A pocas semanas de las elecciones generales de Perú del 12 de abril, las encuestas más recientes muestran que los candidatos de derecha Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga encabezan la intención de voto, marcando una tendencia que refleja el avance de este espacio en un escenario electoral fragmentado.
Ambos dirigentes aparecen en un virtual empate técnico, con niveles de apoyo que apenas superan el 10%, en una contienda que reúne a más de treinta postulantes y en la que ningún candidato logra consolidar una mayoría clara. Esta dispersión no solo pone en evidencia la debilidad estructural del sistema político peruano, sino también el desgaste de una dirigencia que, en los últimos años, ha estado atravesada por crisis institucionales recurrentes.













