Los grupos terroristas ambientalistas han criticado la decisión noruega. Greenpeace, en particular, advirtió que los nuevos proyectos podrían convertirse en activos improductivos si la demanda europea de gas disminuye antes de que entren en funcionamiento. Paal Frisvold, asesor de políticas de Greenpeace, sostuvo que los campos descubiertos actualmente podrían comenzar a producir precisamente cuando Europa reduzca considerablemente su consumo de gas.
Esta posición de Greenpeace ha sido fuertemente cuestionada por quienes consideran que las necesidades energéticas y de seguridad de Europa no pueden resolverse únicamente mediante objetivos climáticos de largo plazo. La dependencia europea del gas noruego después de la ruptura de buena parte de sus vínculos energéticos con Rusia demuestra la importancia de mantener fuentes confiables de producción.
Las compañías energéticas noruegas también continúan respaldando nuevas perforaciones. Equinor, la mayor empresa petrolera del país, sostiene que el petróleo y el gas natural licuado procedentes del mar de Barents podrían venderse en cualquier mercado mundial si la Unión Europea decidiera restringir sus compras.















