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Economía

Qué es el sistema SWIFT y cómo la expulsión de Rusia podría frenar la invasión a Ucrania

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Los líderes del G7 anunciaron la expulsión de múltiples bancos rusos del sistema financiero SWIFT, pero la expulsión total de Rusia todavía no ha sido aprobada.

Mientras se esperaba que Joe Biden anuncie unilateralmente la expulsión de Rusia del sistema financiero SWIFT por su transgresión en Ucrania, el pasado jueves 24 el presidente norteamericano decepcionó a los líderes del mundo cuando anunció que no tomaría esa decisión por su cuenta.

Rápidamente los líderes del G7 se reunieron para tomar la determinación, pero Alemania ejerció su poder de veto y rechazó tomar esta medida que podría haber frenado en seco las aspiraciones bélicas de Rusia. La realidad es casi el 60% de la energía alemana depende de la importación de gas y petróleo ruso, y si el gobierno de Olaf Scholz teme que Putin les corte el suministro en retaliación y los deje sin energía en pleno invierno.

Este sábado, la presidente de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunció que “algunos bancos rusos seleccionados” serían expulsados del sistema financiero SWIFT, y que más entidades rusas podrían ser expulsadas si el Kremlin continúa su avance sobre Ucrania.

Este es el principal pedido del presidente ucraniano Volodimir Zelénski desde que comenzó la invasión, y tiene el respaldo de Polonia, Estonia, Lituania y Letonia, entre otros, pero los líderes de Occidente no se animan a tomar la determinación completa.

Qué es el sistema SWIFT y por qué afectaría tanto a Rusia su expulsión

El sistema SWIFT funciona como una red internacional de bancos y entidades financieras, que permite el flujo mundial de capitales y constituye un pilar central en la economía globalizada.

Se trata de una combinación alfanumérica por medio de la cual es posible identificar los destinos y las emisiones de las transacciones financieras entre bancos a nivel internacional. Su principal propósito es determinar el origen y el destino de cada transacción financiera en el mundo, garantizando la seguridad de las distintas transacciones que se llevan a cabo en todo el comercio global.

Su importancia para Rusia es crucial, ya que por medio de estos códigos las entidades rusas pueden participar del comercio internacional. La expulsión del sistema SWIFT supondría un bloqueo financiero absoluto, interrumpiendo el flujo de mercancías y servicios, la liquidación de exportaciones e importaciones, la transferencia de tecnología, los pagos y acreencias de deuda tanto para el sector privado como del sector público con el exterior, entre muchas otras transacciones afectadas.

Analistas aseguran que esta sanción es la única que realmente podría poner contra las cuerdas a Putin, y que la expulsión de Rusia del sistema SWIFT llevaría a una crisis económica inmediata a la potencia euroasiática.

¿Puede Rusia usar una alternativa a SWIFT?

Putin podría intentar sortear las sanciones hasta un cierto punto. Por ejemplo, Rusia tiene su propio sistema SPFS, similar al SWIFT, que hasta el momento solo sirve para aprobar transacciones dentro del país.

Sin embargo, Putin está en negociaciones con el dictador chino Xi Jinping para acoplar el SPFS al CIPS, el homólogo chino del SWIFT. De esta manera, el SPFS-CIPS podría garantizar las transacciones de Rusia y sus aliados más las de China y sus aliados, generando un importante competidor al SWIFT.

De todos modos, el comercio de Rusia con Occidente es crucial para su economía, y analistas aseguran que no sería suficiente solo hacer transacciones con China para sostener la maquinaria de guerra que ya le está costando 20.000 millones de dólares por día de invasión a Ucrania.

Otra alternativa podría ser el uso de criptomonedas estatales por fuera del sistema bancario internacional, como las que ya se utilizan de forma marginal en Corea del Norte e Irán. Sin embargo, estas alternativas actualmente no son capaces de reemplazar la dependencia financiera de Rusia con el sistema bancario convencional, al menos no en el corto plazo.

Brasil

Cuentas en orden: Las privatizaciones de Bolsonaro generaron un fuerte superávit fiscal en Brasil

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El Gobierno federal registró un fuerte superávit primario del 0,9% del PBI, superando holgadamente las metas fiscales previstas para fin de año. La privatización de empresas estatales y la reducción del gasto público fueron los principales factores explicativos para la mejoría de las finanzas públicas. 

La administración de Jair Bolsonaro logró sobrecumplir las metas fiscales pautadas para fin de año. Las estadísticas provistas por el Banco Central de Brasil y el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) sugieren que el Gobierno federal alcanzó un superávit primario del 0,88% del PBI al término del mes de octubre, uno de los resultados más equilibrados registrados desde mediados del 2014.

