Con el presidente Trump a la cabeza, Estados Unidos elaboró un plan de 28 puntos para poner fin a la terrible guerra entre Rusia y Ucrania.
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Estados Unidos ha elaborado un ambicioso plan de 28 puntos para poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania, según confirmaron en exclusiva varios altos funcionarios estadounidenses.
El documento, resultado de semanas de conversaciones del enviado especial Steve Witkoff con representantes de ambas naciones, constituye la propuesta más detallada que Washington ha diseñado hasta ahora para encaminar un posible alto el fuego. Ni Kiev ni Moscú han dado su aprobación pública, pero ambos habrían mostrado receptividad inicial, según dichas fuentes.
El plan fue perfilado después de reuniones entre Witkoff y Rustem Umerov, secretario del Consejo de Seguridad y Defensa de Ucrania, celebradas recientemente en Miami. Los funcionarios aseguran que Umerov ofreció ''comentarios positivos'' y sugirió modificaciones que fueron incorporadas al borrador presentado más tarde al presidente Volodymyr Zelenski. Aun así, recalcan que Ucrania no ha firmado el documento, aunque habría aceptado la mayoría de sus puntos.
Wiktoff es uno de los grandes responsables de la negociación del plan
La propuesta reconoce la soberanía de Ucrania, pero incluye concesiones territoriales significativas. Según el texto, Estados Unidos reconocerá toda la región del Donbás como parte de Rusia, incluidas zonas que Moscú no controla actualmente.
En los territorios de Kherson y Zaporiyia, las fronteras quedarían congeladas en las líneas actuales del frente, convirtiendo las trincheras en límites reconocidos internacionalmente. Además, Ucrania tendría que retirarse de las áreas de Donetsk que aún mantiene bajo su control, lo que daría lugar a una zona desmilitarizada cuyo acceso estaría prohibido a las fuerzas rusas.
A cambio, Washington coordinaría un sistema de garantías de seguridad destinado a disuadir futuras agresiones. Si Rusia volviera a invadir, se restablecerían sanciones internacionales y se revertirían los beneficios obtenidos en el acuerdo. Estas garantías desaparecerían si Ucrania atacara sin justificación territorio ruso, incluidas ciudades como Moscú o San Petersburgo.
La región del Donbas será reconocida como parte de Rusia
El documento exige que Ucrania limite sus fuerzas armadas a 600.000 efectivos y adopte una neutralidad permanente, renunciando a unirse a la OTAN mediante una reforma constitucional.
La Alianza Atlántica, por su parte, se comprometería a no desplegar tropas en territorio ucraniano, aunque mantendría cazas europeos estacionados en Polonia. El plan también contempla relanzar un diálogo Rusia-OTAN mediado por Estados Unidos.
En el ámbito económico, la propuesta incluye amplios programas de reconstrucción para Ucrania y un camino gradual para que Rusia recupere su presencia en foros internacionales, incluido el G8.
Se plantea además cooperación entre Washington y Moscú en sectores como energía, tecnologías avanzadas y minería estratégica. Respecto a los activos rusos congelados, se destinarían 100.000 millones de dólares a proyectos de reconstrucción dirigidos por Estados Unidos, que retendría el 50% de los beneficios. Europa aportaría una cantidad equivalente y descongelaría fondos adicionales para iniciativas económico-tecnológicas conjuntas.
Uno de los puntos fundamentales del plan es el abandono del reclamo ucraniano por integrarse a la OTAN
El plan prevé que Ucrania obtenga acceso temprano al mercado de la Unión Europea mientras continúa su proceso de adhesión. También exige un intercambio total de prisioneros, incluido el retorno de niños ucranianos trasladados por Rusia, y la implementación de programas de apoyo a las víctimas.
Uno de los puntos más sensibles es la amnistía general por acciones cometidas durante la guerra, una idea que, según los funcionarios, procedió de la delegación ucraniana.
Ucrania debería celebrar elecciones en un plazo de 100 días, dado que la ley marcial ha congelado el calendario electoral desde el inicio de la invasión. La supervisión del acuerdo recaería en un Consejo de Paz presidido por Donald Trump, responsable de asegurar el cumplimiento de las líneas de retirada y aplicar sanciones en caso de violaciones.
Rusia tendría que comprometerse a una política de no agresión hacia Ucrania y Europa, reafirmar los acuerdos de no proliferación nuclear y permitir que la planta nuclear de Zaporiyia retome operaciones bajo supervisión del OIEA, con reparto equitativo de electricidad entre ambos países. El plan también exige programas de tolerancia cultural y protección de minorías.
Donald Trump se haría cargo de la presidencia de un Consejo de Paz para garantizar el acuerdo