El Estado Islámico ha difundido nuevas fotografías que documentan la masacre de cristianos en la República Democrática del Congo, perpetrada por sus milicias en las regiones orientales del país. Las imágenes, publicadas en su boletín semanal An Naba n.º 516 y recogidas por los medios, evidencian que los yihadistas mantienen su campaña de exterminio religioso con absoluta impunidad, sin que la comunidad internacional reaccione ante la tragedia.
En el comunicado, el grupo terrorista se jacta abiertamente de sus crímenes: ''Los muyahidines penetraron en la aldea y capturaron a un cristiano, al que mataron con sus armas. También se apoderaron de algunas de sus propiedades y regresaron sanos y salvos a sus posiciones, alabado sea Dios''.
El ISIS difundió fotografías de los cristianos exterminados en el Congo.
Según el propio Estado Islámico, en una segunda operación fueron asesinados otros dos cristianos, y en un ataque posterior “los soldados del Califato masacraron a dos cristianos más”. Las palabras se acompañan de imágenes explícitas de las víctimas, reflejo de la brutalidad con la que el yihadismo busca sembrar terror entre las comunidades cristianas africanas.
En la última semana, el grupo ha reivindicado el asesinato de siete cristianos, entre ellos un soldado congoleño, además del incendio de dos cuarteles militares y de ataques que causaron varias bajas en el ejército ugandés en las regiones de Lubero e Ituri. Días después, otras trece personas fueron ejecutadas, elevando a más de un millar el número de cristianos asesinados en lo que va del año.
Sin embargo, el horror no parece despertar reacción alguna en los grandes foros internacionales. Naciones Unidas, la Unión Europea y las principales ONG humanitariasmantienen un silencio que roza la complicidad. Ninguna expedición de ayuda ni pronunciamiento diplomático relevante ha surgido de los gobiernos occidentales, siempre dispuestos a condenar otras violencias, pero renuentes a mencionar la persecución anticristiana.
República Democrática del Congo.
Mientras los líderes globales se reúnen para debatir sobre “tolerancia” y “derechos humanos”, los cristianos del Congo son asesinados por su fe. En las aldeas de Kivu, Lubero o Ituri, familias enteras son masacradas por negarse a renegar de Cristo. Las iglesias son incendiadas, los sacerdotes secuestrados y las comunidades viven en constante huida, abandonadas tanto por sus autoridades locales como por las potencias occidentales.
Derrotado territorialmente en Siria e Irak, el Estado Islámico ha trasladado su expansión al África subsahariana, donde ha encontrado terreno fértil para su ideología de odio. El Congo se ha convertido así en uno de los centros más sangrientos del martirio cristiano contemporáneo, junto con Nigeria, donde la persecución también alcanza niveles de genocidio.
Desde 2015, al menos 145 sacerdotes católicos han sido secuestrados, aunque la organización Intersociety eleva la cifra a 250 religiosos y cientos de ministros de culto desaparecidos. Solo en el estado nigeriano de Kaduna, más de 850 cristianos permanecen cautivos. Las estadísticas confirman una ola de violencia sistemática que arrasa África Central mientras el mundo libre, atrapado en su corrección política, elige mirar hacia otro lado.