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Economía

Summers volvió a criticar a Biden por la inflación: “La última respuesta de la Casa Blanca es culpar a las empresas”

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El exsecretario del Tesoro de Bill Clinton desplegó un arsenal de críticas contra las posturas extremistas de Joe Biden. Los Estados Unidos enfrentan el problema inflacionario más serio desde 1982 y Biden está paralizado.

El influyente economista norteamericano Lawrence Summers, reconocido por su participación en el gobierno de Bill Clinton como Secretario del Tesoro entre 1999 y 2001, volvió a criticar a la administración de Joe Biden ante la pésima actuación frente al problema inflacionario.

En un ensayo personal originalmente publicado en The Washington Post, Summers realizó un fuerte descargo sobre Biden y su equipo económico, a los cuales acusa de no estar a la altura de las circunstancias.

Summers es además el principal referente del ala centrista y pro-mercado dentro del Partido Demócrata, prácticamente el último que queda, y adhiere a las posturas de la “nueva economía keynesiana”. Pero aún con su perfil político progresista y de centroizquierda, Summers criticó la actual orientación extremista de su propio partido bajo el liderazgo de Joe Biden y Kamala Harris.

El exfuncionario destacó que todo el espectro político de economistas profesionales en los Estados Unidos está advirtiendo por las posturas obsoletas y demagógicas que actualmente se llevan a cabo desde la cartera económica de la Casa Blanca.

A través de la secretaria de prensa Jen Psaki, el Gobierno demócrata culpó a fines del año pasado a la especulación empresarial por todos los aumentos de precios.

Un video que hasta compartió la vicepresidente de Argentina, Cristina Kirchner, dirigente de extrema izquierda, aplaudiendo las palabras de la funcionaria bidenista.

En la misma línea, influyentes figuras dentro del Partido Demócrata como la senadora progresista Elizabeth Warren manifestaron abiertamente un discurso anti-empresarial y típico de la extrema izquierda latinoamericana, culpando a los monopolios y la “avaricia de los empresarios” por la inflación más alta desde 1982 en el país.

Esta tendencia se hace cada vez más habitual en los funcionarios demócratas y miembros en la Cámara de Representantes y el Senado de los Estados Unidos del oficialismo.

Summer explicó de forma muy sencilla que durante décadas tanto la inflación núcleo como la inflación general se mantuvieron en valores estables sin ningún problema, y resulta ridículo creer que la inflación actual en los Estados Unidos se debe a una eventual y repentina oleada de especulación.

“La inflación, que fue relativamente baja durante años, no aumentó repentinamente en los últimos meses porque las empresas decidieron que ahora era el momento ideal para exprimir a sus clientes”, ironizó el economista.

El problema inflacionario estuvo íntimamente ligado a la política monetaria y fiscal durante la pandemia. Summers advirtió que los estímulos empleados por la gestión de Biden fueron una respuesta exagerada que solamente acrecentó el ritmo de la inflación.

En este sentido, destacó que los esfuerzos de la Casa Blanca por intervenir en los mercados de la industria energética, la industria de la carne, las distribuidoras de combustibles e incluso la atención médica, son todos esfuerzos que poco y nada ayudarán para aminorar la suba de precios.

El diagnóstico de Biden apunta a solucionar “problemas de concentración” en los mercados como un supuesto remedio para la inflación, una perspectiva muy común en los populismos latinoamericanos.

“Puede haber razones legítimas para observar detenidamente estas industrias y cómo operan, pero atribuir los problemas actuales de inflación a la avaricia corporativa es un argumento endeble que no evitará que los estadounidenses se quejen de la inflación”, sentenció Summers.

Aun cuando la economía ya recuperó cómodamente los niveles que tenía antes de la pandemia, el gasto público del Gobierno federal sigue casi 8 puntos porcentuales por encima de febrero de 2020, y el déficit fiscal se estabilizó en torno al 11,3% del PBI en noviembre del año pasado. La actividad económica y la recaudación se normalizaron, pero el sendero de gatos continua completamente descontrolado y no se produjo la necesaria corrección fiscal.

