El viernes, un alto general ruso, Yaroslav Moskalik, murió en un atentado con coche bomba en la ciudad de Balashikha, situada a menos de 30 kilómetros al este de Moscú.
Moskalik, quien se desempeñaba como subjefe de la Dirección de Operaciones Principales del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Rusas, falleció tras la detonación de un artefacto explosivo improvisado cargado con metralla.
El ataque, cuyas circunstancias aún no han sido completamente esclarecidas, ocurrió cerca de su residencia. Según fuentes de seguridad rusas, la bomba había sido colocada en un automóvil estacionado y fue detonada remotamente cuando el general caminaba cerca del vehículo.
La explosión, que envolvió el coche en llamas, fue captada en video por testigos y provocó una rápida respuesta de las autoridades rusas, que han iniciado una investigación penal.

La muerte de Moskalik recuerda al asesinato, en diciembre pasado, del teniente general Igor Kirillov, jefe de las fuerzas rusas de protección radiológica, biológica y química, quien murió tras estallar una bomba escondida en un scooter eléctrico en Moscú.
En ese caso, Ucrania admitió su participación, justificando el ataque por el supuesto uso de armas químicas por parte de Kirillov contra sus tropas.














