La candidata presidencial del Partido Comunista, Jeannette Jara, ha centrado su campaña en una agenda de izquierda que busca profundizar el rol del Estado en áreas sociales clave y avanzar en reformas estructurales que, según ella, permitirían reducir ''desigualdades históricas'' en Chile.
Su plataforma incluye cambios en pensiones, derechos laborales, sistema tributario y políticas de género, consolidándola como la representante más clara del proyecto de continuidad del ''Estado social'' impulsado por el actual gobierno.
Reforma Previsional
Uno de los ejes más polémicos de su propuesta es la reforma previsional. Jara plantea reemplazar el modelo basado casi exclusivamente en cuentas individuales por un sistema mixto con un componente solidario robusto y mayor intervención estatal en la administración de los fondos.
La comunista sostiene que este enfoque permitiría elevar las bajas pensiones actuales, pero la iniciativa ha generado resistencia. Sectores empresariales y opositores afirman que un esquema con menos capitalización individual podría debilitar los incentivos al ahorro, aumentar los costos laborales y comprometer la sostenibilidad financiera del sistema previsional.

Las principales consecuencias de esta demente reforma son:
- Incertidumbre sobre propiedad de los ahorros: sectores técnicos temen que la separación entre aportes individuales y fondos comunes quede poco clara.
- Riesgo fiscal: un sistema más solidario requiere aportes estables del Estado, difíciles de asegurar en un país con bajo crecimiento y presión presupuestaria.
- Desincentivo al ahorro individual: economistas advierten que reducir la capitalización podría afectar la tasa de ahorro nacional.
Política Laboral
En el ámbito laboral, Jara ha defendido políticas que incentivan la negociación colectiva, reducen la jornada de trabajo y amplían derechos sindicales, argumentando que estas medidas corregirían desequilibrios entre trabajadores y empresas.
Muchísimos detractores, incluyendo asociaciones de pymes, advierten que nuevas regulaciones podrían aumentar la rigidez del mercado laboral, encarecer la contratación y dificultar la recuperación económica en un contexto de bajo crecimiento.










