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Suecia

Masivos cambios en Suecia: El nuevo gobierno de derecha recorta impuestos, cierra fronteras y aumenta sueldos de policías

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El nuevo gobierno sueco reducirá los impuestos al carbón y al combustible, impulsará la defensa y la policía en su primer presupuesto.

El nuevo gobierno de derecha de Suecia está cumpliendo paso por paso todo lo prometido en campaña y en las negociaciones durante la formación de la coalición oficialista. En su primer presupuesto presentado, se planifica una masiva reducción de impuestos, junto a una suba del gasto en la policía, con el principal objetivo de subir sus sueldos.

A pesar de estas medidas que podrían aumentar el agujero fiscal, el presupuesto proyecta un balance fiscal gracias a una serie de recortes en otras partes del gobierno, como educación, donde se buscará arancelar la educación pública, y el gasto en empleados públicos.

Dado que se espera que la economía de Suecia caiga en una leve recesión el próximo año debido a las pésimas políticas introducidas por el anterior gobierno socialdemócrata, el primer ministro Ulf Kristersson dijo que la política fiscal tendrá que ser responsable en el próximo período de cuatro años.

El punto de partida para el presupuesto es asegurarse de que la economía sueca pueda soportar los tiempos económicos difíciles que nos esperan“, completó. “La alta inflación aboga por la moderación en la política fiscal“.

Reducción del impuesto al carbón y a los combustibles

Para enfrentar la crisis energética de este invierno, el presupuesto de Kristersson tiene como objetivo reducir fuertemente los impuestos al carbón y a los combustibles de hidrocarburos, un emblema de los anteriores gobiernos suecos.

Las estimaciones apuntan que reducir estos impuestos le generaría un déficit al Estado alrededor de 6.700 millones de coronas suecas (unos US$ 620 millones de dólares) el próximo año, pero le daría un fuerte respaldo a la billetera de los suecos.

El precio en las estaciones de servicio empezaría a bajar para los consumidores y los costos de las principales industrias podrían reducirse gracias a la baja impositiva, lo cual le quitaría presión a la inflación, causada por la masiva emisión de dinero durante la pandemia.

Suba de sueldos a policías y militares

El presupuesto proyecta una suba de 5.000 millones de coronas suecas (US$ 474 millones de dólares) para el ámbito de Defensa y Seguridad. Principalmente se le subirán los sueldos a los militares y a la policía, pilares de la estrategia del gobierno para combatir la inmigración ilegal.

Ulf Kristersson lanzó una dura política migratoria que requiere una suba en el gasto en seguridad. La policía fronteriza redoblará su trabajo y tendrá más poderes para deportar refugiados que infrinjan la ley dentro del país.

Por último, habrá un aumento de otros 5.800 millones de coronas (US$ 550 millones de dólares) para mantener los niveles del seguro de desempleo que introdujo su predecesora durante la pandemia, también una promesa de campaña que estos fondos no serían tocados.

Kristersson también había prometido derogar el impuesto a la ganancia, y otros impuestos a las personas, pero que “no es momento para introducir estas profundas reformas impositivas“, y que lo mejor será esperar al próximo presupuesto, en noviembre del 2023.

Para balancear las cuentas, el presupuesto sueco recibirá un recorte de US$ 1.500 millones de dólares, que saldrán de los fondos que respaldan la educación pública, ya que es parte del plan de gobierno arancelar la matrícula en las escuelas, de reducciones en las plantas estatales y otros recortes en programas sociales.

Principalmente se achicarán las transferencias a los municipios suecos, que solo obtendrán un total de 6.000 millones de coronas adicionales, cuando la Asociación Sueca de Autoridades Locales y Regiones había pidió 10 mil millones para manejar los crecientes costos.

Suecia

Nuevo gobierno de derecha en Suecia: Ulf Kristersson asume como Premier y elimina Ministerio de Medio Ambiente y de la Mujer

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El derechista Demócratas no formará parte del Gabinete pero comprometió al Gobierno a firmar el Acuerdo de Tido, donde se introducen una serie de reformas de derecha en educación, medio ambiente, energía y políticas de género.

Después de las elecciones del 11 de septiembre en Suecia, donde la derecha se quedó por primera vez con el control del Parlamento, finalmente se acordó un nuevo gobierno y Ulf Kristersson asumió el pasado 18 de octubre como Primer Ministro.

