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Economía

Se apaga la economía: más empresas abandonan el país por las pésimas condiciones locales

Argentina experimenta un éxodo notable de empresas que deciden abandonar sus operaciones locales para trasladar su capital hacia otros destinos más favorables. El control de cambios y el sindicalismo hacen imposible un clima razonable para los negocios.

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Nuestro país presenta pésimas condiciones para el desarrollo del capital local y extranjero, y cada vez más empresas multinacionales deciden abandonar sus esperanzas en el modelo argentino, que parece nunca encontrar una solución para los mismos problemasLa pandemia del Covid-19 impactó fuertemente desde marzo, y la cuarentena destruyó la actividad económica a partir de entontes. 

El coronavirus es tan solo un elemento más de todos los que hay, para hacer inviable cualquier tipo de inversión. Como si una caída récord en el nivel de producción no fuera suficiente motivo para abandonar la inversión en Argentina, la organización regulatoria y laboral anulan cualquier tipo de duda al respecto. 

El gobierno mantiene un fuerte control de cambios, impidiendo el libre flujo de remesas y dividendos en empresas multinacionales, así como muchas dificultades en operaciones que necesariamente se ven envueltas con divisas extranjeras. 

El fuerte control a la salida de capitales y las restricciones cambiarias vigentes, anularon por completo la cuenta capital y financiera del país, lo que supone un aislamiento total al flujo internacional de capitales y los beneficios que esto supondría. 

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La contracción económica, estimada en alrededor de 12 puntos para este año, sería solo la convalidación de la enorme inestabilidad económica argentina. La gran cantidad de regulaciones e impuestos distorsivos, muchas veces incluso ridículos o confiscatorios, presentan serias dificultades a la hora de realizar una inversión. 

Nuestro país se ubicó en el puesto número 139 de 141 países, en cuanto a la clasificación por estabilidad económica, un estudio realizado por el Foro Económico Mundial. 

Paralelamente a estos datos, se estima que una empresa argentina promedio, debería pagar hasta el 106% de sus ganancias totales. Esto se debe a efectos puramente contables, porque las regulaciones vigentes priorizan la recaudación directa por sobre la racionalidad en el cobro de los impuestos. 

Hasta 2018, en nuestro país estaba totalmente prohibida la actualización por inflación en los estados contables, y los impuestos simplemente pretendían abarcar ganancias nominales que no reflejaban la verdadera situación financiera de cada empresa, provocando un proceso de enorme descapitalización.

Por fuera del ámbito contable y jurídico, el clima laboral argentino tampoco ofrece ningún tipo de simpatía con el capital. El sindicalismo argentino se convirtió en un ente contraproducente a los objetivos que pretende alcanzar.

Caso LATAM, el emblemático conflicto que demostró el pésimo clima empresarial en Argentina.

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Bajo acciones de confrontación del sindicalismo, la economía argentina no fue capaz de crear puestos de trabajo formales en el sector privado desde el año 2011, cuando la estanflación comenzó a afianzarse cada vez más. 

La excesiva centralización del sistema laboral y la poca consideración entre las capacidades de grandes empresas y pymes, generó el ambiente ideal para mantener a un 35% del total de los asalariados en situación de informalidad, y casi un 40% del total del empleo privado. 

El sindicalismo local provocó la retirada de la empresa Latam, generando la pérdida de todos aquellos puestos de trabajo que pretendía defender. Y no contento con estos “logros”, muchas más empresas multinacionales se plantean correr la misma suerte, y buscar mercados emergentes con mejores condiciones para poder invertir. 

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Los conflictos persistentes y las huelgas con connotaciones políticas, destruyeron gran parte de la rentabilidad de la economía. Por todas estas cuestiones, Brasil se transformó en un destino común para todas aquellas firmas que se plantean verdaderamente generar ingresos, algo aparentemente condenado en Argentina. 

En las últimas semanas las firmas, Warren Buffett, Axalta Coating Systems, BASF y Saint-Gobain Sekurit, anunciaron su retirada del país para trasladar sus operaciones a Brasil. Incluso la empresa automovilística, Honda, dejó de fabricar autos en Argentina para trasladarse al país vecino, aunque continúa con la fabricación de motos. 

