral en modo ajuste.

El Ministro de Economía, cuyo único rol en el Gobierno es el de renegociar la deuda, con un Matías Kulfas encargándose más del día a día de la economía del país, sigue fracasando en llegar a un acuerdo satisfactorio con el FMI.

Guzmán había propuesto llegar al equilibrio fiscal en 2027 y por cuatro años más seguir gastando más de lo que se recauda, empezando a ajustar recién en 2026. En su opinión, la postura de un ajuste más veloz del FMI va a desembocar en una nueva recesión, que vuelva aún más complicado equilibrar las cuentas.

En el Gobierno consideran que provocar una recesión que haga perder empleos equivale directamente a una exigencia de perder las elecciones por un lado y, por el otro, dan por hecho que la consolidación fiscal se verá frustrada porque la caída de la actividad hará caer la recaudación de modo que se gastará menos, se frenará la economía, se recaudará menos y el déficit se profundizará en lugar de achicarse.

En cambio, si se posterga el ajuste y se deja crecer a la economía, la convergencia al equilibrio será “virtuosa”. El problema es que cuatro años más sin acceso al crédito, con un fuerte riesgo de default y un FMI que sigue vaciando las arcas del Banco Central recaudando intereses, tampoco es bueno para la economía, algo que Guzmán no entiende del todo.

El clima es de tal tensión que Guzmán suspendió en los hechos la reunión con los gobernadores opositores, apurando una visita a San Juan, y el Gobierno acordó enviar a Cafiero a Washington a ver si logra destrabar el conflicto desde el lado político.

Esta situación agudizó la mirada que prevalece en el mercado: el acuerdo con el FMI entró en zona de riesgo y no hay que descartar que en marzo se vaya a un default con el organismo, aunque después se termine acordando. Una trayectoria que de cumplirse tendría altos costos para la economía y las inversiones.

Así lo reflejan los precios de los bonos que se derrumbaron a la zona de los 28 dólares este lunes. En consecuencia, se disparó el riesgo país a los 1885 puntos básicos -nuevo récord histórico tras el canje de 2020- en una jornada sin transacciones en Wall Street por el feriado por Martin Luther King.

Cuando se retomen las operaciones, sino aparecen señales positivas del encuentro de Cafiero con el secretario de Estado, Antony Blinken, la trayectoria indica que el riesgo país podría superar los 1900 puntos básicos con facilidad.

Lo que reflejan los precios actuales es que el país entró en la cuenta regresiva para quedarse sin reservas internacionales netas. En poco más de dos semanas se habrá pagado el próximo vencimiento de casi 1.900 millones de dólares al FMI y solo quedarán tres meses más para que el país entre en atrasos o pida una excepción (waiver) para seguir negociando

El Gobierno apostaba a un apoyo contundente de la administración Biden, para dar vuelta las resistencias del FMI a los pedidos de Argentina, pero este gesto hasta ahora no apareció. De ahí la gira urgente de Cafiero a Washington.

Mientras tanto, Alberto Fernández intenta presionar a la Casa Blanca con la geopolítica y pautó para febrero una gira por Rusia y China, algo que no tiene el mismo impacto diplomático sobre Washington que tenía antes.

A pesar de que un acuerdo con el Fondo es una condición necesaria para evitar un colapso total de la economía, las consultoras privadas no ven los “cuatro años de crecimiento” que plantea Guzmán incluso logrando un nuevo acuerdo.

En cambio, el consenso es que habrá unos pocos meses más de arrastre estadístico de los buenos tercer y cuarto trimestre de 2021 para la primera parte de 2022, y una fuerte ralentización que hará que el año termine entrando en recesión con una inflación arriba de 60 puntos. 

Es decir, un ciclo de fuerte estanflación, en una espiral a hiperinflación si el Gobierno no ejecuta un plan claro de estabilización monetaria. Sin cumplimiento de las metas fiscales, de acumulación de reservas y de reducción de la emisión monetaria, el panorama económico de Argentina está en uno de sus peores momentos históricos, y se acerca al nivel del Rodrigazo, la Hiper de 1989 y la Crisis del 2001.

Seguir Leyendo

Trending