El masivo programa de infraestructura y políticas ecologistas plantea nuevamente persistir en un sendero fiscal expansivo, postergando aún más el ordenamiento de las cuentas públicas y elevando el endeudamiento a niveles nunca antes vistos.

Economía

La inflación interanual de la eurozona llegó al 8,6% en junio y es la cifra más alta de la historia

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La eurozona atraviesa la crisis inflacionaria más importante de las últimas décadas. Los precios de la energía aumentaron un 42% interanual, y los alimentos subieron un 8,2% en relación al año pasado.

Superando holgadamente los pronósticos de los analistas, el nivel general de precios al consumidor de la eurozona aumentó un 8,6% interanual en el mes de junio. Así lo anunció la agencia europea de estadísticas Eurostat, y se trata de un aumento de cinco décimas en comparación al dato registrado para el mes anterior.

Los precios minoristas no solo aumentaron por encima de las proyecciones para junio (en torno al 8%), sino que también quedó completamente obliterada la meta de inflación del Banco Central Europeo (BCE), que proyectaba oficialmente un 2% para fin de año.

La propia presidente de la autoridad monetaria, Christine Lagarde, admitió que la inflación permanecerá enquistada en el sistema económico “durante algún tiempo”, y no brindó mayores precisiones sobre cuáles serán las medidas para contener el alza de precios.

La hoja de balance del Banco Central continúa en niveles históricamente elevados y desproporcionados en relación a la verdadera necesidad de liquidez de la economía, una vez pasada la pandemia.

La cifra de inflación minorista fue la más alta de la serie histórica de inflación comenzada a medir desde 1997. La energía batió un récord histórico y aumentó un 41,9% interanual en comparación con el mes de junio de 2021. Este rubro fue el que registró la variación más elevada de entre todos los medidos.

Por su parte, los alimentos procesados, el alcohol y el tabaco aumentó un 8,2% interanual en junio, nuevamente la cifra más elevada en la historia registrada de la eurozona. Los alimentos no procesados subieron un 11,1% interanual, marcando una fuerte aceleración con respecto a mayo.

Excluyendo la variación de los precios típicamente considerados como volátiles, los alimentos y la energía, la llamada “inflación núcleo” o “inflación subyacente” se situó en el 3,7% interanual. Aunque moderada, esta marca fue una de las más altas desde 1997.

La inflación minorista no fue uniforme en los distintos países que adoptan el Euro como moneda. Por encima del promedio general se encontraron los siguientes países:  Estonia (22%), Lituania (20,5%), Letonia (19%), Eslovaquia (12,5%), Grecia (12%), Eslovenia (10,8%), Bélgica (10,5%), Luxemburgo (10,3%) y España (10%), Países Bajos (9,9%), Irlanda (9,6%), Chipre (9,1%), Portugal (9%), y Austria (8,7%).

Por debajo del promedio para los precios minoristas se registraron los siguientes países: Italia (8,5%), Alemania (8,2%), Finlandia (8,1%), Francia (6,5%) y Malta (6,1%). 

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Economía

La bomba de las Leliq se hace cada vez más incontenible: La deuda del BCRA es la más grande desde 1989

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La masiva emisión de Leliq y Pases es cada vez más representativa en relación a la base monetaria, y llega a niveles preocupantes como los que había durante la hiperinflación de Alfonsín en 1989.

El Gobierno de Alberto Fernández no dio ninguna señal de austeridad, y la autoridad monetaria deberá hacerse cargo de las consecuencias introduciendo fuertes desequilibrios en la economía.

Los pasivos remunerados del Central, las famosas Letras de Liquidez (Leliq) y otras letras, representaron hasta el 168,5% en el mes de junio. Se trata de la cifra más elevada desde abril de 1989, el momento que antecedió a la crisis hiperinflacionaria que atravesó el país durante el final de la presidencia de Raúl Alfonsín.

El BCRA acumula una bomba de tiempo por el equivalente a $5,7 billones entre Leliq y Pases pasivos. Además, si se incluyen las Nobac (las Notas del BCRA), el monto total asciende a los 6 billones de pesos.  

