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Economía

Preocupante: el Gobierno busca extender el control de precios, y el Banco Central asegura que la inflación es un problema de “puja distributiva”

En pleno año electoral, el kirchnerismo buscará extender al máximo los programas de controles de precios. Solamente se permitirán aumentos de entre el 5% y el 8%. El Banco Central desestimó cualquier explicación monetaria de la inflación, y apuesta fuerte por la heterodoxia.

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La secretaría de Comercio Interior dispuso la extensión de los controles de precios sobre los principales productos de consumo masivo, a fin de cumplir las expectativas del kirchnerismo en medio de un año electoral. 

De la mano de Paula Español, la secretaría de Comercio busca permitir aumentos de solamente el 5%, y hasta el 8% en algunos casos. 

Las negociaciones con las empresas productoras se fijaron en torno a la cantidad de bienes que estarán sujetos a “precios cuidados” y los que tendrán directamente un precio máximo legal. 

Las empresas demandaron la retirada del programa de Precios Máximos, que atentaba directamente contra la rentabilidad operativa de las mismas y, a cambio, el Gobierno decidió generalizar los precios cuidados y regular los aumentos de un mayor número de productos. 

En contra de toda la teoría microeconómica, el oficialismo se propone contener el ritmo de aumento del IPC para el 2021 a partir de la intensificación de los controles de precios. El propio ministro Martín Guzmán reconoció que esta estrategia será central dentro del programa oficial. 

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En línea con el dogma ideológico de los funcionarios, el Banco Central elaboró un informe reciente en el que realiza un relevamiento sobre la inflación y las variables relacionadas, “concluyendo” que el fenómeno no está ligado con el comportamiento de los agregados monetarios. 

El Banco Central, dirigido por el radical Miguel Pesce, apuesta fuerte por la heterodoxia y decidió desconocer casi 50 años de literatura económica. El organismo monetario afirma que la inflación está relacionada con un problema de “distribución del ingreso” y de “puja distributiva”. 

De esta manera, el análisis técnico del BCRA sobre la inflación vuelve a remontarse a mediados del siglo XX, abandonando la teoría moderna ortodoxa. Bajo este esquema, la emisión récord del año pasado, y la gran emisión futura, serán abordados de manera poco convencional. 

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Para este año, el Banco Central está autorizado para emitir $1,9 billones, después de haber emitido $ 2 billones el año pasado. La tensión cambiaria del 2020 podría presentarse nuevamente este año, y el Gobierno solamente se propone contenerlo a partir un mayor endurecimiento del cepo. 

El año pasado la asistencia monetaria al Tesoro Nacional alcanzó un récord histórico como no se veía desde 1989. La asistencia de pesos alcanzó casi el 7% del PBI en 2020, y este año llegaría hasta el 5,2% del PBI, si se cumplen las metas de crecimiento. 

El ministro Guzmán estimó un déficit primario del Sector Público Nacional en torno al 4,2% en 2021, llegando así a un déficit financiero (con servicios de deuda) del 5,7%. Es decir, cerca del 91% del déficit del Estado Nacional podría ser cubierto con emisión de dinero a lo largo del año. 

A diferencia del año 2020, el 2021 tendría un clima monetario muy diferente a raíz de las reaperturas, provocando una normalización en los agregados monetarios. Aunque el Banco Central desestima la acción de los agregados, existe peligro por una fuerte aceleración de precios. 

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Economía

Deuda con el FMI: ¿Qué consecuencias podría atravesar Argentina si no paga el vencimiento?

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Después de abonar los U$S1.100 millones adeudados en febrero, Argentina se quedará sin dólares para pagar los siguientes vencimientos, y podría entrar en cesación de pagos en marzo.

Las negociaciones argentinas por la renegociación del pago de la deuda que mantiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI) están en un punto complicado. Mientras Guzmán negocia atrasar los pagos, Alberto Fernández asegura que no pueden hacer ningún ajuste antes de 2027, algo que no contenta al Fondo.

Este viernes que viene y el martes próximo se vencen dos plazos de pagos que acumulan unos U$S1.100 millones, que apenas podrá pagar el Banco Central. El próximo pago es en marzo y con las reservas líquidas no va a alcanzar para pagarlo.

