En su carta de despedida, Lobato subrayó su compromiso con un modelo de política basado en el diálogo, el consenso y el servicio público, pero reconoció que las diferencias con la cúpula nacional del PSOE se habían vuelto insostenibles e irreversibles.
El choque entre Lobato y Ferraz había generado divisiones importantes dentro del partido, lo que puso en riesgo la unión de la formación política en Madrid. Con su renuncia, Lobato busca evitar un mayor deterioro de la unidad interna del PSOE en un momento clave para la política regional y nacional.