El nuevo gobierno está conformado por el centroderechista liberal Los Moderados, partido que lidera Kristersson, el cual quedó en tercer lugar en las últimas elecciones con 19,1% de los votos y pudo conformar un importante bloque de 68 bancas; los Demócrata Cristianos, una formación de centroderecha conservadora que tiene un bloque de 19 diputados; y Los Liberales, un partido de centro liberal que quedó último con solo 16 escaños.

A pesar de su pésimo desempeño electoral, Los Liberales impusieron la condición de que no formarían gobierno con el partido Demócratas, la formación más de derecha de Suecia que quedó en segundo lugar y formó el bloque más importante del Parlamento, con 73 bancas.

Por eso, en vez de asumir Jimmie Akesson como Primer Ministro, se acordó que los Demócratas darían su apoyo en la investidura a Ulf Kristersson pero no serían parte del nuevo Gabinete. Aunque esto es relativo, ya que todas las leyes que se quieran aprobar deberán contar con su apoyo y la agenda de gobierno fue acordada a puertas cerradas entre Kristersson y Akesson.

Ambos dirigentes firmaron el Acuerdo de Tido, donde dejaron por escrito que aunque Akesson no participaría del gobierno, varias de las políticas propuestas en campaña por los Demócratas serían impulsadas.

Este acuerdo ya fue implementado en los primeros días de gobierno, dado que Kristersson anunció que su nuevo Gabinete no tendría Ministerio de Medio Ambiente, el cual fue fusionado con el de Comercio y Energía y perdió muchos de sus poderes, ni de la Mujer, que directamente fue derogado.

En el acuerdo también se llegó al consenso de que se terminaría con la política de fronteras abiertas de los anteriores gobiernos. Se establecerá una cuota de extranjeros que pueden entrar por año, que se ubicará en el mínimo nivel permitido por las reglamentaciones de la Unión Europea.

El punto 4 del acuerdo habla sobre la política climática y energética de Suecia, donde Akesson presionó para que se aplique una fuerte desregulación del mercado y se impulse la energía nuclear. El Ministerio de Medio Ambiente fue fusionado con el de Energía y se cambió oficialmente la “promesa verde” del Gobierno: se pasó de “compromiso de 100% energía renovable” a “100% energía libre de hidrocarburos“, lo cual permitirá promover la construcción de reactores nucleares.

Akesson prometió que convertiría a Suecia en una “potencia nuclear“, y entre otras cosas, logró el compromiso del Gobierno para que se elimine la prohibición de construcción de nuevas plantas nucleares, además de la reactivación de varios reactores decomisados.

Además, se creará un fondo de 400.000 millones de coronas suecas para préstamos a tasas cero a empresas que quieran construir nuevas plantas nucleares.

Otro punto fuerte del acuerdo está en educación. Los Demócratas y los Moderados acordaron que es importante establecer un arancel común estándar para la educación pública en todo el país, con el objetivo de mejorar la calidad de la educación, pagar mejores sueldos a maestras y profesores, y aumentar el tiempo de clases.

Además, se llevará a cabo una fuerte reforma de la currícula educativa para quitar conceptos vinculados a la agenda de género, la promoción de la multiculturalidad y de la teoría crítica de la raza. Además, se introducirán conceptos sobre identidad nacional y educación cívica, con el objetivo de mejor asimilar a los inmigrantes que ya están en el país.

Por último, a nivel del Gabinete nacional también se han eliminado las políticas de género, con la derogación del Ministerio de la Mujer y de la Política Internacional Feminista, una política de Estado que introdujo la canciller Margot Wallström en 2014.

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Suecia

La derecha gana las elecciones en Suecia y destrona a los Socialdemócratas después de 10 años

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La primera ministra Magdalena Andersson aceptó la derrota y dimitió a su cargo. Se espera que se forme un gobierno de derecha liderado por el derechista Jimmie Akesson y el liberal Ulf Kristersson.

Después de casi una década en el poder, la coalición de izquierda que dirige el Partido Socialdemócrata no logró conseguir los suficientes votos y perdió la mayoría en el Parlamento. Con solo 173 bancas contra las 176 de la derecha, por primera vez desde 2014 el socialismo salió expulsado del Palacio de Sager.

Los partidos de derecha recibieron un apoyo histórico en una elección donde la principal problemática estuvo ligada a la inmigración. Los Demócratas, un partido de derecha sueco alineado a VOX, quedó en segundo puesto, y obtuvo 73 bancas, convirtiéndose en la fuerza de derecha más popular del país.