Sin un acuerdo rápido con el FMI un default es prácticamente una certeza, y esto tendría una serie de implacancias no solo para el mercado argentino si no para el mismo organismo internacional, que dejaría de recibir los pagos de la deuda más grande que tiene activa en estos momentos.

En principio, la negativa de pagar traería consigo tensiones fuertes en el mercado de cambios y a los activos financieros argentinos. El Riesgo País se dispararía, y el Banco Central se quedaría sin dólares para intervenir en el mercado de cambios, por lo que se podría esperar una fuerte suba en la cotización de los segmentos paralelos.

El otro punto, y quizá el que más preocupa, es que si Argentina se negase a pagar, podría a la larga ser expulsada como miembro del organismo. Y si bien no caería en default de manera inmediata, iniciaría un camino que la llevaría a ello.

En definitiva, el extremo máximo del incumplimiento con el FMI podría generar que el organismo haga público que uno de sus miembros incumplió el pago, difundiendo el monto y expulsándolo de Fondo. Esto imposibilitaría a la Argentina tener cualquier tipo de asistencia por parte del organismo y de cualquier prestamista privado, hasta tanto cancelase la deuda.

El freno del ingreso de dólares por parte de préstamos internacionales, si no se compensa con una baja del gasto público, obligaría al Banco Central a aumentar su financiamiento al Tesoro, lo que produciría más emisión monetaria de pesos y, por ende, más inflación.

Po último, y esto ya siendo una consecuencia de mercado, habría una importante caída de los flujos de inversión privados, dado el escenario económico de gran incertidumbre, por lo que entrarían incluso menos dólares al país y generando una espiral de escasez de divisas extranjeras que desembocarían casi certeramente en una hiperinflación.

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Economía

Brasil avanza en la desregulación del mercado de capitales y la inversión extranjera

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Bajo el liderazgo de Jair Bolsonaro y Paulo Guedes, Brasil avanza en la modernización del mercado de capitales local con el fin de establecer pautas regulatorias modernas y derogar el esquema obsoleto anterior. Los cambios brindarán mayor seguridad jurídica a los inversores.

El presidente Jair Bolsonaro parece decidido en seguir avanzando por la agenda por la desregulación de la economía brasileña. Bolsonaro finalmente logró la sanción de la Ley N° 5.387 formulada inicialmente en el año 2019, que supone la modernización del mercado cambiario, el mercado de capitales y el comercio exterior. Las medidas conforman un paso más hacia la liberación de las fuerzas productivas de Brasil.

Este proyecto, ya consolidado, propone continuar con la misma agenda reformista comenzada en 2019, cuando el propio Bolsonaro anunciaba la desregulación corporativa con el debido aval del Congreso, haciendo un especial énfasis en el mercado tecnológico. Además, a lo largo del 2021 y tras haber sorteado la etapa más dura de la pandemia, Bolsonaro impulsó nuevas leyes para favorecer la desregulación del mercado laboral.

Las disposiciones de la Ley N° 5.387 adoptan un esquema regulatorio con estándares internacionales, un elemento que favorece la inversión extranjera y la inserción de Brasil en el mercado global, al establecer reglas de juego claras y creíbles. Serán eliminadas todas las trabas legales y burocráticas para que los exportadores puedan disponer libremente de sus ingresos provenientes del exterior del país.

Se levantarán las regulaciones obsoletas que impedían canalizar la inversión extranjera en Brasil, por lo que se espera conseguir así una importante afluencia de capitales para invertir en numerosos sectores sin regulaciones limitantes, así como la posibilidad de proveer crédito a los empresarios locales. Quedará desregulada la inversión extranjera sobre concesiones y proyectos de infraestructura a largo plazo, en beneficio de la población brasileña y el desarrollo del país.

El nuevo marco regulatorio será lo suficientemente flexible como para garantizar un mayor abanico en la inversión de fondos por parte de las entidades financieras de Brasil, ya sean fondos captados en el mercado local como en el exterior. Esto será un punto clave para el desarrollo del mercado de capitales.

La ley sancionada por Bolsonaro implica la desregulación de las transacciones y transferencias internacionales, por lo que se permitirá la utilización del Real para diversas transacciones con el exterior, y se permitirán libremente todos pagos desde cuentas en reales radicadas en cualquier país del mundo.

