La tragedia que estremece a Alemania tiene nombre propio: Liana, una joven de apenas 16 años, exiliada ucraniana que había logrado rehacer su vida en tierras germanas tras huir de la guerra. Su futuro como auxiliar dental quedó brutalmente truncado cuando un inmigrante iraquí en situación irregular, con orden de deportación vigente, la empujó a las vías del tren en el momento en que pasaba un convoy.
El episodio ocurrió cuando la menor regresaba a su hogar después de clases. Un grupo de extranjeros comenzó a seguirla, lo que la llevó a llamar desesperadamente a su abuelo: «Me siguen y tengo miedo», fueron sus últimas palabras antes de que un grito de terror cortara la comunicación. Inicialmente, tanto la policía como los medios locales difundieron la versión de un suicidio, pero la familia rechazó de plano esa hipótesis y exigió una investigación a fondo.