Asimismo, y contabilizando la partida por intereses de deuda pública, el sector público federal tuvo un déficit acumulado de 12 meses en torno al 4,15% del PBI para el término del mes de octubre. El resultado financiero del fisco fue el más equilibrado desde septiembre de 2014.

El superávit primario es un factor fundamental para preservar la disciplina fiscal, ya que permite trazar un sendero sostenible para la deuda pública, abonar los intereses asociados y conseguir fondos para refinanciar permanentemente las obligaciones. 

El sector público consolidado (el Gobierno federal y los Estados locales) obtuvo un superávit primario del 1,8% del PBI en octubre de 2022. El resultado superó ampliamente a la meta del -0,6% propuesta por el ministro Paulo Guedes a principios del año, ya que se esperaba que la reducción en el impuesto a los productos industrializados tuviera un impacto mayor sobre la caída de la recaudación.

La disciplina fiscal fue liderada por la administración central que encabeza Bolsonaro, ya que este sector del Estado registró un fuerte superávit de hasta R$ 30,3 mil millones en octubre, contra un resultado deficitario de R$ 3,9 mil millones por parte de los Gobiernos locales y las municipalidades. 

La mayor parte del superávit federal fue explicado por el ingreso extraordinario de las privatizaciones. El proceso de transferencia de activos y pasivos desde el sector público hacia el sector privado que atravesó Brasil en los últimos años fue el más importante desde la década de 1990. 

Las privatizaciones no solo permitieron mejorar la calidad de los servicios brindados a los usuarios y desmonopolizar actividades, sino que también significaron importantes ingresos para las arcas públicas. Las empresas estatales que aún se conservan dentro de la esfera estatal acumularon un superávit del 0,1% del PBI en el acumulado anual de octubre.

El mayor crecimiento del PBI durante el tercer trimestre del año también dinamizó la captación de recursos tributarios entre los impuestos que responden directamente al comportamiento de la actividad económica, siendo el IVA el más importante de ellos.

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Economía

De las ganancias por privatizaciones a las pérdidas por las estatizaciones: La herencia de 20 años de modelo kirchnerista

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Las incesantes nacionalizaciones y apertura de nuevas empresas estatales dejaron como saldo un profundo déficit sobre la espalda de la sociedad. El Estado empresario se multiplicó desde 2003 y se abandonaron los beneficios por las privatizaciones de los 90s. 

20 años de crecimiento constante en el conglomerado de empresas bajo la órbita estatal provocaron la vuelta de los desequilibrios que se creían ya superados en la década de 1990. El déficit operativo de las empresas estatales representó el 0,8% del PBI en el acumulado anual de octubre, el resultado más desequilibrado en 30 años.

El instituto IDESA estima que el costo de las empresas estatales para la sociedad es aún mayor si se contabilizan las transferencias corrientes del sector público, que no se incluyen en el déficit operativo. 

Solamente para el Presupuesto 2023 los subsidios totales a las empresas públicas ascenderán al 1,2% del PBI, una cifra que supera al gasto federal en asignaciones familiares (AUH) y el Programa Alimentar, puestos juntos. Las prioridades del sector público se encuentran completamente desencajadas de la realidad.

Contrariamente al escenario actual, las privatizaciones de los años 90 no solamente le devolvieron los servicios públicos a la sociedad y lograron eliminar los déficits, sino que además permitieron la captación de ingresos significativos para las arcas públicas. Los ingresos por privatizaciones promediaron el 0,3% del PBI entre 1993 y 1999, y superaron el 0,8% del producto al momento de la venta de YPF en 1999

El efecto de las privatizaciones y las estatizaciones entre 1993 y 2022.

Una a una, las más importantes empresas estatales creadas o nacionalizadas desde 2003

Gestión Néstor Kirchner

  • 2004: Correo argentino, Energía Argentina (ENARSA)
  • 2006: Agua y Saneamientos Argentinos (AySA), AR-SAT
  • 2007: Astilleros TANDANOR

Gestión Cristina Fernández de Kirchner

  • 2008: Aerolíneas Argentinas, Operadora Ferroviaria, Administración de infraestructuras ferroviarias
  • 2009: Ferrocarril Trasandino Central, Radio y Televisión Argentina SA
  • 2010: Centro de Ensayos de alta tecnología (CEATSA), Fábrica Argentina de Aviones (FADEA)
  • 2012: Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) por el 51% del paquete accionario
  • 2013: Belgrano Cargas y Logística, Administración de RRHH ferroviarios
  • 2014: Playas ferroviarias de Buenos Aires
  • 2015: Ferrocarriles Argentinos, Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA)