El proceso de desregulación también contempla la habilitación para utilizar divisas en la cancelación de un gran número de obligaciones dentro de Brasil, cuando antes este tipo de operaciones se encontraban exageradamente limitadas.

De esta forma, las medidas apuntan a seguir profundizando la confianza en el exterior y en el mercado local, adoptando el rumbo de las reformas estructurales como la privatización de las empresas del Estado, la apertura arancelaria y la propia desregulación general de la economía. Brasil encara el proceso reformista más importante desde la década de 1990, un proceso que había sido brutalmente interrumpido durante las administraciones del PT.

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Economía

Argentina sin moneda: las políticas inflacionistas destruyeron el poder adquisitivo del peso

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Tras la salida de la Convertibilidad en 2002, el poder de compra del peso perdió terreno sistemáticamente. Actualmente un monto por 1.000.000 de pesos solamente es capaz de adquirir 4.566 dólares en el mercado sin intervención.

La emisión de dinero sin respaldo volvió a internalizarse en la política económica argentina desde la salida de la Convertibilidad el 6 de enero de 2002. Año tras año, el poder adquisitivo del peso argentino fue perdiendo terreno tanto en términos de bienes y servicios (inflación), como en relación a otras divisas.

Mientras que en la administración del presidente Carlos Menem era posible adquirir 1.000.000 de dólares por la suma de 1.000.000 de pesos, actualmente solo es posible comprar a duras penas un monto por 4.566 dólares en el mercado paralelo. Estas cifras ponen en evidencia la fuerte devaluación del peso desde 2002 y en adelante.

Domingo Cavallo, autor e impulsor del único programa económico de la democracia que derrotó a la inflación.

Aún considerando el tipo de cambio oficial minorista, solamente sería posible adquirir un monto de 9.600 dólares, pero esto se torna casi imposible debido a las fuertes restricciones que impone en cepo cambiario del Banco Central. Además, este valor resulta completamente ficticio pues no tiene en consideración al impuesto PAIS del 30%, ni tampoco la percepción del impuesto a las Ganancias por una alícuota del 35%.

Teniendo en cuenta estos dos impuestos, al valor de corriente del llamado dólar solidario”, solamente resulta posible adquirir 5.530 dólares con 1.000.000 de pesos. Sea cual sea el criterio que se tome como referencia, la devaluación del peso argentino es una realidad innegable que se produjo tras el abandono de la Convertibilidad.

Evolución histórica del poder adquisitivo de AR$ 1.000.000 considerando el dólar en el mercado cambiario libre.

Bajo la gestión del presidente Eduardo Duhalde la emisión de dinero volvió a financiar el déficit fiscal, y la masiva pesificación de depósitos y deudas privadas provocó una rápida y violenta expansión monetaria.

Más tarde, y pese al fuerte superávit en la administración de Néstor Kirchner, la emisión de papel moneda se destinó a la depreciación artificial del tipo de cambio nominal, pretendiendo así ganar competitividad a costa de reintroducir la inflación en la economía argentina.

Los fuertes desequilibrios fiscales producidos en las dos administraciones de Cristina Fernández de Kirchner fueron la piedra angular para consolidar la dominancia fiscal del sector público sobre el accionar del Banco Central. La reforma de la carta orgánica de la autoridad monetaria en 2012 permitió la adopción definitiva de una política monetaria anómala.

Finalmente, bajo la gestión de Mauricio Macri el BCRA no modificó su carta orgánica y las inconsistencias internas del programa económico, marcando una dicotomía entre la política monetaria y la fiscal, terminaron por seguir profundizando el proceso inflacionario.

Sin poder erradicar la dominancia fiscal, las políticas monetarias relativamente restrictivas impulsadas por el macrismo no dieron resultados debido a que los agentes descontaron una mayor emisión futura para financiar al fisco, y simplemente se produjo una drástica contracción de la demanda de pesos desde 2018 precisamente previendo esta situación.

Desde diciembre de 2019 y bajo el liderazgo de Alberto Fernández, no solo se continuó con un marco de fuerte dominancia fiscal, sino que además se descartó cualquier mesura en la emisión de dinero sin respaldo. Las medidas de aislamiento estrangularon la economía y pusieron una suerte de “techo” al proceso inflacionario en 2020, pero esta situación fue meramente temporal y actualmente Argentina enfrenta otra aceleración de la inflación.

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