Por su parte, Los Moderados, un partido de centroderecha liberal, obtuvo 68 bancas; Los Demócratas Cristianos, un partido de centroderecha conservadora, obtuvo 22 bancas; y por último, Los Liberales, un partido de centro liberal, obtuvo 16 bancas.

Si bien es costumbre que el partido más votado dentro de una coalición sea quien designe al Primer Ministro, se espera que Ulf Kristersson, líder de Los Moderados, sea quien asuma este rol como condición para que Los Liberales acepten compartir gobierno con Los Demócratas.

La banca de premier le correspondería a Jimmie Akesson, el líder máximo de la derecha sueca, importante aliado de Trump, uno de los más vocales opositores a la política de fronteras abiertas de los gobiernos anteriores y defensor del libre mercado.

Sin embargo, previo a las elecciones, Akesson le anticipó a Ebba Busch (Demócratas Cristianos) y a Johan Pehrson (Liberales) que le cedería el cargo a Kristersson para que no haya dudas que podrían destronar todos juntos a los socialdemócratas.

En 2018, muchos votantes de derecha habían optado por Los Moderados, porque temían que un buen resultado de Akesson impidiera un gobierno de coalición de derecha, por lo que la decisión de Akesson este año fue fundamental para que el electorado pueda votar tranquilamente a su opción preferida.

En porcentaje de votos, el partido más votado fue el oficialista, Los Socialdemócratas, de la mano de la primera ministra Magdalena Andersson, pero como los demás partidos de izquierda, La Izquierda, El Centro y Los Verdes cayeron en votos, la coalición entera se quedó con menos bancas que en la elección pasada, y fue destronada del gobierno.

Los Socialdemócratas obtuvieron 107 bancas, La Izquierda 24, El Centro 24 y Los Verdes 18. Andersson aceptó la derrota en una conferencia de prensa el miércoles y dijo que renunciaría oficialmente el jueves.

En el parlamento, tienen una ventaja de uno o dos escaños“, dijo. “Es una pequeña mayoría, pero es una mayoría, y debemos aceptarla“. La mandataria había intentado mostrarse en contra de la inmigración descontrolada en los últimos meses, en un manotazo de ahogado para no perder el gobierno, pero no fue suficiente.

Los Demócratas hicieron una fuerte campaña viralizando los casos de extrema violencia de aquellos inmigrantes ilegales de origen árabe o africano, que llegaron a Suecia en la última década, luego de la Primavera Árabe y la aparición de ISIS en Medio Oriente.

En aquél entonces, Los Socialdemócratas aceptaron con brazos abiertos el flujo indiscriminado de inmigrantes, destacándolo con un “labor humanitario”. Sin embargo, los supuestos refugiados no lo vieron así, y al poco tiempo de llegar a Suecia empezaron a aislar a sus barrios al punto de que se convirtieron en “no-go zones“, zonas donde la Policía tiene indicado no ingresar porque es demasiado peligroso.

Al 2021, los barrios de Hulta y Norrby en la ciudad de Boras; los de Biskopsgarden, Bergsjon, Hammarkullen, Hjallbo y Lovgardet de la ciudad de Gothenburg; Karlslund de la ciudad de Landskrona; Holma, Nydala, Rosengard y Seved de la ciudad de Malmo; Alby, Fittja, Norsborg, Husby, Tensta, y Lina de la ciudad de Estocolmo, la capital; el barrio de Gottsunda de la ciudad de Uppsala, el barrio de Araby de la ciudad de Vaxjo, y los barrios de Varberga y Vivalla de la ciudad de Orebro, tienen una categorización “E” según la Policía, donde los oficiales no tienen permitido ingresar.

Además, hay otros 14 barrios identificados con una “R” en el Plan de Areas de Seguridad Vulnerable del gobierno sueco, donde los policías solo pueden ingresar en caso de un delito grave, como un homicidio, y por último 28 áreas marcadas con una “V”, donde se recomienda a la policía ingresar con cuidado y siempre en grandes patrullas.

Estos barrios del interior de Suecia están viviendo una pesadilla. Un pequeño porcentaje de la población, prácticamente toda proveniente de refugiados o hijos de inmigrantes, es responsable de casi el 80% de los delitos que ocurren en el país.