La deuda remunerada del Banco Central ya representa un monto equivalente al 10% del PBI, prácticamente la misma relación que había en marzo de 1989. Solamente en 2021 el déficit cuasi-fiscal del balance del Central ascendió al 1% del PBI, pero este año amenaza con seguir aumentando junto con el stock de deuda total.

Hasta el mes de junio, el principal factor de explicación de la base monetaria fueron los intereses del Banco Central por las Leliq y sus letras, aunque Fernández había apuntado precisamente a este mecanismo en su campaña electoral y prometía “utilizar los intereses de las Leliq para aumentar haberes a los jubilados”.

Las promesas de Fernández no solo no se cumplieron, sino que funcionaron al revés: los intereses por Leliq son cada vez mayores y las jubilaciones perdieron contra la inflación desde diciembre de 2019.

El mecanismo financiero del BCRA se torna inestable con el paso del tiempo. Al no existir un programa de estabilización, la creciente inflación demanda una mayor cuantía de intereses para que el Central pueda retener pesos del circulante, pero para ello debe imprimir dinero y pagar esos intereses.

La emisión monetaria retroalimenta la inflación y las expectativas, el Central responde colocando más Leliq y a mayor tasa y finalmente el ciclo vuelve a repetirse de forma ininterrumpida, en ausencia de un programa de estabilización.  

Un mecanismo similar había sido instrumentado en la década de 1980 en el país, remunerando los depósitos bancarios para evitar el quiebre del sistema financiero. Este sistema terminó por colapsar en diciembre de 1989 con el Plan Bonex, por lo que muchos analistas temen que se vuelva a repetir una situación similar. 

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Economía

La actividad económica repuntó un 0,6% en abril, pero sigue estancada desde febrero

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La economía argentina muestra cada vez más indicios de estancamiento. La actividad mensual solamente creció un 0,6% en abril con respecto a marzo, y no logró perforar el techo alcanzado en el mes de febrero incluso antes de las trabas a las importaciones.

El INDEC anunció las estadísticas referidas al Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que estima el PBI de manera mensualizada, y relevó que la actividad creció solamente un 0,6% en abril con respecto a marzo.

En comparación con el mismo mes del año pasado, la economía registró un rebote del 5,1% interanual. El efecto de “arrastre estadístico” se debe al endurecimiento de las restricciones sanitarias aplicadas por el Gobierno entre abril y mayo del año pasado.

La variación mensual de abril no logró compensar la caída sufrida en el mes precedente, que había llegado al 0,8%. A su vez, la actividad económica no logra crecer desde febrero y acumula una contracción de 0,14% desde entonces.

Con el actual estancamiento, la recuperación económica tras la pandemia parece haber encontrado un techo, que sin embargo se encuentra un 2,72% por debajo de aquel máximo alcanzado en noviembre de 2017 según la serie desnacionalizada del índice.

El dato revelado por el INDEC es particularmente negativo si se considera que aún no se ve reflejado en las estadísticas el efecto del control cuantitativo de las importaciones. Los economistas estiman que la restricción al volumen importador tendrá un impacto negativo en la actividad mensual que comenzará a evidenciarse en el EMAE de mayo y junio.

De hecho, el estimador IGA-OJF de la consultora Orlando Ferreres & asociados, una suerte anticipo equivalente al EMAE del INDECC, reveló una fuerte contracción económica del 1,2% para mayo. Las medidas comerciales y cambiarias para sostener el cepo cambiario impactaron negativamente sobre una economía que ya se encontraba anteriormente en estanflación.

El Índice de Precios al consumidor (IPC) aumentó un 6% en abril, y la inflación interanual alcanzó 58% en este mes. Para los meses subsiguientes: superó el 60% en mayo y se proyecta en el 63% para el dato correspondiente a junio.

El presidente Alberto Fernández desconoció el estancamiento de la economía, y postuló que “el elevado crecimiento económico es el principal responsable de la falta de dólares en el país”. Con los datos del INDEC se confirma todo lo contrario: la economía no crece desde febrero y la escasez de divisas es producida por el cepo cambiario

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