La violencia yihadista volvió a golpear en el oeste de Níger con un ataque que dejó al menos 22 muertos en la aldea de Takoubatt, región de Tillaberi, durante una ceremonia de bautizo. Se trata de una zona limítrofe con Burkina Faso y Malí, convertida en epicentro de operaciones de células vinculadas a Al Qaeda y al Estado Islámico. El ataque se produjo el lunes y aún no ha sido adjudicado oficialmente a ningún grupo, aunque las autoridades locales reconocen que los responsables provienen de redes extremistas instaladas en el Sahel.
Testigos relataron que los atacantes se desplazaban en motocicletas y abrieron fuego indiscriminado contra los asistentes a la celebración. “Mientras la gente celebraba un bautizo, hombres armados sembraron muerte y terror”, denunció el activista cristiano Maikoul Zodi, quien además expresó su solidaridad con las familias enlutadas y acusó al Estado de abandonar a los civiles a su suerte. El Gobierno de Níger confirmó el ataque, aunque no publicó un balance oficial de víctimas.
Desde marzo los grupos armados han intensificado sus ofensivas, con más de 127 aldeanos ejecutados.
El hecho se suma a la emboscada registrada el 10 de septiembre en la misma región, cuando 14 soldados nigerinos fueron asesinados durante una operación contra el robo de ganado. Los repetidos ataques evidencian la falta de control del territorio por parte de las autoridades militares, que tras el golpe de Estado de julio de 2023 prometieron restaurar la seguridad luego de derrocar al presidente Mohamed Bazoum.
Según Human Rights Watch, desde marzo los grupos armados han intensificado sus ofensivas, con más de 127 aldeanos ejecutados, viviendas saqueadas y aldeas incendiadas. La organización responsabilizó directamente a la junta liderada por el general Abdourahmane Tchiani, cuyo gobierno de facto no logra revertir la tendencia de ataques ni garantizar protección a las comunidades rurales.
En paralelo, la coalición prodemocracia Cadre de Lutte contre les Dérives du Niger (CDN) acusó a la junta militar de incapacidad y reclamó elecciones libres, la restitución de partidos y sindicatos disueltos y la liberación de presos políticos, entre ellos el presidente depuesto. La crítica interna se suma a la presión internacional sobre el régimen, que no logra estabilizar al país.
La región de Tillaberi se ha consolidado como uno de los focos de mayor actividad terrorista en África Occidental. La impunidad con la que operan los grupos yihadistas en el Sahel refleja el debilitamiento del Estado nigerino y la dificultad de su gobierno de facto para recuperar el control territorial y enfrentar un fenómeno que convierte celebraciones religiosas y familiares en blancos de masacres.