Suecia era un país con baja tasa de criminalidad, prácticamente sin delitos graves, y con un amplio crecimiento económico. Sin embargo, en los últimos años, algunas zonas del país tienen las tasas de homicidios y violaciones más altas de Europa, y el Estado de Bienestar sueco quebró en su afán de acomodar a millones de inmigrantes en tan poco tiempo.

Esta elección es considerada como un punto de inflexión para la política sueca. Los Demócratas alguna vez fueron tratados como los parias de las elecciones, obteniendo porcentajes siempre menores al 5%. Pero en esta elección dieron el batacazo y ganaron alrededor del 20% de los votos y se convirtieron en la segunda fuerza más importante del país.

Si bien Akesson no será el Primer Ministro, se espera que obtenga un importante puesto en el nuevo Gabinete, y que su partido obtenga la presidencia del Parlamento. Además, muchos derechistas serán ubicados en cargos clave del nuevo gobierno.

Por su parte, Kristersson, quien probablemente será el próximo mandatario de Suecia, mantiene una buena relación con Akesson y representa el ala más de derecha del Partido Moderado. En su juventud se auto-identificaba como “libertario conservador” y mantuvo varias disputas con el establishment de Los Moderados hasta que logró la presidencia del partido, en 2017. Sin dudas será el gobierno más de derecha que Suecia ha tenido tal vez en toda su historia democrática.

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Europa

Suecia y Finlandia oficialmente buscarán ingresar a la OTAN en mayo, temen una “invasión de Rusia”

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Rompiendo con décadas de neutralidad, Sanna Marin y Magdalena Andersson, las primeras ministras de Finlandia y Suecia respectivamente, aplicarán para convertirse en socios plenos de la OTAN.

Las primeras ministras de Suecia Finlandia acordaron presentar solicitudes de membresía simultáneas a la alianza de la OTAN a mediados de mayo, informaron los medios nórdicos.

El diario finlandés Iltalehti dijo el lunes que “Estocolmo había sugerido que los dos países indicaran su voluntad de unirse el mismo día“, y que Helsinki había aceptado inmediatamente. La idea de hacerlo en simultáneo es porque temen, según sus propias palabras, que Rusia ataque al país que tarde más que el otro en ingresar a la OTAN.

Si bien es poco probable que el Kremlin decida atacar estos dos países al norte de Europa, es claro que una vez adentro de la OTAN es prácticamente imposible que Rusia ponga sus ojos en ellos, ya que implicaría entrar en guerra con Estados Unidos y toda Europa.

La primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, dijo que su país, que comparte una frontera de 1.300 km con Rusia, buscará unirse a la alianza “bastante rápido, en semanas, no en meses”, a pesar de que el proceso para ingresar al bloque militar suele tardar incluso años.

Su homóloga sueca, Magdalena Andersson, dijo que Suecia tenía que estar “preparada para todo tipo de acciones de Rusia” y que “todo había cambiado” cuando Moscú atacó a Ucrania.

La respuesta del Kremlin fue inmediata, y este fin de semana empezó a mover algunas tropas al Mar Báltico, donde dijo que se vería obligado a “restaurar el equilibrio militar” fortaleciendo sus defensas en la frontera que comparte con Finlandia e incluso dijo que no descartan el despliegue de armas nucleares, si los dos países deciden abandonar décadas de nuetralidad uniéndose a la OTAN.

Tanto Suecia como Finlandia son los únicos dos países de la región que rechazaron sumarse a la OTAN cuando ésta decidió avanzar sobre el este de Europa en 1997, aunque sí se convirtieron en “socios no alineados” de la OTAN, participando en ejercicios e intercambiando inteligencia, cuando se unieron a la Unión Europea en 1995.

Las autoridades suecas dijeron que las solicitudes simultáneas podrían presentarse en la semana del 16 de mayo, coincidiendo con la visita a Estocolmo del presidente finlandés Sauli Niinistö.

Encuestas de opinión recientes han mostrado que un 68% de los finlandeses están a favor de unirse a la alianza, más del doble de la cifra anterior a la invasión, mientras un 12% está vehementemente en contra. Las encuestas en Suecia sugieren una mayoría más escueta, apenas el 51% de los suecos respaldan la membresía.

Estas adhesiones, dejarán una Europa completamente polarizada, entre los aliados a Rusia y los aliados de la OTAN, una suerte de Guerra Fría que parece estar más caliente que nunca.

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