Además del éxodo que se está produciendo, muchas otras firmas que tenían en sus planes invertir en nuestro país, ahora descartarán cualquier posibilidad. Este es el caso de las firmas automotrices Volkswagen AG y Ford Motor Co, que cancelaron rápidamente todos sus proyectos de inversión. 

El presidente Alberto Fernández se propuso “prender la economía” en sus discursos de campaña, pero sus medidas hacen todo lo posible para terminar de apagarla. El gobierno se propuso avanzar aún más sobre la poca libertad económica, y mantener inalterada una organización económica deficiente. 

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Economía

El director del Banco Nación propuso crear un sistema monetario similar al de Cuba

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El economista ultra-kirchnerista Claudio Lozano, nombrado presidente del Banco Nación por Alberto Fernández, propone crear un sistema monetario similar al que tiene Cuba y limitar severamente la compra de dólares en el país.

En el marco de la amplia derrota del kirchnerismo, Claudio Lozano, economista fanáticamente kirchnerista y actual director del Banco Nación, propuso en diálogo con C5N una polémica reforma monetaria en la cual los argentinos perderían la posibilidad de defender sus ahorros comprando dólares.

Lozano propuso instaurar en el país un sistema monetario socialista, similar al que tiene Cuba, donde los ciudadanos pierden el derecho a adquirir divisas extranjeras cuando dispongan de hacerlo, y el Estado se garantiza la base imponible para recaudar el impuesto inflacionario. En otras palabras, propuso la inconvertibilidad más absoluta del peso argentino en cualquier divisa y bajo cualquier tipo de cambio, bajo cualquier instancia.

Dentro del esquema descripto por el economista, se propuso imponer nuevas regulaciones sobre el mercado cambiario para terminar de desdoblar la compra de divisas de la misma forma que en Cuba: una parte legal exclusivamente para el Estado o un cierto grupo minoritario, y el resto de las personas obligadas a operar con una divisa no convertible y de dudoso valor para realizar sus transacciones cotidianas.

Claudio Lozano, actual director del Banco Nación nombrado por Alberto Fernández en enero de 2020.

El principal objetivo de la reforma propuesta es dotar al Estado de una forma de financiamiento compulsiva aún más estricta de la que existe hoy. De esta manera, el Lozano criticó la tenue corrección fiscal que lleva adelante el ministro Martín Guzmán.

“Desde octubre del año pasado el nivel de ajuste fiscal no era compatible con una sociedad como la que tenemos”, sentenció Claudio Lozano en referencia a la política fiscal de Guzmán.

Lozano aseguró que los subsidios económicos a los servicios públicos “no pueden debatirse” y que se deberá profundizar la política de “transferencias sociales” a partir de un ingreso universal. Este tipo de medidas se tornan prácticamente infinanciables sin un violento incremento de la asistencia monetaria del Banco Central.

Este planteo no es novedoso dentro de las filas del cristinismo fanático, pues la reconocida referente de la izquierda kirchnerista, Fernanda Vallejos, ya anticipó en reiteradas oportunidades que la corrección fiscal de Guzmán es ampliamente incompatible con las preferencias ideológicas de la Vicepresidente.

La debacle electoral del oficialismo impulsó un nuevo cimbronazo interno a nivel ideológico, y cada vez más voces que responden directamente a Cristina Fernández pujan por una nueva radicalización del Gobierno que podría tornarse peligrosa.

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Economía

¿Crisis institucional? El dólar se disparó hasta los $187 y se derrumban las acciones argentinas en Wall Street

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Tras la implosión en el gabinete nacional, y ante las dudas por la continuidad del programa económico, los mercados reaccionaron desfavorablemente y se derramaban los ADRs argentinos en la plaza de Wall Street.

Después de la estrepitosa derrota electoral, el kirchnerismo sigue sin tocar fondo y la implosión del gabinete nacional supone un nuevo cimbronazo. Las dudas sobre la continuidad del programa económico o un cambio en la estrategia con el FMI sembraron pánico en los mercados financieros.

El dólar paralelo llegó hasta los $187, subiendo prácticamente $5 en un solo día. La brecha cambiaria llegó al 78,5% y se vuelve cada vez más incontenible. El alza del dólar también alcanzó a los mercados alternativos, aunque el Banco Central se negó a permitir mayores correcciones sobre el segmento oficial.