Gestión Mauricio Macri

  • 2016: Contenidos Públicos S.E
  • 2017: Corredores viales
  • 2019: Fabricaciones Militares S.E

Gestión Alberto Fernández

  • 2020: Estatización de rutas nacionales con peaje, intento de nacionalización de Vicentin
  • 2021: Hidrovía Paraná-Paraguay, Transporte de ferrocarril de cargas
  • 2022: Eliminación de las concesiones privadas por contratos de obra pública PPP

La más reciente ofensiva del kirchnerismo apunta a la estatización de las represas de energía hidroeléctrica tras el vencimiento de los contratos de concesión en agosto de 2023, un proyecto del ala dura del oficialismo presentado por el fanático kirchnerista Oscar Parrilli. 

La profundización del modelo kirchnerista revitalizó los mismos problemas que atravesó el país durante la segunda mitad del siglo XX. Las empresas del Estado no fueron administradas eficientemente por ningún Gobierno, y cada vez se hace más necesario la reinstalación del debate por la privatización

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Economía

JP Morgan le suelta la mano a Biden: La financiera pronostica una fuerte recesión en Estados Unidos

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La firma financiera más importante de Estados Unidos cuestionó el diagnóstico optimista del presidente Biden, y asegura que la fortaleza en el gasto de los consumidores no podrá sostenerse, y este era el único factor que hasta ahora limitaba la recesión en el país. 

El CEO de la firma JP Morgan & Chase, Jamie Dimon, advirtió por el deterioro de las condiciones macroeconómicas de Estados Unidos de cara a los primeros trimestres de 2023, en una dura crítica a la política económica de Joe Biden.

El multimillonario hombre de negocios explicó que la actividad sufrirá un impacto recesivo aún más importante del que se registró hasta ahora, y pidió un cambió en el rumbo económico de la Casa Blanca de manera “urgente” para evitar una recesión más profunda.

Se debe tener en cuenta que si bien la economía estadounidense cayó por dos trimestre consecutivos y entró formalmente en recesión, el presidente Biden decidió negar públicamente que el país atraviesa una recesión y se concentró en la evolución de los pocos datos que aún sortean el ambiente recesivo, entre ellos la expansión del consumo privado

Pero el diagnóstico de JP Morgan advierte que, esta vez, ni siquiera el consumo logrará salvarse de la estampida recesiva. Pese al deterioro de los salarios reales desde mediados de 2021, el consumo privado real mantuvo un ligero crecimiento en base al endeudamiento (vía tarjetas de crédito) y la caída en la tasa de ahorro. 

De hecho, en noviembre la tasa de ahorro personal de Estados Unidos cayó al 2,3% sobre la base del ingreso disponible, la cifra más baja desde julio de 2005 y una de las más reducidas desde el comienzo de la serie histórica de datos en 1959. 

Para Jamie Dimon la drástica caída en la tasa de ahorro conforma una señal temprana de recesión, ya que la persistencia de la inflación y el alza en las tasas de interés de los bancos obligarán a los consumidores a agotar completamente todos los ahorros que obtuvieron por los cheques familiares adquiridos en pandemia. 

Cabe recordar que los cheques de estímulo fiscal lanzados entre marzo de 2020 y marzo de 2021 fueron mayormente ahorrados por los consumidores, y no consumidos como se esperaba para “estimular la economía”.

Son activos que los estadounidenses decidieron atesorar para suavizar su consumo en el futuro. Se estima que los ciudadanos de EE.UU tienen hasta 1,5 billones de dólares en sus cuentas bancarias, más del triple de la suma que tenían antes del comienzo de la pandemia. 

Una vez que los consumidores hayan agotado sus posibilidades de endeudamiento con tarjetas de crédito, y hayan hecho uso de sus ahorros por los cheques gubernamentales, la única opción posible será la retracción del consumo, que deberá alinearse con la caída de los salarios reales

“El menor gasto de los consumidores puede descarrilar la economía y causar una recesión leve o dura que preocupa a la gente”, explicó Dimon.

Este efecto es el que teme JP Morgan, y de producirse la economía perdería el último “motor” de crecimiento que hasta ahora mantenía. El consumo privado representa hasta el 60% de la economía estadounidense, por lo que adquiere una relevancia trascendental.

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