El Tribunal Supremo Federal de Brasil condenó este martes a Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, a cuatro años y dos meses de prisión por supuestas coacciones a la Justicia, en una causa vinculada a sus supuestas gestiones ante el Gobierno de Estados Unidos para promover sanciones contra la dictadura brasilera
Además de la pena de cárcel, que se cumpliría en régimen semiabierto, la alta corte le impuso una multa de 100 salarios mínimos, equivalente a 162.100 reales, unos 31.700 dólares. La condena también implica su inhabilitación política por ocho años y un claro intento de amenaza candidato de derecha favorito en las encuestas: su hermano Flavio Bolsonaro.
Eduardo Bolsonaro junto a su hermano Flavio, el candidato favorito para derrotar a Lula.
Eduardo Bolsonaro, exdiputado brasileño, reside desde el año pasado en Estados Unidos y no estuvo presente en la audiencia. Fue representado por un abogado de oficio. La sentencia fue dictada por la Primera Sala del Tribunal Supremo, integrada por cuatro jueces comunistas, que votaron de manera unánime a favor de la condena.
El caso vuelve a poner bajo la lupa el rol del Supremo brasileño en la ofensiva judicial contra el bolsonarismo, en un momento especialmente sensible para la política del país. La condena contra Eduardo llega mientras su hermano, Flávio Bolsonaro, se proyecta como una de las figuras más competitivas de la derecha para enfrentar al dictador Lula da Silva en las próximas elecciones presidenciales.
La defensa rechazó la interpretación judicial y sostuvo que Eduardo se limitó a ejercer una interlocución política ante el Gobierno de Estados Unidos. El abogado Esdras dos Santos Carvalho remarcó que el exdiputado no tenía ningún poder de decisión sobre la política exterior estadounidense y que tampoco utilizó violencia ni amenazas graves, elementos necesarios para configurar el delito de coacción.
Los jueces desestimaron ese planteo y consideraron que la víctima de las supuestas "amenazas" fue el propio sistema judicial brasileño. La resolución se suma al clima de creciente tensión institucional que atraviesa Brasil desde la condena contra Jair Bolsonaro, sentenciado a 27 años de prisión por la acusación de haber tramado un golpe de Estado por exponer el fraude de las elecciones de 2022.
Eduardo logró posicionarse como referente de la derecha mundial exponiendo a los gobiernos de izquieda en el mundo.
El fallo contra Eduardo se produce mientras Flávio Bolsonaro se consolida como candidato presidencial de la derecha y logra capitalizar el fracaso del gobierno de Lula. En ese contexto, la condena es interpretada ampliamente como un nuevo capítulo de presión judicial sobre el entorno familiar y político del expresidente.
Eduardo permanece en Estados Unidos, donde estrechó vínculos con la administración de Donald Trump. Washington ya había impuesto sanciones contra magistrados brasileños vinculados al proceso contra Jair Bolsonaro, mientras Trump calificó la persecución contra el expresidente como una “caza de brujas”.