Desde el plano financiero, los títulos nacionales en Wall Street registraron pérdidas importantes. La amenaza por una posible radicalización del kirchnerismo sentó las bases para una implosión bursátil de los ADRs.

Edenor registró pérdidas por un 10%, y la misma suerte corrieron las principales entidades bancarias del país, como el Grupo Galicia (-3,3%), Banco Supervielle (-3,6%) y Banco Macro (-4,4%).

La incertidumbre sobre los mercados refleja la falta de determinación del Gobierno de Fernández. Hasta ahora, el ministro Guzmán planteaba una corrección tarifaria para el año próximo, aunque de carácter tenue. Dado el actual caos institucional, estas garantías dejan de ser tan robustas y muchos inversores temen que el Gobierno se incline por medidas abiertamente extremistas.

El Riesgo País también se vio afectado y subió hasta los 1.505 puntos básicos. Tras el endurecimiento de la postura del Fondo Monetario Internacional y la falta de definiciones del Gobierno, la posibilidad de un acuerdo parece algo cada vez más lejano.

Los cambios en el gabinete podrían ser transcendentales para la política económica en materia de tarifas públicas y la gestión de la deuda externa con el FMI, lo cual mantiene en un absoluto estado de alerta a todos los mercados.

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Economía

Fuerte revés para el kirchnerismo en el plano internacional: el FMI designó a un economista ortodoxo para auditar el caso argentino

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El FMI dejará de ser extremadamente permisivo con Argentina y volverá a adoptar una postura convencional para las negociaciones de la deuda. El Fondo resolvió el nombramiento de Ilan Goldfajn como nuevo auditor regional para las negociaciones con el país.

Después de casi 3 años de negociaciones poco convencionales y excesivamente permisivas con Argentina, el Fondo Monetario Internacional endurecerá su posición con el país y decidió designar a Ilan Goldfajn como nuevo auditor regional. La decisión fue anunciada por Kristalina Georgieva, y marca una nueva etapa en las relaciones con Argentina y el tratamiento de la deuda.

Ilan Goldfajn es ampliamente conocido por sus enfoques ortodoxos o convencionales, teniendo además experiencia como funcionario en el Banco Central de Brasil bajo las presidencias de Dilma Rousseff y Jair Bolsonaro.

Los mercados esperan que, bajo su auditoría en el FMI, no se aceptará ningún acuerdo irrealista en términos de metas fiscales, se buscarán establecer estrictas pautas de disciplina fiscal para concretar un exitoso programa de pagos en el futuro.

Cabe recordar que los créditos para la Argentina representan una gran cantidad de la cartera total que dispone el FMI, y dada la pobre reputación del país a lo largo de su historia, esto constituyó un acto sumamente permisivo y hasta riesgoso desde el punto de vista de las autoridades del fondo, por lo que se buscará establecer pautas de mayor ajuste fiscal.

Pero la nueva cara del FMI no se limita a un ajuste de las cuentas públicas, pues se especula con que se pedirá formalmente un plan económico integral, consistente y concreto por parte del Gobierno argentino, que fije metas claras y que garantice la consolidación de las instituciones, como por ejemplo la formal independencia del Banco Central.

Ilan Goldfajn, economista y nuevo Auditor Regional del Fondo Monetario Internacional.

Estos lineamientos parecen absolutamente irreconciliables con las posturas extremistas del Gobierno de Alberto Fernández, que hasta ahora se había negado a producir mayores correcciones fiscales y negociaba un programa para posponer el pago de intereses de deuda.

La corrección en el déficit fiscal fue pronunciada entre diciembre de 2020 y julio de este año, pero una gran cantidad de esa variación se debió exclusivamente al alivio que supuso posponer una gran parte de los intereses de deuda. En la práctica el déficit primario, que se encontraba casi erradicado en diciembre de 2019, cerró el mes de julio en el 2,9% del PBI.

La negativa del oficialismo para corregir las tarifas de los servicios públicos explicó la mayor parte del aumento de las erogaciones por fuera de la pandemia.

Pero pese a la volatilidad, el Gobierno no presentó un plan económico integral al FMI, y tampoco anunció un programa de estabilización consistente. Bajo la directiva de Martín Guzmán, el kirchnerismo se limitó a repetir un típico programa de corte heterodoxo como los que vivió Argentina a lo largo del siglo XX.

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