Rusia enfrenta una de las mayores crisis de combustible desde el inicio de la invasión a Ucrania. La intensificación de los ataques ucranianos con drones contra refinerías, depósitos de almacenamiento e infraestructura energética comenzó a afectar directamente el abastecimiento interno, provocando largas filas en estaciones de servicio y restricciones a la venta de gasolina en diversas regiones del país.
Las imágenes de automovilistas esperando durante horas para cargar combustible se multiplicaron en redes sociales y medios locales. Lo que hace apenas unas semanas era un problema limitado a algunas provincias se extendió a otras zonas del país, incluida el área metropolitana de Moscú, donde las colas en las gasolineras se han vuelto cada vez más frecuentes.













